Era mediados de la década del 70 y la situación del pais era mala: crisis económica, gobierno militar debilitado, sindicatos
fuertes y en manos del llamado “sindicalismo clasista”, eufemismo usado
para referirse a la izquierda marxista, un Estado enorme, ineficiente y propietario de empresas de todo tipo desde cines hasta aerolíneas,
desde mineras hasta plantas de energía eléctrica, todas ellas arrojando perdidas y con
fuertes indicios de corrupción, etc. en una palabra el horizonte era
sombrío y la salida complicada.
El fastidio de la población se sentía en las crecientes movilizaciones
contra las medidas económicas y ya se contaban algunos muertos. El Gobierno como
respuesta decretó el estado de emergencia en todo el país. El toque de queda se
implantó en Lima y Callao, desde las diez de la noche a las cinco de la mañana.
Habían suspendido las clases en las universidades nacionales
(que en ese tiempo eran mayoría) así que regresando a mi casa en la línea 46 tuve
un impulso y me baje en la Plaza Dos de Mayo lugar donde se producían casi
todos los mítines, las marchas y donde cada 1 de mayo se celebraba (celebra?) el día del Trabajador.
En una de esas bonitas y descuidadas edificaciones
antiguas, detrás de un enorme letrero en un segundo piso se encontraba el local de la
poderosa CGTP (Confederación General de Trabajadores del Perú) y la llamó
poderosa porque en esos años concentraba largamente la mayor parte de
sindicatos y federaciones de sindicatos y no había medida de lucha importante como un Paro
Nacional por ejemplo que pudiera hacerse sin su aprobación. Las demás 3 “Centrales” podían poner el grito al cielo, pero sin la participación de la
CGTP (y del Partido Comunista que la controlaba) el Paro simplemente no
sucedía.
Llego a tener tal poder político la CGTP que era un
secreto a voces que el gobierno para nombrar al Ministro de Trabajo le
consultaba de manera discreta.
La fuerza de la CGTP se correspondía con el crecimiento de
los sindicatos, mientras que en 1968 había poco menos de 100 sindicatos el año
1974 había más de 3,000.
En los años 68 y 69 no pasaban de 100 huelgas obreras al año
mientras que durante los años 70 el promedio fue entre 800 y 900 huelgas al año.
Setenta huelgas por mes en promedio, en diferentes sectores y lugares del pais.
Ese dia di una vuelta a la Plaza y avancé por la Av. La Colmena. En un
quiosco encontré colgados no menos de 8 periódicos de partidos políticos de izquierda y allí en esa maraña de titulares “combativos” medio oculto y despintado
por el sol estaba “Bandera Socialista” el periódico del Partido Socialista
de los Trabajadores (PST) y en la caratula se hallaba junto con el nombre del
director del periódico: Francisco Montes, la dirección de su local: Pasaje
Peñaloza.
El pasaje Peñaloza es una estrecha calle de dos cuadras de un
solo sentido, transversal
a la Av. La Colmena, frente del local principal de la Universidad Federico
Villareal y llena de casas antiguas de adobe y puertas de madera.
Fui a conocer el local. La dirección que buscaba señalaba una
puerta delgada antigua marrón de dos hojas. Una hoja estaba semi abierta y daba
acceso al local que estaba un escalón por encima del nivel de la vereda. Ningún
letrero o aviso indicaba que allí funcionaba el PST.
No se veía a nadie, aunque se escuchaban voces conversando
al fondo. Entre a un corredor de piso de losetas blancas y negras tipo damero con dos puertas al lado
derecho, una puerta daba a una sala de reuniones lleno de bancas y la
otra puerta dirigía a otra sala que estaba vacia y accedia al fondo del local. Todo el piso interior restante era de madera; no
de parket sino de madera. El techo era muy alto.
Todas las puertas eran de madera con la parte superior con
lunas tipo catedral. De mobiliario austero, en primera sala de reuniones además de las bancas solo
había una mesa pequeña rectangular y dos sillas.
