EL VIEJO VOYAGER I

La sonda espacial Voyager I fue lanzada al espacio hace 46 años (1977) y viaja con una velocidad de 61,500 km/h.

Paso por Júpiter en 1979 y por Saturno en 1980. Al pasar por estos planetas recibió un impulso adicional de ellos usando sus campos gravitacionales, como si hubiera “rebotado” en ellos permitiéndole incrementar su velocidad.

Esta sonda espacial es actualmente el objeto espacial construido por el hombre más distante de la tierra, mas de 24,000 millones de kilometros.

El año 2012 el Voyager I luego de 35 años (¡!) cruzo el límite de la heliosfera (zona de influencia del sol) convirtiéndose en la primera nave en penetrar en el espacio interestelar, pero sin salir aun del sistema solar.

Tanto el Voyager I como el II siguen enviando información científica a la tierra. Sus señales viajando a la velocidad de la luz tardan 14 horas y media en llegar a la Tierra. Desde el 2020 por la limitación de la energía (usan generadores eléctricos nucleares) irán progresivamente dejando de operar el instrumental científico hasta el 2025 cuando dejarán de hacerlo para siempre. Una honrosa jubilación después de 48 años de servicio a la ciencia.

En noviembre del año pasado el Voyager I dejo de enviar datos legibles, lo que llevo a la NASA a efectuar 4 meses de investigación hasta dar con el problema, y luego diseñar, construir e implantar el “parche” (código). Hace dos días se confirmó que este funcionaba correctamente. El viejo Voyager estaba nuevamente en servicio, pero ya nos avisó que su jubilación esta pronta.

Su misión inicialmente planeada para 5 años ha cumplido ya 40. Sus fotografías de la Tierra mostrándonos como un minúsculo punto azul en la inmensidad de la nada son icónicas. Estas fueron tomadas desde una distancia de 6,000 millones de kilómetros el 14 de febrero del 1990.

Antes que la cámara fuera apagada para ahorrar energía, el astrónomo, participante del proyecto e infatigable difusor de la ciencia Carl Sagan; quien promovió la toma de la última foto familiar; escribió sobre ella:

"Mira de nuevo ese punto. 

Ese que está aquí.

Ese es el hogar. 

Ese somos nosotros.

En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos los que has oído hablar, cada ser humano que haya existido, vivió su vida ahí".

Si esto no es poesia, choca en el palo.

Y más adelante:

"Hemos averiguado que vivimos en un insignificante planeta, de una triste estrella perdida, en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo, en el cual hay muchas mas galaxias que personas"

BONUS

Esta siguiente espectacular foto de la tierra fue tomada el 2013 por la sonda Cassini y donde se aprecian los anillos de Saturno.




0. MEMORIAS DE UN JOVEN PARROQUIANO

Era un sábado en la mañana y los siete jóvenes -estábamos entre los 18 y los 25- sentados alrededor de una enorme mesa de madera en un ambiente del Colegio María de la Providencia esperando en silencio. A ese ambiente se accedía por la puerta principal del Colegio que era reservada para los padres y profesores.

Éramos: los hermanos Elsa y Julio, Ángel, Carlos, Luis Eduardo, Luisa y yo. De repente me olvido de uno o dos más que al poco tiempo desaparecieron de las reuniones. Habíamos sido “convocados” mediante un nunca explicado sistema de selección ya que no nos conocíamos, excepto Carlos y yo que alguna vez estuvimos en el mismo salón en primaria. 

El ambiente era calmo, no solamente porque en ese momento no había alumnas en el Colegio, sino que las monjas que vivían allí a esa hora estaban en modo oración. Unos pocos minutos después dos religiosos canadienses: Ramón y Giselle, con un castellano aun masticado se presentaron como los Coordinadores de los grupos juveniles de la Parroquia por lo que encabezarían la reunión.

Las reuniones tenían por objetivo formar grupos juveniles en la Parroquia San Pablo y Nuestra Señora del Carmen, el nuestro se encargaría de dar soporte a una renovada misa juvenil que se daría todos los domingos a las 7 de la noche. Nosotros éramos los escogidos.

Así empezó para nosotros un curso de Teología de la Liberación que nos prepararía para comentar, según este enfoque, las lecturas dominicales.

Luego de unos tres meses de reuniones semanales, el grupo asumió la tarea de ser parte de la misa juvenil. Aún recuerdo los nervios que tuve al salir por primera vez al frente de la misa y dar nuestra interpretación de la lectura.

Durante unos meses las cosas anduvieron bien. Los fieles, sobre todo jóvenes, llenaban una novedosa misa donde se usaba guitarras eléctricas y batería - que en esos días eran instrumentos casi exclusivos de una banda de rock- mientras los jóvenes del grupo se encargaban de casi todas las tareas, desde volantear hasta recoger la limosna.

