UNA RELACION TORMENTOSA

Siempre había sido tímido para acercarme a las chicas. Pero ella me impacto e hizo brotar en mí una iniciativa que me permitió abordarla y luego enamorarnos. Era bonita, pequeña, con una linda sonrisa y una coquetería natural.

Nos encontrábamos siempre en un paradero situado frente a su Colegio, cruzando una ancha avenida, al lado de una tienda. Cuando ella llegaba primero, me esperaba allí rodeada de sus amigas que desaparecían casi espantadas apenas me veían aparecer, esas mismas que cuando yo llegaba primero y esperaba allí recostado en la pared, con mi maletín en el suelo, en la ventana del segundo piso donde quedaba su salón me hacían sonreír haciendo con impunidad todo tipo de gestos desde desmayos dramáticos hasta gestos manuales obscenos .

“No les hagas caso, estan locas” me decía al llegar y nos reíamos. Y empezábamos la larga marcha de regreso a su casa. Cuarenta minutos caminando que nos parecían cinco. Siempre la misma ruta. Todo Carhuaz y todo Aguarico porque eran las calles menos transitadas y luego Napo donde nos soltábamos las manos por el temor a que su viejo nos viera.

En su barrio, vista las reacciones de grupos de chicos que lanzaban indirectas seguida de risas exageradas de celebración, yo no era bienvenido. Parecía que algunos de ellos tenían expectativas hacia ella y veían frustrados sus planes.

Estuvimos bien por un año y poco más la relación andaba bastante bien conversábamos bastante y nos reíamos mucho. Luego, durante unos meses poco a poco a la exigencia propia de la universidad se le añadió un incremento consciente de mi militancia politica que me consumía tiempo y nuestros contactos se espaciaron. Daba por sentado que la relación era fuerte, que solo requería cuidados mínimos y baje la guardia. La realidad me enseño que fue un error.

Un sábado en la noche al dejarla en su casa le dije “Mañana iré con mi familia a visitar a mi tía Yola. Solo la visitamos uno o dos domingos al año y generalmente regresamos a eso de las 10. Si llego antes te paso a buscar a la Parroquia sino nos vemos el lunes”. “Ok” me dijo y con un beso nos despedimos.

Al día siguiente, mi familia y yo regresamos de la casa de la tía Yola un poco antes de las 8. Ni bien llegamos a la casa salí a buscarla a la Parroquia. A esa hora, como todos los domingos, la puerta del Despacho Parroquial era un hervidero de jóvenes. De 20 a 30 entre amigos y conocidos formaban grupos que conversaban animadamente. Desde que llegué a la esquina la empecé a buscar con la mirada. No la veía. Cuando finalmente llegue, salude con un hola, mientras la seguía buscando entre los grupos. No estaba. Cuando me comenzaba a alejar dirigiéndome hacia su casa, un amigo quien se percató de mí búsqueda se separó de su grupo, se me acerco y en voz baja me pregunto “¿Buscas a ..?”. “Si” le dije un tanto extrañado por lo conspirativo de su tono de voz, mirándome añade “Creo que se ha ido al Atalaya con el cholo Chris”. Me quede frio.

El Atalaya era un campo de futbol situado en medio de una cuadra con dos pasajes laterales. El campo estaba cercado por una malla de alambre y entre la malla de alambre y el borde de la cancha habían sembrado árboles. De noche era visitado por parejas que querían privacidad para sus arrumacos amorosos.

“Gracias” le dije, sin mirarlo. El retorno hacia el grupo y yo cambié de dirección. Estaba ente molesto y sorprendido. El cholo Chris no era mi amigo, no me caía bien y solo sabía de él que tocaba la guitarra y que jugaba de arquero con indumentaria completa. Me basto escucharlo hablar una vez para saber que jamás seriamos amigos y así fue. No sabía que ellos eran amigos, los había visto conversando un par de veces y nunca a solas.

