UN REGALO SINGULAR

Mis hermanas primero se hicieron amigas de Lucho Gallardo al participar en los grupos juveniles de la parroquia y más adelante conocieron al resto de su familia. 

Los Gallardo eran una familia singular y admirable. La mama viuda y guerrera luchando para sacar adelante a sus cuatro hijos. Tres hombres Lucho, Rubén y Roberto, el mayor y Elvira la menor de todos.

Roberto al poco tiempo se ubicó en la fila de pretendientes de mi hermana y si bien ella ya había marcado la línea al decirle que lo quería como un hermano, -afirmación que guillotinaba cualquier pretensión- el caballerosamente seguía bregando por conquistarla. 

Hubo varios de mis amigos en esa fila de pretendientes, pero hubo uno que fue el más singular de todos. Lo llamare Martín.

Martín apareció en escena en el cumpleaños de uno de los Gallardo. Era mayor que nosotros, estaba –calculo- cerca de los 40 mientras nosotros frisábamos los 20. Vestía formalmente contrastando con nosotros que éramos una pandilla de polo, jean y zapatillas. Y la diferencia no era solamente externa: era muy tranquilo, de buenos modales y discreto mientras nosotros éramos informales y ruidosos.

Me sorprendió cuando comenzó a frecuentar a mis hermanas y a invitar -un día sí y otro también- a ellas y a todos los amigos que estaban cerca a cenar, a comer helados o al cine, canchita incluida, asumiendo el, los gastos. No se sabía mucho de él, pero parecía que trabajaba en un banco. Aparecía como a las 6 de la tarde y se despedía como a las 10 con el argumento que debía ir a trabajar al día siguiente.

A los pocos días algunos nos percatamos de que algo no andaba bien en él, además de no encajar por la diferencia de edad, a veces hablaba de temas que no tenían nada que ver con el curso general de la conversación. ¡Y en una de esas menciono la intención de casarse con mi hermana!!  Por supuesto que todos se alarmaron y mi hermana la primera. Como solo fue una frase y no volvió a tocar el tema, no le dimos importancia y rápidamente este asunto se olvidó.

Poco tiempo después fue el cumpleaños de mi hermana y el llego a la reunión con un regalo. Era un paquete rectangular que parecía una torta, mi hermana sorprendida y un poco incomoda lo recibió, lo agradeció y lo guardo. No lo abrió -eso era tener buenos modales- y la reunión continuo. Por supuesto la curiosidad nos invadió. ¿Qué seria?

Pero no fue la única sorpresa de la noche. Cuando ya quedaban unos pocos amigos en casa, Martín pregunto en voz alta: "Mañana porque no vamos al Parisi?". El Parisi era una heladería muy conocida que quedaba en la Plaza Bolognesi. Ante su pregunta todos guardaron silencio, éramos estudiantes y no podíamos darnos ese “lujo”, pero él lo resolvió añadiendo "No se preocupen yo invito. Mañana vengo a las 4 y nos vamos". Nos miramos, algunos sonrieron, la reunión continuó un rato más y poco después todos se despidieron.




Apenas se acabó la reunión en casa,  mi hermana saco el regalo y lo abrió delante de nosotros.

Era una biblia!! 



Y no cualquiera. Era una biblia de lujo, antigua, enorme, de tapa dura con adornos dorados. Todos nos quedamos sorprendidos por ese regalo que nos pareció insólito. 

No se de ninguna chica que reciba una Biblia de un pretendiente.


Irreverentes bromeamos. “Por el tamaño de la caja yo creía que era un anillo de compromiso”, "Fíjate de repente tiene una dedicatoria del Papa, Juan XXIII debe ser su amigo"

Extrañada mi hermana la guardo.

Al día siguiente a las 4 eran 6 los que esperaban ir a comer helados. Llego las cuatro y media. Las cinco. Cinco y media. Martín no apareció y al día siguiente tampoco. Nadie sabía dónde ubicarlo. Al no poder hacer nada, todos siguieron con sus vidas.

Pasaron unos días y de repente llegan a mi casa dos mujeres, preguntando por mi hermana. Se presentaron como hermanas de Martín y contaron las razones de su repentina ausencia.

Martín era su hermano mayor y sufría de alteraciones mentales desde adolescente. Y si bien no era peligroso, requería medicación y supervisión constante. En ese momento –nos contaron- estaba internado y no se le podía visitar. Se disculpaban por los inconvenientes que pudiera haber causado. Por supuesto mi hermana y mi Mamá a su lado, les dijeron que no había causado ninguno, que siempre fue muy educado y que lamentaban la situación.

Dicho esto hubo un silencio expectante. Aparentemente no había más que decir. Las mujeres se miraron y la menor que era la más decidida dijo: "Nos hemos percatado que Martín ha tomado una Biblia de la casa. Es una Biblia que lleva muchos años con la familia y realmente es muy valiosa simbólicamente para nosotros. No sabemos que ha hecho con ella. Ya antes la regalo a una chica y creemos que de repente ha vuelto a hacer lo mismo. "

Mi hermana reacciono "Si. Yo la tengo. Espere un momento." Inmediatamente fue y saco la Biblia en la misma caja que la había recibido. El alivio de las dos mujeres fue evidente. Nos agradecieron por el gesto y se retiraron prometiendo comunicarse con nosotros cuando se pudiera visitar a Martín.

Demás está decir que nunca lo hicieron. 

“Qué alivio. No sabía cómo devolvérsela sin ofenderlo” dijo mi hermana cuando ellas se fueron.

Por supuesto que le tomamos el pelo algunos días con bromas como "había que estar loco para enamorarse de ti" o "cuando rechaces a tus pretendientes hazlo con más dulzura, sino mira como terminan".

Cuando recordamos esa etapa de nuestra vida con mis hermanas, (“Te acuerdas de ……..”) generalmente nos reímos, pero también sentimos un poco de tristeza cuando recordamos el destino que tuvo Martín.

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