Inteligencia Artificial : Un uso casero.

La Inteligencia Artificial es un termino sombrilla que abarca desde aplicativos para jugar ajedrez hasta los que crean musica a partir de estilos distintos.

Hay un aplicativo llamado ChatGPT, que está diseñado para generar y sostener diálogos, aunque es más exacto decir que aceptan pedidos o preguntas y las responden.

El ChatGPT en su cuarta versión o ChatGPT4 fue lanzado en marzo de este año y es gratuito

Es muy fácil usarlo, basta con escribir una pregunta o pedido y el inmediatamente (4 o 5 segundos) te contesta por escrito.

Me informaron que cuando “no sabe” algo contesta cualquier cosa por lo que aconsejan revisar sus respuestas.

Tuve hace unos dias mi primer contacto con el. Para recibir preguntas y generar respuestas consiste en una pantalla simple que esta a la espera del ingreso del pedido.

Hice una solicitud casera, le pedi una dieta para una persona de mis caracteristicas(peso, edad, dolencias, etc) y aqui esta mi pedido y su respuesta

Primera solicitud: Dame un menú semanal para un hombre de mis características. (Ya le había dado edad, peso, talla, achaques, etc. en una pregunta anterior y quería ver si las “recuperaba” para elaborar su respuesta)

ChatGPT: Por supuesto, aquí tienes un ejemplo de un menú equilibrado para una semana, teniendo en cuenta las necesidades y posibles restricciones de una persona de tus características. (Bien ahí) Es importante recordar que las necesidades dietéticas pueden variar, así que asegúrate de adaptar este menú según las preferencias y requerimientos específicos de la persona, y consulta con un profesional de la salud si es necesario. (Tomando precauciones. Es válida.)

Día 1:

Desayuno: Avena cocida con trozos de fruta y nueces.

Almuerzo: Ensalada de pollo a la parrilla con verduras variadas y aderezo ligero.

Cena: Pescado al horno con brócoli y puré de patatas suave.

Día 2:

Desayuno: Yogur bajo en grasa con granola y frutas frescas.

Almuerzo: Sándwich de pavo con pan integral, lechuga, tomate y una porción pequeña de aguacate.

Cena: Sopa de vegetales con una porción de pollo cocido.

Día 3:

Desayuno: Tortilla de claras de huevo con espinacas y queso bajo en grasa.

Almuerzo: Arroz integral con verduras salteadas y pollo a la parrilla.

Cena: Ensalada de garbanzos con tomate, pepino, cebolla morada y vinagreta.

Día 4:

Desayuno: Batido de proteínas con frutas, espinacas y leche o alternativa vegetal.

Almuerzo: Sopa de lentejas con una porción de pan integral.

Cena: Pavo molido salteado con vegetales y arroz integral.

Día 5:

Desayuno: Tostadas integrales con aguacate y huevo pochado.

Almuerzo: Ensalada de atún con garbanzos, espinacas y aceite de oliva.

Cena: Salmón al horno con espárragos y quinua.

Día 6:

Desayuno: Panqueques de avena con salsa de frutas.

Almuerzo: Tacos de pollo con tortillas integrales y verduras frescas.

Cena: Sopa de verduras con una porción de carne magra.

Día 7:

Desayuno: Tazón de frutas con yogur y nueces.

Almuerzo: Pasta integral con salsa de tomate y albóndigas de pavo.

Cena: Ensalada de salmón ahumado con espinacas y frutas.

Recuerda que es importante mantener una hidratación adecuada durante todo el día, y si la persona tiene restricciones alimenticias o médicas específicas, es fundamental adaptar el menú en consecuencia. Consulta siempre con un profesional de la salud antes de realizar cambios significativos en la dieta.

Hasta aquí su respuesta.

Le mostré el resultado a mi esposa, quien le dio una primera lectura en silencio y empezó su observación diciendo:

“¿Si? ¿Un menú?. Vas a necesitar una cocinera”. 