El Atalaya quedaba a dos cuadras y se llegaba directamente a él por un pasaje que cortaba la cuadra situada a la espalda de la Parroquia. Las calles estaban silenciosas y yo caminaba rápidamente, pero sin hacer mucho ruido. Acercándome al final del pasaje escuche el murmullo de una conversación, pero no podía entender lo que decían, un instante antes de desembocar en la calle, se cortó el murmullo y escuche ruido de pasos rápidos. La calle estaba iluminada pero solitaria, y a unos metros a mi derecha había un carro estacionado. Allí estaba el, solo con la espalda apoyada en la puerta del copiloto, los pies en el borde de la vereda, una cara con una sonrisa forzada y unos ojos entrecerrados que mostraban cálculo. Ella no estaba. Había dado dos pasos hacia él cuándo la veo asomándose por la parte delantera del auto, escondiéndose como una niña en falta. Me quede mirándola inmóvil. Luego de darle una rápida mirada al galán quien ya estaba parado al lado del auto y simulaba mirar hacia el otro lado, me acerco a ella quien forzando una sonrisa se incorpora y dice “Me asustaste”. Me quede parado en la vereda, en silencio frente a ella sintiendo como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.

Se acercó diciendo “Llegaste temprano”, y extiende sus brazos pretendiendo abrazarme. Retrocedo y en un tono duro le pregunté “¿Qué estás haciendo acá?”, sentía que me quemaba la cara.

Su sonrisa desapareció y vi miedo en sus ojos “Nada. Solo estábamos conversando” “¿Si? ¿Acá?” “¿Esperas que te crea? ¿Con este?” dije girando, pero el galán ya había desaparecido.

“No ha pasado nada. No es lo que crees”

“¿Cómo sabes lo que creo? No. No. No. Esto se acabó”

“Te lo puedo explicar, por favor. Escúchame”

Comencé a caminar alejándome sin saber hacia dónde iba. Me alcanzo, se abrazó a mi brazo en actitud sumisa sin dejar de hablar, no la rechacé, solo caminaba en silencio.

Dentro mío empezó una batalla entre el que quería creerle, recordando todo lo bueno que teníamos, que no podía negar que la quería, aunque me doliera admitirlo; y el otro que señalaba un hecho: ella estaba allí con un tipo en una situación poco más que sospechosa cuando fue interrumpida.

No sé cómo terminamos sentados en la semi penumbra de las escalinatas de la entrada de un conjunto de departamentos. Se sentó pegada a mi lado y con la cabeza gacha. No la aparte. Seguía repitiendo que no había pasado nada. Yo permanecía en silencio sin mirarla. Dentro mío había una mezcla dolorosa de furia, desilusión y tristeza.

Nuevamente “Solo conversábamos. No ha pasado nada con él. Yo te quiero y solo quiero estar contigo”. Siguió hablando, pero yo ya no la escuchaba, la batalla dentro de mí me lo impedía.

“¿Porque te escondiste?”.

“Ya te dije. Me asuste”.

Comencé a ceder. “No quiero que vuelvas a hablar con él. Nunca”

“Te lo prometo”. Me dijo mirando el suelo.

Guarde silencio. Solo estaba ganando tiempo, dentro mío seguía librándose la batalla sobre qué hacer.

En un último intento de no perdonar, me obligué a ponerme de pie con una seguridad que estaba muy lejos de sentí y dije “No. No. No. Mejor acá terminamos. Me voy”.

Se abrazó a mí y casi entre sollozos dijo algo que al principio no entendí bien: “Yo te quiero. Pídeme lo que quieras. Solo quiero estar contigo, ser tuya, solo tuya.”

“¿Que dijiste?” le pregunte, sorprendido.

Levanto la cara y mirándome lo repitió. Note desesperación en su voz. No quería perderme. La quede mirando, me sostuvo la mirada, sus ojos estaban brillantes y decididos.

Aun no entendía yo que esto era una cuestión de respeto e integridad, pero la pasión nos ganó y cruzamos la línea.

Las cosas cambiaron durante un buen tiempo el fuego nos consumía y no podíamos andar separados mucho tiempo. Conversábamos bastante. Nos reíamos mucho. Otra vez era la chica bonita y alegre de la que me había enamorado.

Hacíamos planes, vivir juntos, tal vez casarnos, de tener 4 hijos y hasta especulábamos a veces en broma y a veces en serio sobre los nombres que les pondríamos.

