Era la época de la dictadura militar de Velasco y había toque de queda. Todos debíamos estar en casa, como máximo, a las 12 de la noche -todos los días- y los que transitaban después de esa hora debían tener un salvoconducto, o en caso de movilizarse en auto debían hacerlo con las luces interiores prendidas, ondeando un pañuelo blanco y a la prudente velocidad de 40 o 50 kph.
Para los jóvenes de entonces, si bien esto era un inconveniente, no era suficiente para desanimarnos de asistir a fiestas hasta más allá de dicha hora.
Éramos un grupo como de 11 muchachos regresando de una fiesta a eso de la 1 de la mañana. Bastante alegres, despreocupados y caballerosos acompañamos a las chicas a sus casas en un recorrido de distribución que nos garantizaba que ellas tuvieran permiso la próxima vez.
En la última estación dejábamos a tres hermanas y nosotros éramos cinco acompañantes. Dos de nosotros eran pareja de dos de ellas por lo que se demoraron en despedirse mientras nosotros tres: Manuel, Percy y yo nos alejamos de la casa dándoles el espacio que requerían.
De repente a unos 20 metros la tanqueta que lentamente había aparecido por la esquina sin nosotros darnos cuenta, aceleró entrando a la calle donde estábamos, mientras prendía sus enceguecedoras luces altas.
Sorprendidos, reaccionamos corriendo hacia la puerta de la casa.
Esto mientras tres soldados saltaban de la
tanqueta con armas largas
en la mano.
Los enamorados por su parte reaccionaron ingresando a la casa y cerrando
la puerta, dejándonos en medio de la calle.
Llegamos a tocar la puerta pidiendo que nos abran, pero nos quedamos inmóviles al escuchar el rastrillar de las armas y los gritos de “ALTO NO SE MUEVAN!!"
No hay nada, creo yo, que pueda helarte más la sangre que escuchar detrás tuyo rastrillar un arma.
Nos quedamos quietos, de espaldas a ellos y luego lentamente, casi como si estuviéramos de acuerdo, levantamos las manos.
Escuchamos pasos de alguien que se acercaba a nosotros. Era un suboficial del ejercito, jefe de los soldados, quien se acerco y nos miró uno por uno. Luego dió dos órdenes: giren lentamente y muestren sus documentos, por supuesto que fue más escueto: "GIREN!" "PAPELES ¡".
Giramos lentamente y lo que vimos fue una escena inolvidable: la calle oscura, vacía y silenciosa, una tanqueta con las luces altas que nos deslumbraban y tres soldados, todos más bajos que nosotros, apuntándonos con sus armas (más grandes que ellos mismos). El suboficial con la mano derecha apoyada en el arma que tenía en la cartuchera y la mano izquierda extendida para recibir nuestros papeles. Los tres entregamos nuestros carnets universitarios y nuestras Libretas electorales de tres cuerpos.
El suboficial, miro las libretas electorales rápidamente y se concentró en nuestros carnets universitarios. Solo dijo "Así que universitarios, ¿no?" Ninguno se atrevió a responder.
"¡Manos a la nuca y Caminen!" nos ordenó.
Un soldado iba delante a nuestra izquierda guiándonos y otro detrás cerrando filas.
Caminando así por el medio de la pista, llegamos hasta el cruce de Tingo María con Venezuela. Habríamos caminado unas 8 cuadras.
En esa esquina el soldado que iba delante entrego nuestros papeles a un oficial de la Guardia Civil, mientras unos policías nos hacían subir a un camión porta tropas.
En este ya había unos 20 detenidos, todos por infringir el toque de queda. El ambiente dentro del camión era festivo. Había varios que igual que nosotros estaban un poco chispeados y hacían bromas tontas que todos celebraban. Parecía que hacia un buen rato que esperaban.
Fuimos los últimos, porque ni bien subimos el camión, este arrancó rumbo a la Comisaría.
Allí nos hicieron formar en filas y luego de esperar un rato a que llegara el Comisario nos "clasificaron". Llamaron primero a algunos pocos, a quienes los metieron directamente al calabozo de delincuentes detenidos, parecía que ya eran conocidos. Al segundo grupo nos condujeron a otra celda que aparentemente era para detenciones temporales. El problema fue que había demasiados detenidos esa noche y sobrábamos cinco. A dos se llevaron a una zona del edificio que no vimos.
Y a nosotros tres -afortunadamente- nos hicieron subir al segundo piso de la comisaría y nos encerraron en una oficina que parecía sala de espera y donde había unos sillones. Como no había nada que pudiéramos hacer ya, nos acomodamos y nos quedamos dormidos.
Al día siguiente, como a las 6 de la mañana, con el malestar propio de la "mala noche" nos despertamos y conversamos sobre lo que nos esperaba. La verdad, estábamos tranquilos.
