LA PRMERA NAVIDAD SIN ELLA

Fue en la segunda mitad de los 80s, pero lo recuerdo bien. Un frio lunes de agosto falleció mi madre, era joven aun, acababa de cumplir 55 años pero la irracionalidad de la muerte se impuso. Hacía poco tiempo que todos los hijos habíamos salido del nido.

Se acercaba la Navidad y esa sería la primera que pasaríamos sin ella. Todos acordamos pasarla con el viejo en su casa. El único yerno y la única nuera por supuesto que estuvieron de acuerdo.

Debo decir que nuestra Navidad siempre fue un tanto diferente. Por ejemplo, no tomábamos chocolate sino leche con Ovaltine y esto porque mi madre decía que no entendía porque debía preparar chocolate caliente para una noche de verano, y si bien alguna vez preparo chocolate para la cena navideña, el poco éxito hizo que abandonara una costumbre que no compartía. Creo que hoy ninguno de mis hermanos toma chocolate en la cena del 24, me extrañaría que lo hiciera.

Esa Navidad, la primera sin ella, nos juntamos temprano. En ese entonces solo había 2 nietos de los 6 que finalmente son y estos eran aún muy pequeños por lo que la reunión navideña fue básicamente de adultos jóvenes que éramos.

Sentados en el comedor y pasada la cena y el ruido de las 12 –para nada semejante al desborde explosivo que hoy día impera- nos pusimos a conversar.

De repente alguien hace una pregunta obvia –del tipo ¿Salimos afuera?- y mi papa le contesto “Si tu madre estuviera aquí, ya sabes lo que te hubiera dicho”. Hubo una explosión de risa, porque TODOS sabíamos lo que ella le hubiera dicho y como se lo hubiera dicho.

Esto dio pie a que yo comentara que estar cerca de ella te obligaba a estar siempre alerta porque de repente hacia un comentario que te podía dejar desconcertado, sin entender de que hablaba. Tenías que rápidamente deducir que estaba pensando y por tanto cual era el contexto de la pregunta y así poder responder como ella esperaba.

Por ejemplo, estando en la cocina podía decirte: “No sé si habrá suficiente carne”. Esa era una pregunta y también una orden. Tenías que recordar que hacía dos días que el viejo había avisado que el domingo iríamos a Chosica, que era el destino de salida durante el invierno, (cuando el rio Rímac era un rio limpio). Y era costumbre que ella preparara arroz con carne y zarza criolla como menú familiar. Por tanto, tu cabeza debía entender su mensaje como “El domingo vamos a Chosica. Voy a tener que preparar arroz con carne. Fíjate en la refrigeradora si hay suficiente carne y demás ingredientes para prepararlo”. Por tanto, la respuesta correcta e inmediata era “Voy a ver” y en ese momento ir a la refrigeradora y fijarte si había suficiente carne para preparar y además si había la cantidad suficiente de los demás ingredientes como choclo, zanahoria, alverjas, pimiento, culantro, cebolla, limón, etc. e informarle.

Y así fue que empezó una remembranza animada de las ocurrencias y anécdotas con mama.

Aquí algunas de ellas.

Dije “Recuerdo la cachetada a Pajares” . Nosotros nos reímos y luego uno de nosotros le contaba a Manuel y Olga la anécdota. (1)

“Desde ese día y hasta fin de año Pajares no me volvió a mirar.”

Otro menciono “Y cuando se trajo la puerta de las solteronas.” (2)

Jajaja nos reímos todos.

“Y esto porque no pudo traerse la balanza que estaba encadenada”

Jajajaja

Otra recordó “Te acuerdas cuando hacia queques”

Cada cierto tiempo mi mama hacia queques de naranja, de zanahoria, etc. y los 4 estábamos dando vuelta por la cocina tratando de probar la masa y de quedarse con el tazón o el cucharon con el pretexto de lavarlos. Siempre nos decía “Esa masa no se come. Cuando les duela la panza, a mí ni me miren”

“No recuerdo que a alguien le haya dolido la panza”

Mi viejo comento. Nadaba muy bien. Si tenia ritmo: dos patadas una brazada, avanzaba muy rapido y aparentemente sin esfuerzo. Todos coincidimos.

Manuel por su parte comento: “Cuando la visitaba me decía: Aquí llega el dueño de COSAPI”

Si. Jajajajaja

Manuel riéndose: “Recién había empezado a trabajar allí y cada vez que me veía, me lo decía”

Le hubieras contestado: “Suegra, por lo menos lo voy a intentar”

“No, mejor no. Sabe Dios qué te hubiera contestado”

“Si. Mejor no.” Jajajajaja

Olga intervino: “Y lo que le dijo a Lilibeth en el Stella Maris.”

