Mi viejo tenía hábitos que todos en
casa conocíamos y que nos legó de modo natural. La lectura es uno de esos
hábitos. ¿Qué hizo? ¿Cómo hizo? Todos los días en la tarde al llegar del
trabajo se sentaba en su sillón a leer el periódico aunque la verdad leía de
todo: Revistas (Life, Selecciones) o Novelas, mientras nosotros
hacíamos las tareas en la mesa del comedor. Los domingos después del
desayuno se ponía a leer y después nos revisaba los cuadernos, uno por uno.
Adicionalmente, cuando éramos pequeños
( nuestras edades fluctuaban entre los 5 y los 11 años) si él nos decía que esa
noche iba a salir con mamá, generalmente un viernes o un sábado, nosotros ya
sabíamos la rutina a seguir: baño, cena y lectura en la cama. Nos aprovisionaba
para ello de 5 o 6 “chistes” (comics ahora) que circulaban entre los cuatro
hasta caer dormidos. Crecidos ya un poco más, ejemplares nuevos y antiguos
de la Selecciones del Reader Digest eran añadidos al menú.
Una vez pedimos quedarnos
viendo televisión, Pero simplemente nos dijo NO. Sin explicaciones. Ni las daba,
ni las pedíamos.
El efecto de esta política de mi viejo
es que todos sus hijos leen por hábito, y por lo que he visto naturalmente leemos cosas
distintas.
Ahora ¿los lectores que
buscan? …. Libros.
Y los libros están en las Bibliotecas y
antes estaban solamente allí. Así empezó mi casi inconsciente periplo por
ellas.
La primera fue la Biblioteca de mi
Colegio, la Gran Unidad Escolar Mariano Melgar, uno de los Colegios más grandes
de Lima y con una gran infraestructura: cancha de fútbol, piscina,
Talleres de Trabajo Industrial, etc. La Biblioteca ocupaba todo el tercer piso
del Pabellón Central.
Había estudiado allí el 4to y 5to de
Primaria y ese año ingresaba a Secundaria. Recién empezaban las clases (era
Abril) cuando mi salón completo fue conducido por el Auxiliar a visitar la
Biblioteca.
Ingresamos en fila de uno a la sala de
lectura, donde la Jefe de la Biblioteca nos estaba esperando para una charla
informativa.
Empezó saludando “Buenos días jóvenes.
Bienvenidos a SU Biblioteca.”
A continuación nos explicó dónde
estaban y cuántos libros teníamos. “Esta es la zona de lectura, esa es la zona
de atención y detrás pueden ver los estantes con parte de los libros que tenemos”
Luego como estaban organizados los
libros: “Hay dos archivadores con las fichas bibliográficas de los libros que
tenemos. Ambos archivadores están ordenados alfabéticamente. En el
archivador a mi derecha, aquí los libros están ordenados por temas. En el
archivador a mi izquierda los libros están ordenados por autores.”
Siguió con las reglas de urbanidad,
“Está prohibido hablar en voz alta, gritar, cantar, correr, saltar, jugar
pelota o ingresar en ropa deportiva o con las manos mojadas. Asimismo está prohibido
mover las mesas, arrastrar las sillas, cambiarlas de sitio o pararse sobre
ellas, así como ingresar con alimentos o bebidas”.
La jefa prácticamente nos estaba
prohibiendo vivir!. Eran demasiadas restricciones para este grupo semisalvaje
aun.
Pero aún no había acabado.
Ahora sobre el cuidado que
debíamos tener con los libros. O si quieren la amenaza por si realizábamos
actos vandálicos “Está prohibido y es una falta grave que puede llevar a la
expulsión del Colegio el escribir en los libros, pintarlos o hacerle dibujos
obscenos …………”.
Esto no me parecía tan improbable o
escandaloso, sobre todo después de leer todo lo que estaba escrito en las
paredes de los baños del colegio. Pero escucharle decir “ …………… O arrancarle hojas a los libros" si me horrorizo. Hasta Bibliófilo que era un criminal
bastante inútil como enemigo de Batman, amaba los libros!!. ¿Cómo iba alguien a
arrancarle hojas a un libro?¡! Pensarlo nomas me causaba un dolor hasta físico.
No imagine yo alguien capaz de semejante atrocidad.
