Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personal. Mostrar todas las entradas

MI PRIMERA CHICA

Todos los asistentes al campeonato de fulbito salían de la cancha al terminar los partidos de esa fecha. Entre ellos estaba yo con dos amigos. Estábamos comentando los partidos cuando escuchamos que una chica detrás nuestro dijo “Tengo una fiesta en la noche, ¿alguien quiere ir?”.

Nosotros seguimos caminando y hablando del partido, pero cuando volvimos a escuchar la misma voz, pero esta vez casi encima nuestro y recortada a solo: “¿Alguien quiere ir?” volteamos a mirar y la veo por primera vez. Era flaca, de pelo castaño muy bonito y largo, ojos vivaces y una sonrisa contagiosa mientras agitaba dos tarjetas celestes de entrada a una "Party". Estaba colgada del brazo de una amiga como suelen andar las chicas. Mis dos amigos la conocían, entre risas se saludaron y me la presentaron. Repitieron la invitación entre sonrisas y miradas cómplices entre ellas. No sé porque me sentí aludido e hice lo que me sale mejor, hacerme el desentendido. No recuerdo, si hubo o no fiesta o si llegue a ir.

Nunca fui muy atrevido para iniciar una conversación –ya no digamos una abordaje y menos una relación- con las chicas. No lo crean si lo parece o alguien dice lo contrario.

Era la época del boom del rock, de Santana, de Chicago, de Cream, Telegraph Avenue las primeras fiestas con luces de colores, esferas de espejos y las baladas. Aún recuerdo la primera balada que baile con una simpática desconocida que mantuvo sus antebrazos sobre mi pecho y su cara dirigida hacia mi axila, seguramente siguiendo instrucciones maternas a pesar que yo no significaba amenaza alguna, actitud que hicieron interminable por primera vez la hermosa “Trébol Carmesí”.

Pero bailar con la flaca era un intento de simbiosis donde ella permanecía semi enterrada debajo de mi casaca abierta mientras yo tratando de abrirme paso entre su hermoso cabello hacia su cuello mientras sonaba “Samba pa ti”, No necesitamos hablar mucho, mejor dicho, no hablamos nada. Simplemente las cosas se dieron. Nuestros cuerpos se juntaron y simplemente no se querían ya separar.

Fue mi primera enamorada real, no las que solo piensas, miras, escuchas hasta cuando no habla y sueñas con tocar, sino las que además besas, hueles, hablas hasta cuando no esta y tocas sus sueños y los tuyos. De carne, hueso y alma, aunque ella esto lo tenía dispuesto al revés.

Nos veíamos todos los días. Generalmente durante el día, ya que su mamá -al ser la única hija mujer- no quería que saliera en las noches. Nos encontrábamos a las 7:30 de la mañana de los húmedos días de invierno en el paradero de “la 12” servicio de bussing cuyo último paradero era al final de la Av. Sucre, desde donde caminábamos hasta el final de la Av. Brasil al parque Inmaculado Corazón de María, hermoso y solitario donde además había varias glorietas techadas con bancas de madera. 

Nos sentábamos a conversar, reírnos, mirar el mar, abrazarnos –naturalmente para combatir el frío- y a manifestar el cariño de la inocente forma que un par de chicos que rondaban los 20 años solían hacerlo en esos tiempos.

Regresábamos casi siempre a eso de las 2 de la tarde, en contento silencio, con la mirada pacífica y por supuesto sin sentir ya el frío que hacía en Lima.

Pasaron los meses. La relación era buena, conversábamos mucho, se escandalizaba de mi humor negro que ella fomentaba. Todo iba bien casi sin discusiones.  Una noche estaba conversando con tres amigos, cuando uno de ellos me pregunta: “Loco, ¿sigues con la flaca?”. Era costumbre llamarnos loco en esa época.

Extrañado por lo directo dije:” Si, ¿porque?”

Guardo silencio un instante, pero era demasiado leal para callar o un chismoso sin remedio y me dice: “Acabo de verla conversando con el mellizo”. El mellizo era su ex y vivía a unos 50 metros de la casa de ella: “¿Donde?” le pregunté. Los demás guardaron silencio. “En la puerta de la casa de él”. Guarde silencio un momento.

“Ya regreso” les dije. Me sentía profundamente ofendido. Teniamos un acuerdo sobre los ex.

Llegue a su casa y toque el timbre. Se asomó por la ventana y bajo a abrirme.

“Hola”, con la sonrisa de siempre, aunque me miraba algo extrañada. Rara vez iba a buscarla de noche.

“Hola” y casi sin pausa y con el tono más tranquilo que pude lograr le pregunté “¿No tienes nada que contarme?”.

Desconcertada y un tanto dudosa por mi pregunta me contesta: “No ¿Porque?” Con esa respuesta yo sentí que se me movía el piso. Me preguntaba “¿Me está mintiendo en la cara? o ¿Hugo se ha equivocado?”

“¿Has salido hoy?”. Pregunte directo y ya en modo inquisitivo.

Vi una pequeña duda en sus ojos. “No”. Me contesto en un tono más bajo y sin la convicción de la respuesta anterior y se quedó inmóvil mirándome como esperando mi reacción. Me dolió y fuerte.

"¿No has estado conversando con el mellizo en la puerta de su casa?" le pregunte mirandola con dureza. Se quedo fría. No contesto. No me miro. No se movio. Eso era una respuesta y me dolio. 

