Apenas empezaba
a recorrer el mundo cuando una enfermedad la ataco, obligándola durante intermitentes
periodos de tiempo a hospitalizarse y dejando una secuela que la acompañaría
por siempre. En esos periodos de hospitalización mi madre la visitaba todos los
días y la familia completa todos los sábados y domingos.
Fue en esa etapa que paso hospitalizada una Navidad y ella aun recuerda perfectamente el ambiente del Hospital, así como el panetón y el chocolate de ese día.
Digresión. Tengo
la hipótesis que los niños que atraviesan un grave problema de salud
desarrollan una natural y personal filosofía estoica de vida.
Tenía 7 años aproximadamente cuando la Lola, mi abuela materna la llamo: "Negrita, ven para peinarte" mostrándole en su huesuda mano un negro peine. No era la primera vez que peinaría su entonces larga cabellera.
Ella la miro y
frunciendo el ceño le dijo: "Ven para peinarte, ven para peinarte. Porque
no dices ven para jalarte, ven para jalarte". La risa aprobatoria de mi
mama y la sonrisa de mi abuela no se hicieron esperar. "Tendré más
cuidado, ven" Nadie -ni ella misma- recuerda si la abuela después de ese
reclamo la peino con más cuidado, supongo que sí, pero ella mostraba ya la
insumisión que tiene su carácter.
Años más tarde en el Colegio sostenía ella una dura competencia por el primer lugar. Como sucede las alumnas -no todas- se inclinaban por una u otra.
Durante la clase de Historia Universal, la profesora Lewinsky abordó la II Guerra Mundial. Allí la profesora resalto el rol de Churchill como líder inglés y europeo en la derrota de Hitler. Alguien dijo "esa es Eliana".Poco tiempo después me entere de modo casual que le decían "Churchill" en el Colegio, aunque ella no se daba por enterada. Y allí quedo en mi memoria esta trivialidad escolar.
Años después
recién iniciada su carrera profesional, dio la primera noticia que sorprendió a
la familia.
"Tengo
algo que decirles. "
"Te
casas" interrumpió alguien bromeando.
"No
creo" alguien continuo la broma.
"Me voy a
Méjico por 15 días."
Luego de la
sorpresa inicial y las felicitaciones -con bromas incluidas como siempre-
añadió:
"Y un mes
después de regresar, me voy a Centroamérica"
"¿Como que
a Centroamérica?, ¿A qué país?" Odiamos la imprecisión en la noticia.
"A
todos" respondió. "Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras,
El Salvador y Guatemala".
Se hizo un gran
silencio.
La situación en
Centroamérica no era tranquila. Las escasas noticias que llegaban de esos
países en la era pre Internet solo hablaban sobre los enfrentamientos armados
de las guerrillas "Frente Sandinista" y "Farabundo Martí"
en Nicaragua y el Salvador respectivamente. Bueno allí se iba a meter mi
hermana a sus 20 y pico años.
"El viaje
durara un mes. Más o menos". Todos la mirábamos en silencio. Nadie se imaginó
hasta ese día que la Sociología incluiría meterse en lugares tan complicados
"No te
metas en tiroteos"
"Jajajaja.
Si voy a ir con mi rifle al hombro. Idiota"
Papa y mama
estaban orgullosos con la noticia, pero no pudieron ocultar su natural
aprensión.
Y así empezó su
carrera que la llevaría a recorrer medio mundo. "No tengo tiempo para la
otra mitad" supongo que diría.
En todos estos
años ha demostrado tener la agudeza de mi madre y la tenacidad y entereza de mi
padre, pero destaca sobre todo en estos últimos tiempos por el profundo cariño
a su familia, que en el caso de los sobrinos roza con la idolatría.
Solo eso puede
explicar que sea capaz de organizar y juntar a sus sobrinos, para luego cruzar el
Atlántico con la finalidad de verlos y cocinarles comida peruana.
Cuando empecé a juntar los bloques para la escritura de estas líneas vino lo de “Churchill” a mi memoria y me intrigo no saber quién le había puesto el sobrenombre.
No pude comunicarme con su mejor amiga del Colegio, así que en su lugar hablé con otra alumna del salón, una que circulaba en el "otro bando", denominación que usaba mi hermana para las chicas que rondaban alrededor de su entonces "rival".
"Fue
Eliana Díaz, creo." me dijo, cuando se lo pregunte por teléfono.
Eliana Díaz era
la mejor amiga de mi hermana en la época escolar.
"Ella era la única que le decía la Churchill" añadió.
Solo nuestros amigos pueden tomarse esta licencia sin que nos molestemos por ello.
"Pero nosotras nunca se lo decíamos de frente. Solo se mencionaba a sus
espaldas"
Por supuesto
pensé.
"Está
claro. Gracias por tu tiempo"
"Ok.
César."
Y añadió la
cereza de esta brevísima conversación: "César, no le vayas a decir que yo
te he dicho"
Sorprendido solo
atine a responder "Por supuesto. No te preocupes. Y gracias una vez
más".
Había escuchado -involuntariamente dicho tal vez- uno de los mejores elogios a mi hermana. Porque solo una fuerte personalidad e inteligencia deja una huella que perdura 50 años después.