En el corredor, mirando hacia la puerta, había una silla donde se apoyaba una pizarra para tiza de tamaño medio donde se anunciaba e invitaba a una charla para el día jueves a las 5 de la tarde –era martes- , el tema era la
Situación política nacional y el expositor Francisco Montes.
Más allá había una vitrina donde se mostraban 4 libros de
Trotsky en pasta blanda azul de Editorial Pluma. Los únicos títulos que
recuerdo eran “La lucha
contra el fascismo en Alemania” y "La Revolucion traicionada". Todos los libros estaban con precio.
“Hola, Hola…” y nadie contesto, seguí mirando.
El nombre Pluma me adelanto que esa
Editorial era del Partido o por lo menos estaba ligada a él. Por lecturas previas sabía que Pluma era el seudónimo del joven Trotsky cuando escribía
desde el exilio. Por supuesto no era coincidencia.
De la segunda puerta y precedida por un toc, toc, toc causado
por sus zuecos sobre el piso de madera salió una chica morocha guapa de pelo lacio
y negro quien sonriendo dijo: “Hola, soy Blanca. ¿Buscas a alguien en
particular?”, “No, solo curioseaba” , “Ok, no hay problema” y sin detenerse
señalo la pizarra apoyada sobre una silla y me dijo “Te invitamos para la charla
del jueves. No faltes”. “Gracias”. No había mucho más que ver aparte de la
pizarra sobre la silla así que me fui.
El nombre de Francisco Montes me sonaba conocido, pero no
recordaba donde lo había leído o escuchado. Horas después mientras estaba en
otras cosas apareció en mi memoria: Francisco Montes era Tuco.
Había conocido a Tuco a inicios de la década del 70 durante una charla de feminismo dada por Lissette
Barsallo -la primera mujer a la que escuche hablar sobre feminismo- en
su casa de Magdalena. Ella había
estado en Paris durante el llamado mayo del 68 y tenía mucho por contar. Me llamo la atencion el detalle de dar la charla trepada en un sillon y sin zapatos.
Tuco junto con Tito
fueron los que siendo muy jóvenes y con un pequeño grupo fundaron el año 1974
el PST (Partido Socialista de los Trabajadores) con una clara orientación
trotskista y seguidora de la corriente internacional liderada por Nahuel
Moreno, intelectual y dirigente político del PST argentino.
Tuco siempre fue el
director del periódico del Partido y el responsable legal de la organización.
Era morocho de pelo lacio negro y ojeras. Sufría de dermatofagia (comerse los
pellejitos de los dedos y las uñas) síntoma de las personas obsesivo
compulsivas y tenía periodos de depresión. Nadie comentaba al respcto pero esto ocasionaba su ausencia
ocasional de la actividad partidaria. Era de perfil bajo, pero era el más
lúcido de los dirigentes del Partido.
La cantidad de "partidos" de izquierda era numerosa y desconocida y sus denominaciones una sopa de letras y siglas que disuadian a cualquiera. Simplificando con excepcion de los trotskistas y algunos otros, todos los demas se reclamaban seguidores y continuadores del pensamiento de Jose Carlos Mariategui. Lo singular por no decir gracioso es que el pensamiento ortodoxo que todos reclamaban seguir significaba diferentes cosas para cada uno de ellos.
Si bien la
izquierda en general tenía en esos años mucho éxito en captar militantes
y ganar simpatizantes, lo mismo no pasaba con los trotskistas que eran discriminados dentro de la propia izquierda y a veces por otros trotskistas.Y aunque las
diferencias al interior de la izquierda eran (o son) cuestiones ideológicas
abstractas, para ellos eran vitales.
Espere con impaciencia la charla del jueves y ese día llegue 20 minutos antes de las 5 al local. No había nadie cuando llegue.
