En junio empezaron las tutorías de matemáticas y fue el inicio de todo. Contrariamente a lo que se podría esperar, los alumnos y alumnas que más asistían eran los que menos las necesitaban.
Fue en la segunda semana que se presentó Zarina junto con dos amigas. Me impacto verla con aspecto casero: un holgado buzo plomo, zapatillas blanquísimas y sencillas, su cabello rizado suelto. Era más bonita que con uniforme (no me sorprendió que más adelante fuera elegida y coronada Reina de la Primavera del Colegio) Me gusto su inteligencia, su sencillez, su enorme sonrisa, el que se sonrojara fácilmente y un detalle femenino que me gusta, pero nunca suelo mencionar, no se pintaba las uñas.
Allí me enteré que era el primer puesto del Colegio desde que estaba en primero de secundaria y que quería ser enfermera.
Yo había salido de una relación toxica y si bien no buscaba una nueva relación hete aquí nuevamente acercándome al borde del abismo.
Unos días después escuchando una conversación ajena supe que todos los domingos ella salía a las 9 de la mañana junto con dos amigas para ir a misa.
El siguiente domingo un poco después de las 9 de la mañana me cruce con ellas y cordialmente las salude. En verdad ya había caminado tres veces esa misma cuadra esperándolas. Me llamo la atención que usara la falda debajo de la rodilla y un impermeable color caqui, prenda poco usada en Lima con sus tísicas garuas y más apropiada para las lluvias de la sierra.
Luego de algunas sesiones ya esperaba la oportunidad de verla. En las sesiones ella mantenía una expresión seria y tranquila, aunque siempre evitaba mirarme, mientras, por otro lado, me parecía ver una actitud algo cómplice en su mejor amiga, la Balvin.
Un tiempo después, cuando ya reconocía en mi fuero intimo que estaba enamorado, sucede que no se presentó a una sesión y cuando estaba a punto de preguntar por ella, su amiga se adelantó “Zarina no ha venido porque sus papas han llegado a Lima y salieron a hacer compras.” Y mirándome fijamente añadió “Me dijo que la disculpara y que siente mucho faltar”. Esa mirada expresó más que las palabras. Sosteniéndole la mirada contesté: “Ok. Entiendo. No hay problema”. Balvin hizo un pequeñísimo gesto de satisfacción. Fue suficiente. La atracción que yo sentía parecía ser correspondida. Las demás alumnas eran ajenas al asunto. Salí casi eufórico de la clase, aunque luego me dije que de repente me estaba pintando pajaritos solo.
SETIEMBRE.
“¿Puede acompañar a la promoción del Colegio que va al Cuzco en Octubre?” Me encantó la oferta en forma de pregunta, pero contuve mi entusiasmo manteniendo mi cara de palo y antes que pudiera decir algo la Directora añadió casi justificando la pregunta: “Es usted tutor del grupo y los chicos están contentos. Además, los padres de familia están de acuerdo.”
Era claro que esto no era una pregunta, pero me quede sorprendido:
<< ¿Los chicos están contentos?>>
<< ¿Los padres están de acuerdo?>>
<< ¿Ella cómo lo sabe?>>
La Directora seguía hablando como si leyera el plan de una operación militar “Ira junto con la Coordinadora y con María. Parten dentro de dos lunes en el primer vuelo y regresan el domingo siguiente en el último vuelo de la mañana”
<< Sólo falta que me diga el número de asiento>>
Vale aclarar quién era María. María era una aspirante a monja, de vestimenta disuasiva, rostro dulce, facciones suaves, incipiente bozo, pelo castaño y ojos color caramelo de mirada fija y caminar rápido, que con todos sus gestos demostraba estar firmemente dispuesta a casarse con Cristo. Le servía de asistente personal a la Directora.
” Bien. Coordinare entonces con la Sra. Elena”. Conteste sobriamente, pero mi mente estaba en otra cosa, en realidad quería salir de su oficina dando brincos de alegría.
“Si, espérela en su Oficina.” La anciana era muy ejecutiva, esta era la segunda vez que hablaba con ella.
