Todos
le decían Papi.
Naturalmente al principio me sonó raro que a un hombre de 25 años lo llamaran así; ni siquiera en casa a mi viejo le decíamos Papi; pero al poco tiempo me parecía normal.
El amor con que su madre lo llamaba había desbordado el ámbito familiar y llegado a la calle. Para su madre, profesora y a la vez padre y madre de tres críos, todos los amigos de sus hijos éramos un poco sus hijos también y así nos trataba.
Pero esa
vez, llego al cumpleaños una señora acompañada de su hija a quien no recordaba
haber visto en alguna reunión anterior. Fue una revelación. La hija era una morena
color canela, delgada, parecía que practicaba algún deporte, con pelo muy muy corto,
ojos grandes y usaba vestido, algo muy
femenino y que contrastaba con todas las demás chicas que usaban jeans. Y lo más
importante trasuntaba una sencillez y tranquilidad que la hacía más atractiva
aun.
Naturalmente al principio me sonó raro que a un hombre de 25 años lo llamaran así; ni siquiera en casa a mi viejo le decíamos Papi; pero al poco tiempo me parecía normal.
El amor con que su madre lo llamaba había desbordado el ámbito familiar y llegado a la calle. Para su madre, profesora y a la vez padre y madre de tres críos, todos los amigos de sus hijos éramos un poco sus hijos también y así nos trataba.
Su vida
era la música, y más tarde ya casado con el amor de su vida y con tres hijos; tuvo que
migrar a otro continente para poder progresar y dedicarse a su pasión. Hoy, décadas después, sigue dedicado a la música
y por lo que sé es feliz. Y aún lo
llamamos Papi.
Bueno,
fue en su casa, era verano y había una fiesta por el cumpleaños de él o de uno
de sus dos hermanos, no recuerdo bien. Por la amistad frecuente con ellos
conocíamos también a sus familiares y amigos.
Pero esa
vez, llego al cumpleaños una señora acompañada de su hija a quien no recordaba
haber visto en alguna reunión anterior. Fue una revelación. La hija era una morena
color canela, delgada, parecía que practicaba algún deporte, con pelo muy muy corto,
ojos grandes y usaba vestido, algo muy
femenino y que contrastaba con todas las demás chicas que usaban jeans. Y lo más
importante trasuntaba una sencillez y tranquilidad que la hacía más atractiva
aun.
Naturalmente
todos los jóvenes le echamos el ojo y nos cruzábamos miradas y sonrisas.
La fiesta
empezó. La gente bailaba y conversaba.
La
saque a bailar varias veces, entable conversación y hubo química.
Ella circulaba
por la fiesta, pero esporádicamente se acercaba donde su Mamá conversaba un
rato con ella y luego seguía circulando.
Tito,
mi compadre, paño de lágrimas de las chicas tristes y dueño de un par de orejas
siempre dispuestas a escuchar las penas de sus amigos, me aviso del peligro.
"Loco, la Mamá te está mirando". Así es Tito siempre cuidándonos las espaldas.
Volteo discretamente
y efectivamente la Mamá me tenía clavada la mirada. El mensaje era claro "Cuidado.
Te estoy mirando" Lo que no sabía esa santa señora era que yo era sobreviviente
de las fulminantes miradas de reproche de mi Madre y resistente a la disciplina
silenciosa de los ojos de mi Padre, por lo que sus posibilidades de intimidarme con
la mirada eran nulas.
Seguía
la fiesta.
La sacaba
a bailar con cierta regularidad y conversaba con ella unos momentos al final.
No pretendí ser exclusivo con ella.
Note
que la Mamá me miraba sobre todo cuando bailaba con su hija, el resto del tiempo
me “pasteaba”, quería tenerme en su radar.
Un poco
más tarde y ya un poco achispado le dije a Tito que tenía pensada una broma. Cuando se lo
conté se rió y me dijo “Se va a parar y te va a perseguir a cachetadas “,
“Si eso pasa, le pones cabe”
conteste.
Me fui
a una esquina de la sala tal que la forzaba a voltearse para mirarme y la
señora efectivamente se volteó ligeramente y me miraba de modo que ella creía
era discreto.
Estuve
allí unos tres minutos -una canción para ser exacto - y avancé unos pasos por
el perímetro de la sala. Esperé un minuto y discretamente me volví a mirarla,
me seguía.
Esperé otros
tres minutos –una canción- y avancé unos tres pasos más.
Converse
ligeramente con alguien y la mire con el rabillo del ojo. Había girado para
seguir su vigilancia.
Repetí
la operación un par de veces mas hasta llegar al extremo opuesto de donde había
partido y ella había girado en su silla casi 90 grados !!!
Parecía
la escena de la pesca de un merlín. El pescado estaba haciendo girar al
pescador.!!
Mire a
Tito, este se mataba de risa.
La
expresión de ella que era tranquila y hasta impasible, ahora lucia ligeramente
molesta.
¿Se
había percatado que le estaba tomando el pelo? De repente.
En un determinado
momento, después de bailar, salí a conversar con ella en el balcón de la casa, donde le
pregunte si podíamos ir al cine al día siguiente. Esta acción era en realidad una medida
desesperada, ya que si bien la fiesta estaba en su pico, yo tenía que regresar
temprano a casa. El día anterior, viernes,
había llegado tarde y mi padre me había “pedido” que el sábado llegara
temprano.
Mi cálculo
era que, si me iba de la fiesta sin conseguir una cita, alguno de los
galifardos que también la merodeaban lo conseguiría.
Para mi
alegría me dijo que sí y me dió su dirección: Pardo 318 2do Piso a las 6 de la
tarde. Hasta ahora la recuerdo. Su sonrisa y la mirada cómplice al dármela fue
suficiente para irme sin temor alguno de la fiesta. No tendría competencia.
Unos
minutos después me despedí de todos, incluida su Mamá –quien estaba sorprendida
que me fuera -y me fui a casa.
Estaba más
contento que perro con dos colas.
……. Continuará
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si deseas pon tu nombre al inicio del comentario.