Mi tío quedo viudo muy joven. Con dos hijas pequeñas y teniendo que viajar frecuentemente por trabajo, entrego el cuidado de ellas a su madre, la abuela de las niñas.
Ya jóvenes adultas ellas vinieron a Lima.
Mi prima, la mayor fue mi profesora y también la joven Directora del Colegio donde estudie 2do y 3ro de primaria. Era una singular Directora no solamente por su juventud, su sonrisa permanente y la tranquilidad con la que resolvía los problemas pequeños y grandes que se presentan a diario en las operaciones de un Colegio. Tenia lo que ahora conocemos como inteligencia emocional, ese manejo de sus emociones le valía ser apreciada y respetada por todos.
Una vez tuve que ir a su casa y despertarla para que abra las puertas del Colegio. No recuerdo porque ese día no fue a abrir el Colegio, y las madres de familia agolpadas en la puerta enviaron a una de ellas conmigo a su casa -que quedaba a dos cuadras- para ver qué había pasado con la Directora. Su empatia en el manejo de ese incidente le significo inclusive ganar mayor autoridad.
Naturalmente esta anécdota fue por largo tiempo el motivo para que la familia le tomara el pelo. Varias veces en estos años le preguntamos porque no fue ese día, ella entre risas nos decía que no lo recordaba.
La hermana menor era más seria y tímida, por lo que pasaba casi desapercibida en la multitud bullangera de tíos y primos que éramos hasta que fue protagonista de un escandálete familiar.
Trabajaba ya cuando comenzó a estudiar contabilidad. Un día comento que para hacer el trabajo de un curso debía resolver unas dudas, pero no conocía a nadie con quien consultar. “Porque no le preguntas a tu tío, él es contador. Estoy segura que te puede ayudar.” Le dijeron y ella siguió el consejo.
Los tíos la recibieron con amabilidad y efectivamente el tío le ayudo a resolver sus dudas. Ambos le dijeron que si tenía cualquier consulta no dudara en venir a la casa, ya que ellos estaban solos desde que sus dos hijos partieron a buscar mejores horizontes. Un par de veces más visito la casa de los tíos para consultas académicas.
Paso el tiempo y un día mi mama –después de recibir una visita rápida de una prima- se mostró irritada y menos paciente de lo habitual y apenas llego mi papa de trabajar se encerró con él a conversar en su dormitorio. Cuando salieron notamos que mi mama había llorado, pero no se le veía triste sino furiosa. Todos nos pusimos alertas y obedecimos de inmediato cuando mi papa ordenó alistarnos para ir a la casa de mi tía Olivia.
Desde el asiento posterior estábamos intrigados y silenciosos. Nos llamó la atención la seriedad de mi mama durante el viaje. Ella por lo general conversaba con mi papa o nos daba órdenes para que nos comportemos. Al llegar encontramos allí ya estacionados los autos conocidos de la familia. Al entrar todos los esposos de las hermanas de mi mama estaban en la sala conversando y algunos fumaban.
Saludamos y cumpliendo la orden dada en el carro nos dirigimos al parque que estaba directamente detrás de la casa de la tía a jugar. Allí nos encontramos con dos primos jugando pelota y los demás estaban sentados en el pasto conversando. Sabemos que los chicos no juegan cuando les ordenan que lo hagan, sino cuando les da la gana.
Era yo ya demasiado grande para jugar pelota en el parque, pero demasiado chico para sentarme en la sala a presenciar la conversación de los adultos. ¿Qué había pasado? Yo estaba intrigado.
Mi primo Lucho me lo dijo apenas le pregunte. Mi prima menor se había fugado de la casa con el tío. Yo me quede mirándolo de una manera tal que mi primo empezó a reírse imitando mi boca abierta. Mi tío le llevaba 30 años, era esposo de la mayor de sus tías paternas y padre de dos de sus primos.
La sorpresa fue mayor porque el tío era muy educado y formal. Como dicen las viejas maledicentes “Caras vemos, braguetas no sabemos”. El tío parecía un árabe por su color aceitunado, pelo y ojos negros. Lo llamativo en él era su bigote a lo Pedro Infante y también el hermoso Impala color guinda que lucía en las reuniones familiares. eso solo fue hasta que el tío Andrés apareció con un Mustang rojo nuevecito que enorgulleció a sus hermanas y enloqueció a las jóvenes sobrinas y a varias vecinas que suspiraban por él menor de mis tíos y único soltero.
En el conclave de las hermanas además de ellas estaban 2 sobrinas mayores analizando el problema, encontrando culpables y suponiendo soluciones. Primero encerradas en el dormitorio y luego en la cocina las opiniones giraban sucesivamente entre culpar a la esposa abandonada y hermana mayor (“Ya ves, siempre fuiste una jodida con el”), a la sobrina casquivana (“Con la cara de mosquita muerta”, “Si su madre estuviera viva se muere” o “Miles de hombres y se mete con su tío”) y finalmente al tío calentón. (“Tan serio” o “¿Que le ha visto?”)-
Mientras ellas hablaban, los hombres compraron una caja de cerveza y 4 gaseosas familiares para los chicos y comenzaron a hablar de futbol y de política.
