EL LOBO EN EL GALLINERO

Ha fracasado el modelo neoliberal, diagnostican. Hay que cambiar la Constitución, recetan.

Es el estribillo de estos militantes de izquierda. Secundados además por los activistas que trabajan de periodistas, los abogados conocidos por dar opiniones a la medida y la fila de opinologos en la puerta de los medios semiestatales.

Es su mantra y el santo grial de sus argumentos para sustentar su receta. Detalle, no menor, es el uso del término “neoliberal” como si fuera un adjetivo descalificador. No lo pronuncian, lo escupen.

Pero cuando les preguntas que es el “modelo neoliberal” que ha fracasado. Muchos de ellos colapsan. Y si les pides cifras, datos que sustenten su afirmación, todos empiezan a jadear.

Luego empieza lo inmoral: lo adjetivan: “es malo, es injusto, fomenta la desigualdad, fuchi, caca, poto, etc.” O lo hacen en modo slogan, fáciles de aprender y repetir y en modo pontífice enuncian “Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres” o “El modelo es consustancial a la corrupción” o “El modelo genera desigualdad”. Frases hechas para consumo de los perezosos. 


Vamos por partes

1. En la historia real el termino neoliberal es un término usado para denominar una propuesta económica política en un punto medio entre el liberalismo y la socialdemocracia. Creado en los 30s por el economista alemán Alexander Rustow que venía decepcionado de la izquierda hacia la derecha. Ni Hayek, ni Friedman ni los de la llamada escuela austriaca aceptaron jamás ser “neoliberales”. El modelo neoliberal como modelo no existe. Pidan un ejemplo y no lo oirán.

2. En la realidad el modelo liberal es un marco de reglas para que las personas actuando en libertad desarrollen sus actividades económicas. Ese marco en nuestro país es la Constitución del 93, donde lo más importante es la libertad del hombre para trabajar, para producir bienes o servicios con la menor intromisión posible del Estado. 

Cada país es distinto y por ello se ha definido el índice de libertad económica (ILE) que mide el grado de libertad que tienen los individuos para desarrollar sus actividades. Nosotros estamos a mitad de la tabla de libertades economicas. Está probado que a mayor libertad económica, mayor desarrollo y mayor riqueza. Basta mirar los rankings económicos y comprobarlo.

3. En nuestra Constitución el Estado tiene un rol subsidiario. El Estado no fija precios, no tiene empresas. Los peruanos ya conocemos los resultados de esas aventuras. El Estado que nosotros mantenemos (ojo) se debe dedicar a lo que se le señala: educación, salud, seguridad.

4. En nuestro país los resultados del desarrollo económico en un marco de libertad son incontestables

• Nuestra economía se multiplico por 3,5 veces desde el año 93. Un ritmo de crecimiento saludable de 5% anual.

• Los gobiernos regionales y municipales vieron sus presupuestos multiplicados por 3,3

• La inflación promedio anual 2,3% Los que hemos vivido la tragedia de una inflación de dos y tres dígitos sabemos el valor de este dato.

• Cuatro millones de puestos de trabajo de los cuales 2,4 millones eran formales.

Los indicadores positivos sobran, pero esto es historia.

5. ¿Qué se ha hecho durante los últimos 20 años?

Los sucesivos gobiernos de orientación centro izquierdista (matices más o menos y aunque ellos lo nieguen ahora) y la clase política en su conjunto renunciaron a construir lo que el año 2000 era evidente y no se cansaban de repetir: Hagamos el “segundo piso” del fujimorismo decían al unísono.

¿Qué era el llamado “segundo piso” y en que quedo? Era el recrear y fortalecer la capacidad de gestión del Estado para proveer con eficiencia los servicios básicos que se espera de el: Salud, Educación, Seguridad, Justicia, Infraestructura física. La reforma del Estado en otras palabras. Hubo un proyecto donde participaron algunas personalidades y que aborto. Demasiados abogados, muy pocos ingenieros y gerentes. Estuve muy cerca de ese proyecto y conozco los detalles.

Pero el furioso slogan “Fujimori nunca más” esgrimido por la izquierda y la feroz campaña de demolición política y moral contra los Fujimori asusto al centro y a la derecha liberal y esta guardo silencio. En el relato, por las noches y durante el día también los fujimoristas salían a perseguir y esterilizar mujeres por decenas de miles, rematar las prosperas empresas estatales, llevarse maletas llenas de oro y asesinar a humildes campesinos. La corrupción era patrimonio exclusivo del gobierno fujimorista, antes y después de ellos la castidad era la cualidad de nuestros gobernantes y los fujimoristas destrozaban así la Suiza sudamericana que éramos antes de ellos.

La izquierda se dedicó en privado a amamantarse del Estado boyante del que despotricaba en público. Las ONGs reemplazaron a los partidos, los contratos con el Estado sustituyeron a las remesas de afuera y a las contribuciones sindicales, las charlas políticas en los locales partidarios se trasladaron descafeinadas a las aulas escolares y universitarias. Tergiversaron la historia o directamente la falsificaron. Los malos contra los buenos. Un nuevo status quo había nacido para la izquierda.

Toda la clase política entonces guardo los planes, renunciaron a la reconstrucción institucional y se dedicaron a no hacer olas. Era (es) muy poco popular reorganizar y optimizar el Estado y sus servicios, por ello y para auto justificarse crearon la frase “piloto automático” y lo usaron sin advertir que esa frase analgésica y procastinadora ocultaba la cobardía de ellos para acometer tareas impopulares a corto plazo, pero imprescindibles para liberarse de la pobreza en el mediano y largo plazo.

Así llegamos hasta aquí, al recodo en el camino anunciado por Guzmán y sus huestes. El lobo ya se metió al gallinero y lo encuentra en medio de una simultanea crisis política, económica y sanitaria.

¿Podremos vencerlos? Espero que sí. Pero en cualquier escenario que se presente no debemos olvidar quienes nos llevaron hasta aquí.

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