Pero, con lo que no contaban los Coordinadores del trabajo juvenil era que los jóvenes "reclutas" no solo ganaban aplomo al hablar en público sino que preguntaban y preguntaban cada vez más cosas y querían no solo respuestas o leer lo que decía Gustavo Gutiérrez en su Teología de la Liberación - el grupo juvenil había adoptado el nombre de Liberación por ello también - sino que demandaban acciones más militantes -comprometidas era el término que se usaba- que preparar un discurso de unos minutos por semana.

La vida se encargó de poner a prueba lo predicado, cuando un piquete de 8 recias trabajadoras de la fábrica D’onofrio en huelga pidieron a los del grupo dar su testimonio en la misa juvenil del domingo a las 7 e iniciar una huelga de hambre en el templo.

A los jóvenes, por lo menos a un grupo de ellos, les encantó la idea mientras que a otros les asusto lo que podría suceder. El cómo llegaron ellas a nosotros no lo supimos nunca, aunque yo sospecho que fue Ángel, quien ya hacia activismo político, aunque también podía haber sido Luisa quien a sus 21 ya era una precoz dirigente sindical en un Laboratorio

Fue una bomba.

Los curas "entraron en trompo" al enterarse de lo que proponiamos hacer, esa misma noche del domingo minutos antes de empezar la misa.

Ramón nos comunicó la decisión: Las trabajadoras podían dar su testimonio durante la misa de las 7, pero no se les permitía iniciar la huelga de hambre en el templo, para la cual ya habían venido preparadas. 

Ya había finalizado la misa juvenil y estaban terminando de salir los asistentes cuando los curas -en una acción sorprendente- cortaron el fluido eléctrico del templo y cancelaron la misa de las 8 aduciendo que había que revisar por seguridad las instalaciones y cerraron el templo. Era evidente que temían una acción de fuerza, alternativa que nadie tenía en mente. Se imaginaron un escenario de misa con el grupo de obreras en el piso haciendo huelga de hambre con carteles y banderola incluida. Demasiada “teología de liberación” inclusive para la década de los 70s.

Nos tuvimos que disculpar con ellas por el fracaso.

Allí se acabó el romance entre los Coordinadores y los jóvenes más radicales.

Después de esto solo una sola vez pudimos hablar con Ramón.

¿Cómo predicábamos tener o ser una iglesia más cerca de los pobres y a la vez nos negábamos a ayudarlos en sus demandas?, preguntaban los jóvenes.

Si lo hacemos una vez, nos llenamos de huelguistas de hambre, decían ellos.

¿Y ?, ¿Cuál es el problema? ¿No es la opción por los pobres que debemos tomar? replicábamos.

No había forma de entenderse.

Luego de ello, el ingreso casi libre que teníamos a los ambientes de reuniones se nos cortó. Si había alguna reunión esta debía contar con la asistencia de algún sacerdote o monja o seminarista, los que difícilmente estaban disponibles. En los hechos era la supresión de todo el trabajo juvenil. No podíamos ir más allá del despacho parroquial.  Pero la ruptura fue total cuando a los pocos días de este conflicto, y cuando pedíamos buscar una salida, los jóvenes nos enteramos que Ramón había salido de vacaciones. Iba a pasar 15 días del verano en la casa de playa que los sacerdotes tenían en Ancón.

¿Vacaciones?  ¿Casa de playa?  Nos parecía una burla. Ya le correspondía tomar vacaciones nos dijeron. No sabíamos que un soldado de Cristo tomaba vacaciones.

El malestar ya denso, se desbordo. Malestar que se sumaba a detalles que nos fastidiaban pero que se dejaban pasar como que a Ramón le gustaba apretar los bíceps de los chicos, que a otro cura le encantaba el vino antes, durante y después de misa por lo cual ya en una ocasión hubo una queja porque no se le entendió nada de lo que dijo en la liturgia (nos burlábamos diciendo que había hecho la misa en francés, pero en vino francés) o que el Párroco actual era muy amigo de la despampanante morena que era secretaria del Despacho Parroquial y a la que llevaba en auto a su casa a la salida del trabajo. Detalles que de pronto se recordaron y difundieron malsanamente.

Todos estos detalles eran reales y podían interpretarse de muchas maneras, pero no era el tema que nos dividía con ellos. Era la incoherencia entre lo que nos dijeron por mucho tiempo y lo que finalmente hicieron, lo que nos hizo sentir estafados.

Naturalmente el grupo colapso y dejo de reunirse. Los curas ni cortos ni perezosos buscaron y encontraron rápidamente reemplazos más comedidos y solícitos para la misa juvenil de las 7. Veíamos que los manejaban con una correa más corta, confirmando lo que sabemos desde siempre que Felipillo vive y vivirá por siempre entre nosotros.

Allí acabo la aventura de Liberación con Giselle y Ramón.

A modo de postdata, muchos años después mi familia tuvo un almuerzo dominical con Giselle. Fue muy agradable verla de nuevo y compartir recuerdos escolares y parroquiales.

De Ramón no sabíamos nada hasta que una noticia policial señalaba su muerte en una parroquia en Ica, durante un aparente robo. La historia que rodeo su fin fue algo sórdida y fue triste saber cómo terminaron sus días.

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