SER HIJO SER PADRE


Al ser hijo y padre,como todos, tengo recuerdos entrañables de ambos roles .

De mi viejo me acuerdo de:
  • Su despedida cuando tenía que viajar y me despeinaba cariñosamente.
  • Sus manos pequeñas y fuertes frotándome el pecho y la espalda con Vick Vaporub y colocándome papel para protegerme del frio y de los accesos de asma que a veces me atacaban.
  • La imagen de él leyendo el periódico (La Prensa) los fines de semana.
  • Cuando me hacia dormir mientras me limpiaba las orejas con un hisopo casero.
  • Su caballerosidad con las mujeres.
  • Su alegría al bailar.
  • Su mano cogiéndome fuertemente de la muñeca mientras bajábamos rápidamente por las escaleras del Estadio Nacional el día del partido Perú Argentina del año 66 que terminó en tragedia.
  • Su abrazo cuando no ingrese a la Universidad, su abrazo cuando ingrese.
  • Su mirada ahora cuando conversamos y nos reímos juntos, muchas veces a costillas mías.

De mis hijos recuerdo:
  • La emoción de presenciar sus nacimientos.
  • El amor que me nació por ellos y que no dejo de crecer en mí.
  • Sentir sus cuerpos mientras les “sacaba el chanchito”
  • El bañarlos y cambiarlos.
  • El dormir una siesta en fin de semana con ellos echados sobre mi pecho.
  • El dolor de pisar un lego o patear la pata de una cama al levantarme para atender sus llantos a las 3 o 4 de la mañana.
  • La primera cita médica con su pediatra. ¡Que duro 3 horas!
  • La alegría de sus caras cuando les decíamos que nos iríamos de campamento.
  • Su euforia en la Panamericana Sur a las 7 de la mañana de un sábado escuchando y/o cantando "La negra tiene tumbao", "Rock the casbah" o cualquiera de Santana a todo volumen ignorando las protestas de su madre. 
  • Sus pasitos cuando se metían a mi cama y se echaban entre nosotros dos.
  • Las infinitas veces que vimos El Rey León y Spiderman con sus lecciones de vida. “El pasado puede doler, puedes huir de él o aprender” y “un
    gran poder implica una gran responsabilidad”.
  • Los sábados de pijamadas.
  • Su etapa rebelde. 
  • Su pasión al argumentar sus razones cuando discutíamos los límites de su libertad.
  • Su primera salida nocturna.
  • Las veces que no me contestaron el celular durante una salida de fin de semana.
Ahora que ambos parecen haber encontrado su camino, conversamos más, escucho las tribulaciones propias de su edad, y me gusta bromear con ellos y escucharlos reír.

Como casi siempre, el viejo tenía razón cuando me decía que solo cuando tuviera hijos comprendería cabalmente el amor que los padres sienten por uno y también el dolor que puedes causarles involuntariamente.

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