ESTUVE A PUNTO DE SER MORMON (1/3)

FEBRERO

Me acababan de contratar por un año para ser tutor de un internado mixto en Miraflores donde se recibía cada año con becas integrales a los mejores alumnos egresados del nivel Primaria de las escuelas de una zona de Junín.

Clima playero en Lima y los escolares de vacaciones. Las clases universitarias estaban suspendidas por el ambiente convulsionado en las universidades nacionales.

La reunión general del Colegio-Internado realizada previamente al inicio del año escolar tuvo una mesa encabezada por la Junta Directiva, representantes de los padres de familia del internado y del Ministerio de Educación. Entre el público asistente, además del personal docente y administrativo, resaltaba la colorida presencia de las familias completas de los alumnos becados ingresantes de primer año que habian viajado exprofesamente para esta ceremonia y dejar instalados a sus hijos. Naturalmente estaban impactados por la modernidad y la belleza miraflorina

Las 3 personas que me habían entrevistado eran parte de la mesa: la Directora-Propietaria; una menuda anciana en sus 80 de apariencia frágil que usaba unos enormes lentes de diseño moderno, el Director del Colegio; un redondo personaje contento con su título, aunque sabía –todos sabían- que su título era una formalidad y finalmente la Coordinadora; una recia huancaína siempre de vestimenta oscura y formal.

Me enteraría poco después que su cargo no existía en el organigrama del Colegio y en los hechos era el poder detrás del trono. La Directora de facto.

En el escenario entre otros había también un hombre ya maduro y que por su enorme parecido físico era claramente hijo de la Directora.

El Director del Colegio, mas redondo desde la última vez que lo vi, fungio de maestro de ceremonias y que luego de probar el micro y saludar le cedio la palabra a la Directora quien dio la bienvenida a los padres de familia de los alumnos becarios especialmente a los nuevos, luego hablo el representante del Ministerio sobre las generalidades de siempre y finalmente tomo la palabra el hijo quien dio a notar su sesgo profesional de abogado en un discurso que se centró en la calidad educativa y formativa de la institución, resalto el Plan Operativo Anual que se ejecutaria, la integridad de sus servicios y en la seriedad y responsabilidad del personal. Estabamos en Harvard.

Terminados los discursos, nos presentaron como nuevo personal -éramos tres- y con la bienvenida a todos dieron por concluida la reunión.

Cuando ya salíamos, la secretaria del Colegio se acercó y me comunico que tenía que asistir a una reunión con la Dirección, me separe del grupo y junto con ella fuimos a la oficina.

Al ingresar me encontré con que allí estaba reunida toda la plana mayor, que guardo silencio al verme entrar. Todos estaban de pie en un semicírculo alrededor de la Directora, quien sentada en un enorme escritorio parecía más pequeña aún. Me pregunte para mis adentros si sus pies llegarían al suelo.

Me invito a sentarme. Por un instante me sentía un tanto extraño por las distintas miradas que recibía que iban desde la curiosidad y amabilidad, hasta la seriedad y la indiferencia.

La Directora luego de manifestar su agrado por trabajar conmigo (¡solo había hablado con ella 20 minutos en la entrevista!) y por hacerme cargo de un grado tan importante como quinto de secundaria, señalo que parte importante de mi cargo incluía dar asesoría en Matematicas una vez por semana durante dos horas tanto a los alumnos como a las alumnas de quinto de secundaria. Para ello añadió, mientras tomaba y leía una hoja de papel, debía asistir los viernes de 4 a 6 al internado de mujeres y de 7 a 9 al internado de varones. Y luego de decir esto guardo silencio y senti la expectativa. 

Entendí y contesté que ese punto me había quedado claro durante la entrevista con ella y que así seria. Por un momento pensé que me pedirían firmar un papel con este compromiso pero por sus reacciones, era lo que querían escuchar. Eso fue todo, la Directora se puso de pie y me agradeció que hubiera asistido. Me despidieron con algunas amistosas sonrisas.

Desconfiado, como soy al salir me preguntaba que estaba pasando. Inmediatamente tendría la explicación.

A la salida se me acerco uno de los tutores antiguos de apellido Matos, un ex marino mercante bajo y fornido, muy amistoso y de un tremendo parecido al personaje llamado Sam Bigotes. Era el tutor de 4to de secundaria.

