Miguel Angel

Fue la primera y única vez que me preocupe por la vida amorosa de mi hermana.

Era muy buena estudiante, tranquila, guapa y más buena y sana que una manzana.
No puedo ser objetivo, así la veía yo.

Pero empecemos por el otro lado de la historia. 

El brigadier general de mi Colegio, Cesar Augusto Vela López, era amigo mío, y alguna vez compartimos carpeta. Eso porque antes nos sentábamos en el salón por orden alfabético: Vela, Villalba, Villalobos, etc.

Sus amigos le decíamos el mocho y los más considerados taza. Le decíamos el mocho porque su oreja derecha no tenía pabellón sino una pequeña carnosidad que le rodeaba el oído. La verdad sea dicha, de frente su silueta era exactamente el de una taza.


Como todo brigadier general de Colegio público era muy formal y para mi gusto excesivamente marcial. Su extrema responsabilidad nos causaba sentimientos de culpa. Pero lo respetábamos y nadie lo llamaba sobón, soplón o intentaba algún tipo de bullyng.  Todos respetábamos al mocho

Era el consentido del profesor de IPM (Instrucción Pre Militar) el Suboficial de Tercera Onofre Aquino Díaz, con quien coordinaba las actividades escolares y a quien le pedía permiso hasta para cumplir sus necesidades biológicas.

El mocho tenía un hermano menor que era todo lo contrario a el. Se llamaba Miguel Ángel y además de ser el hermano menor era la oveja negra de la familia. Decían las malas lenguas que no había terminado el Colegio.

Era alto, fachoso, tenía una voz grave y todo su aspecto era el de un retador indiferente que parecía decir “Si fumo mariguana y?” .  

Andaba con dos amigos que fácilmente preocuparían a cualquier padre de familia si los viera merodear sus casas.  Uno que parecía tener como 40 años y que creía disimular usando encima de la cabeza un enorme pelambre e intentando caminar metido en unas enormes botas de vaquero con punta. El otro parecía uno de los extras asiáticos en Kill Bill.

Estas tres fichas se aparecieron de repente en las fiestas a las que íbamos, invitados por unas hermanas amigas de mis hermanas.

Así las cosas, un día entro a una fiesta en la casa de los Sánchez, cuando de repente en medio de la semioscuridad, las luces de color y el volumen de la música veo al famoso trio conversando con dos chicas que aun estando de espaldas las reconocí de inmediato.

Me estoy acercando a comprobar cuando veo que el abraza a una de ellas y es correspondido. Ese abrazo no era de amigos. En esos años los chicos no abrazaban a sus amigas.  Nuestras miradas se encuentran. Esboza una media sonrisa y su aspecto parecía decir ahora “Sí, fumo mariguana y me chapo a tu hermana.”

Me sorprendió. A ella le gustaba leer sobre la vida, romances y penas de los príncipes y la realeza de Europa que publicaba Vanidades y otras revistas cuando dale aquí, se había fijado en un sapo.

Siendo abierto ya el romance, la preocupación me invadió. Y la única manera de manifestarlo era lanzar infundios desacreditando al príncipe azul y tratando de mostrar que era solo un sapo.

La campaña incluía, mencionar en tono sarcástico que no sabía la tabla del 2, que ella tendría que terminar de enseñarle a leer, que hablaba solo e intercalaba risas y llantos, que no sabía dónde quedaba la ducha en su casa, o que la última vez que se bañó encontró un polo que creía perdido y cosas parecidas, lo que siempre ocasionaba una furiosa acusación de calumnia, aunque cada vez más débil. 

¿Cómo discutes con una adolescente enamorada? NO hay forma.


Un día me entero –interpósita persona- que el sapo tenía una proposición irresistible: huir con ella al bosque (¿Cual bosque? ¿El Bosque?), construir una casa de madera y criar niñas igualitas a mi hermana. Vivir de lo que pudieran sembrar (mariguana incluida por supuesto) y ser felices. 

Por supuesto esa versión criolla de la familia Ingalls, paradigma de la felicidad que se podía encontrar en la pobreza, se completaba con la grata compañía de sus amigos que los acompañarían. Misma familia Manson.

La posibilidad que mi hermana termine de campesina no me causaba gracia.

Esta idea era prueba irrefutable del daño producido por todas las plantas que se fumaba.
Solo así podía explicarse la peregrina idea de alguien de irse a vivir en el bosque, cuando estoy seguro ni el parque de las Leyendas conocía.

Felizmente la ilusión duro poco, unas tres semanas creo. 

Luego, dejaron de merodear y todos nos olvidamos de ellos.

Algún tiempo después fui a recoger a una chica para irnos al cine.
Toque la puerta. ¿Y adivinen quien me abrió? 
Siiiiii él mismo.

