[OPINIÓN]
Estamos viviendo la más grave crisis de nuestra democracia de los últimos años. El escándalo Lavajato recién está empezando y es tan grande el volumen del mismo que no hay forma de desviar la atención ni de medir el impacto del mismo a priori.
Estamos viviendo la más grave crisis de nuestra democracia de los últimos años. El escándalo Lavajato recién está empezando y es tan grande el volumen del mismo que no hay forma de desviar la atención ni de medir el impacto del mismo a priori.
El gobierno se ha puesto de lado en este lio. Solo hay declaraciones.
Cero acciones.
Hasta hoy, hay dos ex Presidentes claramente involucrados y sospechas documentadas
sobre varios políticos, la ex Alcaldesa no ha terminado en prisión preventiva
por ahora a pesar comprobarse que ha mentido a la justicia.
Hasta hoy, hay cuatro de los empresarios más poderosos del país encarcelados.
La sensación que no habrá impunidad es buena y saludable para la
sociedad al margen de las formas.
Aquellos que pusieron precio a la tranquilidad y felicidad de su
familia, lo hicieron por propia decisión. La justicia se debe encargar y si son
culpables deben pagar.
Por supuesto que nadie puede, ni debe alegrarse de la desgracia humana.
La sensación de euforia que causa la encarcelación del rival político no
es sano ni emocional, ni políticamente. Y desear la cárcel para el adversario
solo porque si, solo revela un alma enferma o en el mejor de los casos un
espíritu antidemocrático
Pero como toda crisis esta es una magnífica oportunidad para mejorar.
Nada de generalizaciones.
Nada de que todos son iguales, porque eso solo diluye responsabilidades.
Las responsabilidades siempre son individuales.
En democracia el Poder Judicial debe procesar correctamente estas
situaciones.
Las instituciones son más importantes que las personas que temporalmente
las dirijan.
El adecuado funcionamiento de las mismas fortalecerá nuestra democracia.
No hay que temer usar los mecanismos de la democracia.
Necesitamos aprender a vivir en democracia
Habrá sobresaltos, no hay dudas que así será.
En el proceso que viene, él pánico de los que se saben culpables será harto
evidente, la tranquilidad aparente de muchos no se podrá ocultar mucho tiempo,
la amnesia seguirá invadiendo a políticos, empresarios, abogados, artistas,
periodistas y hueleguisos, la inocencia y candidez casi juvenil resurgirá y la operación
distrae y confunde acelerará su marcha,
Inevitable será la aparición de las vírgenes de cabaret que saldrán
mañana tarde y noche a predicar moral. Cuidado. Los funcionarios de gobiernos
anteriores resurgirán con nuevas corbatas.
No faltaran los que en aras de supuestamente “defender la democracia”
buscaran impunidad. Como tampoco faltarán los extremistas desencantados de la
democracia que pregonarán que se vayan todos. Cuidado. ¿Sabe para quién trabaja
esta consigna?
Ya bastante hemos tenido de ese grupo de personas (el establishment
caviar) que se atribuyó una superioridad moral que ahora se revela deleznable.
Durante años estos señoritos propugnaron una persecución política sobre
el fujimorismo que no solamente pretendía desterrarlos de la política nacional,
sino también descalificar a todos los que –sin necesidad de simpatizar con el
fujimorismo- no aceptaban los métodos de insultar y hacer escarnio del ex
Presidente preso, de sus simpatizantes y de su hija. Eso fue y es escarnio.
Eso es política? NO. Solo miseria asoma debajo de ese comportamiento.
Hay que investigar y sancionar, caiga quien caiga. Sin dudas. Repito, caiga
quien caiga.
Ahora debe quedar más claro que nunca que no hay que apellidarse
Fujimori para ser automáticamente culpable, ni Graña para ser automáticamente inocente.
Aquí no debe haber ni vacas sagradas.ni chivos expiatorios.