Con poco natural descuido me pregunto: “¿Qué tal la reunión?”

“Bien”

Ya sin disimular su curiosidad me pregunto “¿Que querían?”

“Solo confirmar mis asesorías de matemáticas”

“Lo quieren poner en el informe a los padres de familia como beneficios adicionales que dan a los alumnos” dijo con cierto tono de fastidio. Esa era la expectativa me dije.

“No es oro todo lo que brilla” siguió diciendo y antes que le preguntara que significaba eso me pregunto:” ¿Qué año te han dado?”

“Quinto” le conteste.

“Ten cuidado, son medio maleados” fue su alerta.

“¿Cómo maleados?” me pico la curiosidad.

“Los tuve el año pasado y más que maleados son rebeldes, mucho los han engreído desde que estaban en primero. Fuman, toman, abusan de los más pequeños”

“¿Cómo que toman? ¿Abusan?” le pregunte algo alarmado.

Que expresión tendría mi cara que rápidamente aclaro “No, en ese sentido, abusan porque les piden plata prestada y se la devuelven en meses, les quitan la pelota cuando juegan y les hacen camotito o piden que le presten el walkman y se lo devuelven cuando quieren. Hacen eso sobre todo con los chicos nuevos de primero”.

Y añadió “Los sábados y a veces los viernes compran botellas de licor y las meten a escondidas. Luego en la noche se juntan en un dormitorio y toman “

Estuve a punto de decirle “Y tú, ¿qué hacías?”, pero preferí callarme, recién tenía 10 días y era el primer compañero de trabajo con el que hablaba con cierta confianza.

Preocupado, le pregunte “¿Y cómo se llama el líder de quinto?” “Cóndor” “¿Se apellida Cóndor?”

“Si. En la ceremonia de inauguración te lo enseño”.

<< Donde me he metido pensé>>

ABRIL

A minutos de la ceremonia de inicio del año escolar, Matos se me acerca y dice “¿Ves esa pareja de chicos? ¿Uno alto y otro chato que están conversando con esas dos chicas?”

“Si” “El más alto es Cóndor, el otro es Rivas su mejor amigo”

“Ok”.

Mientras los miraba, una de las chicas del grupo gira y vi una bonita chica con una enorme sonrisa. A pesar de la distancia sentí el impacto. “¿Y ellas quiénes son?” pregunté con falso desinterés “Son Zarina y Balvin. Zarina es el primer lugar de la promoción y Balvin su mejor amiga”. “Cóndor persigue a Zarina desde que están en primer año” añade.

<<Los chicos malos prefieren chicas buenas>>

Fue la primera vez que vi a Zarina.

De esos primeros meses lo único saltante que recuerdo, aparte de cruzarme con ella todos los días, fue un incidente con un alumno de cuarto año de apellido Pocomucha, un chico más bien bajo pero fornido quien durante varios días se venía comportando mal: llegaba tarde al desayuno, venia del colegio con la camisa afuera, no hacia las tareas, le quitaba el postre a los más pequeños y otras majaderías semejantes.

Un día, en el comedor durante la hora del almuerzo fue que Pocomucha se trenzo en un forcejeo con otro alumno de cuarto que salió en defensa de uno de primero, un flaquito inquieto, de pelo castaño y cara de pícaro apellidado Ramos que estaba siendo maltratado por este, solo porque le reclamaba que le reparara los audífonos del walkman que le había prestado. 

Como estaba cerca del incidente, intervine para separarlos. No había terminado de llamarle la atención por maltratar a un alumno menor, cuando Pocomucha en voz baja pero perfectamente audible dijo “No voy a arreglar nada. Yo no los he malogrado. Además, usted no es mi tutor”.

Era un reto abierto. En el comedor había expectativa por ver mi reacción, era hora de pisar fuerte.

Le respondí tranquilamente: “Tienes razón no soy tu tutor, pero tengo la autoridad para darte órdenes. Pero si no quieres obedecer, no hay problema. En este momento voy a llamar por teléfono a tu casa para que tu papá o tu mamá mismos se encarguen del asunto del walkman. Acompáñenme ustedes dos a la Coordinación.” dije señalando a Ramos y a Pocomucha.

