Tuve un gran sobresalto cuando en una
charla feminista escuché la propuesta de exigir que todos los Colegios
estatales sean mixtos. Será porque venía yo de un Colegio Nacional para hombres
(Grandes Unidades Escolares se llamaban entonces). Si, era la prehistoria,
cuando la educación pública era superior a la privada o por lo menos competía
con ella.
Éramos
bastantes en la GUE Mariano Melgar. (Adelante valiente melgarino … ) Haciendo un cálculo rápido: con unas 10 aulas
por grado (de la A a la J), salones de 45 alumnos en promedio o sea promociones
de 500 alumnos. Por 5 años 2 500 años en Secundaria Común, súmenle unos 2.000 más
entre Secundaria Industrial y Secundaria Comercial, que así estaba organizada la
Secundaria entonces. Tienes una población de más de cuatro mil chicos entre los
11 y los 17 años.
Manejar ese volumen de hormonas en plena ebullición es como fumar en un grifo. Solo bastaba la visión de una chica para que las hormonas - cual popcorn- comenzarán a ebullir.

En ese contexto, el día más “peligroso” del año era el 15 de agosto, cuando el calendario escolar programaba la ceremonia formal por el Aniversario del Colegio y entre otras actividades se presentaba y coronaba a la Reina de Belleza “La Silvia Melgarina”.
Ese día siempre había una gran expectativa. La reina y las dos damas de honor eran escogidas entre las alumnas del Colegio Rosa de Santa María o del Elvira García y García por una Comisión de autoridades y profesores de ambos Colegios. Participaban también en la "elección" los Brigadieres Generales, supongo que, para darle inútilmente un aire de participación democrática, que a nadie importaba. Además, creo que usaban demasiados criterios académicos para elegir. Bueno,no importa.
Cuando la reina, quien esperaba junto con una corte de profesores en la dirección del Colegio -que estaba en el segundo piso- salía hacia el borde del balcón y saludaba para luego dirigirse hacia el escenario en el primer piso, siempre se desataban miles de silbidos y aullidos provenientes de esos sacos de hormonas alborotadas que estábamos formados en filas de a 3 en el patio principal del Colegio.
Por
mi parte aclaro que yo no sabía (ni se) silbar, aullar sí, pero hace tiempo que
no tengo motivos.
Aullidos
y silbidos que no podían ser acallados por las llamadas de atención de los
auxiliares en el propio patio, y que ignoraban las firmes y educadas amenazas previas
del Regente (Jefe de Disciplina) a través del micrófono. Es verdad también
que esos esfuerzos por poner orden eran boicoteados por algunos profesores que
sonreían cómplices.
Sin embargo, hubo una oportunidad -una sola- en la que las cosas fueron diferentes. Yo estaba en tercero o cuarto de secundaria y había formado adelante de mi sección a unos 7 u 8 metros del tabladillo. Nunca me ponía allí, pero ese día si lo estaba.
Ese año, en el momento de acercarse al balcón la reina del Colegio, apareció de repente junto a ella una bella mujer, natural, sencilla y deslumbrante, con una sonrisa espectacular, que acallo los primeros aullidos y provoco inmediatamente un silencio sepulcral. Se pudo oír como algunas quijadas se cayeron al suelo ante su aparición. Se podía oír volar una mosca. La reina Melgarina y sus damas de honor se volvieron invisibles de golpe. El maestro de ceremonia hablaba, pero nadie lo escuchaba, por lo que sensatamente interrumpió su perorata. Cállate y déjame mirar, era el mensaje que recibió de furibundas miradas.
Ella por su parte solo sonreía y saludaba a alguien que parecía estar detrás mío. Supongo que sonreía de las 5000 expresiones estúpidas que la contemplaban. Caminaba (en realidad parecía flotar) hacia el escenario con un tremendo aplomo. Vestía sencillamente, pero así se hubiera puesto un costal y crocs, ella ERA indudablemente la reina. La Silvia Melgarina seguía invisible. Pues ¿Cómo competir con Gladys Arista reciente ganadora del Miss Playa y modelo de comerciales de Inka Kola? ¿Y que además parecía que le llevaba como 20 centímetros de estatura? No way.
El
Olimpo nos había enviado a una representante.
Fue la ceremonia más silenciosa y amable de todas las que recuerdo. Todos se portaron educadamente, como nunca antes (y también como nunca después) incluso los alumnos.
Hubo
palabras de los Directores de ambos colegios con las generalidades de siempre y finalmente ambos pidieron a la
Arista coronar a la reina.
Ella
con mucha naturalidad y elegancia como si lo hiciera todos los días, se levantó de la silla, tomó la corona y se acercó
sonriente a la Silvia Melgarina, le colocó la corona, le entregó el cetro, le
dio un besito en la mejilla y le deseo suerte (¿sarcasmo femenino?) luego giró hacia los alumnos y nos sonrió coquetamente. Soponcio generalizado.
Si por nosotros
fuera, hubiera sido igual que le hubiera puesto a nuestra reina una bolsa de
papel con dos huecos en la cabeza y entregado un palo de escoba. Total,
nosotros no la habíamos escogido.
Inclusive
cuando la reina agradeció el honor, nadie la miraba ni escuchaba, todos contemplaban a la
Arista alejándose hacia la zona donde estaban las autoridades, y
comprendiendo las incontestables razones por las cuales era Miss Playa.
Al
siguiente día nadie recordaba ni el nombre, ni la apariencia de la Silvia
Melgarina. Es más, nadie hablaba de ella. Todos hablaban en voz baja y suspiraban,
muchos se habían bañado voluntariamente y no pocos miraban la puerta con las
orejas gachas y la vana esperanza que la Arista nos volviera a visitar. ¡Después de todo vivía a la vuelta
del Colegio!
Luego
de esto, muchos solo querían vivir para poder contarles a sus nietos que una vez
una reina le había sonreído.
Si, ese fue el año en que Gladys Arista fue al Colegio, sometió a todos con su natural belleza, nos dejó a muchos enamorados e hizo creer a algunos que el Olimpo existía.
MORALEJA
Si invitas a Brad Pitt o Scarlett Johansson a tu cumpleaños, no esperes ser tú
el centro de la atención.
