EL GAVILAN

Él era su tío a pesar de ser 16 años menor que ella. Había nacido y vivido en el distrito de Chiquian, “espejito del Cielo”, provincia de Bolognesi, departamento de Ancash hasta los 18 años en que vino a Lima para estudiar y ser profesor. Hablaba perfectamente el quechua de su ciudad natal, pero le era imposible entender el quechua de los pueblos cercanos y ampliaba contando que viajando había comprobado que hablar del quechua es referirse a una lengua con múltiples versiones, siendo el del Cuzco el mas estructurado. 

Desde adolescente había trabajado y en sus vacaciones como profesor y a veces simultáneamente trabajaba como carpintero. Doy fe de la calidad de su trabajo.

Estaban sentados luego de almorzar haciendo sobremesa, luego de confesar que no sabía porque le pusieron Jhonny como nombre a el un oriundo de la sierra de Ancash cuando el tío abuelo Abelardo fue mencionado.

“¿Al tío Abelardo era al que le decían el gavilán?”

“Si. Todos lo conocían por ese apodo”

“Pero, ¿porque le decían el gavilán?”

“Es toda una historia. Lo que pasaba era que en los años que el tío Abelardo era chiquillo, tenia 15 o 16 años, los chiquianos generalmente criaban vacas y carneros y con ello producían leche, mantequilla y sobre todo queso como negocio, adicionalmente casi todos para su consumo criaban en el patio trasero de la casa gallos y gallinas.

Los chiquillos tenían la costumbre de robar gallinas a los vecinos por diversión. Se retaban entre ellos a ver quién robaba una gallina de la manera más audaz posible. No era fácil porque aparte de entrar y salir del gallinero sin ser detectado había que secuestrar a la víctima sin desatar el ruidoso pánico de ella y sus compañeras. Como premio se comían entre todos el botín. Los adultos lo sabían y lo toleraban.

El tío Abelardo era conocido como el más mataperro de su generación y más de una vez se había metido en líos. Resulta que el alcalde del pueblo que ya no tenía hijos pequeños, un día mando llamar al tío Abelardo y le dio la “orden” de traerle una gallina para las 5 de la tarde porque quería invitar un plato en una reunión política que iba a realizarse en su casa. El tío Abelardo se negó en principio, pero el alcalde le dijo “Abelardo, te he salvado de buenas, así que no me discutas. Y no me digas nada de cómo lo vas a hacer, solo trae la gallina aquí a las 5 de la tarde.”

Al tío Abelardo no le quedo más que obedecer. Refunfuñando se fue. A las 5 de la tarde en punto tocaron la puerta del Alcalde. Era el tío Abelardo que traía una gallina ya “beneficiada” es decir: muerta y pelada y se la entregó a la empleada de la casa, mientras le decía: “Dígale al Alcalde que ya cumplí. Y que es la última vez”

Un rato después llego el Alcalde a su casa donde recibió el mensaje. ”Jajaja. Ese mocoso es bien atrevido” comento. Más tarde tuvo su reunión para anunciar que iba por la reelección y todo quedo organizado como lo había previsto. Seria      candidato único.

Esa noche durmió satisfecho de su labor política. Al día siguiente muy temprano escucho a su esposa gritar “Nos han robado, nos han robado.”

“¿Que pasa mujer porque gritas?”

“Nos han robado” dijo agitadamente.

“¿Qué nos han robado?”

“La ponedora. Fui a recoger los huevos de la mañana y no estaba. Ya la busqué y no esta”

El alcalde sumo dos más dos.

“Búscala, de repente esta por allí.” Le dijo a su esposa cortando el dialogo. Sabía que era absurdo lo que estaba pidiendo, pero fue lo único que se le ocurrió decir.

Termino de vestirse a toda prisa y mando llamar al tío Abelardo

Cuando este llego, lo hicieron pasar inmediatamente a la oficina del Alcalde.

Sin esperar nada. El Alcalde le soltó la pregunta: “¿De donde sacaste la gallina que robaste ayer?”

Si lo admitía estaba frito. “Yo no he robado nada a nadie. Además, usted mismo me dijo que no quería saber nada. Yo no sé nada”

Furioso, lo amenazo: “Si te atreves a entrar a mi gallinero otra vez te lleno el culo de perdigones. Lárgate”

El tío Abelardo gano fama entre sus amigos como un buen ladrón de gallinas y el vanidoso afirmaba “Ya le hice comer su gallina ponedora. Le vuelvo a robar y ni cuenta se va a dar. Pueden apostar”.

Dos meses después el Alcalde fue relecto. Y para celebrar el resultado hizo una “improvisada” fiesta en su casa, que se llenó de invitados que la desbordaban ocupando buena parte de la cuadra. Parecía que todo el pueblo estaba allí felicitando al reelecto Alcalde. Era invierno y casi todos usaban poncho. 

El tío Abelardo acompañando a su madre fueron a saludar al reelecto Alcalde. Este acepto las felicitaciones, pero lo quedo mirando como diciéndole que no habia olvidado. Y apenas estuvo solo se acercó donde Abelardo y le dijo:” Te dije que no quería verte por aquí”, “He venido solo por acompañar a mi madre. La noche esta oscura y no quiero que se caiga, ya no ve bien. Cuando ella termine de hablar con su amiga, le diré para irnos” 

Se separó de su madre cuando ella se acercó a él, con el argumento de ir al baño y luego de unos minutos regreso. Estuvieron unos momentos más saludando y se retiraron.

Dejo a su madre en la casa y se reunió con sus amigos que estaban cerca de la casa del Alcalde mirando la fiesta.

“Hace frio. ¿Nos comemos una gallinita?”

“Pero, ¿de dónde la sacamos?”

Se levantó el poncho y mostro la gallina que acaba de robar de la casa del Alcalde.

Hubo una explosión de oh y risas.

“Como la sacaste?"  “La gallina hace un tremendo escandalo apenas la agarras”

“Les voy a contar mi secreto: El truco para que no grite es meter la cabeza de la gallina debajo de su ala. La gallina inmediatamente se calla. Así la saque bajo mi poncho”. Mas risas y asombro por esa táctica. Nadie ha probado ese truco para saber que funciona.

Ese día le pusieron el apodo de gavilán con el que sería conocido toda su vida.

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