No habíamos cometido ningún delito por lo que
deberían soltarnos. ¿"A
qué hora servirán el desayuno"? dijo uno de nosotros, burlándose de la situación.
Luego de estar casi una hora esperando y en vista que no se acercaba nadie, comenzamos a explorar el lugar. Percy entró en una oficina contigua, que estaba abierta encontrando alli un micrófono sobre un escritorio que estaba conectado en un equipo empotrado en la pared y que estaba cerrado con un candado del tamaño de una cajetilla de cigarros.
Al pie del micrófono un interruptor
indicaba ON/OFF
Percy comenzó a jugar con el micrófono. Lo prendió y
luego de decir "Hola, hola, hola" lo apago.
Manuel empezó con la idea de decir "Jaque Mate rey dos, aquí torre blanca" Esta frase era tomada de la serie de TV, de aquella época, Combate.
En esta serie el personaje protagonico era el sargento Sanders y un soldado llamado "Doc" era el encargado de la radio.
Así que la siguiente vez fue:
"Jaque Mate rey dos, aquí torre blanca" ¡Cambio!
Nos reíamos,
Se "sentía" que el mensaje era reproducido en otro lugar.
"Jaque
Mate rey dos, aquí torre blanca" ¡Cambio!
Nos
seguimos riendo
En
eso.
"Aló"
¡Cambio!?
Nos
quedamos quietos.
Otra
vez "Aló"
¡Cambio!?
El
atrevido: " Jaque Mate rey dos aquí torre blanca. ¡Cambio!...
Identifíquese por favor"
Silencio
Otra
vez el atrevido: " Jaque Mate rey dos aquí torre blanca.
Identifíquese por favor"
Silencio
"Habla el Suboficial Reyes. ¡Cambio! ¿Con quién hablo? Cambio"
Se había identificado.
"Aquí
Torre blanca queriendo comunicarse con Jaque Mate Rey dos. ¿Está con usted?"
"No... " Manifestando duda.
"¿Puede
indagar si Jaque Mate rey dos está cerca suyo? Es
urgente, Cambio!"
Silencio prolongado esta vez.
En eso escuchamos una voz autoritaria
"Aló,
¿Con quién desea
hablar? Cambio."
Evidentemente
era un jefe.
"Aquí Torre blanca queriendo comunicarse con Jaque Mate Rey dos. ¿Está con usted?" ¡Cambio!
Apenas
conteníamos la risa.
Como decían los viejos estebamos con la chicha fresca
¿Hasta dónde llegaríamos?
Como decían los viejos estebamos con la chicha fresca
¿Hasta dónde llegaríamos?
Otra vez: "¿Aló, con quien desea hablar?" ¡Cambio!
"¿No
me escuchan? Aquí Torre blanca necesita comunicarse con Jaque Mate Rey
dos. ¿Está con usted?" ¡Cambio!
Silencio.
"Esta
el Capitán Gálvez
con Usted? Cambio." preguntó.
Esta pregunta nos
sorprendió.
Y cometimos el error de responder de modo dudoso. "No. Cambio"
Apenas se corto la comunicación nos dimos cuenta que habíamos metido la pata.
Silencio
"Carajo!!!. No sé quién es usted, Pero va a tener que dar explicaciones. ¡¡Apague la radio!!”
El
atrevido: " No le escucho. Jaque Mate rey dos aquí torre blanca.
Identifíquese por favor". ¡Cambio"
Silencio.
Este
último silencio nos asustó.
Apagamos
el equipo.
Salimos de la oficina y cerramos la puerta con seguro y nos sentamos en los sillones lo más naturalmente posible.
Salimos de la oficina y cerramos la puerta con seguro y nos sentamos en los sillones lo más naturalmente posible.
A
los pocos minutos aparecieron dos agentes de civil, supusimos que eran de la
PIP (Policía de Investigaciones del Perú). Entraron, nos miraron, se
dirigieron a la Oficina de la que acabábamos de salir.
Comprobaron
que estaba cerrada con llave. Abrieron. con el llavero que uno de ellos portaba, Entraron. Probaron el micrófono,
Abrieron el candado de la caja empotrada que contenía la radio y luego de
revisar un momento, cerraron todo y salieron.
Nosotros mientras ello sucedía ensayábamos nuestra cara de inocentes.
Nosotros mientras ello sucedía ensayábamos nuestra cara de inocentes.
Con
voz cortante nos ordenaron: “¡Bajen!”
Nos tuvieron
parados en el patio casi dos horas, hasta que llegaron nuestras madres a
rescatarnos.
De esa poco disciplinada patrulla nunca sabremos quién fue el Sargento Sanders, pero es seguro que Percy fue el "Doc", ya que el prendió la radio.
