TERCER APUNTE: EL MIRADOR DE SUCRE
El segundo día Jorge me pregunto si quería ir al mirador del pueblo, el mismo que estaba al final de una escalinata de piedra que partía desde una esquina de la plaza del pueblo. La escalera combinaba peldaños y planos inclinados y tenía dos descansos. Si bien, al verla inicialmente no me entusiasmaba subir, finalmente accedí. Acordamos hacer dos paradas para recuperar el aliento. En el primer tramo una pareja de escolares enamorados con las mascarillas en el cuello nos pasó de largo mientras hablaban. Confieso que ahora no podría yo subir la empinada escalera y hablar al mismo tiempo. Llegando al primer descanso hicimos la pausa acordada. Luego de recuperar el aliento, acordamos quitarnos la mascarilla hasta llegar al mirador y haciendo bromas sobre nuestra resistencia iniciamos el segundo tramo.
En medio de este tramo una pareja de millenials con una niña
y su perro nos alcanzó y rebaso. “Buenas tardes” escuche. Solo levante la mano
correspondiendo el saludo mientras Jorge delante mío solo hizo una venia. El perro se acercó a
mí, pero felizmente no se interpuso en mi camino. Jorge seguía caminando en silencio.
Hacia cuatro meses que lo habían operado del corazón y yo lo
miraba discretamente cada cierto tramo. Por supuesto ya me había percatado también
que, si algo malo pasaba, yo iba a ser poco útil ¿Cómo pedía auxilio si apenas podía hablar? Me imagine tener una pistola de
bengala. Mala idea ¿te imaginas que te hubiera pasado en el control del aeropuerto.?
De repente me percate que estaba desvariando y podía caerme si no prestaba atención
a las escaleras.
Antes de llegar al mirador la pareja de escolares enamorados
ya estaba bajando, parece que se dieron cuenta que en el mirador –un martes en
la mañana- no hallarían la privacidad que necesitaban. Pensé decir en voz alta
“¿Los escolares no deberían estar en el Colegio a esta hora? ¿Y con la
mascarilla puesta?” pero enseguida me reproche haber pensado eso.
La pareja joven con la niña y el perro estaban en el mirador
cuando llegamos. “Buenas tardes” salude con el último aliento que me quedaba.
“Buenas tardes” contestaron. Luego de una pausa recuperadora les dije “Lindo
perro”. A todos nos gusta que alaben a nuestro perro. “Y el snauzer es la mejor raza para
niños” añadí. “Si” me dijeron y empezaron a hablar sobre su perro y los oía sin escucharlos, porque sin dejar de sonreír miraba a Jorge que estaba
cuatro escalones más abajo apoyado en la pared lateral recuperando el aliento
con un disimulo mal escondido.
Felizmente escuche algo de una operación al perro a raíz de un atropello y la queja de lo costoso que eso fue. Les mencione que una operación a la vejiga de mi perra me había costado más que comprar un perro nuevo y que cuando lo mencione como alternativa en casa, todos me miraron de una manera muy fea. Él se rio de la comparación, pero ella me lanzo una mirada que me decía de desalmado para abajo y sin detenerse con solo una fugaz mirada le congelo la sonrisa a su cónyuge. No me dirigió la palabra hasta que se despidió. Muy sensible resulto la millenial.
El paisaje desde el mirador valía el esfuerzo. El pueblo era un mosaico desordenado de techos de canaletas marrones, metálicas y rojas.
Verde por donde mirases excepto por los surcos color tierra que indicaban los
caminos que comunicaban los distritos. Pinos, eucaliptos y alisos solitarios o
agrupados y terrenos baldíos verdes y todo esto coronado por un cielo celeste
con muchas nubes blanquísimas cuyas sombras cruzaban sobre el pueblo. Imaginen despertar cada mañana, abrir su ventana y ver este paisaje.
Quince minutos después bajábamos contentos de la vista y creo también de no realizar el mismo esfuerzo. Como seria esta vista de noche me interrogaba.