Espere allí unos cinco minutos y llego la Coordinadora. Nuestras comunicaciones hasta esa altura del año habían sido escasas y formales. Pero en esta ocasión ella me hablo como si fuéramos viejos amigos. Me entere que era ex alumna y había sido Brigadier General del Colegio y que ahora como profesora de Lengua y Literatura paso a ser asesora de la Directora.
Era la cuarta vez que iba al Cuzco con una promoción. Me dijo que iban en octubre por el verano cuzqueño ya que los climas más cálidos se daban entre setiembre y noviembre por eso ellos viajaban en octubre. El mejor mes para visitar el Cuzco según ella.
Me explico que ella conversaba en el Colegio con algunos chicos y que la opinión de todos es que yo era un buen tutor y que incluso algunos chicos de otros grados me pedían como tutor para el próximo año. Eso me halago, aunque me sonó un tanto exagerado en realidad solo los había tratado con respeto, siendo cordial, pero manteniendo la distancia debida. No jugaba a ser amigo de ellos.
Pero me sorprendió al decirme que le gusto como había manejado el lio entre Pocomucha y Ramos (¡se había el mismo día del suceso!), pero que la preocupación central de ella y la Dirección estaba en los amoríos de los alumnos y alumnas. Lo hacían con fines preventivos ya que no querían que se repitiera una “mala” experiencia sucedida años atrás.
Lo que me llamo la atención fue el “sistema de información” que ella tenía entre los alumnos. Recogía o llegaba información de algunos de ellos (¡y de ellas!) que luego pasaba a la Dirección.
Era astuta, ya que al decirme lo de Pocomucha y Ramos queria mostrar su poder, ganar mi confianza y de repente mi colaboración en su red de informantes. Yo la escuche en silencio.
Me informo que había dos parejas en 5to que había que observar y añadió que hacia una semana aprovechando la kermesse del Colegio, Cóndor se había declarado a Zarina y que ella lo había rechazado con el conocido y lapidario argumento “Yo te quiero como un amigo”. Por ello ahora solo tenía una pareja de alumnos en su agenda de observación.
¡Sabia hasta el argumento de rechazo!
¿Cómo supo tal detalle? Esto si me preocupo, tenía que tener cuidado con ella, podía ser peligrosa, pero también supe que el camino estaba despejado y que de repente podría tener una oportunidad.
Me estaban enviando al Cuzco con 26 adolescentes, donde uno de sus líderes seguramente buscaría una nueva oportunidad, sin saber que tenía la competencia al lado y con dos personas de la máxima confianza de la Directora. Tenía que estar alerta y tener mucho cuidado.
Me explico que el calendario para los alumnos en el Cuzco estaba listo, lleno de actividades turísticas empezando a las 7 u 8 de la mañana hasta aproximadamente las 6 de la tarde, para luego retornar al hotel y cenar a las 7. Después se les daba salida libre hasta una determinada hora.
La regla de salida libre era que, si todos llegaban a la hora establecida o antes, al siguiente día se añadía media hora a la hora de retorno. Si alguno llegaba tarde, al día siguiente se mantenía la hora de retorno anterior. Se iba a “supervisar” el consumo de alcohol y cigarros, esto obviamente era declarativo. Las horas de llegada al hotel estaban establecidas inicialmente así lunes 10:00, martes 10:30, miércoles 11:00, jueves 11:30, viernes 12:00 y sábado 12:30.
Los proveedores de servicios (hotel, alimentación y transporte) en el Cuzco ya estaban avisados y nos esperaban el lunes en el aeropuerto. Ella manejaría la caja. Eso fue todo.
Llego el día y partimos. Había mucha ilusión.
Durante el vuelo, la aerolínea rifo una cena para dos personas en el restaurante de un Hotel cinco estrellas y la Balvin se ganó el premio. Gran alboroto. Con 29 asientos ocupados era casi imposible que alguien de la delegación no ganara el premio.