Espere cerca de 15 minutos antes que llegaran otros asistentes que parecían estudiantes: 3
hombres y una mujer que conocian el local porque con gran confianza y directamente
ingresaron a una de las dos salas. En el austero salon solo habia bancas de madera y delante una silla y una mesa pequeña. Poco a poco llego más gente. En eso entraron al salon Blanca y un sujeto cuya cara me era conocida y que traía unos papeles en mano. Ella apenas me vio, se acercó a saludarme y luego hizo lo propio con los demas asistentes. El por
su parte mostro una ligera sonrisa e hizo un ademan cortés de saludo a todos y siguió su camino hacia el
frente de la sala y se sentó en la mesa de madera.
“Hola compañero.” “¿Ha esperado mucho?” me dijo ella
sonriendo. Me sonó raro lo de compañero.
“No mucho. ¿Él va a dar la charla?” Le pregunte aludiendo a
quien se sentó en la mesa.
“¿Quien? ¿Tuco? Si, el.”
Él era Francisco Montes el director del periódico y a quien todos conocían como “Tuco”. Recién enlacé nombre, seudónimo y persona física. Lo que no sabía,
era que ella era Blanca su compañera de toda la vida y con quien Tuco se
casaría años después.
Me puse a mirar a los asistentes. La mayor parte eran trabajadores
y conversaban discretamente en pequeños grupos. Solo el grupo de estudiantes
era ruidoso. Resaltaba entre ellos un flaco, ojeroso que trasuntaba una
nerviosa energía y actuaba como el anfitrión de sus acompañanes. La conversación ente ellos era amena, ya que se reían mucho. Más tarde cuando pidió la palabra me entere que se llamaba Toño, era militante del PST y estudiante en la Cantuta.
Poco a poco fue llegando más gente y con un retraso de media
hora, se dio inicio a la charla sobre la situación política nacional que se resumía
en que el nuevo gobierno de Morales Bermúdez representaba el abandono del
camino de las reformas del gobierno de Velasco a pesar del discurso inicial que
señalaba la “profundización” del proceso revolucionario.
Algunas privatizaciones, medidas tímidas de flexibilización
laboral y cambios en el tratamiento al capital extranjero, así como en la política
exterior indicaban este nuevo rumbo. Esto en medio de una crisis económica que
no tenía visos de solución. Un hecho que mostraba el cambio en la política del
gobierno fue la visita de Henry Kissinger al gobierno luego de años de
discurso antiimperialista.
La crisis económica y las movilizaciones que obligaron a la
declaratoria del Estado de Emergencia y el toque de queda, así como el desgaste
de las propias instituciones militares le hicieron ver al gobierno que su mejor
alternativa era una salida democrática.
El PST preveía que el gobierno requería y buscaba una salida
controlada del poder, lo que significaba dos cosas: primero la garantia de ninguna posterior persecución
hacia ellos y segundo la seguridad de la vigencia de “las conquistas del proceso
revolucionario”, es decir su modelo económico.
Por ello la salida seria una Asamblea Constituyente
para plasmar en la nueva Constitución los cambios efectuados desde el golpe del 3 de octubre del
68 y posteriormente en el marco de esa nueva Constitución convocar elecciones
generales.
El APRA si bien se oponía al gobierno al ser este una
dictadura, muchas de las políticas implantadas por el gobierno coincidían con su
programa político. Esto sumado a que era el partido más grande y organizado y
que su líder por su avanzada edad no tendría muchas oportunidades de encabezar
procesos electorales no había que descartar la búsqueda de un acuerdo (explícito
o implícito) con el gobierno. Por otro lado, después de denostar casi permanentemente de los partidos políticos, Morales Bermúdez se vería obligado a tratar y llegar a
acuerdos con ellos para una salida controlada del poder.
El PST consideraba que la corriente hacia la democracia
requería levantar consignas democráticas como Elecciones Generales Libres e
inmediatas y presos políticos libertad las que junto a otras de tipo económico
serian de interés en la población y facilitarían su movilización. Dada la
apertura democrática y la concesión de libertades que el gobierno se vería
obligado a dar, deberíamos aprovechar la coyuntura para desarrollar el Partido.
