Acababa de hacer sus 20 minutos de bicicleta. Era el tercer día consecutivo luego de una semana de abandono que a su vez fue precedida de dos semanas de ejercicio, que a su vez fue antecedida por una semana de abandono, que a su vez …… etcétera.
Debía reconocer que retomaba el ejercicio cada vez que su esposa con los brazos en jarra y una mirada directa le decía "No has hecho tu bicicleta. En lugar de estar dando vueltas por acá como mosca porque no lo haces. Yo te aviso cuando este el almuerzo" No había lugar a replica.
Había sudado un poco y para bañarse se sacó
el polón, luego el polo y haciendo una pausa para jadear luego de las
contorsiones –muchas de ellas innecesarias- que había hecho, le quedaba aun por
deshacerse del bivirí. Se le cruzo por la mente bañarse con el bivirí puesto, pero
ya sabía que sacarse uno mojado era más difícil que sacárselo cuando está seco.
Me siento como pelando una cebolla, dijo para sí. La media sonrisa que le causo su silenciosa ocurrencia fue borrada por el dolor que le causo en la zona del omoplato la contorsión que hizo para sacarse el bivirí. Se quedó quieto con el bivirí en diagonal sobre su cara gozando el dolor. Lentamente termino la operación.
Cogió la bata, movió el brazo como un pedal
para aliviar el estirón y gozo los últimos restos de dolor. Iba ya a la ducha y
por curiosidad se miró desnudo al espejo. De arriba abajo y de abajo arriba.[Era el antes de una propaganda de
gimnasio] Soltó la bata. Todo estaba. Giro para
ambos lados. No exactamente en el mismo orden y estado que recordaba, pero
estaba completo. Sus ojos eran los mismos. Se acordó de su Mamá “El que no
llega a viejo, revienta” y la frase de un tío que era un filósofo de muelle “La
vida no es el destino, es el camino”. Se consoló con ello y pensó debí mirarme así más
seguido.
Se metió a la ducha, abrió el grifo, miro la repisa y encontró que ahora había seis frascos apiñados, cogió el frasco de champú, se colocó bajo el chorro de agua y mientras giraba mojándose todo el cuerpo, echo un poco de champú en su mano. Tenía los ojos bien cerrados porque el día anterior, después de muchos años, le había caído champú en los lacrimales y el ardor fue tal que hasta le hizo mascullar lisuras que ya creía haber olvidado y no quería repetir la experiencia.
Termino de lavarse el cabello. Ahora el reacondicionador pensó. Abrió y cerró un ojo rápidamente para que su mano apuntara bien. Luego estiro la mano y cogió el frasco que estaba donde debía estar el acondicionador y mecánicamente abrió el frasco y puso un poco de esa crema en la mano. Pero apenas puso la mano en su cabeza se dio cuenta que no era el reacondicionador: había cogido otro frasco. Se armó de paciencia y se lavó el cabello nuevamente.
Se enjuago bien para poder abrir los dos
ojos y no volver a equivocarse. Porque hay tantos frascos acá, se preguntó. Salió del golpeteo del
chorro de agua, cogió uno de los dos frascos que le parecían el acondicionador y
se acercó el frasco a la cara. Pretendió leer, sin anteojos y bajo la salpicadura
de la ducha, y le fue imposible. Sentía que el ruido del agua le impedía leer.
Cerro la ducha. El silencio favorece la
lectura. Esta vez se acercó el frasco a la cara hasta casi tocarla con su nariz
y mientras giraba lentamente el frasco en un sentido y otro pretendió leer. Ni
siquiera pudo deducir el texto. Un carajo
sin fastidio se le escapo y pensó como pueden poner letras doradas sobre fondo
rojo y de tamaño 8!. Porque no son de tamaño 18, se preguntó.
Rendido de poder leer en esas condiciones y ya algo fastidiado tuvo que salir de la ducha. Secarse la cara. Buscar y ponerse los anteojos. Puso pausa a su Spotify. Nuevamente pensó que el silencio favorece la lectura. Se enteró que el frasco que había tomado era un fijador de color para el cabello con elementos orgánicos y sábila. Obviamente no era el que buscaba. El no necesitaba fijar ningún color, el color lo había abandonado años ya. Antes los hombres se lavaban el cabello con jabón y los mas engreídos se exprimían un limón como enjuague le dijo alguna vez un tío. Ahora hay hasta brillo de uñas para hombres pensó él.
Siguió leyendo el frasco y este se
autodenominaba amistoso con el medio ambiente y hecho de material biodegradable.
Yo soy amistoso con el medio ambiente y YO SI SOY biodegradable le dijo al
frasco en voz baja mientras sentía que se le empezaban a enfriar los pies.
Y extremista como era a veces, tomo los
seis frascos de la ducha y los expulso de allí poniéndolos en la encimera al
costado del lavabo. Separo su champú y tomando el reacondicionador entro a la
ducha y cuando estaba por abrir la llave se percató que aun traía puestos los anteojos,
lo tomo de buena gana, salió y coloco los anteojos al lado de los frascos.
Ya sintiendo los pies fríos, se apuró en volver
a la ducha cuando sin querer patea el borde de la ducha y en un segundo un dolor
breve, intenso y caliente nació en su dedo gordo. Sintió calor en sus mejillas.
El dolor fue tan intenso que luego del sonido de sorbete ssssshhhhh deletreo la
interjección: ca_ra_jo¡!. Cerro los ojos
y se quedó inmóvil, con el pie en el aire esperando que pase el dolor.
Unos segundos después el dolor bajo y entro
lentamente a la ducha apoyándose en el talón del pie golpeado. Termino de
entrar justo un momento antes que con un estornudo que lo sacudió, el cuerpo le
avisara que se había enfriado ya demasiado. Esto no se repite dijo mientras
terminaba de bañarse.
Al ponerse los anteojos y salir del baño
dejo alineadas en el lavabo y a la vista las cuatro cabezas de mujer que
sonrientes miraban desde su respectivo frasco hacia la puerta. Llevaba en la mano sus dos
frascos.
Más
tarde. “¿Quién ha hecho esto?” casi grita su esposa desde la ducha. “El vecino” le responde en voz baja. Ella escuchaba
siempre sus respuestas así el las murmure e incluso si solo las piensa. Curtida
de esas respuestas, nuevamente, retorna con un “Jajaja, eres exagerado.” y bajando
el volumen leyó lentamente con algo de burla en el tono “S y R Shampo y Reacondicionador supongo”. No pudo contenerse: "No. Sapo y Rana", "Jejeje" le retruco ella.
Un rato
después, parándose delante de él con el frasco con la S enorme le pregunto. “¿Porque has hecho eso? “. Le respondió
con una telegráfica versión matrimonialmente correcta de los hechos “No veo las
letras de los frascos y para diferenciarlos de los otros 17” Ella eludiendo el
sarcasmo solo retruco: “Tremenda letra y con plumón negro. Podría ser la mitad o le hubieras puesto otro color.” Él dijo “Ok.
Para la próxima vez” mientras pensaba “R con R Ella nunca pierde” y prudentemente
guardo silencio.
Le
hubiera gustado decirle “Si, además, la palabra reacondicionador no existe en
castellano y el termino shampo es un anglicismo. Pero, es mi shampo, mi color.”.
Pero esta picona respuesta de todas maneras hubiera perdido frente a la fría
gambeta con la que ella cerro el tema: “¿Netflix.? ¿Vemos ******? ¿Un par de capítulos?
Sigue el capítulo 9”
El: “Y además
nunca olvida” Mientras ella pensaba “¿En qué se quedó?”