Pero, las actividades políticas me demandaban cada vez más tiempo y casi no tenía tiempo para mi relación amorosa. Llegaba tarde a verla o simplemente no llegaba. Al principio ella mostraba comprensión y hasta interés pero poco a poco nuestros encuentros se fueron enfriando.

Poco tiempo después el partido me informo que se necesitaba que yo fuera a Arequipa a reforzar el trabajo partidario y acepté, casi sin pensarlo.

Cuando hable con ella, esa misma noche, se quedó pasmada. Por una parte, no creía que yo estuviera tan involucrado y por otro lado que hubiera aceptado sin conversarlo con ella. Por supuesto no quería que me fuera. Le dije que era por poco tiempo, dos o tres meses. “Espérame” le repetía yo. Dos días después me fui. No quiso despedirse.

Llegando a Arequipa, la llame a través del teléfono de una amiga en común, pero no pudimos hablar. En esos años tener teléfono domiciliario era casi un lujo. Le escribí un par de veces, pero nunca me respondió. Me quede preocupado.

Después de un segundo intento fallido de llamada, me di cuenta que nuestra relación estaba en peligro sino agonizando. Pero no había nada que pudiera hacer. En Arequipa las primeras semanas fueron duras, allá toda actividad prácticamente cesaba a las 8 de la noche, por lo que ella ocupaba mi memoria de modo doloroso.

Estuve allá por varios meses. Fui detenido, junto con un compañero por Seguridad del Estado y trasladados a Lima. (Publicado 24.02.2018) Cuando recuperé mi libertad luego de algunas semanas, reorganicé mis actividades: solo tenía lo que traía puesto.

La primera noche que pude fui a buscarla. Salió su mamá, quien se sorprendió de verme, pero de modo cortés me dijo que no estaba en casa y me pregunto si ella sabía que yo iba a buscarla. “No”, le respondí, “quería darle una sorpresa.” “Supongo que no demorara en llegar”. Le dije que volvería al día siguiente en la mañana. Me despedí, pero no lo hice. Me pare en el borde de la vereda a unos 60 metros de su casa. Me dije voy a esperar una hora, quiero verla llegar. Una hora y 20 minutos después un auto se detuvo frente a su casa, las luces de sus faros me iluminaban. A contraluz vi cómo se despedía y bajo sonriendo del auto, miro en mi dirección, vi un instante de sorpresa en su rostro, pero no se detuvo y entro rápidamente a su casa. Era imposible que no me haya visto.

Al día siguiente, después de una noche intranquila, temprano fui a su casa. Salió en pijama, fingiendo sorpresa “Hola”, “Hola” y un beso de saludo casi obligado en la mejilla. Nos quedamos mirando. Ambos esperando que el otro hablara, “No sabía que estabas en Lima.” “Llegue hace tres días” y luego de un breve silencio: “Tenemos que hablar. Nosotros ya casi no nos vemos y es mejor que terminemos”. Hablo rápido sin mirarme y en tono casi ensayado.

Sabía que esto era lo más probable que sucediera, pero no espere que doliera tanto, como un tremendo golpe en el estómago

Casi mecánicamente pregunte “¿Hay otra persona? ¿Es el imbécil que te dejo ayer en tu casa?”

Débilmente me contesto “No es un imbécil. Solo es un amigo” sin mirarme. No le creí.

Sin pensar le pregunte “¿Estas segura?” con la esperanza que me dijera que no.

“Si” me contesto mientras me miraba casi asustada por mi seriedad.

”De acuerdo”, dije me di media vuelta y me fui. No pedí explicaciones, eso solo incrementaría el dolor.

Llegue a mi casa que felizmente estaba vacía. Cerré la puerta, me eché vestido sobre mi cama y me doblé de dolor. Era un dolor sordo y permanente en el estómago, como si me hubieran arrancado un pedazo de mí. No sé cuánto tiempo estuve así. No llore. Quise hacerlo, pero no pude, solo llegué a sollozar. Y así me dormí. Cuando desperté eran las 2 de la tarde. Me parecía que lo había soñado, pero el dolor seguía, y me parecía más intenso aún.

Esto debió terminar esa noche en el Atalaya me reprochaba.

