MI HIJO EL MILENIAL

Cuando apareció la novedosa clasificación de las generaciones humanas asociando sus características a la interacción con el boom de la tecnología digital me parecio un enfoque interesante.

Aparecieron las llamadas Generaciones X, Y, Z asociando cada una con características propias como emprendedores, consumidores, responsabilidad social, su sexualidad, etc.

BRUNO

Mi hijo Bruno de acuerdo a esa clasificación pertenece a la Generación Y o Millenials, también llamados pioneros digitales porque la tecnología recién entraba en los hogares y escuelas.

Cuando compare lo que decia el nuevo enfoque reconocí en él algunas de las características que le atribuyen a su generación y otras no.

Por ejemplo si fue un pionero digital ya desde que descubrió el juego de Sammy y los animales de la Selva en la computadora de papá, (¿tendría 3?) se aficiono a ellos. NatGeo era su canal de cable favorito y lo prefería a Cartoon Network y Nickelodeon. Iba casi directamente a los estantes con los libros ilustrados de vida animal cuando visitábamos la Feria del Libro y podía pasarse horas tirado en el suelo leyendo sobre el tema.

Paso por las etapas que pasamos todos, los amigos, las chicas, las fiestas, las noches, el amor, el desamor, el trago, las buenas noches, las malas noches y la rebeldía. Y siguió adelante. Gozo de las navidades familiares, las vacaciones de verano, las piyamadas de invierno viendo en un fin de semana temporadas completas de 24 o la saga de Harry Potter. Recibio a tiempo el cariño de dos de sus cuatro abuelos. Tiene pocos y buenos amigos. Es cuidadoso en su vestir y considerado cuando discute. No habla mucho y prefiere escuchar. Vio su primer Mundial de Futbol en brazos de su abuela y junto las figuritas del clásico álbum que sale en esos momentos. Pensé que le gustaría jugar al futbol pero termino prefiriendo el básquet y el tenis de mesa al ajedrez.

Principalmente por él hemos visto más de una vez: El Rey León, Happy Feet, La era del hielo, Jumanji, Mulan, Pocahontas y las crónicas de Narnia. Era la época del auge de Blockbuster y se sabía pasajes enteros de algunos de los diálogos del Rey León.

Crecia y naturalmente nos preguntábamos con esas aficiones cuál sería su camino en la vida. En su momento nos dijo que pretendía estudiar una carrera ligada a la conservación de la naturaleza y por un instante me imagine a mi hijo montado en un bote de Greenpeace disparándole pintura a los barcos balleneros y eso no me hacía muy feliz.

Cuando nos aclaró que preferiría preservar especies en extinción le dijimos que estaba bien que vaya definiendo lo que quería hacer, aunque la verdad es que pensé para mis adentros que la especie en extinción que me preocupaba era la mía.

Mientras estudiaba el bachillerato, realizo prácticas en el Parque de las Leyendas y en una empresa manufacturera, pero no lo vi muy motivado luego de las experiencias, pero el seguía en sus trece.

Ahora recién me percato que él reafirmo en este lapso lo que señala la referida clasificación de ser autónomo y autosuficiente sin ser soberbio. Aunque creo que la casa y el colegio contribuyeron y mucho.  

Faltando medio año para concluir el colegio, yo me despertaba más temprano que de costumbre y divagaba sobre su situación. Si él cree que Dios existe, pensaba yo y ha permitido que muchas especies aparezcan y desaparezcan (por idiotas al no adaptarse o porque nos las comimos) en los miles de años de vida de este planeta ¿Porque cree que él puede corregirle la tarea a Dios?

Por el contrario, seguia quemando neuronas, si él cree que Dios no existe (Dios no lo quiera, decía su madre) y la Naturaleza se comporta como Darwin y la ciencia señalan y es por ello que han supervivido las especies más aptas ¿Porque cree él que con su cucharita de playa en 60 años de trabajo podrá torcer el rumbo que la vida tiene y ha seguido desde hace miles de años?

Luego, ya comencé a tener sueños extraños: Que lo visitaba y estaba casado con una versión de Pocahontas retostada por el sol, autentica militante ambientalista, que fabricaba su propio jabón para no contaminar, usaba lentes de madera y tenía a sus tres chanchos y dos perros como proveedores de abono para sus macetas de ají, yerbaluisa y romero que adornaban su cocina y también para la huerta que había al fondo de la casa. Pero no eran extremistas, tenían internet y usaban paneles solares para proveerse de electricidad y de la calefacción en invierno.

Hasta dos veces soñé verlo como Tom Hanks en Naufrago hablando con una pelota de futbol llamado Wilson mientras publicaba en su Instagram las labores que realizaba salvando tortugas en una isla casi desconocida del Pacifico (siendo cínico aceptaría no preocuparme si lo solventaba USAID o alguna Fundación Europea).

Estaba a punto ya de pedir una cita psicológica para manejar el stress y hete aquí que apareció la luz. Consiguio la información de una ONG en Lima, fundada por un biólogo alemán que desarrollaba proyectos del tipo que le interesaban. Concertó una cita e insistí en acompañarlo, fue la última vez que me salí con la mía.

La ONG quedaba en una pequeña y antigua casa de un piso de las que aún subsisten en Miraflores con un pequeño letrero en la puerta. Nos recibió e hizo pasar una mujer de mediana edad que con un fuerte acento alemán nos dijo que Herr algo (sorry a menos que me repitan un apellido aleman siete veces lo olvido en 2 minutos, excepto que sean Beckenbauer o Merkel)  nos atendería en cinco minutos.