Y termino su charla con el tema que me
interesaba: cómo funcionaba la Biblioteca.
“Para usar la Biblioteca deben tener su
carnet. Este es un carnet de Biblioteca”, nos dijo mostrando un
carnet color marrón.
“Para obtener el carnet de Biblioteca,
deben llenar la ficha de datos que les vamos a entregar y
presentarla junto con 2 fotos tamaño carnet. Si quieren pedir un libro
deben Uds. tomar una de las fichas de pedido que están sobre los archivadores.
Luego buscan la ficha bibliográfica del libro que quieren consultar y copian
todos los datos en la ficha de pedido CON LETRA CLARA. Y lo entregan en la zona
de atención junto con su carnet de biblioteca.
Tengan especial cuidado al copiar la
clave del libro. Se les recomienda pedir dos libros por si el primer libro que
solicitan no está disponible.”
Y finalmente la despedida. “¿Alguna
pregunta?” Silencio. “¿No? Gracias. Buenos días. Pueden salir por
esa puerta. Gracias Auxiliar”.
Mientras salíamos en fila de uno, por
la otra puerta de la sala de lectura entraban los alumnos de la otra
sección con su Auxiliar.
Nuevamente. “Buenos días
jóvenes. Bienvenidos a SU Biblioteca…….”
Al llegar a casa le pedí a mi
mamá las dos fotos que necesitaba.
“¿De dónde voy a sacar dos fotos?”, me
dijo ella.
“¿No tienes por ahí?”
“No creo, todas se entregaron en la
matricula. Voy a ver”
Un rato después. “Tenemos estas” me
dijo mostrándome dos fotos diferentes.
“Son diferentes” proteste. “Deben ser
iguales.”
“¿Cómo diferentes? ¿Acaso no eres tú?”
Creí escucharle.
“Sí. Pero deben ser iguales.
Iguales.” Insistí débilmente. Ella era capaz de enviarme con las dos
fotos diferentes o peor aún para mi ¡entregar las fotos personalmente.!
Un rato después, para mí
alivio. “Bien. Lávate la cara y péinate para ir a que te tomen las
fotos.” El decirme péinate era puro sarcasmo ya que en época de colegio ni yo
ni mi hermano usábamos pelo suficiente para dar utilidad a un peine. Era el estilo peine abajo.
Foto Estudio Cóndor propiedad de una
familia huaracina apellidada Cóndor, tenía el monopolio de fotos en mi
barrio y en época escolar trabajaba de 7 de la mañana hasta las 10 de la noche,
un horario impensable en esa época. Solo tomaban fotos en lotes de seis. Media
docena o una docena.
Transcurrieron dos días y al tercer día
durante el primer recreo me presente y entregue las dos fotos junto con la
ficha de datos. Mientras esperaba que hicieran mi carnet de Biblioteca o sea
copiar mis datos al carnet, pegar la foto, ponerle un sello y llevarlo
para ser firmado por la Jefe de la Biblioteca. Terminaron y me lo entregaron. Guarde mi nuevo carnet de
biblioteca en el bolsillo delantero de la camisa.
La imagen de los estantes llenos de
cientos de libros de todo color, grosor y altura en una visión del caos
perfectamente ordenado me deslumbró. Estaba absorto en ello cuando escuche.
“¿Te gusta la Biblioteca?”. Volteo a ver quién me hablaba y me quede
sorprendido, era la asistente, y era más joven, más risueña y más guapa que la
jefa. Me imagino que me hablo porque era el único alumno que mientras esperaba
estaba quieto mirando los estantes llenos de libros con la boca abierta. “Si”,
le respondí con un hilo de voz luego de cerrar la boca. "¿Quieres
entrar?" Se me doblaron las rodillas. "¿Donde?" conteste. Se
rio y me dijo "Aquí. Sal y entra por la otra puerta". Eso
hice mientras mentalmente guardaba su sonrisa junto a mi primer carnet de
biblioteca.
Era más guapa en su hábitat. Estaba
viendo a la primera chica que podía competir en belleza con mis primas, si, competir con la tranquila clase de Carmen, la insolente sensualidad de Noemí o
la serena realeza de Rossy. Paro de rememorar a las primas.
