Uno de mis tíos decía muy serio que correspondía al dueño de la casa que el alquilaba, pintarla anualmente, esto mientras conversaba desde la ventana con mi padre que estaba pintando nuestra casa. En oposición a él, mi padre rutinariamente todos los años lo hacía en un fin de semana de fines de noviembre o principios de diciembre de modo que estuviera la casa lista para la Navidad.
Lo hacía en dos días: sábado y domingo. De repente un
viernes lo veíamos llegar con los baldes de pintura que había que ayudar a
descargar. Ya sabíamos que al día
siguiente sábado desde temprano el empezaba a mover los muebles, a cubrirlos
con plástico y a extender periódicos en el piso, que eran las únicas tareas en
las que ayudábamos. No sé porque no quería ayudantes para pintar a pesar que nosotros
estábamos más que dispuestos a hacer esa tarea que nos parecía divertida.
Ese fin de semana no podíamos circular por la casa por lo que permanecíamos
confinados en nuestros dormitorios, las fechas coincidían con los exámenes
finales del cuarto bimestre así que no había tiempo de aburrirse.
Años más tarde estando recien casado y aun solos, pintar la casa era
una tarea divertida. Era divertida porque hacerlo requería hacer algo que a mí
me gusta hacer de vez en cuando poner de cabeza todo: mover los muebles,
desarmar las camas, sacar todos los cajones, apilar los libros fuera de sus
estantes, eliminar papeles, etc. A mi esposa le gusta también porque además de
pintar podía dedicarse a hacer lo que le fascina: ordenar, ordenar las cosas y por
supuesto darme órdenes. Ya le he dicho que si Dios le hubiera pedido ayuda la Creación
solo hubiera durado 4 días.
Cuando estábamos solos era una tarea que disfrutábamos porque
en esos días (2 o 3) hablábamos, discutíamos y nos amistábamos en rápida
sucesión y dormir cansados después de un día de trabajo intenso es gratificante.
Más tarde cuando éramos cuatro, los niños participaron siempre.
Empezaron haciendo lo que a todos los niños les gusta: pintarse la cara y las
paredes dizque “ayudando”, no falto la oportunidad de encontrarlos durmiendo en
el suelo agotados de la emoción más que por el trabajo. Crecieron y entonces pedían libertad para
pintar a su gusto una pared entera de su cuarto (uno, ya que el otro pedia el
cuarto completo), una vez encontramos una pared casi cubierta con las huellas
de sus manitas, alli se quedaron un par de años. Nos falto valor para borrarlos. Luego, siendo ya adolescentes se resistian pero luego su ayuda se hacía sentir y para nosotros sabiendo que esta etapa no duraría disfrutabamos mucho esos fines de semana hogareños.
Por otro lado, desde hace unos años ya no participo directamente
en la tarea de pintar: una reacción alérgica que me desencadeno un acceso de asma
que asusto a todos y que termino en una emergencia cercana provoco que los
otros tres me asignaran las tareas logísticas: me encargaría del desayuno, almuerzo
y cena como tarea completa: es decir cocinar, servir, recoger la mesa y lavar todos
los trastes. La cocina debia quedar impecable.
El tiempo ha pasado y ahora que el nido está vacío y toca
pintar la casa solo participo en opinar sobre los colores y la logística. Pero
el nivel técnico de las pinturas se ha complicado demasiado para mi gusto, y no
es como dijo algún irreverente que ante mis objeciones aducía que me quejaba
porque en mis tiempos todo era en blanco y negro. Malvada calumnia propia de un
caviar.
En el tema de pinturas además de complicar la variable color
han incluido una serie de variables: naturaleza de la habitación (dormitorio,
sala, etc.), brillo (mate, opaco, brilloso), mantenimiento (lavable) e indirectas:
si requiere ponerle base, por ejemplo.
Pongo un caso reciente que sustenta mi observación.
Había que pintar una pared de blanco y de repente ella me pregunta qué blanco
escogemos, me quedo pasmado, atónito, patidifuso. Para mi blanco es blanco, por
lo que contesto con la firmeza y el atrevimiento propio de la ignorancia:
blanco, solo hay uno y es color …… blanco.
Me mira con pena y me dice: “No, mi vida no. Ahora hay: Blanco ostra, Blanco humo, Blanco algodón, Blanco perla, Blanco seda, Blanco hueso, Blanco granito y …”
Ella habia investigado el tema y aquí hizo una pausa, yo estaba en silencio rumiando fastidio con sorpresa (ese ‘ahora hay’ me sonó a sarcasmo innecesario) y antes que pudiera decir algo sonrió y dijo “también hay un Blanco viejo.”
”¿Blanco viejo?” Repito y pregunto a la vez. “¿Hay Blanco
joven también?”
Para no delatar mi fastidio inmediatamente pregunto “¿Y cómo es el color
Blanco viejo?”
Y haciéndome el gracioso le digo “No me digas que me debo
mirar al espejo”
Me puse para la foto como se dice ya que sin dejar de sonreír y muy suave me dice “No. El color es Blanco viejo, no viejo blanco”
Paf. Ok. 1 a 0
Haciéndome el indiferente frente a su puya continuo “Ok. Pero
¿Cómo es el color Blanco viejo?”
“Escucha la descripción” me dice “Este color se asemeja a la
tonalidad que va adquiriendo un libro con el paso del tiempo, es apropiado para
espacios vintage o donde quiera añadir un toque de antigüedad.”
Mi fastidio le gano a mi hilaridad al escuchar lo que me sonó
igual a la descripción de un plato en menú de restaurante caro. (Ver 1 al pie)
A continuación, dije “Mis libros se ponen de un digno color amarillo.
No de un huachafo y pretencioso vintage Blanco viejo.”
Hice una pausa para tomar aire y sigo “¿Además para que necesito
pintar algo con ese color? ¿Para añadir un toque de antigüedad ?”
Desahogado y queriendo bajar los decibeles pretendo otra vez hacerme el
gracioso y digo. “Además para añadir un toque de antigüedad ¿No es suficiente
con que yo este sentado en el escritorio?”
“Si, pero ….. ¿Y cuando no estés?”
Paf. Mudo. 2 a 0. Son treinta años juntos ya sabe
contestarme, pienso.
Más tarde ese mismo día, estaba saliendo de Sodimac con dos
galoneras de pintura color Blanco Ostra, convencido que el nombre se lo
pusieron porque cada galón cuesta como una docena de ostras japonesas con perla
incluida.
¿Que seguirá? ¿Verde pantano al atardecer? ¿Rojo trotskista?
((1) Ejemplo
SPAGHETTI ALL’ POMODORO E ORO
Nuestra salsa casera de tomates maduros y mantequilla al perfume de albahaca, ajos y aceite de oliva extra virgen.
Aunque suene algo pedestre esto es un simple plato de TALLARINES ROJOS con algo de pedicure.
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