En un artículo publicado el 17 de agosto pasado en El Pais titulado “La verdad ya importa poco”, el periodista Javier Cercas apoyándose en declaraciones de políticos del gobierno español y del gobierno madrileño actual sustenta la tesis que la política esta reducida a una representación mediática y que los políticos centran su tarea en engañarnos y no en mejorar nuestras vidas.
El columnista toma declaraciones como la de Miguel Ángel
García (Partido Popular) diciendo que hoy “prima la comunicación sobre la
gestión”; la de Ximo Puig, quien aseguraba que, para ganar elecciones lo
esencial es “la instalación en el imaginario colectivo de tu relato”; las de Iván
Redondo, asesor del presidente Sánchez, quien dijo que “no es fácil distinguir
lo que es realidad de lo que es ficción” y finalmente las de Gabriel Rufián, de
izquierda independentista quien declaraba con rudo cinismo: “La verdad ya importa
poco” y todas ellas le sirven al periodista para sustentar su tesis.
Esto le da pie a desarrollar su tesis que es: Gracias a
internet y las redes sociales, la mentira posee mayor capacidad de difusión que
nunca y el poder político reaccionario aprovechó esto para anotarse éxitos,
previa olas de mentiras que van desde el Brexit (salida de Inglaterra de la UE)
hasta el triunfo de Bolsonaro.
Continua con que el resultado fue el descrédito abrumador de
la verdad y casi entre lágrimas declara “a mí todavía me sigue pareciendo
increíble que un país genéticamente
puritano como Estados Unidos, …, pueda elegir por segunda vez como
presidente a un perturbado.”
Pero hay más, dice nuestro apenado comentarista “los
políticos tradicionales han empezado a mentir con un descaro y un cinismo
inéditos, transformando el arte de la política en el arte de mentir y
decretando que el mejor político es el que mejor miente o mejor engaña, o el
que mejor disfraza la mentira de verdad.”
Ante este panorama, concluye, hay que apoyar al periodismo
independiente, auténtico (ellos por supuesto) dice de lo contrario “nos
encaminamos hacia un lugar sucio, oscuro e insalubre, donde no
apetece nada vivir.”
Este virginal político y comentarista ignora lo que han
dicho y hecho los políticos desde que aparecieron sobre la faz de la tierra
como un mal necesario.
El habla en general que todos los sucesos políticos
(casualmente contrarios a los progres) y en particular la posible e inminente
elección de Trump seria producto de una masa engañada por una ola de mentiras a
través de las redes sociales.
Su discurso contabiliza las mentiras de Trump al otro lado
del océano, pero ni una sola palabra sobre las mentiras que tiene al frente,
las de Pedro Sánchez quien no solamente ha mentido violentando todas sus
promesas electorales que hizo desde la alianza con Bildu hasta la amnistía a
los presos de ETA sino que está imputado junto a su esposa de corrupción. No creo
que la omisión del periodista se deba a los millones de euros que el gobierno
de Sánchez reparte por publicidad oficial. Libérenme de tan perspicaz duda.
Este columnista además no se refiere a hechos, ni cifras, ni
datos. Solo gases. No señala las enormes mentiras que durante años llevaron a
que un pais tan rico como Venezuela este destrozado bajo una dictadura feroz
que ha expulsado a más de 7 MILLONES de sus ciudadanos obligándolos a buscar fuera
un lugar donde poder trabajar, poder comer y progresar.
No señala las mentiras que tienen a un pais como Cuba
congelado en el tiempo hace más de 60 años.
No señala las mentiras que durante años llevaron a que un
pais otrora rico como Argentina hoy tenga más de la mitad de su población en la
pobreza y con unos cotos de corrupción vergonzosos. Y siguen ejemplos.
Allí están esos “lugares sucios, oscuros e insalubres, donde
no apetece nada vivir.” a los que Cercas se refiere, pero sobre los políticos,
periodistas y demás especímenes que condujeron a eso nada dice nuestro afligido
columnista.
Pero además su razonamiento es profundamente antidemocrático
al afirmar sin decirlo que solo si el candidato ganador pasa por su tamiz de
pureza no es producto del engaño por tanto legítimo. Ingenuo yo que creía que
los votos contaban. Creo en la democracia liberal, un ciudadano, un voto, la
división de poderes y el imperio de la Ley. La defensa de la vida, la
propiedad, la libertad de expresión y de culto para todos sin excepción.
Está claro que no coincido con el periodista Cercas, ni de
lejos. Opino que no debemos creer en los mentirosos, sean estos políticos,
periodistas o sacerdotes. Y los distinguiremos confrontándolos siempre con los
hechos, las cifras y los datos justamente todo aquello de lo que carecen las
narrativas maravillosas de estos que piden votos de fidelidad y hasta devoción
a sus opiniones o promesas. Y confío que
serán barridos.
Soy optimista respecto a eso. Lo soy porque hay una nueva
generación de jóvenes, la llamada generación Z, la nacida a mediados de los 90s,
la que se sienten cómoda con la tecnología, para la que el uso de internet le
es natural y no le asustan ni la libertad ni las reglas de las redes sociales.
Que son libres de opinar, lo hacen y no se ofenden, ni
asustan si alguien opina diferente. Esta generación no cree en vacas sagradas, si
les mienten usando cualquier medio no dudarán en desnudarlos y exponerlos. Solo
necesitan tener un celular.
A esta nueva generación le temen los Cercas del periodismo
militante. Le temen a ellos y a su libertad como el gato al agua. Porque la
verdad es hija de la libertad. Por eso quieren regular, controlar o domesticar
las redes sociales. Sueñan con un control como el de Corea del Norte pero light
es decir normado por ellos, porque ellos si saben. Por eso como en Brasil
contra X, usan al Poder Judicial cuyos jueces son ex ministros de Lula para
darle un manto de legalidad a lo que solo es censura a rivales políticos.
Pero la vida se abre paso siempre y más temprano que tarde los empleados de la mentira, los narradores de cuentos y los guardianes de la censura serán barridos del escenario y olvidados junto a los columnistas de un solo ojo.