Con mi mejor cara de palo. Le dije: Hola esta ….?.
Acuso el golpe, pero reacciono como un caballero. “Si” y la llamo.
Retrocedí y me puse a mirar por el balcón hacia la calle.

Así que aún no vives en el bosque, pensé. ¿O te regresaste cuando se te rompió la primera uña?

La salida de ella interrumpió estos silenciosos diálogos. El besito de saludo y nos fuimos caminando.

Sentí que nos miraban, asi que volteo a ver y allí estaba en su balcón mirando a su única hermana menor en su primera salida al cine. No voy a mentir, lo saboree.

Pensé “Yo no fumo mariguana, y solo por si acaso estoy en la última fila con tu hermana”

La verdad no pasó nada en el cine y también fue la última vez que los vi.



PD Recién y a boca de jarro le pregunte a mi hermana por él, me miro con esos ojos de sorprendida que le conozco bien y me contesto: “No sé, habrá muerto de sobredosis” y estalla en risas. No me resisto y colaboro añadiendo leña al fuego “O se habrá caído de la casa que construyo en el árbol”. Nuestras carcajadas resonaron más fuertes aún.

VICTORIA


VICTORIA.
Ella fue siempre una dirigente estudiantil, en el Colegio primero y en la Universidad de Buenos Aires después. Aquí es donde se unió a los trotskistas de la Juventud Socialista y adopto el nombre de Victoria.

Tal adopción estaba absolutamente justificada. 

Eran tiempos de dictadura militar en Argentina, dictadura de las que secuestraban y desaparecían opositores, incluidos los abogados defensores de derechos humanos, sin formalidades democráticas, ni vergüenza o sentimiento de culpa alguno.

La vi por primera vez en un Plenario político, en uno de cuyos puntos se informó sobre la situación en Argentina. Allí muchos nos quedamos impresionados por la difícil situación del PST (Partido Socialista de los Trabajadores) argentino que sufría –igual que todos los opositores a la dictadura- una fuerte represión. Declarados ilegales tuvieron que pasar a la clandestinidad, con locales dinamitados, militantes presos y exiliados, acumulaba hasta ese momento 25 muertos y cerca de 40 desaparecidos.

Más tarde me entere por Manuel, un amigo cuzqueño que había estudiado en la misma Universidad el detalle de su historia.

Ella y su compañero repartían unos volantes en un Banco, En este volante llamaban a defender los derechos de los trabajadores que estaban siendo amenazados por el gobierno y el sindicato manejado por la burocracia peronista no hacía nada al respecto.

Saliendo del banco, fueron detenidos. Ella estuvo detenida una semana, lapso en el cual la torturaron. Debido a la presión de los medios y la campaña que se organizó, fue dejada en libertad. Sin embargo, su compañero siguió detenido. Y unos días después fue encontrado asesinado y con signos de tortura.

Por eso, a un grupo de militantes, entre los cuales estaba ella, los dirigentes les había pedido que salgan del país dado el peligro que corrían sus vidas. Así habían llegado al Perú integrándose al PST de aquí. 

Ella era periodista, escribía esporádicamente, pero se había especializado en la diagramación de diarios y en eso trabajaba aquí.

Era una organizadora, más que propagandista o agitadora, por eso hacia equipo con Nora quien era una gran propagandista, impecable a la hora de explicar posiciones políticas y polemizar.

Pocos días después del Plenario, coincidimos en una mesa para almorzar y me gusto su forma de ser, su frontalidad, su mesurada coprolalia y su sentido del humor. Allí recién creí ser visible para ella.

Victoria era singular. No era bonita sino guapa. Su carácter era su atractivo. Hablaba simple, fuerte y claro, y tenía ese don de algunas mujeres que usan lisuras en su lenguaje sin que se sienta grosero, se reía agitando mucho los hombros y reaccionaba rápido ante comentarios o actitudes que trasluciera machismo. Era “fachosa”, de las que, si se ponía un saco de papas, igual se le vería bien. Sin embargo, se vestía con sobriedad y a veces media hippie. 

Obviamente varios de mis compañeros le habían echado el ojo. Y yo también.

Conversábamos siempre en grupo y un par de veces tomamos café solos, pero la conversación no abordaba temas personales. Me parecía percibir química entre nosotros, pero a continuación había gestos que me hacían dudar de mis posibilidades de éxito. 

Así estuve como dos semanas. Siempre he sido, no muy valiente para lanzarme a la piscina.

De repente un día estaba en un grupo conversando cuando veo que ella se acerca directamente hacia mí. Supe lo que siente un antílope cuando un leon se le viene encima. Cuando llego hasta el grupo todos se callaron – el silencio se podía cortar- mientras ella ignorándolos me dijo “Hola César. ¿Tienes algo que hacer el sábado?” Y sin pausa “¿Vamos al cine?”  sorprendido solo pude decir Ok y antes que yo me repusiera de tan violento abordaje sentencio con  “A las 7 entonces.”  Otra vez solo dije Ok.