Retorne a Arequipa. Me aboque a la militancia donde siempre hay tareas que cumplir. Al principio el tiempo pasaba lentamente. La extrañaba por supuesto que sí. Paso una semana, dos semanas, un mes. Durante un lapso de dos años aproximadamente solo supe que estuvo trabajando con la cuñada de su hermano en una compañía minera en La Oroya, este trabajo la obligaba a permanecer en un campamento minero 15 días y luego 15 días en Lima. No pedí detalles

Por mi parte tuve un par de romances en Arequipa que no prosperaron.

Regrese por segunda vez a Lima. Una noche me encontré con la Negra Sara, una de sus mejores amigas quien sorprendida al verme me dice: “Hola César, ¿cómo estás?”, con cara de estar extrañado le digo “¿Yo?, bien, ¿y tú?”. Se ríe “Bien. ¿Te has visto con ella?”, “Con quién?” le respondo. Se ríe otra vez. Conocía mi humor. “No” le dije. Silencio. “No tengo de qué hablar con ella.” “Si tienen que hablar” Ven mañana a las 7 me dice y se despide sonriendo.

Al día siguiente estábamos hablando en la puerta de su casa. Como si nunca hubiéramos terminado. Era verano. Desde las 7 de la noche conversamos hasta más de las 12 de la noche.

“Te echo de menos” fue la frase que se repitió dos veces esa noche, en lo que fue -ahora lo veo- un intento desesperado de ambos de darle vida a algo que ya estaba muerto.

En dos días debía retornar a Arequipa.

Mi viejo la noche anterior a mi partida de repente, mientras veíamos box en slencio, me dio uno de los pocos consejos sentimentales que recibí de el:” Si no te vas a casar con ella, solo déjala”. Nada más. Duro. Corto. Directo. Sin nombre. No era necesario. Me dejo pensando. Concluí que ya no confiaba en ella y no puedes vivir con alguien a quien tienes que vigilar permanentemente.

El día de mi partida, mi viejo y ella me acompañaron al terminal terrestre de la empresa San Cristóbal. Mi padre discreto estuvo poco tiempo, me abrazo, dijo “Cuídate” y me dejo solo con ella. Estuvimos en la pequeña cafetería conversando, ella no quería que me fuera o que nos fuéramos juntos. Me costaba terminar.

De repente nos dimos cuenta que el bus había partido hacia unos 10 minutos. “Si toma un taxi lo puede alcanzar antes que ingrese a la Panamericana. Sino ya no lo alcanza” nos dijo el empleado. Eso hicimos y lo alcanzamos en el trébol de Caquetá. El bus paro y abrió la puerta. En la puerta misma del bus subo al primer escalón y veo que ella estaba dispuesta a subir. Y allí lo vi claro, no podía postergar más la decisión. “No. No puedo llevarte” le dije. Le solté la mano, y me adentré en el bus mientras que el chofer cerraba la puerta. Lloré en el camino, sentí que esto era el fin.

Y así fue. El tiempo paso. Tiempo después rompí ideológicamente con el partido y seguí mi camino. No volvimos a vernos. No supe nada de ella.

Casi diez años después, de repente una asistente me dice: “Una señora lo busca”. Extrañado pregunte “¿Quién es?” “No me dio su nombre”. “Dile que pase” “Le dije eso, pero me contesto que mejor lo espera afuera”. Me intrigo. “Ok. Dame 5 minutos y salgo” le dije.

Cinco minutos después salí y me encontré con ella. Me quede sorprendido. Era ella. Se notaba que había pasado malos momentos. Se había arreglado, pero hay cosas que no se pueden ocultar. “¡Hola, sorpresa!” dijo sonriendo”, “Hola”. Beso en la mejilla.

“¿Tomamos un café?” le dije señalando una cafetería nueva a media cuadra de la oficina. “¿Que quería? Me preguntaba internamente” Nos sentamos frente a frente.

