Y recordé.
Tenía 15 o 16 años y pase ese verano yendo a la piscina de la “guay” (YMCA)
de Pueblo Libre. Entre las 11 y la 1 solo asistíamos las mismas 5 o 6 personas, por lo que luego de
una semana casi todos nos conocíamos.
Hice varios amigos, uno de ellos era el “chino” Ito. A pesar que su apellido
era japonés y es muy común en el Japón, él era el “chino” Ito; porque sabido es que
para los peruanos, ser japonés, coreano o chino no tiene importancia, es lo
mismo, todos son chinos.
El chino hacia gimnasia en el colegio y practicando en el caballete sufrió
una caída y como parte de su terapia le habían prescrito nadar por lo menos una
hora diaria.
Luego de la piscina nos la pasábamos jugando ping pong, ajedrez, viendo los partidos de fulbito y naturalmente a las chicas que jugaban voley.
Igual que yo, el también estaba enamorado de Andrea. En realidad todos los mocosos
que frecuentaban la guay ese verano estaban enamorados de ella. Cuando ella
sonreía todos sonreíamos, cuando llegaba todos suspiraban y cuando se iba todos
nos quedábamos un poco tristes.
La vi por primera vez, con las manos en la cintura recriminando a un
pelotero que le había dado un pelotazo. Allí aprendí, qué uno puede enamorarse de una mujer también cuando ella está furiosa.
Un día el chino me pregunto ¿vienes el sábado?
Me quedé sorprendido. No sabía de qué me hablaba.
Que hay el sábado, le repregunté.
Casi se cae de espalda.
¿No sabes? Hay una fiesta con
Traffic Sound.
Boom.
Casi me caigo de espalda yo.
Hay un enorme letrero en la puerta.
La verdad es que era tan grande que no lo había visto.
¿Cuánto cuesta la entrada? Pregunte.
No recuerdo la cifra que me dio, solo me acuerdo que era imposible para
mí.
No puedo le dije no tengo plata.
Yo tampoco me dijo, pero ven de todas maneras para ver si nos zampamos.
¿Qué?
Estás loco chino. Eso va a ser imposible.
El auditorio queda en el segundo piso y hay una sola escalera de acceso.
Ven nomas.
Para no hacer larga la historia nos terminamos zampando.
Si bien nos perdimos más de la mitad del concierto, lo que vimos fue más
que suficiente.
Hasta ahora recuerdo el tremendo alboroto que me produjo escucharlos a
menos de 5 metros, cuando tocaron Simple o cuando cerraron su presentación con
Meshkalina.
Toda la siguiente semana, la fiesta fue el tema de conversación.
Dos semanas después termino el verano y el chino y su familia se fueron
a Estados Unidos a vivir y ya nunca más lo volví a ver.