Eso fue mas o menos asi. Néstor le dijo a mi mama que pensaba postergar la boda con Olga (fijada para unos 20 días después) hasta que ella se pusiera bien y pudiera asistir.

Pero mi mama tomándolo de las dos manos y mirándolo fijamente le dijo con lenta firmeza: “Tu no postergas nada. Te casas o te casas”

“Ok ma.” Fue la obediente respuesta de mi hermano.

En eso Lilibeth intervino: “Néstor eres muy joven aún. Porque no esperan un poco.”

Nos sorprendió su intervención. Era claro que no había escuchado nada de lo conversado entre Néstor y mi mama.

Vimos cuando lentamente, mi mama movió a mi hermano con una mano y miro directamente a Lilibeth. 

Mi mama no era precisamente fan de Lilibeth pero llevaba la fiesta en paz.

Los hijos leímos claramente lo que venía, nos quedamos expectantes y en silencio.

“Ay Lilibeth. ¿De dónde eres? ¿No te das cuenta que él TIENE” hizo una pausa y repitió “TIENE que casarse?”

Nosotros con una explosión de risa coronábamos esa respuesta. Olga tampoco podia contener la risa.

Pocos días después ella falleció y mi hermano se casó en la fecha fijada.

Y así entre anécdotas y risas nos dio las tres de la mañana, hora de separarnos. Puedo decir que esa vez, hablar de ella fue una buena catarsis para nuestro dolor.

Ahora de vez en cuando la mencionamos y siempre en clave de alegría.

Confieso que en dos momentos duros que he vivido la he evocado y la verdad no se bien porque. De repente me hubiera gustado contarle mi pena aunque sabia de antemano lo que me hubiera dicho.

Fue sin duda una madre singular.

 

 

NOTA Estas anécdotas en detalle están  

(1)        Publicada el 13 de febrero del 2018, titulo PAJARES

(2)        Publicada el 10 de febrero del 2018, título LA PUERTA

CANTANDO CONTENTO EL PINTOR PINTA LA PARED

Uno de mis tíos decía muy serio que correspondía al dueño de la casa que el alquilaba, pintarla anualmente, esto mientras conversaba desde la ventana con mi padre que estaba pintando nuestra casa. En oposición a él, mi padre rutinariamente todos los años lo hacía en un fin de semana de fines de noviembre o principios de diciembre de modo que estuviera la casa lista para la Navidad.

Lo hacía en dos días: sábado y domingo. De repente un viernes lo veíamos llegar con los baldes de pintura que había que ayudar a descargar.  Ya sabíamos que al día siguiente sábado desde temprano el empezaba a mover los muebles, a cubrirlos con plástico y a extender periódicos en el piso, que eran las únicas tareas en las que ayudábamos. No sé porque no quería ayudantes para pintar a pesar que nosotros estábamos más que dispuestos a hacer esa tarea que nos parecía divertida.

Ese fin de semana no podíamos circular por la casa por lo que permanecíamos confinados en nuestros dormitorios, las fechas coincidían con los exámenes finales del cuarto bimestre así que no había tiempo de aburrirse.

Años más tarde estando recien casado y aun solos, pintar la casa era una tarea divertida. Era divertida porque hacerlo requería hacer algo que a mí me gusta hacer de vez en cuando poner de cabeza todo: mover los muebles, desarmar las camas, sacar todos los cajones, apilar los libros fuera de sus estantes, eliminar papeles, etc. A mi esposa le gusta también porque además de pintar podía dedicarse a hacer lo que le fascina: ordenar, ordenar las cosas y por supuesto darme órdenes. Ya le he dicho que si Dios le hubiera pedido ayuda la Creación solo hubiera durado 4 días.

Cuando estábamos solos era una tarea que disfrutábamos porque en esos días (2 o 3) hablábamos, discutíamos y nos amistábamos en rápida sucesión y dormir cansados después de un día de trabajo intenso es gratificante.

Más tarde cuando éramos cuatro, los niños participaron siempre. Empezaron haciendo lo que a todos los niños les gusta: pintarse la cara y las paredes dizque “ayudando”, no falto la oportunidad de encontrarlos durmiendo en el suelo agotados de la emoción más que por el trabajo.  Crecieron y entonces pedían libertad para pintar a su gusto una pared entera de su cuarto (uno, ya que el otro pedia el cuarto completo), una vez encontramos una pared casi cubierta con las huellas de sus manitas, alli se quedaron un par de años. Nos falto valor para borrarlos. Luego, siendo ya adolescentes se resistian pero luego su ayuda se hacía sentir y para nosotros sabiendo que esta etapa no duraría disfrutabamos mucho esos fines de semana hogareños.

