Doris y la tabla del 9

Fue durante las vacaciones escolares de medio año. Estábamos en casa. Yo leía medio despatarrado en el sofá mientras mis hermanas sentadas en el suelo de la sala jugaban yaces con una amiga. Solo se escuchaba las palmadas en el piso, el bote de la pelota y el anuncio del siguiente juego: Chancho, Levis, Pasada con palmada, etc.

 

En eso, mi hermano entró corriendo, sudoroso y sucio, lo que no era raro ya que todos los días jugaba pelota en la pista. En su carrera salto entre mis hermanas, quienes le gruñeron por el susto, mientras él se iba directo a la ducha. 


El solo entraba así cuando mi Papá llegaba.  Sabía que el viejo revisaría si había hecho las tareas diarias que estaban escritas en una nota pegada en la refrigeradora.


Mi hermana menor dejó de observar el juego y me quedo mirando. Había una amiga de ellas jugando en la sala y nos preguntamos en silencio cual seria la reaccion de mi papá al verla.  No digo nada nuevo, si afirmo que con tus hermanos y la gente que quieres las miradas fácilmente son diálogos.  


"¿Qué dirá ?"

"No sé"

"¿Qué hacemos?"

"No sé"

"¿Le aviso a ella?"

"¿Para qué? No, no le digas nada y veamos que hace el viejo"

Una sutil y casi maquiavélica sonrisa, finalizó el diálogo.


Minutos después mi Papá llegó a la casa. Era la primera vez que encontraba una amiga en casa y luego de contestar el saludo y dejar sus cosas, se acercó a ellas y se desarrolló la siguiente escena:


- Hola. Cómo te llamas?

- Doris.
- Bien Doris. ¿En qué año estás, Doris?

Doris se puso alerta. Mi hermana paró de jugar. Yo miraba el libro sin leer. La seriedad de mi Papá y el silencio de nosotros le auguraba dificultades.


- En quinto.

- En quinto. Y como te va en Matemáticas.?
- Bien.

Ni bien dijo esto, Doris se dio cuenta que había metido la pata.  Las miradas que cruzamos le confirmó que estaba atrapada. El rubor coloreó sus mejillas.


- "Bien? Entonces debes saber hasta la tabla del 9. No?"

- "Si." Dijo Doris, hizo una pausa y luego añadió -abriendo el paraguas- "Más o menos."

No había otra respuesta posible. 

Casi podíamos escuchar la sinapsis de sus neuronas al recibir el mensaje de alerta roja. Quiso añadir algo más pero no tuvo tiempo.

- "Muy bien, Entonces dime cuanto es ...9 por 8"

-  Silencio,

- " 56?", 

- "6 por 9",

- "Este ehhhh ......" 

siguieron las preguntas.


Fueron sin duda los tres minutos más largos en la vida de Doris.

En eso, cesó la evaluación casera.

Yo seguía mirando el libro sin leerlo.


- " Bueno." Concluyo mi padre. "Creo que debes repasar la tabla, sobre todo la del 9. no?"

- " Si. Don James."
- " Bien."
Hizo un pausa. 
- "Sigan jugando. Otro día seguimos Doris."
Y se fue. 

 

Doris pudo respirar aliviada a pesar que esto último le sonó casi como una amenaza.

Sabía que la próxima vez que Don James la encontrara en su casa se acordaría de su nombre, pero ella no estaba segura de recordar la tabla del 9.

Mis hermanas no comentaron nada y reiniciaron el juego. Mi hermana menor me miró y nos 
sonreímos con los ojos.

Más adelante, la alternativa que encontró Doris para jugar en mi casa sin tener que pagar un peaje mostrando sus avances en matemáticas, fue estar alerta y salir por la puerta de atrás mientras su interrogador entraba a la casa. 


Lo que no hemos confesado nosotros es que ese tipo de dramas nos divertía -siempre hemos tenido humor negro- y lo tomábamos menos seriamente que las víctimas del interrogatorio.

 

Doris fue la primera pero no la última interrogada por mi viejo.

Pasó el tiempo. Crecimos.


Años después nos encontramos con Doris en el matrimonio de mi hermano. Estábamos todos alrededor del viejo, cuando ella aparece y se acerca a saludar.

 

Besitos de estilo.


Había terminado de saludar cuando mi Papá socarronamente le pregunta

"Y Doris, te aprendiste la tabla del 9, o todavía?"


Todos nos sonreímos. 


Doris demostrando que tenía mucha correa sonrió también y le dijo:

"Ay Don James, usted era bien malo, yo le tenía mucho miedo" 

"Malo yo ? Porqué?. Solo te preguntaba la tabla de multiplicar"

Pausa.


"Pero aun no me contestas. ¿Ya sabes la tabla del 9 o todavía?" 


Se desataron las risas. 
Doris se reía también, .......... pero no contesto.

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