Mientras esperaba, vi como hacia su
trabajo. Recibía los libros, preguntaba el nombre y apellido del usuario y
buscaba el carnet en un casillero de madera con letras, se aseguraba que el
libro devuelto coincidía con el que figuraba en la nota de pedido que estaba
junto al carnet de biblioteca, devolvía el carnet y todo sin dejar de sonreír.
Finalmente ponía el libro en una determinada posición en la doble fila de
libros ordenados que estaban en un carrito.
Cuando el carrito se llenó, me dijo
“¿Me ayudas?”. Empuje el carrito que pesaba más de lo que parecía pero no
lo di a notar. Allí entendí que el orden de los libros en el carrito era el de
los estantes que recorríamos. Ella usaba una escalera de dos pasos para alcanzar
los estantes altos. Por supuesto yo ya no solamente miraba los libros.
Acabado el circuito de lo reposición
de libros volvimos para reiniciar la rutina, pero casi inmediatamente
sonó la campana de fin del recreo así que me despedí.
Volví la semana siguiente,
lleno de entusiasmo pero me lleve un chasco, primero porque vi que había un
alumno empujando el carrito, privilegio que no sé porque yo creía
exclusivamente mío y segundo porque la guapa asistente había sido reemplazada
por otra que usaba unos lentes enormes que parecían hechos de madera. También
sonreía pero no era lo mismo.
La segunda biblioteca que frecuente fue
la Biblioteca Municipal de Breña. Esta quedaba en el centro del Parque ubicado
a la espalda de la Iglesia de Desamparados. Esta Biblioteca era singular.
Primero por su forma. Estaba formado por dos ambientes: uno triangular unido en
una esquina con otro de forma circular. Techo volado e inclinado con una
columna cilíndrica que la sostenía. Parecía la tarea del hijo escolar del
Alcalde o el primer diseño de un arquitecto que fungía de vanguardista y que
evidentemente no pensaba en los seres humanos que iban a trabajar allí o a usar el
servicio. El ambiente triangular (aproximadamente de
3x4x3) era el ambiente de lectura con estantes llenos de libros en dos de
las tres paredes. En el ambiente circular (2 mts. de diámetro) había una
estantería curva con los libros más valiosos (Enciclopedias).
La segunda singularidad era el personal
que trabajaba allí. Habían tres personas: el jefe y dos asistentes. El jefe de
la Biblioteca –que ocupaba el ambiente circular- era un hombre pequeño de
brillante cabello negro peinado hacia atrás que tenía una mano postiza cubierta
con un guante color negro. Lo llamativo era que esa mano postiza no hacia juego
con la otra ya que era 1 sino 2 tallas más grande. Estaba abierta y de lado
como si te quisiera saludar o esperando que alguien le cuelgue un abrigo o una
toalla.
Cada vez que iba a la Biblioteca, este
jefe estaba hablando con una chica. La misma chica, todos los días. Llegaba yo
a las 6 o 6 1/2 y a veces me quedaba hasta las 10 que cerraban y ellos no
paraban de hablar. De los 2 asistentes uno de ellos era un tipo que parecía
medir 2 metros y que usaba encima del guardapolvo un grueso sacón a cuadros azul
y plomo. Lo que llamaba la atención era su piel de color cenizo y sus ojos
hundidos. Se paraba al costado del mueble con el
fichero, mirando a los usuarios y a la vez leyendo un libro. De vez
en cuando interrumpía su lectura para absolver consultas o dar órdenes. “Guarde
silencio”. “Ponga la silla en su lugar”. La verdad daba miedo. El
tercer trabajador era un joven normal que todo el año usaba guayabera. De manga
corta en verano y de manga larga en invierno. Supongo que por la
comodidad de los dos bolsillos de la parte baja que siempre tenía llenos de
cosas: lápices, lápices rojo/azul, colores, lapiceros de 2 y de 4 colores (rojo, azul, negro y verde),
borradores, engrapador, clips, etc. En algún momento pensé que sacaría su
mascota de allí, un hámster o un ratoncito blanco.
Hace unos años esta Biblioteca fue
demolida. Supongo que existe otra en su reemplazo.
Y en esa biblioteca también me encontré y enfrente por primera vez al
libro clásico de Física: El Sears Zemansky. El Fedor Emelianenko de la Física.
