Debo reconocer que esa fue la única vez en mi vida que estuve a punto
de perder los papeles.
Luego de una luna de miel de dos años, habíamos decidido
tener nuestro primer hijo y “nuestro” embarazo había marchado bien hasta
entonces.
Habíamos pasado por todos los inolvidables rituales que significa el
primer hijo: desde la elección del nombre (igual que todos recorrimos el
abecedario de arriba a abajo, descalificando nombres por razones reales o
imaginarias, si sonaba bien, si rimaba con el apellido, y varios etcéteras
que consumieron fines de semana íntegros) , su cuarto, su colcha, sus sabanas, la cuna, la cómoda, el móvil, el velo para protegerlo
de los zancudos (nacería en verano) y finalmente desde ya el nombre de un buen pediatra (tip: si era
viejo mejor)
También por supuesto los controles mensuales, la revisión de la literatura, los consejos de las expertas, los tips de los expertos, las sesiones
de profilaxis (donde me dolieron músculos que
no sabía que tenia ), el baby shower y sus enormes sonrisas, etc.
Ambos tomamos vacaciones antes de la fecha
prevista, ya la futura mama dormía semisentada y necesitaba ayuda para levantarse
del sofá.
Como se imaginarán todos los que la conocen, mi cónyuge se había
encargado de organizar todo, desde las compras para sobrevivir 15 días sin salir de casa hasta la muda de ropa (doblada y planchada) que su asistente (yo) se
pondría la primera semana luego del nacimiento. Todo estaba listo y en su
sitio. Dos maletines al costado de la puerta indicaban que el plan de
evacuación estaba listo para ponerse en marcha apenas la naturaleza diera su
primer aviso que el vástago estaba acercándose a la pista de aterrizaje.
Así fue. El 14 de diciembre en la madrugada un codazo en las
costillas me despertó y escuche un “Ya. Se rompió la fuente” : No necesitaba escuchar más. Fue como el toque de diana en un cuartel. En modo automático, todas las instrucciones positivas: levantarse, sacarse el pijama, bañarse, vestirse,
tomar desayuno, llamar a la ginecóloga, conseguir un taxi, no olvidar las
maletas, verifica que llevas los papeles del seguro, la cartera, preparar
desayuno y también las indicaciones negativas: ella no debe desayunar, no usar mocasines, si zapatillas, una casaca ligera para la noche, sácate el pijama
antes de bañarte, etc, se mezclaron en mi cabeza.
ALTO.
Tranquilo. Ordénate: Primero lo primero: levántate, sácate el pijama, métete a la
ducha y vístete.
En eso escucho “¿Cesar, que estás haciendo? Ayúdame.” “Ups”
Por un momento me había olvidado que ELLA iba a dar a
luz, yo solo sería el asistente.
Okok. Primero lo primero y me puse a asistirla. Todo con cuidado.
La ayude a levantarse, cambiarse y ejecutar el plan.
Estaba concentrado no se en que, cuando un “Apúrate tu ¡!” me puso en modo turbo. Todavía estaba en pijama.!
No sé muy bien si lo hice en el orden correcto, pero 3
minutos después yo estaba listo para partir, (había mejorado mi tiempo de simulacros
anteriores.)
Antes de salir., llamar a la ginecóloga, decía la instrucción.
Era las 4:45 am pero la verdad no tuve reparos.
La llame, ella con su tranquilidad
profesional, podía tranquilizar a una primeriza pero definitivamente puede
sacar de quicio a un padre debutante.
“Alo. Dra. Calle. Se rompió la fuente y ya tiene
contracciones”
Una voz soñolienta: “Perdón. ¿Con quién hablo?”
Había olvidado que eran 4:45 am de un sábado y que no me había
identificado.
“Soy yo.” Pausa.
Me identifique. Me recordó. Alivio.
Pregunto “¿Cada cuánto tiempo le vienen las contracciones?”
“Que?... un momento le voy preguntar”
“Cada 5 minutos” transmití el mensaje.
“Ok, Hay tiempo. Nos vemos en la clínica a las 7:30”
“Que ¿? ¿No podría ser antes?”
“Para qué?” No esperaba esa contra pregunta.
“No sé. Digo”
“Nos vemos a las 7:30. No se
preocupe.”. Me pareció que había bostezado.
Eran las 5 de la mañana¡!!!
¿Cómo que no me preocupe? Ella cada vez me apretaba más fuerte la mano. Que iba a hacer yo, perdón nosotros, hasta
las 7:30 de la mañana.? Me sentí abandonado.
Debe haber pocos instantes en la vida donde te sientes mas inútil
que en esos momentos, el drama se desenvolvía frente a tus ojos y tu –el padre
de la criatura- y dizque jefe de la familia tenías asignado un papel de quinta categoría.
¿Porque, valgan verdades que podemos hacer, aparte de
sostenerle la mano y decirle que la queremos mucho? Y eso mientras unos ojos adoloridos nos miran provocándonos un tremendo sentimiento de culpa.
A las 6:30 tomamos un taxi. Llegamos a la clínica.
La Dra. Calle llego puntual y luego de los exámenes del caso sugirió
hacer cesárea.
Nosotros queríamos un parto natural así que decidimos esperar
que la naturaleza haga su trabajo.
Finalmente, se decidió efectuar la cesárea.
Me sorprendí
cuando una de las enfermeras me invito a pasar a la zona del vestidor para
cambiarme e ingresar a la sala de operaciones. Si bien desde el principio había
decidido presenciar el nacimiento de mis hijos, en ese momento la invitación me sorprendió.
Y
todo sucedió como en cámara lenta.