No soy aficionado a la corrida de toros. Este evento asimilado
del patrimonio cultural español es parte de las celebraciones de casi todos los
pueblos andinos y aquí en Cajamarca es un evento imprescindible en su fiesta.
Las corridas de toros se realizan en Celendín en un espacio
ubicado delante de la Comisaria donde se habilita un coso de madera como se ve
en la foto.
Cuando les pregunte que, dada la afición del pueblo cajamarquino, porque no construían un coso de cemento con todas las reglas y salvaguardas del caso ya que además contaban con areas adecuadas para hacerlo. La verdad sea dicha me preocupaba la precariedad de las tribunas a la que me treparía mas que la satisfacción de una afición de los cajamarquinos. La respuesta fue que el negocio de alquiler de asientos era muy fuerte.
El Municipio alquila sectores de la plaza a intermediarios
quienes habilitaban las tribunas de madera y cobraban por los
asientos. La oposición de estos intermediarios a la construcción de un coso es
lo que había hecho imposible su construcción. Estos intermediarios no siempre hacen su tarea con el cuidado del caso, y ya una vez, parte de estas tribunas se
vino abajo afortunadamente sin víctimas mortales.
Todos los cajamarquinos con los que converse sobre el evento
demostraron afición por este espectáculo, y se enorgullecen de haber visto
crecer a Andrés Roca Rey que siendo un flacucho adolescente llegaba a Celendín acompañando
a su hermano mayor Fernando quien ya era un torero profesional.
Andrés Roca Rey (actualmente uno de los mejores toreros del mundo dicen los que saben) era un novillero (aun no era un torero profesional: no había tomado la alternativa en jerga torera) y se enfrentaba a toros menores de 4 años pero que pueden pesar arriba de 400 kilos demostrando valor y habilidad.
"Se quedaba quietecito y el toro pasaba por su lado. Creo que el toro no lo veía porque era muy flaco y muy alto" comentaba sobre el una señora de un grupo con el que conversamos un momento luego que Jorge se detuvo a saludarlas y les conto que iríamos a la corrida de ese día. "A la gente le gustaba verlo mas a el que al hermano", añadió otra. "Pero, el hermano era buen torero también"
Nos contaron que una de las últimas ocasiones en que llego a Celendín fue el único protagonista de una tarde y en esa ocasión toreo cuatro toros.
Los dos días que fui había muchos jóvenes en las tribunas y se mostraban como un público conocedor, ,generoso con el buen torero y cruel con el que no cumple con las expectativas.
La segunda corrida a la que asistí y que era la última del programa presento únicamente
a un torero colombiano de los 4 toreros ofrecidos en el programa, al parecer por problemas de
pago según escuche.
Aclaremos que, al momento de matar, el público hace un gran
silencio en el coso permitiendo la concentración del torero para lanzar la estocada, silencio que
termina con una exclamación de aprobación o en abucheos y silbidos de desaprobación.
El torero colombiano tenía problemas para matar y esto se develo con su segundo toro al que intento matar 4 veces sin éxito. Cuando se preparaba para su quinto intento, en medio del silencio una voz femenina le grito con más fastidio que burla “Si no lo matas, voy yo”. La carcajada fue general. Y para mala suerte de nosotros -y del torero- este fallo y recién pudo matarlo al OCTAVO intento. Era ya un espectáculo desagradable.
Cuando salió el tercer toro de la tarde el desánimo era general. Iniciando nomas su faena el torero resbalo y cayo frente al toro provocando un instante de pánico, pero se levanto rápidamente, mientras el animal no se daba por enterado. Pero "el calor de la fiesta brava" se había perdido. Se sentía el desanimo por ver el espectáculo y frases como “La próxima trae tu pistola” y otras así lo revelaban. Algunos aficionados se retiraban, yo entre ellos concluyendo que para mi ya era suficiente de toros y toreros.




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