LOS AMPS



Irving Wallace era un escritor norteamericano, que conocí cuando una amiga me presto su obra Los siete minutos, una novela con una trama sobre una novela erótica, su publicación y la libertad de expresión asociada a este tipo de literatura.

Motivado por esta lectura busque, unos días después, mi propio ejemplar en el jirón Camana, lugar donde se podía (se podrá aun?) encontrar buena literatura a precios baratos. No tuve suerte, pero en cambio encontré otra obra de él titulada El caballero de los domingos. Lo hojee y lo compre, no es premio consuelo me dije.

Este libro se llamó así porque antaño –refiere el autor- cuando alguien tenía una deuda era perseguido por sus acreedores solo de lunes a sábado. Por ley, estaba estipulado que los domingos no podía ser reconvenido a pagarlas por lo que podía salir a la calle sin ser molestado.

Wallace en esos años escribía para la revista Reader’s Digest – muchos recuerdan las Selecciones- de lunes a sábado. Solo esos días, los editores lo acosaban para que modificara, acortara o alargara sus artículos.

Por ello, durante los domingos, podía dedicarse a escribir sobre lo que realmente le interesaba. Estos relatos cortos más tarde los compilo en una novela que llamo El caballero de los domingos recordando la mencionada ley.

Bien.

Uno de los mencionados relatos se denomina Los amps. Hablaba allí sobre su visita a un hospital norteamericano que rehabilitaba a los soldados amputados producto de su participación en la segunda guerra mundial.

Allí una de las primeras cosas que tuvo que aprender eran los acrónimos (sabemos que los yanquis son adictos a crear acrónimos): EC (encima del codo) (DR) debajo de la rodilla y otros términos que describían todas las combinaciones posibles de pérdidas de extremidades. Algunas menos fáciles de recordar: por ejemplo SIMA que refería a la pérdida del pie pero no del talón, etc.

Pero más le llamo la atención fue el proceso de adaptación psicológica a la pedida. Los amps le contaban por ejemplo que sentían picazón en la pierna que no tenían, que les sorprendía despertarse y no encontrar su brazo o percatarse recién cuando se la tocaban que no podían hurgarse la nariz porque no tenían mano, ni dedos. Esto podía ser casi truculentamente gracioso.

Supongo que la misma sensación debe tener al inicio un viudo (o una viuda) luego de 20, 30 o 40 años de despertarse al lado de alguien a quien se considera ya como parte de uno mismo.

Sera un poco diferente en el caso de los divorciados? De repente también.

No puedo dejar de mencionar que aún tengo mi amarillento ejemplar del Caballero de los Domingos, publicado por Editorial Grijalbo el año 1975.  Pero no sé porque está incompleto. No tiene las hojas 1 a 66, estando empastada la hoja del índice y las páginas 67 a la 453.  Se ha perdido en esta mutilación dos relatos que aparecen en el índice: uno titulado Lo más grande, lo mejor o lo primero y otro llamado Dos encantadoras viejecitas. 

Estrictamente hablando, y en el contexto del relato, mi ejemplar AMP seria calificado como un A66? o un D66? No sé.

Porque escribo sobre esto?

Porque fue lo primero que vino a mi memoria cuando leí la noticia que MVLl se oponía al probable indulto a Alberto Fujimori y casi puedo jurar que pude imaginar fácilmente un amp tratando de rascarse la nariz sin tener los dedos para hacerlo.


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