Me sonrió, miro a los demás – que estaban mudos y uno parecía estar buscando algo en el techo- como si recién los viera dijo hola y se dio media vuelta. 

Sorprendido y un poco sonrojado, solo atine a mirar a mis amigos quienes sonreían cómplices. Uno de ellos dijo “Estas frito”. Todos asintieron con la cabeza. Sentí en ellos una sana envidia. Seguimos con el tema de la conversación, pero mi cabeza ya estaba en otra parte.

La recogí a las 7, fuimos al cine. 
Hablamos.

Luego paso lo que suele suceder en estos casos. Y si bien esa noche no me frieron, digamos que si estuve en baño maría.

Bueno, me tengo que ir, dije mientras hacia el ademan de pararme
Pero si mañana es domingo¡!!
¿Sino? Respondí como si recién me percatara de ello. Me quede quieto.
¿Qué tienes que hacer? Me miraba directo. No había hacia donde correr.
Estaba entre asustado y emocionado ante la perspectiva.
Haciendo la historia corta, esa noche me quede.

En la mañana mientras tomábamos café, el dialogo tal como lo recuerdo.

Me parecías sobrado.
Bueno no es la primera vez que me lo dicen. Tu más bien me parecías un poco petulante.

Argentino que no parece petulante, y sabelotodo no es argentino me dijo, mientras se reía.
No tengo nada que agregar, le dije.

Porque no me invitabas a salir, tuve que invitarte yo.
¿Te das cuenta que ese comentario es machista? La verdad es que me daba miedo que no aceptaras.

Tú me interesaste desde el primer día.
No parecía. Tú también me interesabas.

Me di cuenta.
¿Como?

No te lo voy a decir. Los hombres se creen muy astutos y suponen que nosotras somos giles. Ustedes son fáciles de leer. 

Después de ese comentario me sentí como un insecto que estaba siendo diseccionado y examinado por un biólogo. No quise continuar la conversación por allí ya que todos los escenarios eran desfavorables para mí.

Cambie de tema, pero fue torpe, ya que se rió del cambio, pero lo acepto y la conversación siguió.

Ella vivía en Chorrillos y era todo un viaje acompañarla a su casa y luego regresar a la mía, si bien había incentivos para hacerlo, igual el viaje era pesado.

Pasaron los días. Todo era lo normal.

Pocas semanas después me dijo, me mudo. Si, ¿Por qué? Nora se va a mudar con Roque y no puedo pagar la renta yo sola. Además, está muy lejos de mi chamba.
Dicho esto, guardo silencio y me quedo mirando.
A buen entendedor pocas palabras.

Nos tomó todo el fin de semana ejecutar la mudanza. Y como pueden adivinar nos mudamos juntos. Era en el centro histórico del Callao.  En el jirón Constitución tercer piso, a una cuadra de la Plaza Emilio San Martín. Era / es un edificio antiguo y bonito de piedra y mármol, con un corredor central.


Recuerdo que, casi a la mitad del corredor que atraviesa el edificio, al lado izquierdo había un teletipo detrás de un ventanal que todo el día recibía e imprimía noticias de las agencias internacionales. Era el internet de la época.

En la noche que llegábamos me gustaba leer la tira de papel que iba mostrando un sinfín de noticias de todas partes del mundo.

El departamento era un solo cuarto grande de unos 7x7 metros con techo muy alto, dos grandes ventanas, piso y puerta de madera.

Al principio todo estaba bien. Hablábamos bastante y nos reíamos como dos adolescentes despreocupados.  
Descubrí las huellas del maltrato sufrido y me contó como había sido esa experiencia. Una cosa es que uno lo lea y se imagine el miedo, la desesperación y el dolor. Otra cosa es escuchar la historia con las cicatrices a la vista en una conversación personal e íntima.

Me sorprendió cuando me dijo que quería afeitarme. Ella fue la primera chica que lo hizo. Le gustaba hacerlo y a mí también que lo hiciera. Sentado en un banco bajito, esperaba mientras ella preparaba todo y luego se arrodillaba delante mío y me afeitaba. Usaba brocha, un pocillo con jabón y una navaja. Naturalmente la primera vez yo, estaba alerta. Nunca nadie me había afeitado, menos una chica, pero lo hacía bastante bien. Me contó que lo había aprendido mirando a su viejo, quien al ver que su última hija mostraba curiosidad le enseño como agarrar la navaja, preparar la toalla caliente, las direcciones del rasurado y como se toma la cara para girarla en el ángulo requerido.

En las noches nos gustaba caminar entre la neblina propia del puerto (si llovía mejor aún) y llegar a la Plaza que estaba a dos cuadras, para dar vueltas allí, conversando.

