[ANECDOTA]
Se llamaba José Francisco Gutiérrez Yacolca y era
profesor de Geografía del Perú.
Llegaba a clases con paso vigoroso y firme. Era un cholo
magnifico, alto, con una orgullosa barriga, de cabeza grande y nariz aguileña.
Usaba terno, camisa blanca (siempre) y corbata.
Si, eran los tiempos cuando los profesores usaban terno y
corbata todos los días.
Al llegar él al salón, este debía estar limpio, las carpetas
perfectamente alineadas, las ventanas abiertas, el piso sin pápeles y nosotros
con la camisa dentro del pantalón, la corbata derecha, cubriendo el primer botón
de la camisa caqui y la cara limpia, de pie y en silencio. La puerta del salón permanecía
abierta, “para que circule el aire”
Si alguno de estos requisitos no se cumplía, se tomaba el
tiempo necesario para ello y nadie se sentaba hasta que él luego de pasearse hasta
el fondo del salón lo aprobaba y saludaba con un fuerte y claro Buenos días,
tomen asiento.
Tenía una hermosa letra Palmer que resaltaba porque la escribía
grande. Usaba extensivamente cuadros sinópticos y con elegancia las tizas de
colores. Y todas las líneas las trazaba con regla.
Era apasionado descartando de plano las tres regiones
naturales y firme defensor de la tesis, novedosa en esos años, de la existencia
de ocho regiones: Chala, Yunga, Quechua, Suni, Puna,
Janca , Rupa Rupa y Omagua. Hasta ahora recuerdo como pronunciaba Janca, pegando
la lengua al paladar, y nos exigía que lo pronunciáramos correctamente.
Nos
explicaba a nosotros, ignorantes citadinos, porque se debía sembrar habas después
de haber sembrado papas.
Describía con tanto detalle y pasión cada una de
las regiones que casi veíamos los valles de la costa y los nevados de la sierra
y cuando explicaba el mapa orográfico del Perú casi podíamos escuchar el
discurrir de los ríos al lado del salón. Poseía el don de crear lo que después llamaron
realidad virtual.
Era
temperamental y cuando uno hacia o contestaba majaderías se sonrojaba mientras
soltaba su mayor regaño “Ay pedazo de cojudito” que dicho por él se sentía como
un salivazo.
En
una ocasión iba a tomar un examen. Llego al salón, ejecuto su rutina del orden y
nos sentamos. Había un silencio inusual (nadie quería dar la prueba ¡) y él se percató
de eso. Yo me sentaba adelante y vi que se puso alerta.
En
ese momento alguien tuvo la brillante idea de reventar una bombita apestosa (el
famoso ácido sulfhídrico, que en simple olía a huevos podridos).
Lo
que sucedió a continuación fue una escena de los hermanos Wachowski.
En
simultaneo: sonó la bombita, los alumnos más cercanos comenzaron a alejarse del
lugar de la pestilencia, el se paraba lentamente, y trasuntando furia contenida,
con voz cortante ordeno “Quietos ¡”
¡Pero
era imposible estar quietos!
Estábamos
atrapados entre la pestilencia y su mirada de águila.
Lentamente
termino de pararse, recogió sus cosas y sin quitarnos la mirada salió del salón.
Y cerró la puerta
¡Cerro
la puerta ¡
Se
desato el caos. Fue un rompan filas hacia las ventanas del salón a tomar aire
fresco mientras maldecíamos al de la brillante idea.
Minutos
después, cuando paso el alboroto, abrió la puerta, espero un par de minutos,
volvió a su escritorio y ordeno “Bien. Ordenen sus carpetas. Guarden sus cuadernos.
La prueba va a comenzar”
Fue
brillante.
Había
demostrado que éramos unos cojuditos.
POSTDATA.
No sé de quien fue la brillante idea de eliminar el curso de Geografía del Perú.
Ese curso, que te hacia conocer y querer tu país. Supongo que alguien que sabe
mucho. Imaginen enseñar este curso con los recursos actuales.