Compacto de letra pequeña, técnicamente claro y con ejercicios retadores. Mi
primer choque con el me dejó un tanto magullado, solo resolví 2 o 3 problemas de
los 20 o 30 propuestos. Me “pique” por supuesto. Entendí a la mala la
diferencia de niveles entre la Física que te enseñan en el Colegio, la que
debes aprender en la Pre para postular y más adelante la Física que te enseña
la UNI. El nivel del Sears se ubica entre los dos últimos
niveles.
Fue en esta Biblioteca, estando ya en cuarto de secundaria, donde me
encontré con un libro de Física, en dos tomos, con tapa dura de color
blanco. Tenía una franja azul el 1er tomo que contenía
Estática, Cinemática y Dinámica mientras que el 2do tomo tenía una franja roja
y cubría los temas de Electricidad, Magnetismo y Óptica. Con el primero de
ellos entendí la utilidad del Análisis Dimensional y así como las leyes del
MRUV. He buceado en mis recuerdos pero no tengo el nombre
del autor o los autores.
La tercera Biblioteca que conocí fue la
de la Santa Inquisición en la Plaza Bolívar, al lado del Congreso. En esa época el
Congreso no funcionaba, vivíamos una dictadura militar: orgullosamente
tercermundista y no alineada. Más que los libros y la propia Biblioteca me
impresionaron aquí los maniquíes simulando las "castigos"
que aplicaba la Santa Inquisición a quien tuviera la desgracia de ser sindicado
de impío.
La cuarta fue la Biblioteca Nacional,
cuando quedaba en la Av. Abancay, y que en verdad me dio pena y fastidio por el
descuido, el hacinamiento y la sobriedad que lindaba con la pobreza de sus
instalaciones las que claramente habían tenido tiempos mejores.
Aquí, un día en la tarde, estaba
leyendo Trópico de Cáncer, que como ustedes saben se lee casi con urgencia,
sobre todo si uno tiene menos de 20, cuando en eso me trabe en la lectura. Al
pasar a la página siguiente el texto no era coherente con la corriente del
relato. Miro la numeración de las páginas y me encontré con que a la página 31
seguía la 36. Le habían arrancado dos páginas!!!. La jefa de la Biblioteca de
mi Colegio tenía razón, estas cosas sucedían. Me fastidié primero y me asusté
después. ¿Y si me culpaban? Por su ceño adusto los creí capaces de sentarme en
una de esas sillas incomodas y vacías que sobraban para que confiese donde
estaban las hojas que había arrancado.
Por un instante pensé en devolver el
libro, hacerme el loco y desaparecer. Pero tome valor y me acerque a la
señorita que me había atendido y le dije “Mire. Estaba leyendo y encontré esto”
Cogió el libro, miró el título, me miró, miró la numeración, miró de cerca la zona
del desastre, me miró por un instante en silencio y pregunto cuidándose de no
ser amable ”¿Quiere seguir leyendo esta obra o le devuelvo su
carnet?” Seguir leyendo le dije. Me pareció ver una leve sonrisa en
su adustez. Ella ya lo había leído, sin duda.
Pero lo que me llamó la atención fue
que puso el mutilado libro en medio de una mesa vacía y se fue a traer otro
ejemplar. No pude dejar de mirar el solitario libro y preguntarme que harían
con él. ¿De dónde sacar dos páginas arrancadas de un libro para ser repuestas?.
La imagen del libro mutilado en esa inmensa mesa marrón era similar a ver un
herido en una camilla o un cadáver en la morgue. ¿Habría una “morgue” de
libros?.¿Qué hacían con los libros mutilados? Divagaba en eso cuando volvió la
bibliotecaria trayendo otro ejemplar del libro. Naturalmente lo termine de
leer, pero ya no fue lo mismo. Como dos amantes sorprendidos en pecado, la
interrupción involuntaria había hecho perder la concentración, el calor y la
complicidad a la que habíamos llegado. No volví a esa Biblioteca. Temía que se
repitiera el incidente y yo no saliera bien parado.