Sin embargo, poco a poco la relación se fue deteriorando. Cada día hablábamos poco y nos reíamos menos. Hasta que un día apareció el “Tenemos que hablar”. Esta frase archiconocida es el santo y seña de las conversaciones que terminan con la ruptura de una relación.

Y esta vez no fue la excepción. El amor no es eterno. Si quieres que dure aliméntalo, porque cuando muere, muere.

Hace un par de veranos pase por el viejo edificio y me pareció menos encantador y misterioso que la imagen que yo tenía de él.

Cada día me convenzo más que los recuerdos son para contarlos, jamás para revivirlos.

PD. En Google maps puede verse el viejo edificio.

DON PERICO


La primera vez que visite a don Perico, fue porque uno de mis zapatos (unos Teddy negros) se había descosido. 

Lo miró, y mientras se dirigía hacia la máquina de coser me pregunto “Tu eres hijo de la señora Ana, no?” Sorprendido le dije “Si”. Eres igualito a Sivori. Quien es Sivori. Un jugador, Ahh. Trrrrrr. Trrrrr. Corto los hilos sobrantes. Listo. Super eficiente. Cuanto le debo. Nada. Llévalo no más.

Ese minuto de servicio me salvo de una buena regañada, recién empezaba el Colegio, era quinto de Primaria o primero de Secundaria.

Después de eso, en vacaciones escolares empecé a frecuentarlo. Llegaba y saludaba “Buenas tardes don Perico”, “Hola Sivori”, me contestaba. “Siéntate.”. Me sentaba frente a él en una banca bajita a verlo trabajar. Si había alguien en la banca siendo atendido, me paraba al costado esperando que el cliente se fuera.


Su tienda taller-dormitorio era una sola pieza de unos 4 por 4 metros “puerta a la calle” con una división para aislar su dormitorio.

Luego de saludarnos no se hablaba más. Él trabajaba, yo lo miraba hacer. A veces hacia dos y hasta tres trabajos a la vez. Era un multitarea antes de crearse la propia palabra.

Entre los dos había una mesa de trabajo baja y fuerte llena de todo tipo de cosas para su oficio: chinches, clavitos de varios tamaños y diámetros, navajas, martillos, alicates, sacabocados, hormas, una prensa de mesa, tintes, etc. El usaba un delantal de drill grueso trajinado por el uso y para trabajar se colocaba una madera pesada en la falda. A su lado izquierdo y al alcance de la mano tenía un diablo.
Tenía una máquina de coser negra Singer detrás suyo, más grande y recia que las que yo había visto siempre en las casas, incluida la mía.

En la esquina izquierda había una ruma de zapatos arreglados cuyos dueños jamás volvieron por ellos. Había de todo: zapatos, botas, sandalias, mocasines. De hombre, mujer, niño. Negros, marrones, guindas, blancos. Una mezcolanza.

Me gustaba ver la destreza de su rutina. Como agarraba un zapato, lo miraba por todo lado y luego leía el apunte que había hecho en el interior del mismo. Allí anotaba de quien era el zapato o los zapatos, la fecha de entrega, que servicio había que hacerle, cuanto cobraría por el servicio y si había recibido un adelanto. Todo eso estaba allí y lo leía en voz baja. cuando quise comprobar, vi que eran solo iniciales excepto el nombre del cliente Media suela (ms), media suela y taco (mst), suela corrida, (sc) etc. Era un sistema suficiente para él.

Luego ponía manos a la obra. Desclavaba, descosía, desarmaba y despegaba. Y luego nuevamente clavaba, cosía, armaba y pegaba.

Cortaba la suela de un rollo de suela que tenía cerca de él, como de un metro de ancho y dos de largo. Remojaba el cuero y luego media, marcaba, cortaba, rebajaba los bordes, clavaba (siempre se ponía los clavos en la boca), por cada clavito dos golpes sin equivocarse nunca, recortaba, lima gruesa, lima fina, tinte, escobilla, listo.

En raras ocasiones reparaba zapatos cosidos. Era salir de la rutina. Desarmar un zapato cosido no era simple, siempre dudaba si el lograría volverlo a armar ya que había muchas maniobras que nunca llegue a entender del todo. Pero luego de maniobras inexplicables para mi, de las que solo recuerdo que hacia orificios con una lezna, preparaba el pabilo, lo enceraba, cosía en forma de trenza y ajustaba fuertemente cada vuelta de hilo, y veía como lentamente el zapato empezaba a aparecer con la forma exacta que tenía al inicio, era casi mágico.

Pero esto no era todos los días.

Generalmente, luego de un buen rato, me aburría y solo le decía: “Me voy”. “Está bien” me contestaba sin dejar de trabajar.