Un rato después de llegar a la ciudad, la Sra. Elena me mandó llamar al lobby del hotel y allí, sonriendo me dice: “Balvin pregunta si puedes acompañarla a la cena. No quiere ir con ninguno de sus compañeros. La cena es a partir de las 8.”
Le sonrío también. “No me halaga que me inviten por descarte, pero la acompañare con todo gusto”.
Ella se ríe. Fue la primera vez que la escuché reírse.
“Tengo un saco, necesitare una camisa blanca. Sera suficiente, creo”. Salí a comprarla.
Esa noche Balvin se veía muy bien. Estaba sobria y elegante. Todos habíamos traído ropa de combate, nada formal. Hice una pequeña broma diciéndole que era la primera vez que una chica me invitaba a cenar y además gratis porque no gastaría ni en taxi y eso sirvió para ganar un poco de confianza. Sabia también que causar una buena impresión en ella me acercaría a su amiga.
Ya en el restaurante y mientras esperábamos la cena, hablamos de sus planes al salir del Colegio –quería estudiar Biología-, de su familia y yo un poco de mi vida.
Casi al final de la cena, le pregunté directamente -como si no supiera la respuesta- si Cóndor era enamorado de Zarina. Balvin dijo que no y que en la kermesse del Colegio se le había declarado ya por segunda vez obteniendo la misma respuesta.
“Porque lo rechazo si parece un buen chico.” Le dije solo para extraer detalles. “No, no. Él toma demasiado y en su casa también todos toman. Los mormones no tomamos” fue la respuesta.
Esta oración final me sorprendió. Si fuera ajedrez diría que no esperaba ese movimiento. Con cuidado, pregunte: “¿Zarina y tu son mormonas?”
“Si. Nuestras familias son mormonas”.
“Ok. No lo sabía” Aun no tenía idea del impacto de esa respuesta.
Muchos años antes solo había visto una vez un mormón, era el esposo de una ex de mi papa con cuya familia mi viejo mantuvo buenas relaciones muchos años lego y a pesar del rompimiento. En una reunión de esa familia fue que vi un sujeto muy formal que durante todo el tempo permaneció en una esquina rodeado de su familia, como posando para una foto, mientras el resto de asistentes bromeaba, bailaba, reía y tomaba. Cuando más tarde, le pregunte a mi mamá porque ese señor y su familia actuaba tan extraño solo me dijo “Es que él es mormón”. Con esa respuesta ahora sabia menos que antes, pero ahí quedo ese término.
En la mesa del restaurante, el tono de la conversación se hizo fluido y cordial, aunque ella nunca dejo de decirme “profe” y eso me sonaba raro. Por un instante estuve tentado de bromear diciéndole en falso tono de regaño algo como “alumna Balvin, así no se coge el cuchillo del pan” pero me pareció mejor no hacerlo.
Casi al final de la cena le pregunte de modo directo pero suave y fingiendo naturalidad “¿Crees que Zarina aceptaría que nos veamos mañana luego de la cena para tomar un café y conversar? “
Ella no se sorprendió mucho como si esperara esa pregunta, y un tanto dudosa respondió “Si. No. No sé. Creo que sí. Le puedo preguntar. “
Le conteste con un breve “Gracias”
“Pero ella no toma café”, aclaro.
Casi le digo que si ella quería podíamos tomar agua de caño, anís, mate de coca, manzanilla, yerbaluisa, emoliente, cola de caballo o cualquier otra yerba silvestre. Pero me limite a un “De acuerdo”
No le preste mucha atención al hecho que ella no tomara café, pero si capture la frase “Creo que si” porque era una buena señal.
Muchas veces, uno escucha solo lo que coincide con sus ideas, deseos o lo que espera escuchar.
Al día siguiente durante el desayuno, mire hacia su mesa y ver la mirada de Zarina, junto con el leve movimiento de cabeza de su amiga aceptando la cita provocó que casi me atorara con el jugo de naranja. Pude controlarlo, pero las vi sonriendo a la distancia. Que me vieran botando jugo de naranja por las narices no iba a dar una imagen muy elegante. Pero estaba realmente emocionado.
