SOLO TITO

 Le decían Tito por Humberto. Lo conocí hace como cien años durante una charla sobre la Guerra de los seis días, tema de actualidad en ese momento. Yo tenía unos 15 años y esa guerra fue la primera en el Medio Oriente entre Israel y sus vecinos sobre la que leí en los periódicos. Fue una guerra rápida y que resulto un rotundo triunfo político y militar de Israel. La clave de la victoria de Israel estuvo en la estrategia de su comandante en jefe Moshe Dayan (quien con su parche negro en el ojo y su cabeza rapada inspiraba respeto sino temor) quien rápidamente destruyo casi toda la aviación egipcia en la primera mañana de la guerra convirtiéndose en una figura de talla mundial.

Tito explicaba muy bien cómo y porque se produjo esta guerra y sin enredarse en las complejidades del Medio Oriente (que puede marear a cualquiera por el cruce entre razas, nacionalidades y religiones) centraba bien el tema de la guerra en el Medio Oriente que se da entre Israel y sus vecinos: Egipto, Jordania, Irak y Siria por la negativa de estos a aceptar la creación del estado de Israel por decisión de las Naciones Unidas. Israel contaba en esos momentos -y aun cuenta- con el apoyo político y militar de los EEUU, Gran Bretaña y Francia.
Sino fuera porque era noticia en los periódicos y la televisión parecería que el que nos estaba contando una película. Pero una película donde todos eran los malos: los israelitas por invasores y socios del "imperialismo" yanqui, inglés y francés y los árabes por desacatar una decisión de Naciones Unidas.
Luego lo perdí de vista.
Una década después, nos encontramos en Arequipa, donde estuvimos trabajando juntos por alrededor de 1 año y medio. Este año y medio me permitió conocerlo más. Era descendiente directo de un héroe de la Guerra con Chile y algunas veces lo habían invitado a ceremonias protocolares a las que siempre accedía en lo que me parecía una costumbre extraña para alguien que detestaba la dictadura militar de Velasco. Había estudiado Arquitectura en la UNI. Una de las características de su inteligencia y que yo admiraba era la habilidad de explicar de manera simple cuestiones que eran complejas. Era alegre y generoso, pero a veces también terco e irritante. Era mayor que yo y solía ser muy galante con las chicas con las cuales se manejaba muy bien a diferencia mía.
Su enamorada –que era amiga mía- estaba en Lima y la distancia como suele suceder mato la relación. No era muy chato pero no le gustaba su estatura y siempre usaba botas con taco. En ese periodo ya estaba en sus treintas y una precoz calvicie lo atacaba, incomodo trance que el pretendía ocultar con poco éxito. Era buena compañía porque sabía cuándo quedarse callado, lo que yo apreciaba porque detesto desde siempre que me hablen cuando estoy leyendo, sea esto un libro, un periódico o los subtítulos de una película.
De él aprendí a separar a las personas de sus ideas. En las reuniones de trabajo era respetuoso con las personas, pero era duro con las opiniones de estas y esto le daba una imagen de intransigente. Esto me desconcertaba al inicio, porque a veces luego de una discusión yo me quedaba molesto mientras él siempre se comportaba como si nada hubiera pasado. Nunca tomaba las diferencias de opinión como motivo de alejamiento o como algo personal. “Son solo diferencias de opinión” repetía.
Regrese a Lima y lo deje de ver muchos años.
Hace un año y medio, poco antes del inicio de la
pandemia me cruce con él en la Plaza Bolognesi. Estaba con un grupo de amigos y al verme se acercó y nos saludamos afectuosamente olvidando que la última vez que nos vimos tuvimos una áspera discusión. Les pidió a sus amigos que se adelantaran que el los alcanzaría pronto.
Nos tomamos un café y rememoramos viejos tiempos, preguntando por los amigos comunes y sus paraderos, le recordé que la última vez que nos vimos tuvimos una fea discusión que termino casi a gritos, y solo respondió: “No me acordaba. Deben haber sido diferencias de opinión”
Yo le resumí lo que había pasado en mi vida y por su parte me contó que había conocido al amor de su vida en una visita a España y se había casado. Tuvieron dos hijos. Pero ella murió tempranamente y lo dejo solo. El golpe fue muy duro y a pesar de las palabras , su lenguaje corporal me decía que la tristeza aun lo embargaba. Solo atine a decirle que sus hijos lo necesitaban y no más. Lo respetaba y no me atreví a decirle a un hombre ya grande lo que tenía que hacer.
Nos despedimos sin muchas frases y sin el compromiso de volver a encontrarnos. Ambos sabíamos que teníamos distintos caminos.
Hace dos días me entere que en marzo de este año había muerto. No pedí detalles, para qué.
Descansa en paz viejo amigo, gracias por todo lo que me enseñaste y me alegro de habértelo dicho antes que partieras.

CONVERSANDO CON MI VIEJO. Octubre 2021

El domingo último lo encontramos leyendo el periódico, una costumbre que mantiene desde siempre. De hecho, una de las primeras imágenes que tengo de él es sentado en el sofá de la sala leyendo La Prensa si era domingo y los demás días leía la Ultima Hora. Este diario lo compraba por los buenos columnistas deportivos que allí publicaban. El box y el futbol lo atraían, a lo que se sumó luego el vóley.