Esta rutina de mis visitas solo se rompía cuando recibía la visita de su amiga, una señora guapa de mediana edad que vivía cerca de allí, madre con hijas adolescentes. Ella trabajaba en provincias y cuando regresaba a Lima lo visitaba. Cuando entraba le decía “Hola Perico”. “Hola” contestaba él. Le cambiaba el semblante. El me miraba. Yo sabía que debía irme. 

Solo la primera vez me tuvo que decir “Sivori, tengo que arreglar un asunto con la señora. ¿Puedes regresar más tarde?” 
Por supuesto yo me retire y no regrese, sobre todo porque escuche la puerta cerrarse casi detrás mío. Eran asuntos de personas mayores y nunca me interesó saber. 

Solo unos años después cuando ya era un adolescente, y había dejado de visitarlo de repente un día me percate cual era el asunto que debían arreglar. Y la verdad solo vi dos almas solitarias y marginales que habían decidido, sin compromiso alguno, compartir algo de su tiempo y su calor.

Unos pocos años después, su amiga enfermó y la familia entera migro para buscar un mejor futuro para las 4 mujeres.  No supe como lo afecto esto.

Lo que nunca deje de hacer, aunque ya no lo visitaba, era detenerme al pasar y saludarlo. Ya no me decía Sivori, solo me contestaba haciendo una venía detrás de unos lentes que aparecieron un día en su cara, mientras seguía trabajando,

¿HACIA DONDE VAMOS?


¿HACIA DONDE VAMOS?
Cuando las sociedades se encuentran en una circunstancia de crisis que no puede ser resuelta mediante el concurso de las instituciones que posee, surge lo que se conoce como un régimen bonapartista.
Un régimen bonapartista requiere un líder (algunos le llaman outsider para señalar que viene de fuera del sistema de partidos políticos) que apoyándose en una institución (FFAA; Grupo religioso, o Clan Tribal: estos dos últimos se ve mucho en Africa y Medio Oriente) se sitúa por encima de las demás y las somete a su voluntad con el discurso de resolver la crisis que la sociedad atraviesa.
Este líder mezcla autoritarismo y populismo, mientras no cesa de mencionar que habla a nombre del pueblo y que defiende sus intereses. Normalmente son populares debido a que le dicen a la población lo que esta quiere escuchar.
Este tipo de líder aparentan respetar la institucionalidad y el estado de derecho mientras lo socava, organizando (y ganando) elecciones y referéndums, a la vez que crea organizaciones paralelas adhoc a las necesidades del gobernante con lo que progresivamente las instituciones democráticas quedan como cascarones sin contenido.
Estos regímenes utilizan las consultas populares o referéndums como método para resolver cuestiones políticas. Esto le permite al candidato a dictador apoyarse en los sectores sociales más atrasados para validar sus políticas. Queda así protegido con el argumento que sus decisiones han sido aprobadas por “el pueblo”.
Paralelamente se difunde el pensamiento único y correcto junto a una supuesta superioridad moral y ética del gobierno y sus socios (los buenos) frente a un enemigo interno o externo, real o imaginario (los malos)
En estos regímenes si la izquierda no esta directamente en el gobierno, suele estar de furgón de cola a la espera de su oportunidad para convocar una Asamblea Constituyente y allí cambiar el modelo económico (el centro de su estrategia)
¿Porque es importante toda esta definición?
Porque esto explica las acciones de este tipo de gobierno y permite prever su rumbo.
En el caso nuestro, el régimen bonapartista se comenzo a perfilar desde el 28 de julio pasado, debilitando y controlando los otros poderes del Estado y eliminando a la oposición. La mezcla de autoritarismo y populismo se vio claramente con el referéndum del 9 de diciembre donde al autoritarismo de las formas: (el Presidente convoco al referéndum, fijo fecha, señalo preguntas, e hizo campaña por una manera de votar; ninguna de las cuales son sus atribuciones) le sumó el populismo de aprovechar el descredito del Congreso ante la población, para plantear temas que tenían como objetivo arrinconar políticamente a todos los partidos, incluido el “suyo”.
Ahora algunos (incluido el propio gobierno) recién se percatan del enredo creado en el referéndum, y cínicos simplemente no les importa mientras que muchos otros jamás lo sabrán.
¿Cuál es lo singular de este gobierno bonapartista?
El Perú es el país donde Odebrecht tiene sus mayores operaciones fuera del Brasil con activos por más de 4,500 M . Esta empresa durante VEINTE AÑOS opero impunemente aquí. Esto significo la generación de una red de contactos económicos, políticos y sociales alrededor de ella que se beneficiaron directa e indirectamente del “éxito” de Odebrecht en el saqueo del Estado.
Según un abogado muy ligado a ellos: en el Perú Odebrecht ponía y sacaba presidentes. El que los tres últimos presidentes estén involucrados con Odebrecht, seguido del descubrimiento que PPK era casi un empleado de ellos, y Vizcarra un socio, parece confirmar tal afirmación.
El componente Odebrecht es lo singular. La propia Odebrecht y la red criminal involucrada directamente con ella están luchando por su impunidad y dada la debilidad de nuestras instituciones y el resultado de las últimas elecciones generales, el principal soporte del Presidente es el conglomerado de medios propiedad del principal socio de Odebrecht.
Mientras el resto de la prensa está alineada por la abierta subvención mensual que recibe y en contraprestación le son funcionales. Periodistas críticos están siendo controlados o apartados.
¿Hasta cuándo va a seguir el escandalete diario para evitar que miremos lo sustantivo: la impunidad de la organización criminal formada para levantarse MILES de Millones?
¿Cuándo veremos desfilar a los involucrados que se embolsicaron el dinero?
Tal vez nunca. El objetivo es conseguir la impunidad. Eso es lo principal para ellos. Y si es posible seguir operando como si lo ocurrido (el tercer mayor escándalo de robo en nuestra historia republicana) fuera un pecado venial ya redimido. Ya lo estamos viendo en las condiciones del famoso “acuerdo” con los fiscales.
Llegará un momento en que a la demostrada inoperancia de la gestión se le sumara la necesidad de consolidarse, para lo cual estos regímenes necesitan restringir las libertades democráticas y reprimir físicamente a los adversarios. En los próximos meses veremos si esa represión se extiende contra la movilización de sectores populares cuando la situación económica comience a empeorar (las inversiones huyen de escenarios inestables) o cuando sectores radicales de la izquierda empiecen a movilizarse (bloqueando carreteras o tomando campamentos) para boicotear los proyectos mineros en el interior del país y así ganar liderazgos con fines electorales.
Por supuesto, el destino no está escrito en piedra, pero si hay motivos para preocuparse.
No es fácil vivir en democracia, esta exige de los ciudadanos tolerancia frente a opiniones diferentes, la habilidad de llegar a acuerdos y asumir el respeto irrestricto a las instituciones. Esto se hace más difícil aun, cuando en medio de este proceso de aprendizaje, se cruza una VERDADERA organización criminal tratando de quedar impune de sus delitos.