Empezó disculpándose por interrumpirme ya que “Que solo quería conversar un rato contigo”. Comenzamos a conversar a partir de los últimos recuerdos y amigos comunes. Se había casado con un militar (no recuerdo si policía o del ejercito) y tenía una hija, al principio de su relato todo era normal hasta que de repente empezó con que recientemente las cosas no iban bien, que ya no la escuchaba, a veces se sentía ignorada, y añadió en voz baja “a veces tiene mal carácter”. Y recuerdo claramente que esa frase prendió mis alarmas. Casi cortando su narrativa, le dije que hacía poco había nacido mi primer hijo, y le mostré una foto de el en bata recién bañado, la miro y lo único que comento fue: “Es igualito a ti” “Si”.

La quede mirando en silencio. Ella miraba su café. “¿No extrañas lo nuestro?” soltó de repente. No podía creer su atrevimiento. Silencio. “¿Extrañar? Al principio por supuesto que si, pero ahora, no.” le respondí, y añadí “Creo que lo nuestro debió terminarse esa noche en el Atalaya, allí se rompió todo. Porque cuando no hay confianza, ni respeto, no hay nada. Si seguíamos tarde o temprano me preguntaría donde estabas o si me estabas mintiendo. Sólo éramos dos chicos inmaduros jugando con fuego”. Silencio. Casi me avergoncé de lo duro que sonaron mis palabras. Se notó su decepción “Nunca lo olvidaste” me dijo. “Yo diría que nunca te perdone”. “¿Hasta ahora?” “Si, pero eso ya no importa. Es historia. Ha pasado mucho tiempo y cada uno tomo su camino”. No pudo ocultar su decepción. Silencio. “Debo volver” le dije. Me pare. Pague los cafés y nos despedimos.

La vi marcharse, pero no sentí nada, como cuando uno ve una cicatriz que solo señala que allí hubo alguna vez una herida. Una mujer sensata me dijo: “El que esté libre de culpa que tire la primera piedra” y no puedo menos que darle la razón.

FIN

CHILE: ¿SE RECUPERARA?

Chile era a mediados del siglo XX el segundo pais más pobre de América Latina solo por encima de Haití. Y luego de un periodo político turbulento y doloroso y la aplicación de una serie de profundas reformas económicas liberales se convirtió a inicios de los 90s en el pais con el mayor ingreso per cápita de la región, habiendo reducido su pobreza de 50% a 8% y calificaba ya para ser parte de los países desarrollados.

Los gobiernos de centro o centro izquierda que gobernaron durante los últimos 35 años incapaces de aceptar la realidad del éxito del modelo y por desconocimiento o cobardía para profundizarlo y mantener el ritmo de crecimiento comenzaron por un lado a hacer cambios acordes a su narrativa y por otro a difundir la mentira que la raíz de los problemas era la desigualdad que genera el desarrollo capitalista.

Intentaban así ocultar su incapacidad en gestionar el Estado, para proveer los servicios básicos: buena educación, buenos servicios de salud, seguridad ciudadana eficaz, combate contra la corrupción, etc.

Dos de los cambios fueron particularmente nefastos, ambos realizados durante el II gobierno de Bachelet (2014-2018), el primero la reforma tributaria que desincentivo la inversión, la generación de empleo y a partir de ello el crecimiento económico ha sido en promedio 0. La crisis económica se fue gestando y el malestar social se fue acumulando. Ante su incapacidad para atraer inversiones, generar empleo e ingresos permanentes acudió a la salida fácil de endeudar al país: Chile fue junto a Argentina los países de la región que más se endeudaron en los últimos años.

El segundo cambio fue la reorganización del Sistema de Inteligencia que además de menoscabar la autoridad de los carabineros impidio el control de la inmigración tanto corta y masiva como la haitiana (300,000) como la moderada y constante de los venezolanos que además de agudizar el problema económico y la presión sobre los servicios públicos y la demanda de empleo permitió el asentamiento de la criminalidad organizada: se facilitó así el ingreso del Tren de Aragua, El Cartel de Sinaloa, y los brasileños del Comando Bermejo.

Los casos de corrupción se multiplicaron: el caso de Chile Vamos, Transantiago, Reforma de la Educación, Tributarias, la ley de la Carne, Caso Fundaciones. Fundación Bachelet. Fundación ProCultura. Caso Monsalve un acusado de violación mantenido en el cargo.