No le conteste. Felizmente no dijo "otra cocinera"

Siguió “¿Te ha calculado los precios para este menú?”

“Se lo voy a pedir”.

“Entonces, no tienes precios”.

No le contesté y tampoco la miré.

Sacó el sable: “El día 2 será un fracaso. Primero porque odias el pavo. Segundo nunca comes menos de media palta aunque si me descuido te puedes comer una palta entera. “

“¿Te descuidas?” respondí algo achorado.

Me ignoro y continuaron los destrozos: “y tercero ¿Vas a almorzar solo un sándwich y media palta?”

Quise hacerme el gracioso y le dije “Si es un baguette, si” pero tenía razón, con ese almuerzo terminaría caminando por las paredes de hambre.

”¿Has visto la cena del día 4?”

Si, lo había visto: otra vez pavo, ahora molido y salteado.

“Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que yo coma pavo tres veces en una semana” conteste.

Me preguntó: "¿Que es un huevo pochado?” Esto aparecía en el desayuno del día 5.

“¿No será hinchado?  Primera vez que escucho esa palabra”. Logre que se riera un poco. 

Para eso está Google. En simple: huevo pochado es un huevo escalfado.

Siguió: “Día 6, el desayuno: Panqueques de avena. ¿Cuantos? No especifica la cantidad. ¿Salsa de frutas? será ensalada de frutas. Tampoco indica cantidad."

“Cena del día 6: Sopa de verduras con carne magra” Lee con tono burlón.

“La única carne magra que habrá el día 6 será la mía” Comento ya desilusionado.

“Sin duda. Pero mira el almuerzo del día 7". Siguió casi sin contener la risa."

Me rendí: “Si!!! Otra vez pavo. ¿Albóndigas de pavo? ¿Quién prepara albóndigas de pavo? y sobre todo ¿Quién come albóndigas de pavo?”

Por supuesto que ChatGPT no contaría conmigo para esta dieta.

Después de estos comentarios le escribí a ChatGPT: “No me gusta el pavo.” y añadí: "Puedes incluir el tamaño de las porciones así como el estimado costo diario de este menú. Gracias."

El ChatGPT con las disculpas del caso proceso el pedido con estos detalles y me envió un nuevo menú. Naturalmente  al estar mejor definido lo que se espera obtener, el producto final estuvo mucho mejor.

Se confirmo una vez mas la ley: Cuanto mas especifico seas en lo que quieres como producto final, mejor será el resultado que obtengas.

Debo decir que me gusto que leyera mi observación :"No me gusta el pavo” y la interpretara correctamente como una restricción a aplicar (quitar el pavo de la dieta) para responder.

Lo primero que no me gusto es que antes de responder no me pregunto si tenía alergia a algún producto.

Lo segundo fue que en su primera elaboración de la respuesta, por omisión no incluyera el tamaño de las porciones. 

En la próxima columna les cuento la segunda parte  donde hubo mayor exigencia.

BARRABAS, EL BUENO

La última esposa de mi abuelo se llamaba Susana y era una aguerrida mujer que tenía un hijo cuando se emparejaron. Mi abuelo por su lado arrastraba un registro previo de 6 hijos en cuatro mujeres y ambos tuvieron su último hijo cuando ella ya bordeaba los 40 años.

El hijo de ella se llamaba Raúl y llevaba sus mismos apellidos, treta muy usada para ocultar el nombre del desinteresado, y quien ya tenía 18 años cuando nació su hermano "por parte de madre".

A esa edad lo describían como un muchacho disciplinado, callado y trabajador. Hablaba solo si se dirigían a el. Se levantaba a las 5:30 de la mañana -todos los días incluido domingos- y limpiaba silenciosamente toda la casa, incluyendo barrer toda la vereda en el frontis de la casa.