Ante esto lo que NUNCA debemos olvidar es que la democracia es difícil y hasta mala, pero que las dictaduras son peores siempre. Siempre. ¿O no lo hemos aprendido?
POSTDATA
Me ha apenado leer la noticia que para Venezuela el FMI prevé una inflación de 10 000 000 % (si 10 millones %) en el 2019. El efecto social de esto es inimaginable. ¿Que quedara de ese país luego de esto? ¿Cuántos venezolanos más veremos llegar a nuestro país?

CEMENTERIO (2da PARTE)


CONTINÚA . . .
Regresando, me percato de unos conjuntos habitacionales, edificios de cinco pisos, al lado del cementerio. 

Me pregunto, como será despertar, mirar por tu balcón y ver los pabellones de nichos. 
Ver entierros todos los días
O tener una reunión –por no decir fiesta- con esa vista. 
Se acostumbra uno? Supongo que sí. 
Por lo menos te hará ser mas serio, no?

Entramos y vamos leyendo los nombres de los pabellones: San Laureano, San Lino, Santa Lina, San Lorenzo, San Luis, Santa Lena, .. Me pregunto si todos serán santos cristianos que existieron alguna vez. Con los años de persecución que tuvieron es muy probable. .....Santa Lastenia, Santa Licia, San Luciano, San Lucio, San Leandro.

Llegamos. 

F 11 está en la primera fila superior del pabellón. Le encargo al trabajador –Juan se llama supongo que cajamarquino también- que le de mantenimiento. Me siento a esperar que termine. Jorge con tino me ha dejado solo.

Felizmente el sol ilumina, pero no quema mucho. Cierro los ojos y evoco todos los recuerdos que tengo de ella.

De atrás adelante.

El más lejano, cuando en las noches se reunía a conversar con mis primas: Irma, Martha, Ida, Carmen, Noemi, Rossy entre las que creo recordar. Sobrinas de ella –hijas de sus hermanos mayores- pero casi de su misma edad. En círculo hablaban animadamente, luego cuchicheaban y repentinamente el circulo se cerraba y ellas se encogían, el tono de voz bajaba. Segundos después el circulo se abría repentinamente mientras ellas explotaban en risas.  

En la playa en verano de lunes a sábado. Su estilo de nadar, técnicamente impecable, rítmico, elegante y veloz. Donde aprendió esa técnica será un misterio siempre para mí.