ESTA HISTORIA CONTINUARA ....
Le sonrío también. “No me halaga que me inviten por descarte, pero la acompañare con todo gusto”.
Ella se ríe. Fue la primera vez que la escuché reírse.
“Tengo un saco, necesitare una camisa blanca. Sera suficiente, creo”. Salí a comprarla.
Esa noche Balvin se veía muy bien. Estaba sobria y elegante. Todos habíamos traído ropa de combate, nada formal. Hice una pequeña broma diciéndole que era la primera vez que una chica me invitaba a cenar y además gratis porque no gastaría ni en taxi y eso sirvió para ganar un poco de confianza. Sabia también que causar una buena impresión en ella me acercaría a su amiga.
Ya en el restaurante y mientras esperábamos la cena, hablamos de sus planes al salir del Colegio –quería estudiar Biología-, de su familia y yo un poco de mi vida.
Casi al final de la cena, le pregunté directamente -como si no supiera la respuesta- si Cóndor era enamorado de Zarina. Balvin dijo que no y que en la kermesse del Colegio se le había declarado ya por segunda vez obteniendo la misma respuesta.
“Porque lo rechazo si parece un buen chico.” Le dije solo para extraer detalles. “No, no. Él toma demasiado y en su casa también todos toman. Los mormones no tomamos” fue la respuesta.
Esta oración final me sorprendió. Si fuera ajedrez diría que no esperaba ese movimiento. Con cuidado, pregunte: “¿Zarina y tu son mormonas?”
“Si. Nuestras familias son mormonas”.
“Ok. No lo sabía” Aun no tenía idea del impacto de esa respuesta.
Muchos años antes solo había visto una vez un mormón, era el esposo de una ex de mi papa con cuya familia mi viejo mantuvo buenas relaciones muchos años lego y a pesar del rompimiento. En una reunión de esa familia fue que vi un sujeto muy formal que durante todo el tempo permaneció en una esquina rodeado de su familia, como posando para una foto, mientras el resto de asistentes bromeaba, bailaba, reía y tomaba. Cuando más tarde, le pregunte a mi mamá porque ese señor y su familia actuaba tan extraño solo me dijo “Es que él es mormón”. Con esa respuesta ahora sabia menos que antes, pero ahí quedo ese término.
En la mesa del restaurante, el tono de la conversación se hizo fluido y cordial, aunque ella nunca dejo de decirme “profe” y eso me sonaba raro. Por un instante estuve tentado de bromear diciéndole en falso tono de regaño algo como “alumna Balvin, así no se coge el cuchillo del pan” pero me pareció mejor no hacerlo.
Casi al final de la cena le pregunte de modo directo pero suave y fingiendo naturalidad “¿Crees que Zarina aceptaría que nos veamos mañana luego de la cena para tomar un café y conversar? “
Ella no se sorprendió mucho como si esperara esa pregunta, y un tanto dudosa respondió “Si. No. No sé. Creo que sí. Le puedo preguntar. “
Le conteste con un breve “Gracias”
“Pero ella no toma café”, aclaro.
Casi le digo que si ella quería podíamos tomar agua de caño, anís, mate de coca, manzanilla, yerbaluisa, emoliente, cola de caballo o cualquier otra yerba silvestre. Pero me limite a un “De acuerdo”
No le preste mucha atención al hecho que ella no tomara café, pero si capture la frase “Creo que si” porque era una buena señal.
Muchas veces, uno escucha solo lo que coincide con sus ideas, deseos o lo que espera escuchar.
Al día siguiente durante el desayuno, mire hacia su mesa y ver la mirada de Zarina, junto con el leve movimiento de cabeza de su amiga aceptando la cita provocó que casi me atorara con el jugo de naranja. Pude controlarlo, pero las vi sonriendo a la distancia. Que me vieran botando jugo de naranja por las narices no iba a dar una imagen muy elegante. Pero estaba realmente emocionado.
ESTA HISTORIA CONTINUARA ....
