Es temprano en la mañana estoy viendo el resumen del noticiero internacional: Estados Unidos, Méjico, Venezuela, Colombia, Nicaragua concentran mi atención, al fondo suena la ducha.
De repente escucho que me dan indicaciones. Así es yo no
converso, recibo indicaciones. Casi con bullets. No entiendo nada.
De mala gana, quito el sonido y pregunto: “¿QUE?”
Ahora escucho mejor, pero no entiendo con claridad. Primero
porque es claro que está hablando de espaldas. Segundo porque me parece que
habla sobre varios temas. Tercero porque las imágenes me distraen.
Resignado, pongo nuevamente el sonido y espero que salga de
la ducha.
Cuando esta visible, quito el sonido y le pregunto “Puedes
repetir, no te entendí bien”.
Con cara de fastidio y cierta resignación casi deletrea las indicaciones.
Son tres.
Luego se queda mirándome. Ya sé lo que quiere. Resumo: “Las medicinas,
la ropa del tendedero y la ensalada para el almuerzo”
Me hace un gesto de aprobación. Estrellita en la frente.
Mirándola fijamente le pregunto “¿Porque no esperas a salir
de la ducha para decirme?”
Se ríe. “Porque me acorde en ese momento”.
Aunque lo sé, confirmo una vez más que el “cableado” del
cerebro de las mujeres es distinto.
Porque cuando estas casado, más te vale incluir en tu caja
de herramientas este hecho científicamente comprobado y pasarlo así de ser fuente
de conflicto a momento de risas compartidas.