El 6 de octubre del 2019 el pasaje en el Metro de Santiago fue incrementado en 30 pesos, lo que equivale a 0.042 dólares ó 0.15 centavos de nuevo sol, minúsculo, pero fue la gota que derramo el vaso.

A partir de allí la izquierda desato una serie de “manifestaciones” que fueron creciendo en violencia, en número de participantes y en daños a la propiedad pública y privada. La violencia y la destrucción unido a la incapacidad del gobierno de controlar el orden público quebró la confianza puesta en el. Más de 70,000 millones de dólares salieron del pais. Los proyectos de inversión se paralizaron.

PERO ESTO YA ES HISTORIA.

El gobierno de Boric esta demostrando lo que todos ya sabemos: la izquierda quiere el poder y cuando lo tiene no sabe que hacer con el.

El 16 de noviembre y el 14 de diciembre de este año se efectuarán las elecciones generales.

Solo les queda retomar el camino abandonado.

Deshacerse del inútil presidente que tienen y elegir al candidato que tenga claro que la ética no es utilitaria y que el camino al desarrollo es el de la libertad económica.




El estado no ha sido creado para jugar a ser empresario con el dinero de los ciudadanos.

Privatizar todas las empresas públicas.

Reducir el Estado.

Fortalecer el Estado de Derecho. La Justicia debe aplicar la ley.

Los derechos humanos es el de los ciudadanos derechos.

A los delincuentes: la ley. Duro contra el muro. Macizo contra el piso.

BOLIVIA: UN TRIUNFO NECESARIO

 Los resultados de las elecciones en Bolivia confirman lo que todos vemos: que la corriente liberal sigue avanzando en todo el mundo. Los ganadores el empresario Rodrigo Paz con un 32.2% y el ex presidente Jorge Quiroga con un 26,8%, representan variantes dentro la derecha boliviana. Triunfo necesario, pero NO suficiente.

Comentario al margen. El desastre del MAS ha sido total han pasado de tener más de 70 diputados a tener 1. Los candidatos NO de izquierda representan el 90% de los diputados electos.

Una condición necesaria ha sido parcialmente alcanzada, el calendario electoral que concluye con la segunda vuelta en octubre, deben permitir a los candidatos ganadores tomar acuerdos básicos para desterrar el modelo político, económico y cultural implantado por el MAS y los chavistas.

Lo primero es decirles la verdad a los bolivianos: salir del pozo no será fácil, no será rápido. Habrá resistencia, pero no hay otra alternativa.

Señalo tres:

Tomar inmediata distancia de la politica internacional del actual presidente Arce quien inserto a Bolivia en el eje chavista del Alba y reconoció a Maduro como presidente de Venezuela. Anunciar una revisión total de los acuerdos políticos en materia de seguridad con Irán que fueran establecidos por Evo Morales en su primer gobierno.

En lo interno la reducción del aparato del Estado que debería incluir la eliminación de Ministerios como el de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización (vaya palabrita), el de Medio Ambiente y Agua, el de Planificación del Desarrollo y el de Desarrollo Productivo y Económico que no son sino ventanillas para emplear familiares, rentar militantes de izquierda y hacer proselitismo político, cuando no generar islas de corrupción.

El establecimiento de nuevas y solidas condiciones jurídicas que atraigan nuevamente la inversión para la exploración en gas, petróleo y minería ahuyentadas durante los gobiernos del MAS es imprescindible. Contar con una de las reservas más grandes de litio del mundo es una carta que le debe permitir al próximo gobierno apalancar las medidas que le permitan no solo salir de la crisis sino generar desarrollo.

Hay mucho, mucho más que hacer.

BOLIVIA : OTRA OPORTUNIDAD

 

Mañana domingo 17 de agosto habrá elecciones generales en Bolivia.

¿Los resultados nos afectan acaso? Si. Bastante más de lo que creemos, así como las próximas en Chile y Argentina.

Bolivia está en medio de una tremenda crisis económica y politica causada por el fracaso del modelo que la izquierda trato de implantar a través de la Constitución del 2009 que dice en su artículo 1 que “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural…”.

Intragable perorata. Casi imposible de leer.