“Acá terminamos. Es lo mejor”. Le dije cortante con una seguridad que estaba lejos de sentir. Di media vuelta y me fui. No dijo nada. No le di tiempo a que me responda.

Recuerdo que quede dolido muchos días y por momentos creía que había tenido una reacción exagerada. Más de un amigo en común quiso interceder para “conversar y arreglar las cosas”, pero me negue. Como volver a confiar me decía yo mismo. Tendre que vigilar su puerta todas las noches, me preguntaba.

Menos de un año después me dijeron que se había casado. Bueno. Meses después me dijeron que ya tenía un hijo. La vida continuaba.

Un tiempo después nos encontramos por primera vez desde la ruptura, en el cumpleaños de un amigo en común. seguía siendo flaca pero la maternidad le había agregado carnes.

"Hola", "Hola". "Te presento a mi esposo" "Mucho gusto". Todo formal, aparentemente lo pasado, pisado. Aunque la note un tanto incomoda.

Un rato después cuando cantábamos el "Cumpleaños Feliz", sentí que en la penumbra alguien me tomaba de la mano. Me sorprendio, volteo discretamente y me encuentro con su mirada. Ella estaba cantando parada a mi lado y detrás de su esposo. Su mirada era retadora, audaz.  No, No. Le dije en silencio mirándola mientras los demás cantaban. Solté suavemente su mano con el pretexto de batir palmas.

A partir de allí, la evite. Aproximadamente dos años después partió rumbo a otro continente.

Pasaron los años. Sabia retazos de su vida por diferentes personas. Que se había divorciado. Que se había quedado viuda. Que se había vuelto a casar. Que había venido de visita al Perú.

Hace unos años, estando ella acá, quedamos en encontrarnos una tarde en Plaza San Miguel para tomar un café y conversar. Y así fue. Cuando nos encontramos nos dimos un abrazo extraño pero afectuoso. Conversamos largo, contándome ella primero y yo después que habíamos hecho todos esos años que no nos habíamos visto.

Me conto sus dificultades para irse. El duro proceso de integración a su nuevo país. Desde el idioma hasta la comida.La construcción de su vida familiar, la foto de su hijo: un hombre ya. Por mi parte le conté lo mío. Me llamo la atención que no omitiéramos los momentos difíciles que cada uno había pasado. Pero ya eramos dos extraños que añorando una lejana confianza conversaban. De repente porque sabíamos que probablemente no volveríamos a hablar. Ahora casi no teníamos nada en común.

Naturalmente hablamos también de lo nuestro, coincidimos que fue apasionado y bonito, nos reímos de algunas cosas que ella recordaba mejor que yo y sin hablar sabíamos también que no tenía sentido buscar culpables, porque en toda historia siempre hay dos versiones.

Más tarde, la deje en la casa de una amiga a quien iba a visitar y allí fue el adiós. Si probablemente fue bonito mientras duro, pero solo en la realidad de Disney hay finales felices, en la vida real solo hay finales.

1 MEMORIAS UNA MALA NOTICIA


Estaba junto a mi esposa sentado frente al escritorio del médico esperando mi diagnóstico. El médico, uno de los mejores del país, luego de evaluar las placas y efectuar un examen clínico, confirmó el diagnóstico que mi empírica investigación había encontrado.

Luego pasó a explicar sobre el curso de la enfermedad señalando el deterioro que ella provocaba y usó dos adjetivos en una oración, que se grabó en mi memoria: el mal era progresivo e irreversible.

Note que la explicación se dirigía a mi esposa más que a mí. Recién entendí lo que significa el dicho, “se me cayó el alma a los pies”. Sentí que todo dentro mío caía al piso y el sonido del mundo a mi alrededor se apagó. Progresivo e irreversible. Repetí para mis adentros las dos palabras que me decían todo.

El médico hizo la salvedad que la variante que me había diagnosticado era la menos agresiva tanto por su velocidad como por el grado de deterioro. El tratamiento integral: farmacéutico y terapia física apuntaban a ralentizar el mal y mejorar la calidad de vida del paciente. No había cura.

Me citó para dentro de 6 meses para ver la evolución del mal.

“Tienes que avisarles a tus hermanas” escuche una voz lejana y luego en un tono más bajo “Y al papapa”

“Si. Primero a los chicos.”

“Ok. Vamos a comprar las medicinas. Hay que hacer una dieta de acuerdo a sus recomendaciones”

“Si. Los ejercicios a realizar es lo que ayudara mucho. En Terapia Física debe haber rutinas, tal como lo menciono el doctor.”

Salí del consultorio de manera automática y de pronto ya había llegado al auto.

Mecánicamente puse música. Mucha alegría para tan difícil momento. Ese playlist con rock del recuerdo se había quedado allí desde la mañana al llevar a mi menor hijo al Colegio. Felizmente este año termina, pensé.

La verdad es que mis pensamientos circulaban entre las palabras del diagnóstico médico, pero me sentía como un jugador expulsado del partido o un actor al que le suprimen las líneas. El mundo estaba allí y yo estaba acá, fuera del mismo, solo y dando vueltas en mis pensamientos.

Seguí escuchando la música, esa canción me recordaba una etapa del pasado que mi viejo denominaba como “días sin huella”.

De repente sonó la popular Dancing Queen, que me trasladó a una etapa de mi vida y pensé en Tito, Tuco, Roque, Andrea, Balboa, Victoria y tantos otros que amigos y conocidos que hice entre el 76 y el 84 cuando era un militante trotskista. ¿Los extrañaba? no, ¿sentía curiosidad por saber de ellos? Tampoco, pero me di cuenta que tenía mucho por contar de ellos y de mí mismo.

