En Historia Universal -allende los tiempos- nos enseñaron la gran cantidad de conflictos entre los imperios existentes en Europa y Medio Oriente. Una de ellas fue la ocupación musulmana de la Península Ibérica por más de 700 años y que termino por la expulsión de ellos por parte de los Reyes Católicos. Luego de esta expulsión se instalaron torres de vigilancia (atalayas) en las playas del Mediterráneo para dar la voz de alerta si se acercaban barcos con piratas musulmanes. La voz de alerta “¡hay moros en la costa!” nació allí y quedo como significado de la presencia de enemigos.
El fenómeno se repite, igual pero distinto. La
penetración musulmana actual es más peligrosa. Una inmigración descontrolada y
alentada por la izquierda en los paises de la Unión Europea ha generado la
creación de verdaderos ghettos de musulmanes en sus paises.
La izquierda y la centro izquierda;
principalmente en España, Inglaterra, Francia y Alemania; justifican bajo el
manto de la corrección política y la tolerancia un multiculturalismo que
pretende instalar la ingenua visión de una convivencia pacífica de culturas que
defienden valores contrapuestos.
La cultura musulmana es totalmente opuesta a
los valores occidentales y judeo-cristianos. Por ejemplo, los “Hermanos
Musulmanes” con más de un millón de simpatizantes en Francia llaman a aplicar
la “sharia” o ley islámica allí y en toda Europa. La “sharia” incluye la
legalidad de la lapidación, decapitación, ahorcamiento, amputación de miembros,
flagelación y homicidio de renegados. La violación de mujeres “infieles” (léase
no musulmanas) es -en boca de sus líderes- no solamente aceptaba sino requerida
en su lucha para exterminar a los llamados “infieles”.
Los islamistas han desarrollado una silenciosa
batalla cultural en las universidades y en redes sociales desde hace varias
décadas. Es por ello que cuando el grupo Estado Islámico (ISIS) declaro un Califato,
es decir un territorio regido por un Califa sucesor de Mahoma, organizado y
regido estrictamente por la tradición islámica exigiendo a todos los musulmanes
jurar lealtad al nuevo Califa y “rechazar la democracia y otras basuras de
Occidente” logro que cientos de jóvenes europeos se sumaran a su ejército y
murieran en combate.
Es por la batalla cultural de los islamistas
que las autoridades inglesas no combaten las redes de trata de mujeres en su
país, prefieren el silencio cómplice a la posibilidad de ser descalificados
como islamófobos o racistas.
Entre otros factores, el crecimiento de la
derecha en Europa se debe a que esta es la única que se ha pronunciado
claramente sobre el tema, desde Vox en España hasta AfD en Alemania, alertando
sobre el peligro y exigiendo a sus gobiernos una actitud más resuelta sobre el
fenómeno.
Los gobernantes europeos actuales -centristas e
izquierdistas en su mayoría- no parecen percatarse que requieren aliarse con la
derecha para defender vigorosamente los valores de la cultura occidental. Y no
de manera oportunista o vergonzante como Macron que prohibió la hijab (pañuelo
con el que la mujer islámica se cubre la cabeza y el pecho en señal de sumisión
a la sharia) porque necesitaba los votos en ese momento.
Europa no hay dudas que necesita la migración, pero
priorizando aquella proveniente de culturas y valores semejantes que asegure
una integración rápida como los latinoamericanos a España o estableciendo o una
controlada como lo hacen Canadá o Australia. La migración ilegal debe ser
eliminada, el camino es difícil pero la alternativa es peor.
La deportación de ilegales no es una política
exclusiva de la derecha: el gobernante que más expulso personas de su pais fue
el “progresista” Barack Obama. El tema es simple: quien quiera entrar se
asimila e integra a los valores del pais que lo acoge, sino mejor afuera.
Si no se adoptan medidas firmes en menos tiempo
del esperado tendremos una Europa Islámica. Es decir, veremos la muerte de la
civilización y los valores occidentales, la democracia liberal, el Estado de
derecho y las libertades fundamentales de nuestra cultura.
Si los musulmanes quieren mantener y vivir sus
valores en sus paises de origen, estan en su derecho. No se conoce de casos de
cristianos que pretendan imponer su fe y valores en paises musulmanes, todos
sabemos cómo terminaría esta aventura. La democracia occidental no debe
cobijar, ni subsidiar a quienes pretendan destruirla.
Esperemos que los dirigentes políticos europeos
tengan al menos la claridad y agallas que tuvo Isabel la Católica para expulsar
a los musulmanes de su pais y que no dudo cuando tuvo que enviar sus tropas a
detener a los otomanos en Italia.
Alertados estan europeos, hay moros y no
solamente en sus costas.


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