RESULTADO: Luego de 16 años de gobierno del MAS, Bolivia es un Estado fallido con más del 40% de su población en pobreza, incapaz de proveer a sus ciudadanos de los servicios básicos de seguridad física (combatir la delincuencia), seguridad jurídica (cumplimiento de las leyes) y las condiciones para el progreso económico de sus ciudadanos.

Una vez más el modelo estatista, intervencionista desbarrancando un país.

Por supuesto los responsables del descalabro, los adictos al Estado, la izquierda: Evo Morales y el MAS se lavan las manos llamando a votar nulo porque según ellos expresan así una “rebelión democrática” y llaman a sus seguidores a estar alertas si ganan los candidatos de la derecha. Mas desvergüenza imposible.

Los favoritos para pasar a segunda vuelta el empresario Samuel Doria y el ex presidente Jorge Quiroga ambos calificados como de derecha, prometen acabar con el modelo generador de pobreza.

¿Ganará las elecciones de Bolivia un candidato de derecha y logrará este revertir la situación boliviana? Es necesario, pero no suficiente.

Solo si el presidente boliviano no teme combatir ideológicamente a la izquierda boliviana y sus aliados internacionales, perseguir a la delincuencia principalmente el narcotráfico y tomar medidas de ajuste duras desmontando el Estado fallido podrá tener probabilidades de éxito.

BALANCE SIN NUMEROS, BALANCE FALSO

Leí hace unos días que unos cuantos ilustres ciudadanos más algunos sobrevalorados opinantes habían mostrado su indignación porque se había cancelado la presentación del libro de Víctor Polay Campos en la última Feria del Libro con el pomposo título de “Revolución en los Andes. Desde la prisión Víctor Polay Campos responde. Un balance del MRTA” y adornada con una foto del autor con 30 años menos.

Falsa imagen de un Polay Campos quien -junto a Serpa Cartolini y Peter Cardenás - ya expresó su filosofía politica con balas y dinamita.

Falso escenario de una supuesta “Revolución en los Andes” de lo que no fue más que el accionar de una banda de crimen organizado barnizado de politica y que nació, mató y murió en las ciudades.

Falso balance de una actividad de su partido que no contendrá muchos números, ya que estos delatarían la naturaleza criminal de su accionar.

El libro pretende sin duda, medir y capitalizar el desperdigado e inexistente apoyo político que cree tener. Para ello necesita mostrar una reconversión tardía, un adiós a las armas, una silenciosa disculpa que no resucitará muertos, ni reconstruirá familias pero que sin duda pretende resucitar y reconstruir su carrera politica.

Pretende talvez desesperadamente emular así la “exitosa” y ya fracasada reconversión de Petro.

A pesar de ello no le quitemos el ojo de encima porque una minoría violenta puede causar un tremendo daño. Aquí y en el mundo los ejemplos sobran. Por eso hay que extirparlos rápido, dentro del estado de derecho y respetando sus derechos humanos, aquellos derechos que ellos negaron a sus víctimas.

Pero más allá de ello no hay que dejar pasar la falsa protesta de los autodenominados defensores de la democracia y su selectiva defensa de la libertad de expresión. ¿Protestarían si le prohibieran a Morote publicar un balance del Sendero Luminoso? Por supuesto que no. Estos equilibristas del centro, que defienden la libertad de expresión selectiva son peligrosos porque son los encargados de arengar a sus tropas, proveer de falsos argumentos a sus culposos seguidores y reclutar incautos y desmemoriados.

OTRO 28 DE JULIO MAS

Todos los 28 de Julio desde hace varios años por iniciativa de Lola & Chachi nos reunimos a celebrar la Fiesta Patria. En principio, éramos un reducido grupo que llevábamos algo para “picar” y tomar en el comedor de su cocina mientras escuchábamos el mensaje presidencial y aprovechábamos para ponernos al día y pasarla bien. Como postre -y para mí también señal de fin de reunión- la anfitriona circulaba unos recién preparados y espectaculares picarones que ya son tradición.

Inicialmente prendíamos el televisor y escuchábamos (o pretendíamos hacerlo) el discurso presidencial. Luego durante un par de años prendíamos el televisor, pero le bajábamos el volumen. Hasta que un año (¿con PPK?) alguien simplemente apagó el televisor. ¿Cómo te diviertes y celebras mientras escuchas a alguien leer en tono monótono 100 páginas de temas que desconoces? Con esa sabia decisión nuestra celebración gano patriotismo y calidad de comunicación.