La quinta fue la Biblioteca
Escolar Piloto “José de San Martín”. Una hermosa Biblioteca, amplia, bien
diseñada, bien iluminada, con muebles cómodos y un personal al que le encantaba
su trabajo. Era deslumbrante. Trabajaban además los sábados hasta las 10 de la
noche y los domingos en la mañana. Un horario impensable para la época. La
puerta a la calle era de metal y de un discreto color plomo. Un letrero poco
llamativo la coronaba. Quedaba en la pared lateral del Colegio
Guadalupe que da a la Av. Bolivia. La sala de lectura calculé que tenía
unos 1,000 m2 , con relojes grandes en dos ubicaciones que
permitían verlos desde cualquier lugar de la sala de lectura. Tenían el
servicio de préstamos a domicilio. Allí encontré por primera vez los libros de
la colección Goñi sobre todo el de Aritmética que fue un descubrimiento para mí
y el Álgebra de Cabrera Tapia, que era la Biblia del Álgebra. Allí también
descubrí que había libros de Ajedrez. Nunca se me había ocurrido que alguien
pudiera escribir un libro sobre Ajedrez ¡!. Todas las obras que conocía por los
cursos de Literatura Peruana y Literatura Universal estaban allí muchas y por
supuesto muchas obras más que no conocía. Había libros sobre Historia
Universal, Biografías, Filosofía, etc.
En esta hermosa Biblioteca me sentaba
–solo generalmente- en una mesa circular y me sumergía en lo que me gustaba
hacer y sin saberlo fui feliz.
Era el paraíso en la tierra. Las horas
se pasaban volando. Un silencio respetuoso cubría el local y te invitaba desde
la entrada a caminar silenciosamente. Todos los días, una hora antes del cierre
una voz muy amable y de perfecta dicción comunicaba que los préstamos se
suspendían, mientras que un segundo aviso requería la devolución de los libros
30 minutos antes del cierre para evitar aglomeraciones. Eran las únicas
interrupciones que se permitían, excepto una vez que comunicaron con días de
anticipación un cambio de horario porque la Procesión del Señor de los Milagros
pasaría por allí.
Al salir, me sucedía lo que alguna vez
he sentido luego de ver una buena película. Salía del cine y me sentía extraño
en el mundo, como que la realidad estaba adentro, frente a la pantalla y lo
imaginario, la ficción, era el mundo que veía, escuchaba y pisaba.
Por ello, décadas después por la
evidencia empírica personal sostengo que el mejor plan lector es el que
inculcan (o no inculcan) los padres en casa con el ejemplo. El Colegio puede
ayudar a su creación, por supuesto, pero es en casa donde está la clave no
solamente para crear, sino para desarrollar y afianzar el hábito. Un Plan
Lector que no involucre de modo permanente a los padres y empiece temprano tiene pocas posibilidades de éxito a largo
plazo o como decía un maestro amigo ya desaparecido, en educación “La acción
enseña”
Creo que el respeto o amor por los
libros y la lectura, cuando lo adquieres desde casa es para toda la
vida. ¿Qué otra motivación tendría yo sino, para realizar este periplo, resumido aquí?.
Ahora tenemos a Google (que
peligrosamente todo lo “sabe”) y si bien ahora leo libros en Kindle o en PDF, creo que
nada puede reemplazar un libro en la mano. Leer una obra cualquiera,
directamente del libro tiene otro sabor, es más íntimo y hasta de mayor
complicidad y cercanía con él autor.
Finalmente, al día de hoy, mi viejo a
sus casi 94 sigue leyendo el diario y todo lo que cae en sus manos, cumpliendo
una promesa de fidelidad que estoy seguro nunca hizo pero que será -igual que
la mía y no me equivoco si digo de nosotros, sus hijos- hasta que la muerte nos
separe.
NOTA 1
Si algún lector sabe el nombre del
autor de esos libros de Física de tapa blanca, que mencione líneas
arriba, apreciaría el gesto. En mi memoria aparece –sin certeza- que el
apellido del autor empieza con K y que la editorial era/ es argentina (No, no
es Kirchner). Es por simple curiosidad.
NOTA 2
El Plan Lector es la estrategia del Ministerio de Educación para que los chicos lean, uno de los objetivos del plan es que cada chico lea 12 libros cada año. No se los resultados de dicha estrategia, pero tengo la presunción a través de la evidencia empírica que no tiene mucho éxito. ¿Un chico egresado de Secundaria ya ha leído 60 libros? ¿12 en el último año? Difícil de sostener.
Aquí la estrategia. https://bit.ly/2SYay4N Observese la disposición 6.2.