Compraba el pan y ponía la mesa para el desayuno antes de las 7. Tomaba desayuno a esa hora -él solo la mayor parte de las veces- y de allí partía a darle el alcance de su madre para ayudarla en el puesto de venta de pollos que tenía en el mercado de Breña.

Cuando salía de allí asistía a sus clases nocturnas. Termino la secundaria siendo ya adulto.

Raúl se hizo un experto en beneficiar pollos, a raíz de esto mi papa le decía "Chaveta" y el respondia riendo de buena gana.

Vivian ellos en un solar de la calle Montevideo en el cercado de Lima. Mi papa antes de casarse iba a visitar regularmente los domingos al abuelo y a sus hermanos. Luego de conversar con el abuelo, se ponía a jugar pelota con ellos en el patio que era enorme. Alli jugaban su propia version de tirar penales.

Cuando conocí a Raúl, él tendría unos 40 años era mestizo, pequeño y fuerte, con manos recias y cortas. Usaba el pelo cortisimo casi rapado. Sonreía de medio lado. Nunca le escuche más de dos oraciones o frases juntas. Lo que me llamaba la atención era que usaba siempre fuera verano o invierno lo que fue el uniforme escolar de la época: pantalón y camisa de drill color "kaki" con dos bolsillos y galoneras.

Solo en dos ocasiones: el matrimonio de su hermano y el sepelio de su madre vario su vestimenta, usando en ambas ocasiones una camisa blanca de almidonado impecable  con todos los botones cerrados hasta el cuello y un pantalón negro; se le veia extrañísimo.

Cuando mi familia visitaba al abuelo durante un fin de semana, Raul se acercaba a saludar primero a mi padre dandole la mano y luego agachando la cabeza y poniendosela en el pecho lo abrazaba en una actitud tierna que pocas veces he visto, luego saludaba con respeto a mi madre y a todos los demas con mucha solicitud.

Ocurrió que durante una dia de Semana Santa habíamos ido a visitar al abuelo y en la tarde toda la familia estaba viendo una pelicula sobre la pasión de Cristo en televisión. Llego el momento de la historia en la que Pilatos, el procurador en Jerusalén usando su potestad de perdonar a un reo, le pregunta a la multitud a quien debe perdonar. "¿Barrabas o Jesús?". La multitud grita por la liberación de Barrabas. Esto provoco abucheos de parte de algunos de los televidentes, pero la historia inmune discurrió con el resultado conocido.

Terminada la película, nos dispersamos por la casa mientras Raúl iba a comprar el pan para el lonche.

Un rato más tarde todos -menos la abuela Susana y mi mamá- estábamos sentados en la mesa esperando y había un ambiente de silencio, de recogimiento y hasta de tristeza.

Acababa de reclamar alguien por la demora de Raúl cuando se le escucho abrir la puerta y entrar. Paso por el comedor y viendo que todos lo miraban dijo en tono de excusa "Había mucha gente". Dejo el pan en la cocina y se acercó a la mesa a tomar su asiento. Mi papá desde la cabecera de la mesa, antes que se siente, y en voz alta le dijo "Raúl: ¿Barrabas o Jesús?". Desconcertado por la pregunta y ante la mirada de todos, dijo casi sin pensar "Barrabas". La mesa estallo en risa. " Vamos Raúl ¿Cómo vas a liberar a Barrabas?" Él desconcertado quiso explicarse, pero vio que era inútil y se sumó a la risa general.

Desde ese día cada vez que visitábamos al abuelo, mi papá apenas verlo le decía ”! Barrabas!" despertando en Raúl una sonrisa y reían ambos del apodo debajo del cual se escondía el cariño y respeto mutuo.

Nunca le conocimos vida amorosa alguna.

Raúl vivió más de 50 años con mi abuelo, lo atendió personalmente cuando la salud de este se deterioró y lo asistió hasta el último día de su vida. Devolvió así con creces el cariño recibido.

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