Era la antesala de una casa bastante austera que también funcionaba como oficina y centro de operaciones, con el mobiliario mínimo y suficiente para dos personas.

La imagen que tenia de las ONGs ambientalistas y defensoras del planeta que yo tenía con sus sponsors llegando en jets privados era la antítesis de lo que veía aquí. Parecía que alguien había eliminado (¿o vendido?) todo aquello que no fuera funcional.

Dos diplomas de la Universidad de Heidelberg lo acreditaban, a él como especialista en Biología y a ella en algo académicamente intraducible para mí. Dos o tres fotos señalaban que habían recorrido mundo.

Exactamente cinco minutos después apareció Herr algo  -por supuesto era la antitesis de Indiana Jones - caucasico y con el tipo de piel que solo toma dos colores blanco y rojo, rápido y con una mirada muy firme luego de dar las buenas tardes y dedicarme una fugaz mirada, le pregunto mirándolo directamente ¿Eres Bruno? Si. Pasa por favor, tengo una media hora libre. 

Y me dejo sentado en la sala. Para los alemanes un chico de 18 años ya es un hombre y llegar acompañado de tu papá (o peor aun de tu mamá) significa inmadurez …. de ambos. 

Que le vamos a hacer los latinos somos así.

Podía escuchar la charla entre ellos tres en la habitación contigua, aunque no la entendía ya que hablaban rápido, en alemán y con algunas frases en castellano.

Resolví sudokus de mi celular esperando. A la media hora salieron. Se despidió de Bruno con un apretón de manos y una sonrisa. Y una ligera venia hacia mi antes de darse la vuelta y desaparecer.

¿Qué tal te fue?                         Bien.

¿De que hablaron?                      De todo.

¿Y has decidido que hacer?           No. Tengo que pensarlo.

Punto.

Y no habló más. Él estaba ni alegre, ni triste, tranquilo como siempre, lo que me fastidio un poco. Tranquilamente también, se sentó, se puso el cinturón de seguridad y luego sus audífonos, el mensaje era claro. Me mordí la lengua y puse música.

Una vez más la vida me REPITIO que ELLOS hablan cuando quieren hablar y NO cuando TU necesitas que ellos hablen. 

La vida continuó. Faltando dos meses para acabar el Colegio, pidió hablar con nosotros. Rápidamente y en silencio nos miramos con su mama. Bromee sin éxito sobre si el tema era algún embarazo. Nos dijo que había tomado un test vocacional, revisado las ofertas académicas y que nos explicaría su plan, lo que escuchamos en silencio. Iba a estudiar una carrera tecnológica en tal Universidad, de tal ciudad y que el detalle del plan que tenía era este. Viajaría antes de tal fecha de aquí a allá y de allá hacia más allá. Estudiaría en tal Facultad que quedaba aquí y viviría aquí o aquí de acuerdo a la disponibilidad de alojamiento.

Por consejo de un catedrático consultado por ellos, previamente él y dos amigos - con quienes partirían juntos, pero a distintas ciudades- seguirían un curso de reforzamiento de matemáticas universitarias por cuatro meses y luego estarían listos para partir. Eso para hacerles mas suave el aterrizaje académico. Las mátematicas de las universidades del Este del país son mas exigentes que las del Oeste, consecuencias de su historia reciente. Toda la papelería académica ya estaba hecha. No teníamos que firmar nada. Nos percatamos que estabamos siendo informados. En 30 minutos vimos desaparecer al adolescente al que estábamos acostumbrados y aparecer en su lugar a un hombre joven e independiente. Cuando concluyo, solo atinamos a decirle como siempre “Bien hijo, adelante. Cuenta con nosotros”. Pero esta vez se sintio mucho más difícil.

A solas con su madre nos miramos y nos dijimos SI esta es la (maldita) independencia que queriamos para ellos.

El plan como todo plan sufrió las consecuencias de la vida: la adaptación a otra cultura, otras costumbres, otras reglas, la epidemia del COVID que lo retuvo en Lima seis meses, un cambio de carrera , de universidad, de facultad y de ciudad, retuvo viejos amigos y gano nuevos, el clima, la diferencia horaria, trabajar y estudiar, etc. Su resilencia se puso a prueba y lo manejo bien mientras nosotros a miles de Kms nos dividimos los roles, rezaba uno y confiaba el otro. 

El como Millenial ve la tecnologia como una herramienta para trabajar, comunicarse y divertirse incluida la IA con la que ahora trabaja y no le da mas peso en su vida a la tecnologia que eso. 

Si bien él, como toda su generación estan muy adaptados al uso intensivo de la tecnología y su vida virtual es una extensión de su vida real, es muy austero con lo que publica en las redes sociales y mantiene una línea clara para separar lo que expone o no en Internet.

Ahora cuando hablamos, a pesar que lo vemos bien, contento viendo como sus planes se desarrollan y lo que está viviendo, me ha aparecido un lado aprensivo que nunca tuve, leo las noticias de su continente y su pais adoptivo y trato de no preocuparme por él (ellos), pero no me es fácil.

Recuerdo y valoro ahora el peso real de lo que una vez me dijo mi viejo. Fue la ultima vez que fui con el a un estadio a ver jugar al Municipal. Lo dijo despacio pero claro: “Cuando eres padre, lo eres hasta el día que te mueres” 

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