UN ABRAZO

[ANÉCDOTA] Mi abuelo materno, buen representante de su época,  tuvo un total de 13 hijos, 10 hijos en su matrimonio  y 3 hijos de romances extramatrimoniales. Estos últimos, eran llamados antiguamente "medios hermanos". Entonces yo tenia por el lado materno 10 tios y tres "medios tíos".

Una de mis medias tías se llamaba Leonor, era pequeña, blanca y de ojos verdes, quien prolífica también ella, tuvo 13 hijos, todos dentro del matrimonio mostrando el mismo entusiasmo reproductivo que el abuelo pero a la vez una mejora en la formalización de las relaciones sentimentales de la familia.

Ella estaba alejada de mi mama y sus hermanos y como consecuencia yo no conocía a mis 13 "medios primos".. Pero un día, en el velorio de uno de mis tíos, se me acerco una tía (tia completa) y me dijo "¿Cesar, le puedes enseñar Matemáticas a tu primo XX?" En esos años, durante mis vacaciones en la Universidad, yo igual que muchos me recurseaba enseñando matemáticas en modo particular o en academias de preparación pre universitaria. Yo no conocía a mi primo XX, lo que no era raro.

"Por supuesto" le dije. "Vamos, entonces" me dijo " Te voy a presentar a tus tíos"  Mis "medios tios" eran Leonor y Walter. Me conocían de pequeño y ella me repitió varias veces "eres igualito a tu papa". Yo estaba ya habituado a escuchar eso, aunque no me halagaba tanto como ahora.

Acordamos el precio, pero hicieron hincapié -nunca supe bien porque- que las clases las pagaría otro primo, su hijo mayor. Convinimos en tener clases los Lunes, Miércoles y Viernes de 4 a 6 de la tarde. El estaba en una Academia de 8 a 1, llegaba a su casa a las 2 almorzaba y las 4 era una buena hora para tener las clases de refuerzo. Faltaba un mes y medio mas o menos para el examen de admisión, mis tíos estaban preocupados y parecía que mi primo sentía que una ola se le venia encima.

Fui el primer día. Ellos vivían en Santa Cruz, en un segundo piso de uno de los edificios de la Residencial.
Toque el timbre. Me abrió un primo -creo- luego salio mi tía, quien me hizo entrar y luego de conversar un momento conmigo me hizo pasar a la sala y desapareció.

Me senté y espere. De repente apareció otro primo, quien rapidamente se me acerco sonriendo y me quedo mirando fijamente sin decir palabra.  Por estar en medias yo no lo había escuchado venir. Me saludo "Hola", "Hola". Me preguntó "Quién eres ?" le respondo "Soy Cesar, tu primo" Se puso serio repitió "Primo" y se fue tan rápido como había llegado.

Yo estaba sorprendido, me acababa de enterar que tenía un primo con síndrome de Down. Tendría el, unos 10 años? No pude calcular.

La verdad es que racionalmente hablando yo declaraba no tener ningún prejuicio hacia las personas con síndrome de Down, pero una cosa son las declaraciones y otra la realidad del comportamiento objetivo.  Nunca antes habia tenido una cercanía con alguno de ellos y yo puesto en la realidad había sentido cierta recelo hacia el y no podía menos que estar a la defensiva, aunque lo disimulaba.

Llego su hermano, mi alumno, mi primo.  Flaco y de aspecto tranquilo. Nos saludamos. "Hola." "Hola"  Éramos casi contemporáneos. Yo tenía 20 años y el unos 16 o 17. Empezamos las clases.

Una hora después hicimos una pausa. Escucho un sonido detrás mio, asi que volteo y él estaba repantigado en un sillón, mirando a su hermano.

Vio que hacíamos una pausa e inmediatamente se levanto, se acerco y trepo "capachin" sobre su hermano, quien con naturalidad lo aceptó. Incluso caminó con el en la espalda mientras hablaba conmigo y me invitaba un vaso de limonada. Evidentemente aceptaba y amaba a su hermano. El jinete sonreía mirándome mientras estaba bien abrazado a su hermano.

Continuamos las clases. Con mi alumno y su jinete.

Durante tres semanas estuve enseñándole a mi primo y la rutina del "capachin" se repetía cada vez. Un día el jinete no apareció y cuando pregunte por el, me dijeron que estaba resfriado y que estaba guardando cama.

La siguiente clase llegue y él estaba allí nuevamente. Ahora mi alumno era el que estaba resfriado. su hermano aparentemente lo había contagiado.

Cuando tuvimos la pausa, quiso trepar sobre su hermano, pero él lo detuvo diciéndole "No, No. Ahora no, te puedo contagiar". Se retiró, sin demostrar sentirse ofendido o rechazado. Yo no esperaba lo que hizo. Sentí que se trepaba en la silla detrás mio y me abrazaba mientras recostaba su cara contra mi espalda.  Mi primo solo sonrió, y me miró esperando ver cual era mi reacción. No reprimió a su hermano.

Me sobresalte un instante pero pude reaccionar con tranquilidad. Solo me adelante en el asiento a fin que ambos estuviéramos mas cómodos y seguí la clase como si nada pasara. Es raro dictar clase con alguien trepado en tu espalda, pero después de un momento la verdad no me molestaba.

Debo confesar que cuando termine la clase ese día, sentí que recién entendía el cariño que esos maravillosos seres humanos son  capaces de dar sin ningún reparo y con una incondicionalidad que desarma a cualquiera.

Ese día mis prejuicios fueron literalmente demolidos, y para eso solo bastó un abrazo.

POSTDATA. Mi primo ingreso a la Universidad y no los volví a ver más. Pero siento que en esas semanas yo aprendí mas de ellos que ellos de mi.

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