Cuando volví de esa etapa de mi vida, volví a mis viejos amigos, volví a mi familia, y ellos solo me acogieron y nada más. Nadie, ni mis más cercanos amigos jamás me preguntaron nada. Parecía un tema que todos preferían eludir. Como si pensaran que no pasó nada. ¿Nada? Como que nada. Habían pasado muchas cosas. Pero nadie me preguntó. Me hubiera gustado contarles. Si.

Sería como una sesión de terapia. Había mucho por contar. ¿Me atrevería ahora a contarlo todo? No lo sabía. Todos tenemos alguna calavera en el closet. Lo que sí sabía ahora es que el reloj estaba corriendo y debía terminar la historia antes que caiga la aguja. Los que juegan ajedrez entenderán esta expresión.

Volví al hoy y empecé a manejar, me gustaba hacerlo pero me di cuenta también que por seguridad tendría que dejarlo. Mi esposa cada cierto tiempo me miraba en silencio. Después en casa ya, me preguntó “Qué pensabas en la cochera, te quedaste en silencio un rato. No te cierres” “¿Si? No pensaba en nada.” La respuesta que las mujeres nunca creen y que es cierto los hombres podemos estar sin hacer o pensar en nada. De manera sorpresiva no insistió. Mientras yo pensaba en como comenzar a contar esta historia.

Sería una manera de convertir una crisis en una oportunidad.

0. MEMORIAS DE UN JOVEN PARROQUIANO

Era un sábado en la mañana y los siete jóvenes -estábamos entre los 18 y los 25- sentados alrededor de una enorme mesa de madera en un ambiente del Colegio María de la Providencia esperando en silencio. A ese ambiente se accedía por la puerta principal del Colegio que era reservada para los padres y profesores.

Éramos: los hermanos Elsa y Julio, Ángel, Carlos, Luis Eduardo, Luisa y yo. De repente me olvido de uno o dos más que al poco tiempo desaparecieron de las reuniones. Habíamos sido “convocados” mediante un nunca explicado sistema de selección ya que no nos conocíamos, excepto Carlos y yo que alguna vez estuvimos en el mismo salón en primaria. 

El ambiente era calmo, no solamente porque en ese momento no había alumnas en el Colegio, sino que las monjas que vivían allí a esa hora estaban en modo oración. Unos pocos minutos después dos religiosos canadienses: Ramón y Giselle, con un castellano aun masticado se presentaron como los Coordinadores de los grupos juveniles de la Parroquia por lo que encabezarían la reunión.

Las reuniones tenían por objetivo formar grupos juveniles en la Parroquia San Pablo y Nuestra Señora del Carmen, el nuestro se encargaría de dar soporte a una renovada misa juvenil que se daría todos los domingos a las 7 de la noche. Nosotros éramos los escogidos.

Así empezó para nosotros un curso de Teología de la Liberación que nos prepararía para comentar, según este enfoque, las lecturas dominicales.

Luego de unos tres meses de reuniones semanales, el grupo asumió la tarea de ser parte de la misa juvenil. Aún recuerdo los nervios que tuve al salir por primera vez al frente de la misa y dar nuestra interpretación de la lectura.

Durante unos meses las cosas anduvieron bien. Los fieles, sobre todo jóvenes, llenaban una novedosa misa donde se usaba guitarras eléctricas y batería - que en esos días eran instrumentos casi exclusivos de una banda de rock- mientras los jóvenes del grupo se encargaban de casi todas las tareas, desde volantear hasta recoger la limosna.

Pero, con lo que no contaban los Coordinadores del trabajo juvenil era que los jóvenes "reclutas" no solo ganaban aplomo al hablar en público sino que preguntaban y preguntaban cada vez más cosas y querían no solo respuestas o leer lo que decía Gustavo Gutiérrez en su Teología de la Liberación - el grupo juvenil había adoptado el nombre de Liberación por ello también - sino que demandaban acciones más militantes -comprometidas era el término que se usaba- que preparar un discurso de unos minutos por semana.

La vida se encargó de poner a prueba lo predicado, cuando un piquete de 8 recias trabajadoras de la fábrica D’onofrio en huelga pidieron a los del grupo dar su testimonio en la misa juvenil del domingo a las 7 e iniciar una huelga de hambre en el templo.

A los jóvenes, por lo menos a un grupo de ellos, les encantó la idea mientras que a otros les asusto lo que podría suceder. El cómo llegaron ellas a nosotros no lo supimos nunca, aunque yo sospecho que fue Ángel, quien ya hacia activismo político, aunque también podía haber sido Luisa quien a sus 21 ya era una precoz dirigente sindical en un Laboratorio

Fue una bomba.

Los curas "entraron en trompo" al enterarse de lo que proponiamos hacer, esa misma noche del domingo minutos antes de empezar la misa.

Ramón nos comunicó la decisión: Las trabajadoras podían dar su testimonio durante la misa de las 7, pero no se les permitía iniciar la huelga de hambre en el templo, para la cual ya habían venido preparadas. 

Ya había finalizado la misa juvenil y estaban terminando de salir los asistentes cuando los curas -en una acción sorprendente- cortaron el fluido eléctrico del templo y cancelaron la misa de las 8 aduciendo que había que revisar por seguridad las instalaciones y cerraron el templo. Era evidente que temían una acción de fuerza, alternativa que nadie tenía en mente. Se imaginaron un escenario de misa con el grupo de obreras en el piso haciendo huelga de hambre con carteles y banderola incluida. Demasiada “teología de liberación” inclusive para la década de los 70s.

