APUNTES DE UNAS CORTAS VACACIONES

Jorge es esposo de mi cuñada, y todos los años viaja a Sucre su ciudad natal a pasar las vacaciones. Sucre es un distrito de la provincia de Celendín en Cajamarca. Con una población actual de alrededor de 5,000 habitantes y situado a unos 2,600 mts de altitud es un tranquilo pueblo en la serranía peruana.

La patrona de la provincia de Celendín es la Santísima Virgen del Carmen y la festividad se celebra durante todo el mes de julio –este año desde el 2 julio hasta el 3 de agosto- con fiestas, serenatas, quema de castillos, fuegos artificiales, una procesión, un desfile escolar, una feria ganadera y por supuesto la corrida de toros que se realiza en 4 o 5 fechas. El 16 de julio al ser el día central se lanzaron 121 camaretazos desde las 5 de la mañana.

Ya varias veces Jorge nos había invitado a acompañarlos, pero por una u otra razón no había sucedido, hasta que a inicios del 2020 Coco su hijo –quien había nacido y pasado sus primeros años de vida allá- dijo “Estamos en enero, compren los pasajes para julio ahora que están baratos”. Resuelto el asunto.

Pero llego la pandemia y tuvimos que postergar el viaje para el 2021 y nuevamente para este 2022 cuando finalmente lo pudimos hacer.

El 29 de Julio llegamos a Cajamarca y luego de 2 horas y media de un viaje por tierra llegamos a Sucre. Nos encontramos con un lindo pueblo, ubicado al pie de una pequeña montaña con calles estrechas e inclinadas y sus techos a dos aguas. El hermoso cielo celeste y sus blanquísimas nubes serian la envidia para cualquier limeño. Su clima es soleado pero seco y frio.

Había casas antiguas hechas con esos enormes adobes de 50 cms, casas hibridas -a medio modernizar- donde se mezclaba la construcción de adobe y ladrillo y las modernas que habían sido completamente rehechas reemplazando el adobe por el ladrillo.

La casa de Jorge es hibrida, hay partes de adobe y partes de ladrillo y está en pleno trabajo de reemplazo. Allí llegamos a alojarnos los primeros días. La casa está a 10 metros de la plaza principal del pueblo –donde se ubican el local municipal y la iglesia- tiene un bonito jardín interior y un altillo que sirve de almacén, pieza que no es común en la costa. Y al fondo tiene un horno pintado de blanco que asemejaba a la mitad de un enorme huevo duro. Vamos a hacer pan, me informa la anfitriona.

Era temporada alta y por supuesto todos los alojamientos estaban llenos, tanto en Celendín como en la propia Cajamarca que estaba invadida por turistas nacionales y extranjeros, así como por promociones escolares al ser estas fechas las de sus vacaciones de medio año.

PRIMER APUNTE. EL CANDELITAS. 

Luego de un pequeño descanso –a media tarde- salimos los dos a dar una vuelta por el pueblo.  Lo primero que me llamo la atención fue que todos nos saludaban. Sean hombres, mujeres, niños o ancianos, a pie o en auto todos nos saludaban. "Buenas tardes". Al principio yo solo inclinaba la cabeza y murmuraba algo a través de la mascarilla, pero luego casi sin darme cuenta tome la iniciativa en dar el saludo y adopte esa bonita costumbre que inspira respeto y da pertenencia.

Lo segundo que me llamo la atención fue que Jorge se conocía con casi todos los lugareños. Con algunos se detenía a hablar, con otros simplemente se daba un abrazo al paso y con otros se limitaba al saludo protocolar.

Andábamos con mascarilla más por costumbre que por prevención, ya que las calles estaban solitarias. Algunas veces luego de saludar a un lugareño, este contestaba el saludo, pero se quedaba mirándonos con extrañeza. Si Jorge lo conocía nos deteníamos y lo mirábamos mientras el lugareño trataba de reconocer a las personas que lo saludaban. Pero hubo una ocasión en que esto fue singular.

Saludamos a un hombre que estaba saliendo de su casa y este luego de contestar el saludo, al ver que nos deteníamos, nos quedo mirando tratando de reconocernos. Luego de unos segundos Jorge le dijo: “¿Que pasa Fernando ya no me recuerdas?” como el llamado Fernando seguía sin poder reconocernos Jorge se sacó la mascarilla y se le acercó añadiendo “Te acuerdas de los partidos de futbol en la pampa”, allí recién el aludido sonrió abiertamente y respondió “Candelitas, hermanito, Jorgito como has estado. No te reconocí con la mascarilla” y tras abrazarse empezaron una pequeña charla preguntando por los viejos amigos, los que habían muerto por la pandemia u por otra razón, y las últimas noticias sobre los que habían sobrevivido.