Hasta aquí la exposición.
Se dio paso a las preguntas o comentarios. Aquí empezó la
bronca.
Naturalmente los más jóvenes fueron los primeros en
intervenir y mostraban su renuencia a aceptar que había que levantar estas
consignas democráticas porque no le parecían suficientemente “revolucionarias”,
fenómeno que vería yo repetidamente en el futuro.
Toño que era militante de la juventud del Partido fue el
primero que manifestó su disconformidad incluyendo la frase “La lucha es el
camino y no las elecciones” en su intervención. Planteaba un frente unido de
izquierda para boicotear las elecciones y convocar a una Huelga General.
Después de él, otros jóvenes manifestaron la misma inquietud,
pero todos traslucían en mi opinión una debilidad: centrar su atención en lo
que hacía y decía la vanguardia de la izquierda maoísta más que, en lo que la población como
conjunto pensaba, sentía y queria.
Hubo un par de asistentes -era una charla abierta al público-
que sin entrar al tema criticaron al trotskismo en general por “conciliador” y “democratista”
y prestarse a la división de la izquierda, pero el tono agresivo llamo la
atención de todos. Tuco se mostraba tranquilo mientras mordía lo que parecían ser
los pellejitos al borde de sus uñas. Solo hizo un apunte en los papeles que tenía.
En su intervención de cierre Tuco con su estilo cansino intervino.
“He escuchado a todos. Y quiero hacer un comentario final. Creo que muchos jóvenes
ignoran o no recuerdan quien fue el más grande organizador de campañas electorales de los partidos
de izquierda. ¿Alguien sabe?"
Silencio. Recorrió con la vista a los asistentes y luego de una pausa
claramente preparada continuo.
“¿No? Les digo entonces, fue alguien llamado Lenin. Lo
conocen por supuesto”.
Luego de ver el impacto de sus palabras (muchos quedaron
inmóviles por la sorpresa o sonreían incrédulos) continuó “Sino ¿Cómo creen que
llegaron los diputados bolcheviques a la Duma el año 1917?" y levantando un tono la voz continuo "Los bolcheviques
aprobaron, organizaron y ejecutaron una campaña electoral para ello. ¿Sí o No? ¿Lenin
llamaba a votar por los diputados bolcheviques o no? ¿O creen acaso que Lenin
en ese contexto se limitó a decir “la lucha es el camino y no las elecciones”
?, ¿Y cómo creen que salieron elegidos los diputados bolcheviques del año 1905?
¿Y los delegados de la OSI dirigidos por Trotski”?
Silencio sepulcral. Los jóvenes estaban atónitos. El continuó
“Los bolcheviques hicieron campañas electorales y llegaron a sus escaños porque
participaron, repito PARTICIPARON, en las elecciones convocadas ni siquiera por la burguesía rusa sino por el propio Zar y la realeza rusa que usaba la
Duma como Consejo Consultivo. ¿Alguien duda que la lucha es el camino y no las
elecciones? Nadie aqui por lo que veo. Lo que hay que entender es que AHORA la lucha política se da
en el escenario de una campaña electoral es decir ESTAS elecciones. NO hay otras”.
El hecho mencionado por Tuco era real e histórico, La
reacción de fastidio de los jóvenes era visible y natural, ya que todos los
días escuchaban y enfrentaban en la Universidad a otros grupos con cada
discurso más incendiario y apocalíptico que el anterior llamando inclusive a la
lucha armada. Tuco acababa de echarles bastante agua fría.
Los hechos de los meses posteriores confirmaron el análisis
de Tuco y me explicaron porque era el dirigente político más respetado al
interior del partido.
Seguía mi vida como estudiante universitario, pero se me hizo
muy atractiva la charla de los jueves.