ACA TOY


Ella estaba acabando la Universidad. El también.
La noticia les cayó como un baldazo de agua fría. No lo esperaban.

Se miraron directamente a los ojos. El vio sus pequeños y hermosos ojos que reflejaban desconcierto y algo de miedo.
La abrazo y sintió –igual que ella-  que estaban solos en el mundo.  

Se preguntaron qué hacemos ahora, Y si bien la respuesta la tenían, se hace lo que hay que hacer, lo que no sabían bien era como.

Pero, caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Pasan unos días.

El me aborda un viernes en la noche, estaba retrasado, rumbo a una reunión importante para mí.

Me dijo:"Tienes un minuto?".
Lo mire extrañado, éramos amigos hacia ya varios años y sin embargo el tono de voz y su expresión era formal y alerta.
"Si" le digo deteniéndome y algo extrañado.
"Nos vamos a casar”. Sin rodeos.
A buen entendedor pocas palabras.
Lo quede mirando en silencio. Estaba procesando lo escuchado.

"¿Están seguros?" ´pregunto.
"Si" me contesto.
Nueva pausa.

"Bien pues. Adelante" y le di la mano.
El dialogo duro treinta segundos.

Cumplieron todas las formalidades del caso. Visita de él y su mama a la casa de ella para pedir el consentimiento de los padres a pesar que ella hacía dos años ya era mayor de edad. Despedida de soltero. Etc.etc.
Eran dos jóvenes enamorados saliendo de su zona de confort y aventurándose a la vida.

Curaca, matraca. Olla, cebolla. Pelo, apelo. Pato, zapato.


El embarazo fue duro. Como “primeriza” sufrió de nauseas, mareos, vómitos, cansancio y cambios de humor.

Sus prácticas pre profesionales fueron interrumpidas. Era imposible, en el Banco iba al baño hasta cinco veces en una hora.

“Que huevada” dijo en voz baja cuando le comunicaron que no podía seguir. Nadie creería que fue educada por monjas canadienses. Y que fue a una universidad creada por jesuitas. “Como se dirá en francés "que huevada"? Sonara a postre.?”  
Pero ella voltea rápido la hoja. Su prioridad era otra.

Su suegra se comporto como lo que era: una nona italiana. La cobijo y apoyo cumpliendo el rol que ancestralmente cumplen las mujeres mayores hacia las más jóvenes dándole el soporte emocional adicional que ellas requieren en esa etapa nueva, dura y maravillosa del primer embarazo.

Cada día sentía como su cuerpo cambiaba y el ser que llevaba en su vientre no solamente crecía sino que la llenaba de amor. Le era imposible explicar sus sentimientos.

Cuando nació y lo tuvo por primera vez con ella fue sencillamente maravilloso. Había quedado atada para siempre a ese ser y el cariño que le inspiraba.

Curaca, matraca. Olla, cebolla. Pelo, apelo. Pato, zapato.

Cuarenta años después, sentada frente a la pantalla esperando hablar con el hijo ahora lejos de ella, recordaba ese día cuando conoció el privilegio emocional de ser madre. No se percato que ese día también cumplía un año más como madre.

Apareció la imagen. “Feliz cumpleaños, hijo bello”. Dijo ella sonriendo con toda la cara.

“Gracias má” contesto él mientras sonreía y pestañeaba como cuando una luz nos deslumbra. Tiene los ojos pequeños y hermosos de su madre y las canas prematuras de sus ancestros.

El sabia que para ella siempre fue y siempre será su bebe. Y le gusta saberlo y sentirlo. Y mientras conversan y ríen, el siente esa recarga emocional que el cariño de la familia provoca en uno.

Hablaron más de una hora.  

Curaca, matraca. Olla, cebolla. Pelo, apelo. Pato, zapato.


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