Era un sábado en la mañana y los siete jóvenes estábamos sentados alrededor de una enorme mesa de madera en un ambiente del Colegio María de la Providencia. A ese ambiente se accedía por la puerta principal del Colegio -en Jirón Napo - que era reservada para los padres y profesores.
Dos religiosos canadienses: Ramón y Giselle, eran los que encabezaban la reunión, presentándose como Coordinadores de los grupos juveniles de la Parroquia.
El ambiente era calmo, no solamente porque en ese momento no había alumnas en el Colegio, sino que las monjas que vivían allí a esa hora estaban en modo oración.
Las reuniones tenían por objetivo formar grupos juveniles en la Parroquia San Pablo y Nuestra Señora del Carmen quienes mas adelante se encargarían de dar soporte a una renovada misa juvenil que se daría todos los domingos a las 7 de la noche.
Así empezó para nosotros un curso de Teología de la Liberación que nos prepararía para comentar, según este enfoque, las lecturas dominicales.
Luego de unos tres meses de reuniones semanales, el grupo asumió la tarea de ser parte de la misa juvenil. Aun recuerdo los nervios que tenia al salir por primera vez al frente y dar nuestra interpretación de la lectura.
Durante unos meses las cosas anduvieron bien. Los fieles, sobre todo jóvenes, llenaban una novedosa misa donde se usaba guitarras eléctricas y batería - que en esos días eran instrumentos casi exclusivos de una banda de rock- mientras los jóvenes del grupo se encargaban de casi todas las tareas, desde volantear hasta recoger la limosna.
Pero, con lo que no contaban los Coordinadores del trabajo juvenil era que los jóvenes "reclutas" no solo ganaban aplomo al hablar en publico sino que preguntaban y preguntaban cada vez mas cosas y querían no solo respuestas o leer lo que decía Gustavo Gutiérrez en su Teología de la Liberación - el grupo juvenil había adoptado el nombre de Liberación por ello también - sino que demandaban acciones mas militantes -comprometidas era el termino que se usaba- que preparar un discurso de unos minutos por semana.
La vida se encargo de poner a prueba lo predicado, cuando un piquete de 8 recias trabajadoras de la fabrica Donofrio en huelga pidieron a los del grupo dar su testimonio en la misa juvenil del domingo a las 7 e iniciar una huelga de hambre en el templo.
A los jóvenes (por lo menos a un grupo de ellos) nos encanto la idea. Como llegaron ellas a nosotros no lo supimos nunca, aunque yo sospecho que fue Angel, quien ya hacia activismo político, aunque también podía haber sido Luisa quien a sus 21 ya era una precoz dirigente sindical en un Laboratorio
Fue una bomba.
Los curas "entraron en trompo" al enterarse de lo que planeábamos hacer, esa misma anoche del domingo minutos antes de empezar la misa.
Si bien las trabajadoras pudieron dar su testimonio durante la misa de las 7, no se les permitió iniciar la huelga de hambre en el templo, para la cual ya habían venido preparadas.
Terminada la misa juvenil los curas cortaron el fluido eléctrico del templo y cancelaron la misa de las 8. No podían hacer misa con el grupo de obreras en el piso haciendo huelga de hambre con carteles y banderola incluida.
Nos tuvimos que disculpar con ellas por el fracaso.
Allí se acabo el romance entre los Coordinadores y los jóvenes mas radicales.
¿Como predicábamos tener o ser una iglesia mas cerca de los pobres y a la vez nos negábamos a ayudarlos en sus demandas?, preguntaban los jóvenes.
Si lo hacemos una vez, nos llenamos de huelguistas de hambre, decían ellos.
¿Y ?, ¿No es la opción que debemos tomar? replicábamos.
No había forma de entenderse.
¿Vacaciones ¿Casa de playa? Nos parecía una burla.
Ya le correspondía tomar vacaciones nos dijeron.
No sabíamos que un soldado de Cristo también tomaba vacaciones.
Pero el malestar ya denso, se desbordo. Detalles como que a Ramón le gustaba apretar los bíceps de los chicos, que al otro cura le encantaba el vino antes, durante y después de misa y que en una ocasión no se le entendió nada de lo que dijo en la liturgia (nos burlábamos diciendo que había hecho la misa en francés, pero en vino francés) o que el Párroco era muy amigo de la despampanante morena que era secretaria del Despacho Parroquial y a la llevaba en auto a su casa a la salida del trabajo, se difundieron malsanamente.
Todo esto eran real y podía interpretarse de muchas maneras pero no era el tema que nos dividía con ellos.
Naturalmente el grupo colapso y dejo de reunirse. Los curas ni cortos ni perezosos buscaron y encontraron rápidamente reemplazos mas comedidos y solícitos para la misa juvenil de las 7.
Allí acabo la aventura de Liberación, Giselle y Ramón.
Y confirmo lo que sabemos desde siempre que Felipillo vive y vivirá por siempre entre nosotros.
POSTDATA
1. Años después mi familia en pleno tuvo un almuerzo dominical con Giselle. Fue muy agradable verla de nuevo y compartir recuerdos escolares y parroquiales.
2. De Ramón no supimos nada hasta que fue noticia policial al aparecer asesinado en una parroquia en Ica, durante un aparente robo. Fue triste saberlo.
