Hace un par de semanas fui con mi esposa a uno de los grandes Centros Comerciales que hay en la capital, a comprar un par de cosas pequeñas para la casa. Me animó la presencia del raquítico sol de esta época y también porque allí puedo “ver” empíricamente el pulso económico del pais.
Me pongo a observar las marcas y modelos de los autos
estacionados, el flujo de personas, si estan ampliando el centro, que nuevas
tiendas o marcas hay, distinguir entre los que van a pasear de los que van a
comprar, que tipo de productos de tiendas tienen más demanda y afluencia, el
promedio de edad del público, etc. Cosas de nerd.
Inevitablemente entramos a una de las tiendas ancla y allí mientras
ella miraba una camisa de franela diciendo “esta le quedaría bien a Bruno”
olvidando que su hijo esta en pleno verano y al otro lado del mundo, escucho
que alguien dice “César”; volteo a mi izquierda no veo a nadie, “César Villar” ahora
más fuerte y cerca volteo a la derecha y lo veo, era Carlos S. Esta más gordo que
la última vez que nos vimos y ya luce algunas canas. Sonriente me da un fuerte
abrazo que casi me rompe las costillas “Como esta profe” me dice. Haydee está sorprendida
y mientras lo busca en su memoria, él se adelanta y la saluda:” Señora, ¿Cómo está?”
y al notar su duda le dice “Soy Carlos, Carlos Somosa.”.
Intervengo, “¿Te acuerdas que fuimos un domingo a almorzar a
su casa en Puente Piedra?”. “¡Si! Que buena memoria, fue cuando Carlitos cumplió
un año” Me dice. Haydee finalmente lo reconoció. “Y donde estas ahora?” “Estoy
en el BCP ya 3 años.” “Tenías un emprendimiento” le digo. “Si, pero no se puede. Trabajaba de Lunes a
Domingo de 7 a 11. Pero terminaba trabajando para la SUNAT Así que lo deje”.
Recordaba los nombres de mis hijos y me pregunto por ellos con un interés genuino.
Fue en los años duros del ajuste económico que conocí a
Carlos, en ese tiempo adicionalmente daba clases de 6 a 10 de la noche a los alumnos de
Sistemas de uno de los grandes institutos que hay en Lima. Fui su profesor
durante sus dos últimos ciclos de su carrera. Era junto a dos amigos de los más
aplicados y serios. Siempre preguntaba cuando algo no le quedaba claro,
cualidad que los que enseñamos alguna vez valoramos. Le gustaba mi clase me decía
porque usaba ejemplos casos prácticos.
Unos años después, cuando necesite programadores para un
proyecto, me acorde de él, lo ubique y le ofrecí la oportunidad. Lo agradeció y
aprovecho la oportunidad con conocimiento, dedicación y responsabilidad. Allí también
conoció, enamoró y se casó con la que es su esposa: Luz. Para ese entonces yo había
salido de la empresa, donde él ya se había ganado un espacio propio.
Tiempo después recibo una sorpresiva llamada telefónica de él
invitándome a su casa a un almuerzo dominical. Los padres de Carlos eran
agricultores y la casa familiar era amplia y luminosa estaba en el extremo
oeste de su chacra y si bien aún trabajaban en ella la urbanización la empezaba
a rodear. En la mesa estábamos además de
él, su esposa, su hijo que había cumplido recién un año, sus viejos y algunos
de sus hermanos. Me cedieron la cabecera de la mesa. Era una familia, unida y
trabajadora. Supe que Carlos igual que sus hermanos trabajaban en la chacra
desde adolescentes. Me sorprendió cuando en medio de un cálido ambiente
familiar generada por una conversación llena de anécdotas y bromas, Carlos
pidió un momento de silencio y anuncio que el motivo del almuerzo era para agradecer
a quien el consideraba su mentor, y fue generoso con sus palabras. Francamente
me sorprendió el gesto.
Luego de esto, la vida continuó y esporádicamente hablábamos
por teléfono y algunas veces compartíamos un café. Me presentaba siempre como su
mentor, pero yo le retrucaba como la primera vez en su casa “Solo te di la oportunidad,
lo demás te lo ganaste a pulso”.
Ahora en este último encuentro, orgulloso me dice que su hijo
Carlitos terminaba este año la carrera. En nuestra breve conversación se refirió
a su hijo tres veces como Carlitos, ese diminutivo cultural peruano demostrativo
de cariño y que hereda el ultimo hijo/hija.
Así como se dice que los amigos son los hermanos que uno
escoge y algunos duran toda la vida, creo que hay algunos alumnos son como
sobrinos que uno escoge y con los cuales se establece una relación que duran
toda la vida, Relaciones que llenan de satisfacción y que uno siente como parte
de su legado.
La lista es corta y Carlos esta en ella.