Por otro lado, desde hace unos años ya no participo directamente en la tarea de pintar: una reacción alérgica que me desencadeno un acceso de asma que asusto a todos y que termino en una emergencia cercana provoco que los otros tres me asignaran las tareas logísticas: me encargaría del desayuno, almuerzo y cena como tarea completa: es decir cocinar, servir, recoger la mesa y lavar todos los trastes. La cocina debia quedar impecable.

El tiempo ha pasado y ahora que el nido está vacío y toca pintar la casa solo participo en opinar sobre los colores y la logística. Pero el nivel técnico de las pinturas se ha complicado demasiado para mi gusto, y no es como dijo algún irreverente que ante mis objeciones aducía que me quejaba porque en mis tiempos todo era en blanco y negro. Malvada calumnia propia de un caviar.

En el tema de pinturas además de complicar la variable color han incluido una serie de variables: naturaleza de la habitación (dormitorio, sala, etc.), brillo (mate, opaco, brilloso), mantenimiento (lavable) e indirectas: si requiere ponerle base, por ejemplo.

Pongo un caso reciente que sustenta mi observación. Había que pintar una pared de blanco y de repente ella me pregunta qué blanco escogemos, me quedo pasmado, atónito, patidifuso. Para mi blanco es blanco, por lo que contesto con la firmeza y el atrevimiento propio de la ignorancia: blanco, solo hay uno y es color …… blanco.

Me mira con pena y me dice: “No, mi vida no. Ahora hay: Blanco ostra, Blanco humo, Blanco algodón, Blanco perla, Blanco seda, Blanco hueso, Blanco granito y …”

Ella habia investigado el tema y aquí hizo una pausa, yo estaba en silencio rumiando fastidio con sorpresa (ese ‘ahora hay’ me sonó a sarcasmo innecesario) y antes que pudiera decir algo sonrió y dijo “también hay un Blanco viejo.”

”¿Blanco viejo?” Repito y pregunto a la vez. “¿Hay Blanco joven también?”

Para no delatar mi fastidio inmediatamente pregunto “¿Y cómo es el color Blanco viejo?”

Y haciéndome el gracioso le digo “No me digas que me debo mirar al espejo”

Me puse para la foto como se dice ya que sin dejar de sonreír y muy suave me dice “No. El color es Blanco viejo, no viejo blanco” 

Paf. Ok. 1 a 0

Haciéndome el indiferente frente a su puya continuo “Ok. Pero ¿Cómo es el color Blanco viejo?”

“Escucha la descripción” me dice “Este color se asemeja a la tonalidad que va adquiriendo un libro con el paso del tiempo, es apropiado para espacios vintage o donde quiera añadir un toque de antigüedad.”

Mi fastidio le gano a mi hilaridad al escuchar lo que me sonó igual a la descripción de un plato en menú de restaurante caro. (Ver 1 al pie)

A continuación, dije “Mis libros se ponen de un digno color amarillo. No de un huachafo y pretencioso vintage Blanco viejo.”

Hice una pausa para tomar aire y sigo “¿Además para que necesito pintar algo con ese color?  ¿Para añadir un toque de antigüedad ?”

Desahogado y queriendo bajar los decibeles pretendo otra vez hacerme el gracioso y digo. “Además para añadir un toque de antigüedad ¿No es suficiente con que yo este sentado en el escritorio?”

“Si, pero ….. ¿Y cuando no estés?”

Paf. Mudo. 2 a 0. Son treinta años juntos ya sabe contestarme, pienso.

Más tarde ese mismo día, estaba saliendo de Sodimac con dos galoneras de pintura color Blanco Ostra, convencido que el nombre se lo pusieron porque cada galón cuesta como una docena de ostras japonesas con perla incluida.

¿Que seguirá? ¿Verde pantano al atardecer? ¿Rojo trotskista?

 

 

((1)  Ejemplo

SPAGHETTI ALL’ POMODORO E ORO

Nuestra salsa casera de tomates maduros y mantequilla al perfume de albahaca, ajos y aceite de oliva extra virgen.

Aunque suene algo pedestre esto es un simple plato de TALLARINES ROJOS con algo de pedicure.

 


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