La detención.
La noche era tan clara que permitía ver el Océano y las estrellas.
Esta vista solo era interrumpida por las luces
de los carros que se cruzaban con el bus que lo traía a Lima desde Arequipa. Estaba mirando sin ver por la ventana del bus,
abstraído en los aspectos del problema en que estaba metido.
Tres días antes estaba saliendo de una reunión con el Comité de Lucha del Sindicato de Obreros del Hospital Goyeneche. En dicha reunión se había tratado el apoyo que se iba a dar a la huelga para su éxito. Allí le habían propuesto ser parte del Comité, esto es raro ya que él no era trabajador del sindicato.
Lo hacían como
reconocimiento al apoyo que les había brindado desde antes de iniciarse la huelga.
Honor que el naturalmente no aceptó para no perjudicar el desarrollo de la
huelga ya que podían denunciarlo como infiltrado.
Además, su presencia seria demasiado visible comparado con los trabajadores que formaban el Comité.
Esto último naturalmente no se los dijo, pero estuvo dentro de su razonamiento.
Fue a la salida y
mientras se dirigía el paradero a tomar el bus, siente que alguien lo coge del
brazo izquierdo suave pero firmemente mientras le decía “Acompáñeme por favor”
Cuando voltea sorprendido a ver quién era, se dio cuenta que estaba siendo detenido por un policía
vestido de civil. Giro instintivamente hacia su derecha y se encontró con que
otra persona también se acercaba mirándolo fijamente.
Lo condujeron a un
auto, donde lo sentaron en el asiento trasero entre los dos agentes que lo
habían detenido.
Se preocupó al ver
que el auto no se dirigía directamente a la prefectura de Arequipa, que era lo
que él esperaba sucediera. Era el tiempo de la dictadura militar
Eran los años 78 y 79, recordaba las conversaciones sostenidas con los compañeros que habían venido de Argentina a apoyar la construcción del partido en medio de la efervescencia política de esos años.
Ellos contaban sus
experiencias con la dictadura de Videla y aconsejaban primero saber diferenciar
entre ser detenido por la policía o por el ejército o los paramilitares.
En el primer caso, se
trataba de minimizar la responsabilidad penal que pudieran ser atribuidas ya
que los delitos políticos no tenían pena de cárcel.
En los otros casos la
prioridad absoluta la tenía la preservación de la vida. Estas recomendaciones si
bien eran útiles, no eran aplicables al caso, Velasco no era Videla.
Mientras viajaban rumbo a la prefectura, los policías hablaban entre ellos como si el no existiera. De repente se percató que estaban yendo hacia su casa.
Se estacionaron en
la puerta y antes de bajar le dijeron por primera vez, una pregunta que
repetirían varias veces” ¿Vamos de una manera discreta o vas enmarrocado?”
Naturalmente les dijo
que prefería hacer las cosas de manera discreta.
Continuara….