Luego de prometer reunirse antes de regresar a Lima, nos despedimos.

Ya prosiguiendo la caminata le pregunte “¿Porque te llamo Candelitas?”

Me conto Jorge que desde pequeño siempre jugaba de arquero, [tal es así que años más tarde fue el arquero del equipo de futbol de la Facultad de Química de San Marcos] y en una ocasión estaba jugando con sus amigos del barrio, cuando ante un tiro al arco se lanzó para atrapar el balón, pero se encontró en el camino con el parante del arco y se dio un buen cabezazo que lo dejo “groggy”.

Cuando recuperó la conciencia se encontró rodeado por los jugadores de ambos equipos y por un par de vecinos adultos que acudieron a socorrerlo.

“¿Estas bien?”

“Si. Si, ya estoy bien”. 

Estuvo inconsciente unos momentos y se había ganado un buen chinchón en la cabeza.

“Toma un poco de agua”

 “¿Que viste?” Le pregunto alguien.

Espontáneamente Jorge respondió “Candelita, vi candelitas”

Ante esta inesperada respuesta todos los que lo rodeaban rompieron en carcajadas, mientras algunos sin dejar de reír repetían “Candelitas, vio candelitas”

“Desde ese día me quedo como sobrenombre “Candelitas”. La verdad es que me había olvidado de esa chapa.”

Y seguimos caminando, pero él se quedó en silencio un buen rato, Me imagino la cantidad de recuerdos de su infancia que este encuentro revivió en el.

Por mi parte guarde silencio, hasta que dijo: “Regresemos”. No hubo más dialogo, la tarde languidecía, las luces amarillas y débiles del alumbrado publico se habían encendido, el frio se acentuaba y ya aparecían las estrellas en el cielo azul oscuro de Sucre.

SEGUNDO APUNTE: LECHE FRESCA.

Durante la cena del primer día se mencionó “No hay leche para mañana. Hay que comprar”. Inmediatamente me ofrecí a hacerlo. Siempre he creído que para “conocer” un lugar una buena manera es participar en su quehacer diario. Me advirtieron “tienes que ir antes de las 7 de la mañana” . Citadino y costeño pregunte “¿Dónde queda la panadería?”. La sonrisa acompaño a la respuesta. “No hay panadería. La leche la compras en la municipalidad.”

Me entere que muchos hacen su pan o compran pan para una semana, el cual se calienta en sartén y recupera casi su textura original. El pan se hace sin preservantes, y unido al clima seco, y las bajas temperaturas (cerca de 0° en la noche) ayudan a este proceso de conservación.

Al día siguiente a las 6:30 de la mañana, con un sol recién asomándose, salgo de la casa y voy hacia la Municipalidad que está al frente de la casa. Solo había dos personas en la Plaza. Una anciana sentada en una banca del perímetro y un señor sentado en una silla fuera del restaurante. Me percate que había una fila de envases de todo tipo en un muro al costado de la Municipalidad. Así que me dirigí hacia allá y dejé mi jarra al final de la fila. Luego me acerqué a la anciana la salude y me senté a a corta distancia de ella a esperar . Unos minutos después le pregunte si la venta de leche demoraría mucho. Sin mirarme me contesto: “Ya están en camino”.

Quince minutos después apareció en medio de la calle situada a uno de los lados de la plaza, un burro cargado con tres porongos, uno a cada lado y uno en la montura. Detrás suyo con una soga trenzada que hacía de látigo caminaba el lechero. De repente comenzó a aparecer la gente y se colocaban en la posición que tenía su envase. Hice lo mismo y mientras avanzaba la cola la gente conversaba animadamente. Escuchando las conversaciones me di cuenta que la cantidad de leche a vender por persona o familia dependía de la producción diaria y era normalmente de un litro y que podía ser hasta 2 si había la producción suficiente en el día. El principio era que alcanzara para todos. Puse mi jarra y dije 2 litros. Me despacharon y avance hacia la caja. La caja era el lechero, quien sencillo en mano cobraba. Tenía yo en el bolsillo 20 soles y pregunte cuanto es “2 soles” me contesto sin mirarme. Un sol por litro de leche fresca, recién ordeñada.! 

Las monedas del vuelto casi rompían mi bolsillo, pero me fui contento, sin saber bien por qué. Tal vez porque hace muchos años no tomaba leche más fresca que la que tenía en la jarra.

TERCER APUNTE: CORRIDA DE TOROS…

[Continuara…]

 

  

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