Nos tuvimos que disculpar con ellas por el fracaso.

Allí se acabó el romance entre los Coordinadores y los jóvenes más radicales.

Después de esto solo una sola vez pudimos hablar con Ramón.

¿Cómo predicábamos tener o ser una iglesia más cerca de los pobres y a la vez nos negábamos a ayudarlos en sus demandas?, preguntaban los jóvenes.

Si lo hacemos una vez, nos llenamos de huelguistas de hambre, decían ellos.

¿Y ?, ¿Cuál es el problema? ¿No es la opción por los pobres que debemos tomar? replicábamos.

No había forma de entenderse.

Luego de ello, el ingreso casi libre que teníamos a los ambientes de reuniones se nos cortó. Si había alguna reunión esta debía contar con la asistencia de algún sacerdote o monja o seminarista, los que difícilmente estaban disponibles. En los hechos era la supresión de todo el trabajo juvenil. No podíamos ir más allá del despacho parroquial.  Pero la ruptura fue total cuando a los pocos días de este conflicto, y cuando pedíamos buscar una salida, los jóvenes nos enteramos que Ramón había salido de vacaciones. Iba a pasar 15 días del verano en la casa de playa que los sacerdotes tenían en Ancón.

¿Vacaciones?  ¿Casa de playa?  Nos parecía una burla. Ya le correspondía tomar vacaciones nos dijeron. No sabíamos que un soldado de Cristo tomaba vacaciones.

El malestar ya denso, se desbordo. Malestar que se sumaba a detalles que nos fastidiaban pero que se dejaban pasar como que a Ramón le gustaba apretar los bíceps de los chicos, que a otro cura le encantaba el vino antes, durante y después de misa por lo cual ya en una ocasión hubo una queja porque no se le entendió nada de lo que dijo en la liturgia (nos burlábamos diciendo que había hecho la misa en francés, pero en vino francés) o que el Párroco actual era muy amigo de la despampanante morena que era secretaria del Despacho Parroquial y a la que llevaba en auto a su casa a la salida del trabajo. Detalles que de pronto se recordaron y difundieron malsanamente.

Todos estos detalles eran reales y podían interpretarse de muchas maneras, pero no era el tema que nos dividía con ellos. Era la incoherencia entre lo que nos dijeron por mucho tiempo y lo que finalmente hicieron, lo que nos hizo sentir estafados.

Naturalmente el grupo colapso y dejo de reunirse. Los curas ni cortos ni perezosos buscaron y encontraron rápidamente reemplazos más comedidos y solícitos para la misa juvenil de las 7. Veíamos que los manejaban con una correa más corta, confirmando lo que sabemos desde siempre que Felipillo vive y vivirá por siempre entre nosotros.

Allí acabo la aventura de Liberación con Giselle y Ramón.

A modo de postdata, muchos años después mi familia tuvo un almuerzo dominical con Giselle. Fue muy agradable verla de nuevo y compartir recuerdos escolares y parroquiales.

De Ramón no sabíamos nada hasta que una noticia policial señalaba su muerte en una parroquia en Ica, durante un aparente robo. La historia que rodeo su fin fue algo sórdida y fue triste saber cómo terminaron sus días.

AREQUIPA

Hace poco pasamos unos días en Arequipa. Era una visita postergada muchas veces. Regresaba después de mucho tiempo a la ciudad que me acogió por casi dos años cuando la militancia política era una opción para mí. Recuerdos buenos, mejores y algunos malos se levantaron del fondo de mi memoria al caminar sus empinadas calles.

Recorrer esos lugares me permitio rememorar y contar algunos momentos de mi anterior estancia a mi compañera de vida. Ella se sorprendio de algunas cosas y una vez mas me demostro que sabe escuchar. 

El clima estaba perfecto, sol intenso en las mañanas y un frio tolerable en las noches. En nuestro caso no nos afecto la altura pero igual tomamos las conocidas precauciones del caso: mate de coca, pastillas para el soroche, nada de esforzarse las primeras horas luego de llegar y tomar una siesta de 1 hora y media apenas llegamos nos funciono de maravilla.

Hay que llevar protector labial y un sombrero si vas a caminar durante el dia. Las calles son inclinadas lo que aumenta la necesidad de contar con un par de comodas zapatillas o zapatos para caminar En nuestro caso que hemos caminado poco mas de 4 horas diarias fue un acierto contar con ellos. 

Al igual que sucede con las personas que ves después de mucho tiempo, la ciudad era la misma y otra al mismo tiempo. Arequipa ha crecido, modernizado y madurado. El centro sigue siendo hermoso, pero además esta limpio y ordenado. Los negocios han proliferado, las avenidas que rodeaban el centro han sido ensanchadas y pasos a desnivel han aparecido.

El tráfico se ha vuelto pesado en determinadas horas y lugares, haciéndome extrañar el tiempo en que la única manera de atropellar a un peatón era bajarse del carro y agarrarlo a patadas. Y los arequipeños seguían siendo los de siempre, pero la influencia del espíritu comercial de nuestros fenicios –los puneños- se sentía en la ciudad.

El mercado San Camilo ha ganado mucho orden y fue punto de parada obligatoria diaria para tomar un generoso jugo de frutas preparado delante nuestro.