La asistencia era y es flexible pero no irrestricta, algunas veces iban los hijos o hijas con o sin sus parejas, otras veces los papás o tíos de algunos de los del grupo u amigos de las asistentes. Solo se requería llevar buenas vibras y algo para la mesa común, una carne, un postre, un vino, unas cervezas, una ensalada. Todos eran bienvenidos. Algunos a veces, no asistían por estar de viaje o por razones personales o de agenda. Algunos sintonizaron y se hicieron frecuentes, otros no. No se llama lista. Así es la vida.

Con el tiempo y en esta dinámica el grupo fue creciendo, primero nos mudamos al comedor de la casa luego también invadimos la sala.

Estos años han dejado muchas anécdotas. Recordare aquí una porque me atañe.

Durante algunos años me autonombre encargado de preparar el pisco sour, hasta que surgió la disputa que para ser breve termino cuando una amiga Carmen y yo fuimos sorprendidos forcejeando por la taza de la licuadora ya con el pie en alto en el jardín de la casa. La anfitriona evitando que pase a mayores decidió sabiamente darle la tarea a Juancho el más joven del grupo, quien serio e imperturbable ha estado a la altura del reto. Su primera y sabia decisión fue reducir y estandarizar el tamaño del vaso de pisco sour a 6 onzas, cortando años de excesos. También ha encontrado la velocidad justa de producción para mantener la animación sin generar crisis de abstinencia.

Este año como siempre fuimos recibidos con mucho cariño, nos apretujaron cada uno más que el anterior y nos presentaron a gente nueva.

Colocar la idea temática de música de Costa, Sierra y Selva animado por una chica y un cuy funciono bien. Un grupo de asistentes se lanzó a cantar y cantaron bien, aunque a algunos se les escuchaba mal, pero todos lo hicieron con gran pasión.

Las más conocidas canciones de Eva Ayllón, Lucha Reyes, Los Morochucos, el Zambo Cavero no faltaron.

Haydee, siguiendo a Lala y Silvia no perdio tiempo, se saco la casaca y se lanzo al ruedo.



Los huaynos dijeron presente y Juaneco con “Se ha muerto mi abuelo” barrió en participación. El cuy era la estrella del baile y el jardín parecía clase de aeróbicos de gimnasio. Parecía que la cosa se salía de control cuando veo al cuy en cuatro patas llevando encima a una chica, pero mostro profesionalismo y respeto.

Sin embargo, este no lo libró de recibir un buen susto de nuestra Grinch cuando quiso imprevistamente sacarla a bailar, pero se recuperó rápidamente, mostrando aplomo.

El más joven asistente a la celebración -de meses de nacido- se robó el show al dejarse cargar por la multitud de tías abuelas sin perder la seriedad y lanzando un bostezo de vez en cuando.

Mario el GOAT de la parrilla, incansable domador del fuego hizo circular sus sabrosas carnes (no las suyas) entre los asistentes.

Manuel estaba recopilando tips hogareños para afrontar el reto de adaptación.

Los anfitriones en vigilancia permanente se aseguraban que todo saliera bien.

Me divertí viendo la alegría de todos y especialmente la de Haydee y Lala y solo lancé unas cuantas puyas.

Muchas fotos y videos. Y aquí debo protestar porque en la acostumbrada foto del retablo solo sale mi ojo. Porque no me parece justo tener que decir “¿Ves ese ojo en la foto? Ese soy yo”, yo sé que va a ser difícil resolverlo por razones que saltan a la vista, pero lo dejo en manos de los creativos.

El grupo se está renovando y el evento ganando continuidad hay una mezcla de jóvenes adultos, adultos no tan jóvenes más unos cuantos de mi promoción por allí que no desentonan. Y si bien este año ha sido difícil para algunos miembros del núcleo duro del grupo sin embargo tuvimos una celebración muy alegre. Todos tiramos nuestras penas -grandes o pequeñas- a la espalda y decidimos ser felices. Y LO FUIMOS.

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