Mi tía Yola era tímida, formal y muy dulce con todos. Mi madre no era tímida, era formal solo cuando se requería y era dulce con los que quería y acida con los que no le caian bien (y te lo hacía saber sin reparos).
Cuando se juntaban sus conversaciones eran murmullos salpicadas de explosiones de risas. Mi mamá se llevaba mejor con ella que con cualquiera de sus 7 hermanas. Y la verdad nosotros también.
La tía Yola fue testigo del romance de mis viejos desde sus inicios y se alegró cuando mi mamá le dijo que dejaba el trabajo porque se casaba.
Al poco la tía Yola le conto a mi mamá que se había enamorado de un empleado bancario, bajo (le llegaba al hombro) risueño, usaba lentes y tenía bigotes, muy callado y educado y se llamaba Humberto. En esos tiempos ser empleado bancario redituaba status social.
Durante el romance y despues mi mamá le recordaba con bromas a mi tío Humberto que tenía mucha suerte que su amiga lo hubiese mirado y que debía agradecer a Dios que ella no estuvo cerca cuando enamoraba a la incauta Yola porque lo hubiera desalojado sin más.
Al poco tiempo se casaron y tuvieron su primer hijo –Carlos- y nuestras familias se visitaban dos o tres veces al año generalmente un domingo completo para pasar el día juntos.
A nosotros nos gustaba ir a su casa por dos razones: primero porque mi tía ademas de saber cocinar muy bien tenía como hobby la preparación de dulces y siempre que íbamos, nos encontrabamos que la mesa del comedor estaba llena de camotillos, machacados de membrillo, mermeladas de fresa, tomate, zanahoria, manzana, piña, queques, crema volteada, leche asada, gelatinas de limón, naranja, fresa, mazamorra morada, además de caramelos, chocolates y galletas. Era una autentica mesa de cumpleaños. Y como decía mi tía era “para que prueben los chicos”.

Por otra parte, mi papá ya nos tenía advertidos acerca de la velocidad de consumo, del volumen (coger los dulces a manos llenas) y nada de llenarse los bolsillos.
Y la segunda razón era porque mi tío le compraba a su hijo mayor Carlos todas las revistas (comics) que salían en los quioscos de periódicos del centro de Lima. Por lo que llegando a su casa y conociendo nuestra debilidad, después de saludar, el tío Humberto iba al dormitorio de Carlos y salía con una pila de medio metro de revistas y la ponía en el centro de la sala alfombrado, diciendo "Mientras esperamos el almuerzo".
En la pila había: Superman, Batman, Linterna Verde. Aquaman, Flash, Archie, El Llanero Solitario, Hopalong Cassidy, Red Rider, Tarzan, Los 4 fantásticos, etc. Era un festín para nosotros.

Previamente al almuerzo los esposos jugaban sapo en el patio del fondo de la casa, mientras las esposas conversaban en la cocina donde la tía mostraba su habilidad y mi mamá la acompañaba, mientras que los hijos estábamos desperdigados en el suelo y sobre los muebles de la sala leyendo.
Mi mamá al verlo siempre lo saludaba preguntándole: “¿Qué? ¿tú todavía sigues por acá?” Mi tío se reía mucho y nunca contestaba las pullas que le hacia mi mamá.
La última broma que le hizo ella fue cuando estaba internada en la Clínica Stella Maris, en el segundo piso en una habitación doble pero que solo ella la ocupaba. Habían retirado la otra cama y el biombo de separación. Su estado ya era complicado.
Era domingo en la tarde. Había poca cantidad de visitas. Mi tía Yola llego y saludo a mi mamá y un momento después entro mi tío Humberto.
Mi Mamá lo vio y le dijo a mi tía “¿Que hace el acá?”
“Ha venido a verte. Ana”
“No creo. Ha venido a cuidarte para que no lo dejes.”
Y a continuación le dijo: “¿Puedes pararte en esa esquina? Tengo que hablar a solas con mi amiga un minuto” le dijo señalando la esquina más alejada de la habitación.
Mi tío sin dejar de sonreír, se dirigió a la esquina señalada y se paró allí con las manos cruzadas.
Todos sonreiamos con la broma al ver que el tío obedecía la orden, pero mi mamá que aparentemente no esperaba esa respuesta solo dijo en voz baja “Este …. (censurado)…..” y dirigiéndose a mi tía le dijo “La próxima vez le digo que se tire por la ventana. Asunto resuelto. Te quedas joven, viuda y con plata. Serás irresistible”.
Mi tía Yola se reía, cerrando aún más sus ojos chinitos, Ella venía a darle animo a su vieja amiga en un trance difícil y ella era la que se reía.
Mi mamá llamo a mi tío Humberto diciéndole con una sonrisa “Ya que estas aquí ven a saludarme, con esos tirantes ya pareces un jubilado”.
Nadie pensó que sería la última vez que se verían.
Seis años después, mis dos tíos fueron a mi matrimonio. En un momento dado mi tía me agarró las dos manos y me deseo muchas felicidades, por supuesto se lo agradecí.
Luego me abrazo fuertemente y me dijo “Hubiera sido lindo que tu mamá estuviera aquí. ”.
Me conmovió. Solo pude decirle “Ella te queria mucho tía"
Y añadio: "Ya te imaginas como hubiera sido. Extraño sus bromas". Mi tio a su lado en silencio, asintio.
Solo pude decirle "Yo también tía”