El lavarse las manos tratando de imitar la
técnica de los médicos, el cambiarse, ponerse el mameluco verde, la
gorra, la mascarilla, los forros para los zapatos, etc. todo sucedía como en un
ambiente brumoso.
Presencie toda la operación. Fui el primero en verlo en este mundo.
Todos los que han participado de esta experiencia saben lo
maravillosamente humana es.
Mi primer gesto cuando me lo acercaron, apenas salido del vientre materno y antes de limpiarlo, fue tocar los dedos de sus manos y pies. Porque lo hice? No se, fue algo instintivo.
Cuando lo tuvimos con nosotros estaba claro que
la cesárea había sido necesaria.
Mas tarde, recibimos las visitas con las
felicitaciones de rigor. Todos transcurría con la felicidad propia de esos
momentos.
Fueron dos días lentos y maravillosos : en el mundo pero separados de el, nada importaba.
Al tercer día nos dieron de alta y habíamos preparado ya las
cosas para salir. Naturalmente nos entregaron la factura por los servicios, revisándola leo un ítem : Prueba de Tomografía Computarizada.
Prueba de Tomografía Computarizada ¿? Que ¿? ¿Cuando? A quien ? Porque ?
Mi esposa tampoco sabia nada.
Entre intrigado y fastidiado me acerco a la Mesa de
enfermeras. Había varias de ellas allí y le pregunto a la que estaba frente al monitor cuando se dignó mirarme.
“Señorita. Buenos días."
"Buenos días"
"Estamos en el 304. Acabo de recibir
la factura y aquí leo “Prueba de Tomografía Computarizada.” ¿Me puede decir que
Prueba es esa?”
Hago la pregunta
mientras le muestro la segunda hoja de la factura (son minuciosos para cobrar).
La enfermera recibiendo la factura y consultando con su
sistema me dice: “Si. Fue una prueba ordenada por el Pediatra Neonatologo, el Dr.
XX”
Me incendie. A mi se me nota.
“Al niño ¿?”
“Si”
“Porque le hicieron esa prueba?”
“Para descartar hidrocefalia”
“Y a quien le informaron que le iban a hacer ese examen?” “Quien
lo autorizo”
Las últimas tres preguntas fueron hechas con el tono más
contenido que pude lograr para el nivel de furia que tenía.
Un silencio incomodo
se había apoderado del lugar, Todas las enfermeras de repente se quedaron en silencio.
“Bueno. No tengo esa información aquí.” Me dijo y miro a su
compañera con una mirada más que reveladora.
“Quiero hablar con el Dr. XX por favor.” “Ahora” Esta ultima frase en un tono que no admitía dudas sobre mi animo.
Regrese a la habitación.
Estaba furioso. La convaleciente estaba sentada en el sofá
cama donde yo había dormido las últimas dos noches.
Como un medico toma decisiones sin conocer los antecedentes ?.
Bastaba que hubiera hablado conmigo para saber que el tamaño de su cabeza era algo absolutamente normal y hasta previsible.
Tarado, son unos tarados decía una y otra vez para descargar el fastidio.
Tres minutos después llego el médico. Era muy joven y estaba
muy serio.
Se presentó. “Buenos días. Soy el Dr. XX. Me informaron que
deseaban hablar conmigo”
“Buenos días. Queríamos saber que significa la Prueba de Tomografía
Computarizada y porque la hicieron”
“Bueno esa prueba se hace cuando se tiene la presunción de
hidrocefalia”
“Perdón, antes que continúe. Se tiene la presunción dice
Usted?. Quiere decir que Usted tenía la presunción. ¿No es así?”
"Bueno, si"
“Yo soy el padre, ella es la madre y a usted no lo conocemos. No lo hemos contratado como el pediatra de nuestro hijo ¿No se le ocurrió pedir la autorización, consultar o
informar a los padres?”
“Bueno…”
“No hay nada bueno aquí. Esa prueba ya se la hicieron en los
controles prenatales y esa hipótesis fue descartada”
“Si, Pero esta no es una prueba
invasiva”
Aquí ardió Troya.
Me le acerque y mirándolo directamente a
los ojos le dije: “ ¿No me esta escuchando? YO SOY SU PADRE. ¿A QUIEN
LE INFORMO O PIDIÓ AUTORIZACIÓN PARA ESA PRUEBA? ¿A QUIEN? ”
El chico estaba verde. Para mi era un chico.
“Cesar tranquilízate” Escuche
detrás mío.
Obediente, baje la voz: “Míreme. Míreme. ¿Ve mi cabeza? ¿La
ve? Por supuesto que la ve. Todos la ven, excepto Usted"
Entregándole la factura le dije. “No pienso pagar esa prueba. Sera mejor que la borren de la factura para olvidarme que esto sucedió o Usted va a tener problemas
conmigo”
Me dirigí a la puerta despidiéndolo cuando se apareció personal de seguridad con una de las enfermeras, esto ya cuando el Dr XX salía de
la habitación.
Cerré la puerta detrás de él.
“Este cree que la vida empezó cuando el llego a la tierra”
“Yo lo hubiera cacheteado” Dijo ella.
Un incidente menor no iba a arruinar uno de los momentos mas significativos de nuestra vida.
Así que me pongo muy serio, la miro y le contesto “What ? ¿Are
you talking to me?” mientras me señalo imitando la famosa escena de De Niro en
Taxi Driver.
Se desconcierta, pero luego sonríe.
Me acerco y repito “¿ARE YOU talking to me?”
“Jajajaja. Tu padre esta chiflado.” Le dijo a su primogénito.
“Si. Eso es seguro” Les doy un beso.

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