La panadería Las Américas superando el COVID 19 sigue aun liderando la producción de buenos y variados tipos de pan (el pan de anís es insuperable). Las salteñas me dieron la revancha y disciplinadamente mi conyuge me permitio gozar de una por dia.

Visite la casa donde antes vivía y seguía igual, su arquitectura y diseño antiguo con buen criterio ha sido respetado por la compañía propietaria.

La tipica picantería con puerta pequeña, piso de tierra un nivel más bajo que la calle, con la cocina en una esquina alimentada con leña de eucalipto –el aroma es inconfundible- y las mesas toscas de madera para 6 u 8 comensales invitando al dialogo es un recuerdo entrañable para mí.

La costumbre de colocar un trapo rojo en la puerta y a veces una tetera con agua hirviendo indicaba que la casa era una picantería donde se podía comer adobo. Pasé por la Av. Independencia donde solía verlas –por estar cerca de la casa donde vivía- pero no vi ninguna.

Solo alcanzamos a visitar tres picanterías de la lista que teníamos (La Capitana, la Benita de los Portales y la Elsita en Cayma) y se nos quedó fuera la Nueva Palomino y la Dorita.

En todas ellas un plato o porción alcanza para dos personas. Recomiendo llegar temprano (que es las 12:00) a almorzar de lo contrario tendrán que hacer cola. En la Capitana llegamos 10 minutos después de esa hora y tuvimos que hacer cola en la puerta por 20 minutos antes de ocupar una mesa. La chicha y el anisado con la calidad de siempre. Recomiendo tomar no más de dos “Prende y apaga” sino quieren que se les apague las luces.

El tercer dia lo dedicamos a conocer el Cañon del

Colca. Hay una gran variedad de paquetes turisticos. Dado que solo contabamos con un dia para ello, tomamos el paquete:"full day", que significa, te recogen del hotel a las 3 de la mañana, llegas a Chivay tres horas despues para tomar desayuno, haces el recorrido y estas de vuelta en la ciudad a las 6 de la tarde. 

La estrategia de viaje era llegar primero al Mirador Cruz del Condor ya que estas aves salen a volar en las mañanas. Decir volar no es exacto ya que ellas planean es decir usan las corrientes de aire para avanzar, por ello se les ve avanzando como en espiral. Se ven pequeñas pero con las alas desplegadas (envergadura) miden mas de tres metros. Aprendi que solo los machos tienen cresta. Nos sorprendio ver un hombre muy bien disfrazado de condor listo a desplegar sus alas encima de los visitantes, por supuesto por un modico precio. Me quise hacer el gracioso diciendo en el bus que el condor original no me cobra y ademas vuela, pero me ignoraron.

Luego llegamos al Abra de Patapampa o Mirador de volcanes que es el punto mas alto de la carretera hacia el Colca y que permite ver los volcanes de la zona: Misti, Ubinas, Chachani y otros.

Cuando llegamos aqui nos recibio una suave granizada (por fin algo nuevo!) y vientos frios le dieron algo de aventura al viaje.

En todos los puntos del recorrido las lugareñas nos esperaban con sus trajes tipicos y su mascota: una alpaca o una llama y podias tomarte una (o varias) foto con ellas y la mascota o solo con la mascota.

Ya en el vuelo de retorno estuve hablando con un arequipeño en tono muy cordial de varios temas: el clima, futbol, el mundial , Messi, el turismo, etc. pero al tocar el tema de las picanterias de repente me dice en tono casi ofendido que no debi ir a la Benita de los Portales “ya que la abrieron solo para turistas desinformados” y que la verdadera (y subrayó la palabra verdadera ) Benita era la de Characato ya que era el lugar típico y donde nació la fama de su cocina. Dicho esto guardo silencio.

WTF. Me dije: que paso aqui. Por haberme dicho que había ido a un restaurante “falso” sin anestesia casi se me sale una carcajada, pero conociendo a los arequipeños y educado como a veces soy, solo atine a decirle “Ok. Buen dato. Tomo nota.” No volvimos a cruzar palabra.

Solo intercambie una mirada extrañada con mi esposa quien escucho todo el dialogo mientras miraba por la ventanilla. Así que amigos ya saben dónde no ir. 

Arequipa no sería la misma sin los arequipeños.

Finalmente mi conyuge esta contenta de haber salido de la rutina y ya esta planeando el siguiente destino. Veremos que se le ocurre.

LUCECITAS, LUCECITAS

La etapa vital y apasionada de jugar pelota en las calles del barrio se dio en mi caso entre los 11 y los 14 años. En las vacaciones de medio año o en los tres meses del verano peloteábamos en la tarde y a veces en la noche. Debo admitir que no era yo tan hábil como mi hermano, pero si le ponía entusiasmo. 

Los equipos se formaban cuando los dos "capitanes" regían (piedra, papel o tijera) para ver quien empezaba a escoger a los jugadores de su equipo.

Este método de alternar el turno permitía formar equipos más o menos parejos y además de establecer una escala ya que cuanto antes te escogieran eras considerado mejor jugador. Pura meritocracia.

No siempre éramos un número par de jugadores, por lo que algunas veces llamábamos a uno de los chicos menores que estaban por allí para completar el equipo y en otras solo aceptábamos tener un equipo con un jugador menos.