Ningún tutor, había hecho esto antes, el llamar por teléfono directamente a los padres de un alumno. Sabía que me estaba saltando varios niveles de jerarquía, pero si no imponía mi autoridad en ese momento sin duda lo lamentaría el resto del año. Simplemente fue lo que se me ocurrió hacer.

El silencio en el comedor se hizo mayor, sorprendido el mismo Pocomucha dijo “Llame, si quiere” levantando los hombros y siguiéndome, pero vi que ya no las tenía todas consigo.

Fuimos los tres a la oficina de la Coordinación. Esta era una sala grande con una pretenciosa pared donde estaba la puerta, confeccionada toda de acero y vidrio. Algunos chicos pasaban y volvían mientras otros se sentaron en el suelo junto a la pared frente a la puerta para seguir el drama. Me senté en la silla del escritorio y le indiqué a Pocomucha que se sentara frente a mí, quedando así el de espaldas a la puerta. Ramos se sentó un poco más atrás, él también estaba sorprendido, pero era evidente que tampoco quería que se hiciera la llamada, imaginaria tal vez que luego de esto todos los de 4to año le caerían encima.

Busque y tome la agenda telefónica y con deliberada calma a pesar que estaba en orden alfabético, busque el número. Al encontrarlo lo leí en voz alta.

Mirándolo le pregunté:” ¿Es el número?”. No me contestó y tampoco me miró.

Ante su silencio dije “¿Quieres que confirme el número con la Dirección?” Pocomucha no esperaba eso. Sin levantar la cabeza y con un hilo de voz contestó “Sí. Es el número”.

Empiezo a llamar y al discar el segundo digito Pocomucha, ya rendido, enderezó el cuerpo para darle mejor la espalda a sus compañeros que lo veían desde la puerta y mirándome dijo en voz baja: “No llame.”, sus ojos lo decían todo.

“¿Porque? “¿Significa que lo vas a arreglar?” le contesto en voz baja también, pero sin moverme.

“Si. Pero no me haga roche.” mientras con las manos en el pecho señalaba con sus pulgares hacia atrás donde estaban sus amigos. Habia perdido y le preocupaba su imagen. Estábamos representando un drama.

“¿Si, lo vas a arreglar entonces?” dije mirándolo fijamente. Solo aseguraba el nudo.

“Si”.

“Ok. Tienes una semana.” y sin terminar de marcar el numero simulé que el teléfono estaba timbrando.

Esperé un minuto. “No contestan. Tienes suerte, parece que no hay nadie en casa” digo en voz alta, lo suficiente para que se escuche hasta afuera. Cuelgo el teléfono.

Luego llamo a Ramos indicándole que se acerque al escritorio. Este estaba aun con ropa de deporte, el pelo mojado revuelto y las mejillas rojas.

Se acercó arrastrando unas zapatillas que no eran baratas, era claro que su mamá lo engreía, y se apoyó en el escritorio poniendo las dos manos sobre el vidrio. Miré sus manos y luego extrañado lo miré a los ojos.

Retiró las manos del escritorio, se retiró el pelo que caía sobre su frente y puso las manos detrás. Era atrevido.

Dirigiéndome a él en voz baja pero audible solo para ellos dos le dije: “Ramos, te conozco, no eres ningún santo, te gusta jugar con los mayores, pero no te gusta cuando eso te causa problemas. Tu mami viene cada quince días a verte y comprarte cosas, bien. Pero recuerda que yo te veo todos los días.“ Por su expresión él creía que nadie lo observaba.

“Esta vez, Pocomucha va a pagar la reparación.” Añado:” Pero no más préstamos. A nadie.”

“Y escúchame bien, para todo el que pregunte la decisión final es que lo van a pagar a medias. Si alguien se entera que Pocomucha ha pagado todo, pensare que tú lo has difundido y me voy a molestar contigo y tendre que hablar con tu mami a solas. ¿Está claro?”

Asintió, pero no le gusto que yo enfatizara el termino mami, porque era el que el usaba cuando ella llegaba a verlo.

Luego a Pocomucha en voz baja "Es la última vez que me contestas de malas maneras".
Santo remedio. No volvió a hacer majaderías.

Los dos salieron aliviados y la verdad yo también.

Luego ya saliendo les dije a los de afuera. “Vamos, esto ya se acabó. Vayan a hacer sus cosas”.

ESTA HISTORIA CONTINUARA ....

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