Los paseos a Chosica o a la hacienda de los Delgado en invierno a comer pachamanca verídica -la de tierra-, y traernos un saco de manzanas y pacaes recién cosechados

El acecho a la que la sometíamos los hijos por ver quien se llevaba el tazón y la paleta de madera cuando terminaba de vaciar la masa del queque de naranja esponjoso que preparaba. Por supuesto que siempre nos decía con poca convicción y nulo éxito que no debíamos comer la masa cruda, mientras nos miraba hacerlo delante suyo.

El gesto ácido de descalificación que merecían algunos impresentables que rondaban a mis hermanas.

Su admiración por las gitanas cuya libertad admiraba.

Su mirada más que reprobatoria cuando le hacías preguntas obvias.

La vez que me dio una respuesta que hasta hoy recuerdo.
La acompañaba los fines de semana al mercado y siempre nos deteníamos en un puesto de una paisana (mi Mamá y ella se saludaban así) que vendía chanfainita en pequeños platos de latón y combinados de chanfainita con ocopa (deliciosa crema grumosa hecha en batan de piedra). A la paisana le llamaba la atención que yo le echara rocoto con cebolla china a mi plato. “Come ají el gringo” decía siempre. Tenía la cara redonda con ojos pequeños y maternales. Una vez le pregunte a mi Mamá porque me decía gringo. Sin mirarme me contesto “Ay hijo, al lado de sus hijos tu eres gringo. No le hagas caso”

La vez, que, estando ya postrada, hizo pasar un mal rato a una señora que hizo un comentario ingenuo y extrañado por una boda repentina solo explicada por un obvio embarazo.

César. César!. Me sobresalte.
Jorge me llamaba creyendo que me había quedado dormido.
Los lentes oscuros y el estar reclinado lo había hecho creer eso.

Que pasa porque gritas le digo. Te has dormido. No. Estaba con los ojos cerrados.

Se ríe. No me cree. Vamos ya.
Y Juan le pregunto. Ya se fue. Le pagaste. Si.

Le devuelvo el monto tranzado. Jorge es muy duro siempre y muy generoso a veces, cuando ya no puede ocultar su corazón de chocolate.

Camino a la salida me dice. La próxima vez solo acuérdate de 5 5.
Lo miro extrañado. ¿Que?

Si mira, se adelanta y me explica. Entras por la puerta pequeña del lado derecho. Cuentas cinco pabellones desde la entrada y luego cinco pabellones hacia la derecha. Listo allí esta.

Lo quedo mirando. “Todo lo que haces por ahorrarte cinco soles.” Le digo. “Feo viejo eres”.

Nos reímos. No mucho, después de todo todavía estábamos en el cementerio.


CEMENTERIO (1ra PARTE)


“Que tienes que hacer”
Lo miré. Ya lo conozco, cuando Jorge me pregunta eso es que quiere que lo acompañe a alguna parte.

Era sábado. Acababa de llegar a su casa, nuestras esposas son hermanas y se llevan muy bien. Son cómplices. Se pueden pasar horas conversando, algo que yo no podría hacer con mis hermanos.

“Nada, excepto soportar a Lulú y a ti.” le contesto. Lulú es su schnauzer, la que cada vez que llego me persigue por todos lados y cuando me siento en la sala, se echa en el sillón a mi lado y reposa su cabeza en mi pierna. Y eso acaba de suceder.

“Jajá. Te tiene camote”. Me dice Jorge. Yo sospecho que tal vez siente el olor de su hermana Pippa en mi pierna.

“Quiero ir al cementerio”.
Jorge visita a sus muertos cada año aproximadamente.
A su bisabuela y al hermano menor de ella que están enterrados juntos. Luego a su abuela, a sus viejos y a su hija. Lo hace en fechas en que sabe que no hay gran afluencia de público.

Así que nos fuimos al cementerio. 



Él se orienta bien en ese laberinto de pabellones, mausoleos y nichos.
“Entrando por la puerta principal de frente hasta chocar con el pabellón del fondo y un poco a la izquierda están mi bisabuela y su hermano menor” habla mientras vamos llegando. “Son Gaudioso y Juana Rojas Sánchez” me responde. Gaudioso es sin duda un nombre singular.

Me llama la atención que se refiera a su bisabuela y a su hermano menor. Le pregunto “¿El hermano menor de tu bisabuela no es tu bisabuelo también?”  “No” me dice.  Bueno esto no tiene mucho sentido, así debe ser en su familia.

Llegamos.  Ambos están en las coordenadas que tiene en la memoria. Se queda en silencio un momento frente a los nichos, como rezando y luego busca al trabajador que mantiene limpios y arreglados los pabellones.

El parece conocer a todos los que trabajan en el cementerio, los llama por su nombre de pila, hablan de amistades comunes y de eventos pasados con toda tranquilidad. Me explica luego que muchos de ellos son cajamarquinos.
Les paga por los servicios que han hecho, manteniendo limpia la lápida y luego se despide.