Apenas nos vio llegar, cerro el periódico, se sacó los lentes y se quiso parar con un gesto automático de cortesía que ahora es escaso.  Lo saludamos impidiéndole que se ponga de pie. Casi un mes que no almorzábamos juntos. Luego de hacer un par de bromas a su nuera nos sentamos en la sala a conversar. 

Era y es el hermano mayor de los hijos de mi abuelo y de mi abuela. Solo tenía un hermano con quien compartía madre y padre pero que – es una historia aparte- no llevaba sus mismos apellidos. Tenía 6 hermanos por parte de padre y 4 hermanos por parte de madre. Todo un desmadre.

Todos sus hermanos los respetaban porque era y es muy cuidadoso con la vida personal de los demás. No opinaba, ni se inmiscuía en la vida personal de sus hermanos. Ni tampoco de sus cuñados. Nunca le escuche hablar de esos temas. 

Ni siquiera cuando uno de los concuñados políticos se fugó con una sobrina mucho menor que él –en una verdadera historia de amor, aunque alguna mojigata no lo crea así-  desatando un escandalete familiar, se sumó al coro de linchadores.

Saliendo de esta digresión y volviendo al presente, en algún momento de nuestra conversación me dice: “¿Con quién habla?”

“¿Quién?” Le contesto mecánicamente sin percatarme que estaba mirando a su ultimo nieto hablando por teléfono.

“No sé, De repente con su chica.”

"¿La conoces?"

"No. Aun no" 

"¿Como se llama?"

"Pregúntale a el" le digo provocándolo. Solo sonríe.

“¿Qué les ha pasado? De repente ya todos están enamorados. Cinco de golpe. Desde el primero al último”

Vale aclarar que mi viejo tiene 6 nietos y solo uno está casado. De los otros cinco, tres hasta hace poco no daban señales de querer sentar cabeza.

“Jaja. Si, ¿no? Como que de repente se volvieron locos.”

“Uno preocupado por la pandemia y de repente les llego el amor.”

“Y solo conoces a uno.” le digo refiriéndome al pretendiente de su nieta que recién habíamos conocido en persona.

“Si. Me cae bien. Es un buen hombre. Me dijo que regresaba a Lima en diciembre.”

“¿Te dijo que regresaba en diciembre? Eso va en serio.” En silencio recordé que el cumpleaños del pretendiente es el 23 de diciembre.  Con lo cual tendríamos 5 cumpleaños en diciembre incluidos el 23, 24 y 25 de este mes.

“Si.”

Volteo, lo miro y le digo “Es la primera vez que te escucho hablar de las relaciones de tus nietos. Nunca hablaste de los nuestros”

Me mira con sus pequeños ojos y luego de dudar un instante, sonriendo me dice “Con ustedes nunca. Pero si lo hablábamos con tu mamá.”

“Eras malo. Hasta ahora me acuerdo cuando cancelaste una serenata que pretendió llegar a la casa por mi cumpleaños y simplemente apagaste la luz y nos enviaste a dormir a todos.  Me hubiera gustado ver la cara de mis amigos.” Le dije risueñamente.

“Si, A mí también me hubiera gustado ver sus caras”, dijo en tono festivo. Él sabía que entre los frustrados cantantes de las mañanitas estaba mi chica.

“¿Y quién de nosotros les preocupaba más?” Hago una pregunta boba.

“No preguntes lo que ya sabes”

Esto me arranca una carcajada y antes que termine de reír añade sonriendo “Ya sabes lo que te hubiera contestado tu madre.”

“Si. Ya me puedo imaginar. Jajajaja”

“Bueno, vamos a esperar y ver qué pasa”

“Si.”

Me gusto descubrir su actitud discreta y a la vez expectante ante los avatares amorosos de sus nietos, tema que hasta ese día me parecía que le era ajeno.

Como dice Blades: La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

Luego del almuerzo.

“Viejo, voy a publicar nuestra conversación. ¿Si?”

“¿Toda?” 

“No. Solo lo de tus nietos”

 “Ya”

 

 POSTDATA

La mejor muestra del cariño y respeto que le tienen sus medios hermanos y hermanas a mi viejo era que durante muchos años el 24 de diciembre en la noche se embarcaban desde Trujillo y Chimbote junto a esposos y esposas y hasta hijos rumbo a Lima para estar el 25 de diciembre en el cumpleaños de su hermano mayor. Pasaban la Nochebuena viajando ¡!!.

El 25 al mediodía nuestra casa estaba invadida por todos ellos que no se cansaban de compararme todos los años con mi papa con la frase “este es igualito a su papa. Dios mío” frase que recién tiene sentido para mis estos últimos años y también a mi hermana –a la que ganas de morderlos no le faltaba- con mi mamá “ella es igualita a mi comadre (mi mama era madrina de bautizo de algunos de mis primos)”

Los hijos, sobre todo mi hermano y yo no parábamos de cumplir recados del tipo: anda compra esto, recoge las botellas vacías, llévale este vaso al tío, alcánzale servilletas a la tía, etc. Por supuesto que había solapadas propinas, porque mi papa reprobaba eso, pero eso aliviaba el trabajo.

 

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