La primera vez que la vi salíamos de la cancha de fulbito
que había cerca de mi casa y donde algunos amigos estaban participando en un
campeonato.
Veníamos en grupo y escuche que detrás
mío ella decía “Tengo una fiesta mañana, ¿alguien quiere ir?”. No sé por qué me
sentí aludido, asi que volteo a mirar y escucho que repite la invitación mientras que tanto ella
como su amiga me miraban directamente. Mas claro el
agua.
Nunca fui muy atrevido para iniciar una conversación –ya no
digamos una relación- con las chicas. No hagan caso si alguien dice lo contrario.
Esa es una gran diferencia con mi hermano
que era capaz de cruzar el patio de un colegio de mujeres en plena Kermesse bromeando
en voz alta con una chica que estaba al otro extremo sin ningún empacho. Yo jamás
hubiera podido hacer eso.
Volviendo a la historia, me sentí directamente aludido, pero
hice lo que me sale mejor, hacerme el desentendido.
El segundo recuerdo fue bailando con ella la canción “Trebol
Carmesi” (Tommy James) en una fiesta. en una loseta y dando una sola vuelta en toda la
canción. No necesitamos hablar mucho, mejor dicho no hablamos nada. Simplemente
las cosas se dieron. Nuestros cuerpos se juntaron y no se separaron.
El tercer recuerdo que tengo fue encontrarme con ella a las
7:30 de la mañana de un frío día de invierno en el paradero de “la 12” servicio
de bussing cuyo ultimo paradero era al final de la Av Sucre, donde nos bajábamos
y caminábamos hasta el parque xxx donde había una glorieta techada con 4 bancas
de madera.
Nos sentamos a conversar, abrazarnos –naturalmente para
combatir el frío- y a manifestar el cariño de la forma que un par de chicos que
recién habían pasado los 20 años solían
hacerlo en esos tiempos,
Regresábamos a eso de las 2 de la tarde, con los labios
hinchados, con una mirada pacífica y por supuesto sin sentir ya el frío que
hacia en Lima.
La dejaba en su casa, con la cita concertada para las 7 de
la noche.
No recuerdo bien -o no quiero recordar- la razón de la ruptura. Solo recuerdo que
ambos quedamos dolidos y que más de un amigo en común quería interceder para “arreglar
las cosas”, como no se arreglaron creo yo que no tenían arreglo, o por lo menos
no encontramos la manera de resolverlo.
Aproximadamente dos años después ella, ya casada partió
rumbo a Australia.
Sabia de ella por diferentes personas. Que se había divorciado. Que se había quedado viuda. Que se había vuelto a casar. Que había venido de visita al Perú.
Hace unos tres años, estando ella acá, quedamos en
encontrarnos una tarde para tomar un café y conversar.
Y así fue, Cuando nos encontramos nos dimos un abrazo largo
y afectuoso. Conversamos largo, contándome ella primero y yo después que habíamos
hecho todos esos años que no nos habíamos visto.
Me conto sus dificultades para irse. Su proceso de integración al país. La construcción de su vida familiar, la foto de su hijo: un hombre ya y cuya última imagen para mí era la de un bebe todavía. Yo por mi parte le conté lo mío. Me llamo la atención que no omitiéramos los momentos difíciles que –como todos- cada uno había pasado. La confianza estaba intacta.
Me conto sus dificultades para irse. Su proceso de integración al país. La construcción de su vida familiar, la foto de su hijo: un hombre ya y cuya última imagen para mí era la de un bebe todavía. Yo por mi parte le conté lo mío. Me llamo la atención que no omitiéramos los momentos difíciles que –como todos- cada uno había pasado. La confianza estaba intacta.
Naturalmente hablamos también de porque lo nuestro no había prosperado.