Luego de un buen rato, la reunión se disolvió, como era de esperarse sin solución alguna a las lágrimas de la abandonada.
Las reuniones familiares se redujeron y el tiempo, implacable hizo su tarea, la familia no volvió a comentar el asunto, la tía comenzó a pasar más tiempo fuera “visitando” a sus hijos, el escandalo desapareció y tanto justos como pecadores siguieron su camino.
Más o menos una década después.
Mi hermano me dice “¿Sabes quién fue a la agencia ayer?”
Odio ese tipo de preguntas y él lo
sabe. ¿Cómo c..jos voy a saber con quién se ha encontrado en el banco?
Lo miro de mala manera.
Él sabe lo que pienso porque ya antes
se lo he dicho y por eso se ríe antes de contarme.
“Ah y? ¿Como estan?”
“Estaban los dos, apenas los vi
entrar los reconocí. No han cambiado mucho la verdad. Él le lleva como 30 años
y se nota, ella está en sus 40s y el en sus 70s. Así que me acerque a ellos”
Me cuenta el dialogo
“Hola tío.” El tío lo miro sin
reconocerlo
“Soy Néstor el hijo menor de Ana.
¿Cómo estás?”. Ella si lo reconoció de golpe.
Luego de un instante con alegría
“Hola hijo. Caramba. Yo estoy bien. Gracias. ¿Cómo está tu papá?”.
No hay duda, el que tiene buenos
modales los tiene siempre.
“Bien. Él está bien. Gracias”
“Hola prima” y le di un beso a mi prima menor quien sonreía de lado como siempre.
Luego de las preguntas de rigor, vino el “¿Que necesitas hacer tío?” y luego de escucharlo mi hermano llamo a un joven practicante “Pedro por favor encárgate de ayudar a mi tío en sus operaciones”. Y mientras el tío Manuel con pasos cortos iba a hacer sus operaciones, bajo la atenta mirada de su esposa (¿lo era?) mi hermano se puso a pasar revista con ella de toda la parentela. Ella no podía haber encontrado fuente mejor informada.
Por su lado, mi hermano se enteró que ellos vivían cerca de la agencia, que habían tenido una hija, y que durante todos estos años habían hablado muy poco con alguien de la familia. Principalmente ella con su papa, su hermana y en contadas ocasiones con una prima. El solo hablo con sus hijos.
Hablamos casi media hora, me sigue contando.
El tío ya había concluido las
operaciones y volvía a la oficina acompañado del joven practicante.
“Gracias” le dijo a su acompañante.
“Gracias Pedro” añadió mi hermano
dirigiéndose al joven, quien se retiró.
Se sentaron.
“¿Hiciste todas las operaciones?”
pregunto ella.
“Sí. Todo está bien.”
Conversaron un poco más y luego hubo
un pequeño silencio, anunciando que había llegado el momento de despedirse.
“Tengo un problema contigo" dijo mi hermano en tono serio, dirigiéndose a mi tío, esto mientras se ponía de pie.
Lo quedaron mirando sin entender.
“No sé si decirte tío o primo”
Los tres rieron de buena gana.
“Era tu tío y ahora soy tu primo.”
Contesto de buen humor.
“No, llámame por mi nombre, nada más.” añadió
“Ya eres un hombre hecho y derecho y no el chico bailarín que conocí”
Se despidieron en medio de sonrisas.
Se les ve como una pareja feliz concluyo mi hermano.
Recién allí me percate que la de ellos era una historia de amor. Y tenia mucho valor por haber sucedido en los años en que las mujeres no eran reconocidas como ciudadanas y que solo podían votar en elecciones municipales y esto ultimo solo si eran casadas
Unas décadas después.
Mi hermano me llama, él está fuera
hace mucho tiempo y me dice “¿Sabes con quien hable?
Nuevamente con la manía.
“Si” Le conteste.
Se calla un momento, se ríe y me dice “Me acorde de su cumpleaños y lo llame para saludarlo ¡!".
“Y no sabes, cuantos años cumplía.
Cien. El tío cumplía 100 años. Te imaginas”
Y antes que le preguntara añadió “Y
esta muy lucido, bromeo un poco y mando saludos.”
Luego de despedirnos pensé que esta historia era lo mas cercano a una historia de amor que la vida me ha permitido conocer.
Mas tarde en el carro, detenido ante un semáforo concluí que si yo llego a los 100 la única llamada que esperaría recibir sería la de San Pedro. Me rio solo.





