RECORDANDO A CARLOS

La primera vez que vi a Carlos teníamos 18 años y fue en una reunión de jóvenes cristianos delante en una enorme mesa de madera. En la sala algunos se conocían y conversaban entre ellos, él estaba sentado justo frente a mí y conversaba con Carlos V. Al no conocer a nadie, yo estaba solo como un hongo.

Nos vimos seguido casi todos nuestros 20s: la época de la Universidad, la playa, los paseos, las fiestas, etc. Era formal y me llamaba la atención su paciencia y respeto para escuchar a todos (latosos incluidos) y su caballerosidad con las chicas. Por otro lado llegue a conocer tanto a sus viejos como a sus hermanos y se sentia la unidad familiar y el respeto que transmitia la autoridad silenciosa de ser el hermano mayor.


Pocos años después invito a un grupo de nosotros a una fiesta de año nuevo, y nos pidió medio en broma y medio en serio que nos portáramos bien porque era la casa de su enamorada. Allí conocimos a Ivonne la que sería el amor de su vida. A pesar del apagón general que nos regaló Sendero esa noche a las 12 en punto, nos divertimos bastante.

La vida continuaba y como es natural dispersó a los amigos. El se casó y tuvo dos hijas que eran su orgullo. Por trabajo vivió unos años en Trujillo donde una vez se encontró con mi padre a quien causo buena impresión. “Me encontré con Carlos Mendoza. Es un caballero” recuerdo que me dijo, lo que viniendo de mi viejo era casi un homenaje. Le di la razón.

El tiempo pasaba cuando por iniciativa de Manuel forme en noviembre del 2015 un grupo de WhatsApp donde intercambiar mensajes, fotos, gifs, nada de cadenas todo muy laico y mesurado. Llegamos a ser 10.. Y luego la movilización nos llevó a reunirnos varias veces para una parrilla, tomarnos una cerveza o comer algo.






Así fue que en una tarde en La Botica, corría el año 2015 y Carlos me dijo sorpresivamente: “Tienes mucho por contar ¿Porque no abres un blog?”. Manuel apoyo la idea y así una semana después tenía un blog.




Con Carlos fue en esa etapa que más lo llegue a conocer y valorar. La conversación se hacía fácil, cuando las personas comparten valores, aficiones, sentido del humor, etc. Y saben que hay temas en los que no tienen la misma visión.



El 2024 un sábado nos reunimos seis de nosotros para tomar un café en el Cordano. En esos días, por un problema en la pierna, yo estaba usando bastón. Al salir y despedirnos me pregunto:” ¿Cómo te vas a ir? “, me sorprendió la pregunta, pero lo que leí era que quería conversar, así que le conteste “Pensaba pedir un Uber, aunque me gustaría caminar un poco porque hace tiempo no vengo por acá.” Nos fuimos caminando lentamente. Hablamos de todo, politica, futbol, religión, del matrimonio, de nuestros hijos, etc. Se mostraba contento con los viajes que hizo a Europa para visitar a sus hijas, y el tour que hizo en Perú con toda la familia.




Hablamos sobre el tema de nuestra propia salud. Coincidíamos en tener una filosofía estoica frente a los naturales achaques. Nada  de ser victimas. Si bien mantuvo la entereza al describir el protocolo que había decidido seguir para enfrentar la enfermedad, sentí una honda preocupación en su voz. Nos quedamos en silencio unos momentos, ambos sabiamos que la cosa era mala,muy mala.




Cambiamos de tema y seguimos la caminata. Cuando nos dimos cuenta ya estábamos en el Centro Cívico. Al despedirnos esa tarde no solamente nos dimos la mano, Le dije que estaba agradecido de tenerlo como amigo. Me dijo lo mismo. Y espontáneamente nos dimos un abrazo. Me alegre haber aprendido -aunque algo tarde- a manifestar mis sentimientos.




A mediados de junio nos juntamos para almorzar en el Queirolo. Era la tercera vez que nos juntábamos y la última vez que estábamos los dos solos. Después de almorzar conversamos casi una hora. Hablamos de todo. A partir de allí, por el tema de citas y examenes medicos, quedamos en avisarnos por WhatsApp cuando y a qué hora podíamos llamarnos.



El mecanismo funciono. Le deje un mensaje y espere. Días después me llamo y hablamos. Eran diálogos cortos. El 3 de julio fue nuestra última conversación. Le reitere que me avisara para llamarlo y nos despedimos. Pero ya no hubo otro aviso.


Hay amistades cortas, hay amistades largas y hay las que duran toda la vida. Y de estas hay muy pocas que se profundizan con los años. Tuve la suerte de tener con él una amistad que crecio mucho antes que partiera. ¿Nos falto tiempo? Si, para reirnos más y preocuparnos menos. Gracias amigo.




Actualización 1

Alicia: Hermanos, tristísimo lo de Carlos Mendoza

Ha sido un buen amigo de Uds. y siempre me pareció una persona serena y cálida. Lamento no haber estado más cerca de un alma buena como él la tenía

Eliana: Extraordinario haber mantenido el vínculo vivo a través de décadas con él y su familia. Hay que celebrar el tiempo que César y Manuel (y alguna vez Néstor) compartieron con él a pesar de todos los cambios en la vida. Que descanse en paz y que su familia permanezca unida con su recuerdo.




Paginas mas visitadas.