LA PRIMERA FIESTA


Fue en cuarto de secundaria cuando de pronto las chicas aparecieron en mi radar. Sentir cosquilleos en la barriga y esa incontrolable marea tibia que corre bajo la piel cuando veía a la chica que me gustaba fueron los avisos que la madre naturaleza lanzaba para decirme que los cambios ya estaban aquí.

Aun jugaba pelota en la pista con los amigos del barrio, pero hacia un tiempo sentía que me estaba alejando de ellos, - y aunque en ese momento no era consciente de ello- esto había empezado desde que empece a conversar con chicas, un privilegio que ellos no tenían ya que todos estudiábamos en colegio de varones.

En casa escuchábamos música criolla por la radio y en los famosos discos de 78. Escuchabamos a Los Panchos, Javier Solis, Nelson PInedo, Leo Marini, Lucho Gatica

"Camino del puente me iré,
 a tirar tu cariño al río,
mirar como cae al vacío
 y se lo lleva la corriente"

También Los Embajadores Criollos, Los Kipus, Los Morochucos, Jesús Vásquez. Ademas veíamos  los programas de música criolla de los sábados en TV. 

"Lejana estoy de un gran amor, del cual soy dueña,
lejana estoy yo corazón, porque me apenas;
lejana estoy pero de lejos te querré
a cada paso te veré como la luz de mi existir"




Ademas Pepe, uno de mis primos mayores, para su cumpleaños invitaba a Alejandro Cortéz -uno de las mejores voces del criollismo peruano de esos años- quien fiel amante del pisco no se hacia de rogar para cantar a capella los valses de Los Morochucos, grupo del cual era la primera voz. 

"Quien quiera con el alma el corazón no mande
quien busque amores buenos que deje de soñar,
el corazón y el alma son dos fuerzas humanas
que emprenden una senda para no regresar."



Tremendas letras. 

Pero ese verano fue raro.    

 



De repente empezar a escuchar rock por radio, asistir a las primeras fiestas juveniles "con luces" y descubrir con ellos desde Led Zeppelin (Kashmir), Black Sabbath (Paranoid), Rolling Stones (Angie) hasta Santana (Samba pa ti), Tommy James (Trébol Carmesí), Marmalade (Reflexiones de mi vida), etc., fue una aventura.

Que contraste !

Creo que mi recién nacida amistad con Jorge y su hermana Martha inicio el proceso. Ella era (y es) un tren. Conversadora, desenfadada, decidida y muy segura de si misma, intimidaba a cualquiera (excepto a Pancho su enamorado ja ja ja) y fue la primera chica con la que converse largo y a la que le gustaba también el rock.

Justo en esos días, los "grandes" del barrio organizaron una "fiesta con luces" en el segundo piso de la casa de Koki Muñoz y fui al único de mis amigos ("los chicos") que invitaron. Cuando lo hicieron me dijeron que sería bueno que llevara 4 o 5 amigas porque no había muchas invitadas. No me molesto la revelación de cuál era su interés al invitarme.  Lo gracioso era que yo no tenía tantas amigas como ellos creían !!.


Por esos días yo conocía, y hablaba, además de mis hermanas, con algunas otras pocas chicas (la verdad no más de tres). La más cercana (es un decir) era Rossy, compañera de Colegio de mi hermana, simpática, alegre y de ojos brillantes. En ella fue en quien pensé inmediatamente como candidata para invitar a la fiesta.

Fue la primera vez que iba a invitar a una chica, y todo un día estuve sufriendo con la idea que me dijera que no. 
Ya sabia lo que diría y haría si me decía que no.

La siguiente noche fui a su casa y mientras conversábamos de otras cosas, yo solo pensaba como y en que momento se lo diría. El tiempo pasaba lentamente.

Así que en un momento dado, después de varias idas y vueltas silenciosas, tome valor y con un falso tono casual le pregunte: “Tienes algo que hacer el sábado en la noche?”

La pregunta no tenia nada que ver con lo que estábamos conversando, pero ya lo había hecho, el asunto estaba planteado. No había vuelta atrás. 

Me miro, casi sorprendida. 
“Que?. No. No.”

Ya! Ahora me dije.
“Tengo una fiesta el sábado. Vamos?”

Pausa. Casi se podía escuchar mi angustia.
“Bueno, vamos.”

"Te recojo a las 7?"
"Ok"

Alivio y silenciosa euforia.

Ese sábado la recogí a las 7 y conversamos todo el camino –unas 10 cuadras-  y cuando llegamos a la fiesta había 4 chicas de un lado y como 14 chicos del otro, casi rodeándolas. 

Por supuesto no me separe de ella y excepto un par de canciones todas las demás las bailamos juntos.

Conversamos poco, ya que con la música y en la penumbra la única opción era hablar a gritos.

La fiesta acabo la cuando la dueña de casa de una manera muy cortes prendió las luces y sonriendo diplomáticamente -mientras todos pestañeábamos deslumbrados- anunció que la fiesta había acabado. Fue tan delicada que casi provocaba agradecerle por dar fin a la fiesta (tono).

Saliendo de la fiesta veo que mis amigos peloteros están reunidos unos metros mas allá. Nosotros pasaríamos por la vereda de enfrente por lo que lo decidí que lo mejor era ignorarlos pensando que ellos también lo harían. No fue así. Uno de ellos hizo una broma –que no escuche-  y que causo la risa de todos los demás, seguido de un silencio expectante y claramente sentí sus miradas.


Era evidente que esperaban una reacción, una mirada, un gesto, una palabra mía pero decidí ignorar el asunto y seguí conversando con ella. La reacción de ella fue inteligente, se percato del hecho y solidaria me acompaño en la reacción, sin motivo alguno soltó una pequeña risa y siguió conversando un poco mas animada de lo habitual.

Cuando la deje en su casa, me dijo que le había gustado la fiesta, porque no había habido mucha gente y se pudo bailar sin tropezar. Al dejarla no recuerdo haberme acercado mucho a ella o haber intentado besarla. Así que solo fuimos dos amigos asistiendo a una fiesta. Regrese contento, porque todo había salido bien y hasta mejor de lo que yo había pensado.

Pensando en la actitud de mis amigos, me percate que no me apetecía ya reunirme con ellos para conversar o jugar pelota (o bolas o trompo).  La broma no me haba gustado nada y menos delante de mi invitada y fue, creo yo, la gota que rebaso el vaso.

No me imaginaba ya otro partido de fulbito con ellos y así fue. Ese sábado fue el ultimo día que jugué pelota en la calle y también que hable con ellos.

La vida continuó.

Y si bien ahora sigo escuchando rock - y no pocos años han pasado- esas viejas canciones: boleros y valses tienen mucho mas sentido para mi. Tienen vida y tienen alma.

Los cosquilleos en la barriga y la marea tibia me siguen invadiendo y aunque menos explosivas si son mas firmes que años otrora.

"Allá es donde he dejado, lo mejor de mi vida
ahí mis juramentos, vagando han de flotar
por que ese ha sido el nido de amargos sufrimientos
donde la infame supo de mi amor renegar"






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