Acabo de ver la entrevista de CNN al Presidente Castillo. Fue peor de lo que me había imaginado. A sus limitaciones que no es del caso señalar, hubo que sumarle la mendacidad evidente de sus explicaciones.
Del Rincón con preguntas respetuosas pero incisivas y directas lo arrincono a tal punto de lograr mostrar en TV mundial el temor en los ojos de Castillo cuando a este el recurso del “hijo del pueblo” se le agoto para sus explicaciones.
No creo ser el único que sintió vergüenza ajena, porque finalmente es el presidente del Perú y querámoslo o no, nos representa. Si, aunque algunos ahora se pongan de perfil, Hildebrandt incluido.
Pero el problema no es Castillo. Castillo es insignificante en la Historia del Perú. Mañana elegiremos a otra versión de Castillo. Porque el problema somos nosotros, los electores.
Porque mientras en la cabeza de la mayoría de los peruanos predomine la narrativa política y cultural de la izquierda: sus creencias, su moral, sus explicaciones, y mientras la izquierda domine las instituciones e imponga sus valores y costumbres, vamos a repetir el plato.
Esta hegemonía se
refleja en la narrativa política que predomina en el establishment, en la
coincidencia entre la Republica y el Comercio. Ese Comercio que enjuicia periodistas
mientras editorializa sobe la libertad de expresión. Esa Republica que despide masivamente
mientras no se cansa de apoyar la rigidez laboral.
La caviarada hizo su tarea cuando apoyado por los medios de comunicación -ignorando todo el crecimiento económico y los millones de peruanos que salieron de la pobreza- convenció a un sector importante de los peruanos que el periodo del gobierno de Fujimori había sido nada más que uno dedicado al saqueo, al remate de nuestras supuestas riquezas, al abuso y la violación de derechos humanos y que este régimen “neoliberal” esta expresada en la C93 que perpetua un sistema que permite según ellos la injusticia, la corrupción y la desigualdad.
Este diagnóstico ya instalado y falso nos está costando el retorno de millones de peruanos a la pobreza con las raquíticas cifras de crecimiento económico que tenemos cada año y que no se avizoran mejorar.
Y aquí todos nos
mojamos.
Por un lado la izquierda que lenta y persistentemente está desmontando el exitoso modelo basado en la libertad. Esa izquierda que no deja pasar oportunidad de culpar a la C93 de todos nuestros males desde los miles de muertos por la pandemia hasta el derrame de petróleo en nuestras playas. Esta izquierda que se parece al que mete el palo en la llanta y luego le echa la culpa a la bicicleta. Esta izquierda que es rápida para victimizarse, rápida para rasgarse las vestiduras y rápida también para venderle consultorías al Estado.
Y por el otro lado la derecha mal llamada DBA ya que de bruta y achorada no tiene nada. Primero porque es inteligente, las reformas de los 90s y el éxito del modelo lo demuestran, pero que no es achorada (si lo fuera la democracia correría peligro) sino que es cobarde para defender sus convicciones y es culposa con su éxito.
Y aquí se muestra el éxito de la narrativa de la izquierda que ha logrado que la derecha sea incapaz de celebrar el éxito económico producto del ingenio y el esfuerzo y que siente un conflicto moral para celebrar y fomentar el lucro y la legitimidad del progreso individual.
Mientras no cambiemos la narrativa que tenemos instalada será IMPOSIBLE acercarnos o llegar al desarrollo y probablemente vamos a volver a ser otro país latinoamericano mediocre y con los problemas que creíamos ya superados.
Si amigos, porque el problema no es Castillo, el problema somos nosotros.
Igual que en
Chile se impuso en chile el discurso de
la desigualdad y de que el modelo no ha funcionado sí fundamentalmente diría
que caímos en lo que es la tóxica trampa del igualitarismo no es la obsesión
con quey pasarond e ser un país preocupado en el crecimiento económico a uno
que está preocupado en redistribución masiva de riqueza y en la expansión del
estado que no es nada más
que
incrementar el poder de la gente que
vive del
estado y controla el estado.
gracias a eso
producto de eso es que
y cuando
decimos izquierda llamamos a ese conglomerado formado por la izquierda caviar,
la izquierda MOVADEF y la izquierda maoísta que controla algunos gremios.