Por otra parte, cuando había dos jugadores con el mismo nombre y no había un apodo para diferenciarlos se usaba el apellido. Había dos Cesar y dos Luchos y aplicábamos esta regla. Pero había tres Carlos, felizmente uno era Carlos, el otro era Chiqui y el ultimo era el Chino, que no era chino, que no tenía ojos rasgados, pero en su casa le decían chino.

Los partidos de futbol callejeros son como todos sabemos una retahíla de gritos de todo tipo, desde indicaciones tácticas: "tu marca a Pepe, él va a adelante", o decisiones arbitrales: "ya salió", "córner, córner", hasta cruentas como: "fusílalo". Y aunque pueda parecer un caos tantos gritos, había (y hay) muchas reglas explicitas acordadas minutos antes del inicio del partido.

Al principio, los arcos era el espacio entre el poste y la pared, estando cada arco en veredas opuestas. Más adelante en el tiempo el arco estaba en el centro de la pista señalados con dos piedras o ladrillos y la distancia entre ellas se media en número de pasos, pero poniendo un pie delante del otro.

Por supuesto que no hay offside en el juego callejero y quejarse de posición adelantada cuando te metían un gol además de discutible (hasta antes del VAR era una de las reglas más polémicas) también era visto como poco "viril".

No había arquero, porque nadie quería tapar. Si te colocaban de arquero ya sabias de tu casi nula virtud futbolística.

El punto de penal se ubicaba a 5 pasos del arco y se lanzaba poniendo un pie al lado de la pelota, “sin vuelo” le llamábamos. Lo seguro era tirar al ras del piso porque si la pelota se elevaba la discusión para saber si fue gol era imposible, en esos casos donde no había acuerdo se llegaba a la situación donde a que cada equipo tenga su propio score.

Cuando ya oscurecía y el score estaba empatado o con una diferencia mínima el peligro que una mamá saliera a llevarse a su joya arruinando el partido, entonces la propuesta de “el que mete gol, gana”, era un choque de adrenalina que desataba una encarnizada y breve batalla que concluía con el gol del triunfo que no se discutía ya que el equipo ganador abandonaba la cancha inmediatamente para no dar oportunidad a alguna maniobra al equipo contrario.

Finalizado el partido, mientras el dueño de la pelota se preocupaba de recuperarla, los demás jugadores de iban a sus casas o se sentaban en el borde de la vereda a comentar el partido.

Jugábamos hasta los 6 goles o hasta que se prendieran las luces, que ocurría a eso de las 6:30 de la tarde en verano.

Naturalmente el partido se suspendía (todos se quedaban inmóviles en su lugar) cuando alguien gritaba “carro, carro” anunciando que pasaba un auto, camioneta o camión. No faltaba que alguien en situación de peligro de gol diera una falsa voz de alerta y aprovechando la inamovilidad reducía o eliminaba el peligro. Allí se armaba la de Dios es Cristo, lo que incluía carajos, sapos, culebras, amagues de agresión al estafador etc. En caso que el equipo "agraviado" reclamara al punto de suspender el partido, había una "medida" reparadora: se cobraba un penal.

Y una regla que se añadió a la detención del partido por la invasión del terreno de juego de un auto fue la de detener el juego cuando una persona mayor cruzaba la cancha. Veías entonces a una persona mayor siendo objeto de miradas impacientes o a una señora caminando rápidamente con gesto serio y al lado su hija adolescente tratando de seguirle el paso y que a veces provocaba un "suegra" por parte de algún atrevido o peor aún decir con voz aflautada el nombre del jugador que provocaba bochornos en la niña.

Sucedió que en uno de esos partidos -anteriores a la adopción de esta última regla- que mientras todos seguíamos la pelota que por el lado izquierdo llevaba uno de mi equipo, yo gritaba desaforado “Mira, mira” pidiendo la pelota. Estaba solo frente al arco rival.  

Mi compañero me mira y lanza el pase un par de pasos delante mío y justo cuando tomo impulso para alcanzar la pelota ......pum me encuentro con la abuelita.

La abuelita era la mama de la una vecina llamada Paca, casada con un tío al que le decíamos el tremendo juez porque era muy alto y se parecía al personaje de la serie “La tremenda corte” y que siempre nos miraba con cara de pocos amigos. Cuando llegaba provocaba que el juego se detuviera mientras cuadraba el auto y entraba a su casa. Si la pelota caía contra su puerta -que era de fierro con vidrios catedral- el partido se detenía y esperábamos que saliera a protestar. Luego de lo cual alguno con voz falsamente arrepentida le decía “Disculpe señor. No ha sido intencional” y eso siempre bastaba. Era así hasta que un día el Cuchi -seguramente molesto porque su equipo estaba perdiendo- dijo rápido y clarito “Disculpe, disculpe. Ya que no joda. Juega nomas”.  El silencio fue total. El tremendo juez lo miró por unos segundos, se dio media vuelta y entró a su casa. No recuerdo que haya vuelto a salir a quejarse de los pelotazos contra su puerta. De repente no sabía que el tamaño, la fea cara y la manera como el negro Cuchi fruncía las cejas era para atemorizar al rival futbolero y que en verdad albergaba una alma bondadosa y pacífica.

Volviendo al relato, la abuelita esa tarde estaba regresando de la panadería de la esquina con su bolsa de pan sin saber que se encontraría conmigo.

