DE UNA MANERA DISCRETA III

La treta de los atrevidos

Al quinto día les dijeron que al día siguiente los iban a trasladar a Seguridad del Estado en Lima.

Efectivamente el día siguiente a eso de las 8 de la noche cada uno de ellos acompañado de un agente, donde reconoció a uno de ellos como el que lo había detenido, y con quien se saludó con rara cortesía, salieron rumbo a la empresa San Cristóbal que los traería a Lima. 

Uno de ellos, el que caminaba al lado de Tito, llevaba además de su pequeña maleta personal, el maletín James Bond que habían tomado de su cuarto.

Nuevamente se dio el dialogo:” ¿Vamos de una manera discreta o vas enmarrocado?”  Una vez más les dijo que prefería hacer las cosas de manera discreta.

Se sentaron en dos filas sucesivas, con ellos hacia el lado de la ventana y los agentes hacia el pasadizo. Se acomodó con una manta y mirando por la ventana mientras meditaba se quedó dormido.

En lo que le pareció horas después, se despertó cuando Tito que estaba sentado delante de él le tocó la pierna y le hizo –en la oscuridad- una seña que esperara. Se extrañó, pero se despabilo. Su vigilante no estaba, había ido al baño. 

Naturalmente cuando este regresó se hizo el dormido lo que era fácil en la oscuridad del bus.

Estuvo esperando un rato hasta que de repente Tito le paso por el costado del asiento un primer grupo de papeles.

¿Qué había pasado?

Tito aprovechando que su vigilante había ido al baño abrió el maletín James Bond – sabia la clave porque era suyo! - que estaba entre los dos y había sacado a tientas un paquete de los documentos allí guardados.

Obviamente tenía que deshacerse de ellos.


Así que lo que hizo fue abrir sigilosa y ligeramente la ventana y deslizo 2 hojas de papel por la rendija. El ruido que hizo el golpe del viento sobre las hojas al soltarlas, lo asusto y creyó que había despertado a su vigilante. Cerró la ventanilla casi sin respirar y se quedo quieto. 

Espero unos minutos y vio aliviado que el agente seguía durmiendo. 

Repitió la operación, pero esta vez doblo las hojas en cuatro antes de deslizarlas por la rendija. El ruido disminuyo bastante. 

Tenía que hacerlo lentamente y en cada ocasión lanzaba dos o tres hojas. Repitió la operación hasta acabar con los papeles que le había alcanzado.

Unos minutos después Tito le entregaba otro paquete. Tuvieron que hacer pausas ya sea por algún pasajero que pasaba por el corredor rumbo al baño o por los movimientos de los agentes que los hacían temer que se despertaran.

Esta operación se repitió 3 veces más.

Ahora, Tito con una seña indico que no había más. Se acomodaron y se echaron a dormir. El estrés agota.

Al llegar a Lima era domingo temprano en la mañana y las calles estaban desiertas.

Por tercera vez, se repitió la rutina de preguntarle ” ¿Vamos de una manera discreta o vas enmarrocado?”  Una vez más la respuesta fue que prefería hacer las cosas de manera discreta

Salieron caminando de dos en dos, por la calle Montevideo hacia la Prefectura. Las oficinas de Seguridad del Estado quedaban en el lado derecho del tercer piso del antiguo edificio de la Avenida España.


Las celdas quedaba en la azotea del tercer piso. Eran cuatro habitaciones grandes llenas de camarotes con un patio en el medio. Estaban muy organizadas y limpias. Con un horario para todo y todos. Describir esto da para un articulo.

El lunes en la mañana, habiendo ya había transcurrido una semana de detención en Lima, los llamaron a una reunión en las oficinas con el jefe de Seguridad del Estado.

Mientras estaban sentados esperando, vieron un poco mas allá a través de una gran ventana a los dos agentes que los habían traído a Lima reunidos con una persona que era su Superior y que evidentemente estaba muy molesto. Si bien no se escuchaba lo que decía, sus gestos eran harto elocuentes. Les estaban dando un buen rapapolvo.


Acabada esa reunión los dos agentes se retiraron, pasando delante de ellos. Estaban tan sacudidos que ni los miraron.

Unos momentos después, un agente con muy buenos modales se acercó a ellos y les informó que había algunos temas administrativos que estaban dificultando la resolución de su caso, pero que en los próximos días esto se arreglaría y que les avisarían. 

Por supuesto ellos con la misma amabilidad manifestaron su comprensión y su disposición a esperar que se solucione el malentendido. Otro agente se acerco y los condujo nuevamente a su celda.

En el patio de las celdas, ya mas tranquilos casi se ríen a carcajadas al comprobar que se habían librado de un engorroso proceso que hubiera comprometido su libertad.
Cuatro días después los soltaron. Tres días mas tarde el regreso a Arequipa. Pero su partida de retorno fue mas dolorosa de lo que había pensado.   


POSTDATA. En Seguridad del Estado en esa época estaban detenidos numerosos dirigentes sindicales del magisterio, de trabajadores mineros y metalúrgicos, estudiantiles, etc. de todas partes del país.  El ambiente al interior de las celdas era una verdadera consejo de caciques. Había una gran efervescencia política en el país.

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