LA CRISIS POLITICA

[OPINIÓN]
Viendo el jueves último, los rostros de los ministros y congresistas que acompañaban al Sr. Presidente durante su alocucion, vi rostros que reflejaban claramente la crisis política que vivían. Esos rostros, salvando las distancias, me hicieron recordar una obra de Pierre Broué titulada “Los procesos de Moscú”. 

En esta obra el historiador francés –que había peleado en la resistencia contra los alemanes- cuenta los juicios políticos efectuados hubo en la década del 30 contra más de un centenar de cuadros políticos que había participado en la revolución rusa.

Esos cuadros políticos eran de una gran diversidad: desde hijos de ricos industriales con excelente formación académica devenidos en revolucionarios hasta dirigentes obreros, incluyendo profesionales liberales como economistas, ingenieros, etc. 

Todos ellos revolucionarios de la época, hombres duros que habían participado en la lucha contra la autocracia del Zar, que habían sufrido cárcel persecución, destierro, más de uno de ellos con condena a muerte y alguno con suspensión de última hora del fusilamiento al que estaba condenado. 

Por ejemplo, en ese grupo hubo un tal Drobnis, zapatero, dirigente a los quince años, con seis años de cárcel, dos condenas a muerte y una ejecución por parte de la guardia del Zar durante la guerra civil, ejecución a la que sobrevivió después de haber sido acribillado a balazos. 

Duros eran.

En agosto de 1936, en enero de 1937 y en marzo de 1938, se efectuaron juicios públicos casi idénticos ante la Corte suprema de la U.R.S.S.; todos los acusados, que habían sido compañeros y colaboradores de Lenin, dirigentes revolucionarios mundialmente conocidos, se acusan de los peores crímenes, se proclaman asesinos, saboteadores, traidores y espías. 

Relata Broué – a partir de las actas de los juicios y archivos desclasificados de la época unos en la propia KGB rusa y otros en archivos abiertos recién el año 1980 en Harvard- como estos hombres se quebraban políticamente y admitían delitos que no habían cometido. Todos aceptan los hechos imputados. Una que otra resistencia a admitir culpas políticas, para finalmente aceptar los cargos.

Retrata como uno de los más brillante de todos ellos; Nicolás Bujarin, compañero de Lenin, economista que antes de los 17 años ya era dirigente político y antes de las 23 dirigía la lucha contra el Zar se defendía de los cargos explicándolo a partir del desdoblamiento de la conciencia. 

Bujarin trato de explicar y justificar las acciones por los cuales se les juzgaba, como la consecuencia de la no aceptación por parte de ellos de una realidad que había cambiado radicalmente. Ellos no se habían adaptado a la nueva situación que vivían, por lo que se comportaban como antes de la Revolución sin darse cuenta que incurrían en actos criminales o penados por la ley. 

Él lo llamaba el desdoblamiento de la conciencia y de la moral. Cometían actos criminales sin percatarse de ello. Actuaban como siempre sin darse cuenta que la realidad había cambiado convirtiéndose en criminales –así se autodenominaban- de manera involuntaria. 

Finalmente, Bujarin fue –igual que todos los demás- sentenciado y ajusticiado.

El libro es un relato político y psicológico dramático que recrea muy bien los hechos históricos.

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