Para mi suerte (y la de ella) no llegue a tomar mucho impulso, pero si le llegue a dar un golpe -que no fue propiamente un cabezazo ya que fue con un lado de la cara y le di entre el pecho y la barbilla. Cuando giré la mirada la vi frente a mí, primero aturdida e inmóvil y luego en cámara lenta irse de espaldas. Felizmente atine a cogerla de ambos brazos y sostenerla evitando que se cayera. Al estar ya vertical cuidadosamente la solté, estaba en silencio y la quedé mirando. Después de unos segundos me miro, como si recién me viera y me lleno de frases que ya no recuerdo. Solo atine a decir “perdón señora” antes de desaparecer de su vista.

Mis compañeros habían parado el juego y parecían dispuestos a continuar porque el dialogo era “espera que salga de la cancha” “bola al aire” “como va ser bola al aire si yo la tenía”. Apenas la abuelita salió de la cancha mis amigos empezaron a jugar,

Mientras yo estaba inclinado detrás de un carro observándola para ver a donde iba: rogaba para que no me haya reconocido o que si lo hizo no fuera a mi casa.

Unos minutos después al verme inmóvil mirando hacia donde se dirigía la abuela pararon la pelota y con fastidio me preguntaron si iba a jugar "No" les dije. "Creo que está yendo a mi casa" añadí con un hilo de voz y durante 10 segundos hubo un silencio solidario conmigo. Luego hubo un cruce de miradas y la solidaridad se acabó, el partido se reanudo. Unos minutos después mi peor temor se cumplía, la abuelita fue a mi casa.

La abuelita conocía y respetaba a mi mamá y la saludaba diciéndole “Buenos días paisana”, y mi vieja le contestaba con un “Buenos días” o con una venia y una ligera sonrisa, pero era evidente que no le gustaba mucho el saludo. Una vez le pregunte y me dijo con desdén “Cree que es mi paisana porque es de Jaqui”. No entendí bien su respuesta ya que Jaqui igual que Chala estaban en Arequipa. No recuerdo haber hablado otra vez del tema.

Espere que saliera y luego espere unos 15 minutos más para que se enfriara el ambiente. Por eso cuando regrese a casa me sorprendió que mi mama no me dijera nada. Solo mis hermanas me preguntaron qué había pasado para que la abuelita viniera a la casa a quejarse de mí. Les conté rápidamente y sus comentarios fueron “Eres un salvaje” “Como que no la vi. Un día vas a matar a alguien de un cabezazo” mientras sonreían cómplices.

Paso un buen rato y unos minutos después que mi viejo llegara a la casa, mi mama vino de la cocina secándose las manos con una pequeña toalla y delante de todos me pregunta tranquilamente “César que paso con la abuelita”. Me quede frio. Mi viejo dejo de leer el periódico, primero me miro con curiosidad y luego dirigiéndose a mi mama pregunto “¿Qué ha pasado con ella?” “Ha venido a quejarse de él” le respondió.

Todos me miraban. Ya se imaginan: educadamente dicho sentí pánico escénico. Conté de manera telegráfica lo que había pasado, escogiendo bien las palabras y sin entrar en detalles para minimizar mi responsabilidad, aunque sabía que eso era imposible.

Cuando termine de contar la historia, mi viejo mira a mi mamá y le pregunta “¿Qué te dijo la abuelita?” y ella con las manos en la cintura: “Si, eso mismo y que había visto .. " y cambiando la voz añadió "lucecitas, lucecitas”. 

Ante tamaña irreverencia nadie pudo contener la risa. ¡Hasta yo me reí de la frase! Jamás me hubiera imaginado que el drama terminara así.

Luego de un rato, mi viejo ya seriamente me advirtió que tuviera más cuidado ya que una caída de una persona a esa edad era peligrosa.

 


LO BUENO, LO MALO Y LO FEO.

El pasado viernes me llego por Twitter la noticia que en la Galería Nacional de Londres dos chicas “ecologistas” habían atacado a 'Los Girasoles' de Vincent Van Gogh arrojándole sopa de tomate.

LO BUENO

Felizmente los daños fueron menores y la pintura (oleo) en sí misma no sufrió daños. Esta obra está valorada en 84,2 millones de dólares.

Cuando leí esta noticia me indigné. Me indigné porque 



hacia poco, enmarzo de este año, se realizó en Lima, la exposición de la obra de Van Gogh en un evento similar a lo que en Europa se llamó La noche estrellada Van Gogh (“La nuit étoilée Van Gogh”). Acá tomo el nombre de Beyond Van Gogh se realizo en la Videna y tuve la suerte de asistir invitado por mi hermana.

La proyección en paredes, techo e incluso en el suelo de las obras usando los efectos que permite la multimedia sin sobrecargarnos, acompañado de música adecuada, una narración sobria y adicionalmente la presentación de algunas de las cartas que el artista intercambiaba con su hermano permiten conocer la obra, al artista y al hombre y es sin duda, una nueva forma de mostrar y apreciar el arte.

Tuve suerte porque esta presentación es revolucionaria en cuanto a mostrar el arte en una forma distinta, usando apropiadamente la tecnología y que indudablemente enamora al asistente con el artista y su obra. Eso fue lo que logro conmigo.

Esa visita me indujo a profundizar lo que ya sabía

sobre el artista y me permitió saber que Los girasoles no es un solo cuadro como yo creía sino una colección de siete oleos que el artista pinto para decorar un dormitorio de su casa en Arlés donde alojaría a su amigo Paul Gauguin.

En esta serie hay tres cuadros similares con catorce girasoles en un jarrón, dos con doce girasoles, uno con tres y otro con cinco.