“Ahora vamos a ver a mi viejita” me dice.
“Donde es eso” Le pregunto.
“No me acuerdo muy bien” dice. “Pero es yendo por la “avenida” principal, caminamos un tramo pequeño y a la derecha hay una curvita, dice señalando con la mano.

Yo solo veo un laberinto con muchas curvitas y pabellones que me hace recordar cuando en la sierra te dicen “queda aquicito no más” y tienes que caminar 3 horas para llegar al “aquicito no más”.

Pero al poco tiempo damos con la tumba de su madre, que está cercada y tiene un hermoso jardín que la rodea, junto a ella está su hija Rebeca, quien nos dejó muy joven. Una muerte absurda que se llevó a una adolescente dejando un hueco en el corazón de los que la conocíamos desde pequeña.

Acá se repite la historia.

Se saluda con uno y otro y pregunta por un tercero. No esta le contestan. Uno de ellos parte a buscarlo, sin que se lo pidan.Solidarios en la cobranza.  Nuevamente los llama por su nombre de pila, hablan de amistades comunes y de eventos pasados con toda tranquilidad. Me explica otra vez que muchos de ellos son cajamarquinos.

“Ahora vamos a ver a mi viejo” me dice. “Donde es eso” Le pregunto, sabiendo que cualquier respuesta no iba a decirme nada.
“Hay que salir a la avenida principal y caminar un tramo pequeño, la tumba de mi viejo está casi pegado a esta avenida”.

Yo me limitaba a caminar detrás de él, leyendo los infinitos nombres. Llegamos. 

El papa de Jorge está en una tumba con una hermosa lapida color pizarra y la historia se repite. Nuevamente, aparece el empleado que mantiene la tumba y cuida el jardín.  Le paga por los servicios que ha hecho y luego se despide.
Después de un rato, me dice: ahora vamos a ver a mi abuela que se encuentra muy cerca del final de la “avenida”

Terminado ahí, me dice: ahora “vamos a ver a tu viejita”.

Me sorprendo, porque no tengo idea donde puede estar. El comienza a caminar tratando de acordarse el camino que nos llevó a ella hacia unos 5 o 6 años.

Una pareja mayor que nos ve pasar por segunda vez delante de ellos nos ayuda. “Si buscan a alguien lo mejor es preguntar en la oficina” Nos dice ella, mientras el asiente con la cabeza.

“Pero no esta la oficina que estaba en la entrada” Contesta Jorge. Yo no sabía que había oficina alguna.

“Se han mudado. Están ahora en el Jr. Ancash. Es a una cuadra y media de aquí. Usted le da su nombre y el año de fallecimiento y ellos le dicen donde esta” “Cuesta cinco soles” añade. Gracias.

Allá fuimos

Interrumpo a una jovencita que golpea con frenesí un celular y que me “atiende” entregándome un formato y un lapicero amarrado con pita a la ventanilla, mientras me dice que coloque el nombre completo de ella y el año de fallecimiento. Por supuesto, esto sin dejar de mover los pulgares.

Por fastidiar le digo. “Puede escribir usted?” que le debe haber sonado a “Haz tu chamba pues hijita”.

Me mira, sonríe cansada. Es sábado.  Se saca un audífono y me pregunta “¿Cómo se llama?”  “Yo?” Le tomo el pelo. No se da cuenta. “No, la persona que esta buscando”

“OK. Es Ana María Márquez Denegri aunque puede estar registrada como Ana María Márquez de Villar. El Año es 1986.”

Ok. Espere un momento me dice, luego llama a un chico. Jovencito de no más de 20 años, pequeño de mirada vivaz y le entrega el papel. El desaparece tras una puerta.

Nuevamente se enfrasca en el golpeteo de la pantalla de su celular. Esto reafirma mi tesis que las próximas generaciones van a nacer con pulgares curvos.

Pasan 10 minutos.
“Parece que el sistema que tienen es enviar a ese chico a buscar en los pabellones y regresar corriendo a informar”

Pasan 10 minutos más. Y cuando me estaba parando para reclamar, aparece el chico y me dice. “No está”.

“No está?” 

Estuve a punto de decirle “¿Dónde crees que se haya ido?” pero no lo hice. Él era más atento que ella. Supongo que es porque no tiene un celular a la mano.

Ante mi mirada extrañada, leyendo el papel confirma “la Sra. Ana Martes de Villar, no esta”

“Ana Martes?”

Le pido el papel. La de los pulgares locos, había escrito “Ana Martes” Corrijo y le pido al chico que busque nuevamente.

Miro a la de los pulgares eléctricos para reclamarle. Pero ahora se había puesto los audífonos y hablaba mientras escribía. Es un caso perdido pienso.

A los dos minutos vuelve contento el chato. Pabellón San Leandro. F11. Le pago los 5 soles.

CONTINÚA . . .

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