Inicialmente estos cuadros tenían un color amarillo

brillante por el uso de un nuevo pigmento: amarillo de cromo. En la actualidad por causas químicas el color brillante inicial ha menguado y se está acercando al marrón.

Una posible explicación de la predilección del pintor por el amarillo es que para combatir su mal (era maniaco depresivo) tomaba digital, producto de la planta llamada popularmente dedalera o digital.

Un efecto secundario del consumo de digital es que los pacientes desarrollaban xantopsia, una patología que altera la percepción de los colores en los afectados, que tendían a ver los objetos con un tono amarillento.

Vincent van Gogh habría sufrido este mal en un

grado leve ya que en los casos de xantopsia aguda el pintor no podría haber distinguido el blanco del amarillo y el azul le habría parecido verde. En otras palabras, el artista veía el mundo a través de un filtro amarillo provocado por la medicina que consumía.

El postmodernismo es la denominación que se le da al estilo de van Gogh y tiene dos características: primero que usan con absoluta libertad el color y segundo que no copian la naturaleza y las formas de la realidad.  Ponen así su creatividad por encima de todo.


LO MALO

Lo primero es que no supe de ningún colegio que haya organizado visitas a la exposición Beyond van Gogh en la Videna. Hubiera sido una buena inversión.

Volviendo al atentado. Estas niñas ecologistas pertenecen al grupo denominado ‘Just Stop Oil’, (Solo detengan la gasolina) grupo que a través de un comunicado demanda que el gobierno británico detenga todos los nuevos proyectos de explotación de hidrocarburos en el país.

Naturalmente no saben, no se imaginan y parece que ni siquiera les interesa las consecuencias de tal decisión. Aunque no lo señalan en su comunicado, tal vez quieren que la energía del pais provenga del carbón, de plantas nucleares o de los vientos (energía eólica). Sabemos que los ecologistas y la izquierda en general ignoran el concepto de costo.

Este enfoque de los ecologistas ha llegado a un punto tal de irrealidad que consideran al ser humano como el principal enemigo de la tierra.

La filosofía dominante es que el mundo sería mejor con menos gente, y a las nuevas generaciones se les enseña que los humanos son depredadores, que están destruyendo la tierra y han conseguido que se sientan culpables y avergonzados de sí mismos. En política este enfoque lleva al animismo donde los ríos, las montañas, etc. tienen derechos y estos deben ser respetados por el ser humano.

Ejemplo de esto es la recién concluida Convención Constituyente en Chile que estando dominada absolutamente por la izquierda elaboró un proyecto de Constitución que –entre otros disparates- llegaba a considerar a la naturaleza (ríos, cerros, valles, etc.) como persona jurídica con derechos que los seres humanos debíamos respetar. Naturalmente la población rechazo abrumadoramente la propuesta.

Por otra parte, la actitud de estas chicas confirma las palabras de Patrick Moore cofundador de Greenpeace, quien al momento de renunciar en 1986 (hace 36 años ¡!) a la ONG dijo “Greenpeace fue secuestrada por la izquierda política cuando estas se dieron cuenta de que había dinero y poder en el movimiento medioambiental.

Los activistas políticos de izquierda de Norteamérica y Europa hicieron que Greenpeace pasara de ser una organización basada en la ciencia a una organización política de recaudación de fondos.

El movimiento medioambiental se ha convertido más en un movimiento político que en un movimiento medioambiental, por lo que se centran principalmente en crear narrativas e historias que están diseñadas para infundir miedo y culpa al público, para que este les envíe dinero”.


LO FEO

Una de las “ecologistas” luego de atacar el cuadro
empezó a gritar con la fe y la valentía que le dan sus 20 años: “¿Qué vale más el arte o la vida? ¿El arte vale más que la comida? ¿El arte vale más que la justicia? ¿Les preocupa más la protección de un cuadro que la protección de nuestro planeta? ¿La crisis del costo de vida es parte de la crisis del petróleo? No están al alcance de millones de personas, de familias, frías y hambrientas que ni siquiera pueden permitirse calentar una lata de sopa. Millones mueren durante los monzones los incendios forestales y las sequías severas.”


Al margen del espíritu cancelatorio de su discurso “Yo hago las preguntas que realmente importan y tengo todas las respuestas correctas”, y la incoherencia del discurso mismo, hay que subrayar la impertinencia del mismo ya que el destinatario de su reclamo es la clase política de su pais (La cámara de los comunes) o de la UE (Bruselas) no las 5 o 10 personas que estaban en la sala del museo en el momento de su ataque.


Estas dos niñas muestran preocupaciones múltiples: los pobres del mundo, el alza del costo de vida, el efecto de los monzones, los incendios forestales y las sequias. Parece que odiaran la naturaleza. Esto reafirma una característica empírica ya observada en los activistas de ecologismo. Aquellos que provienen de los paises desarrollados (una persona bien alimentada) tienen múltiples preocupaciones y quieren “parar” el desarrollo económico “para hacerlo más justo”. Mientras que los activistas que provienen de paises atrasados (una persona mal alimentada) solo tiene una preocupación y quieren que el desarrollo económico de su pais no se detenga.

Detenidas por la policía en el momento mismo del delito, ayer recién pasaron la audiencia judicial en donde se han declarado inocentes y han quedado libres bajo fianza hasta el 13 de diciembre cuando se realizará el juicio.

Puedo apostar que estas niñas no tienden su cama cuando se levantan en la mañana. Veremos cuál es la sanción para su comportamiento.


Paginas mas visitadas.