LA PUERTA

[ANÉCDOTA]
Mi mama era  una mujer singular.  Tenia sus propias reglas no escritas y nosotros cuatro naturalmente teníamos que sujetarnos a ellas. Eran claras y simples y las sanciones era previsibles. Todos sabíamos lo que pasaría en caso de infracción.

Por ejemplo, una regla, era que estaba mal visto hacer preguntas obvias. Hacer una pregunta obvia merecia de ella como respuesta un silencio vergonzoso que provocaba en el infractor una acelerada búsqueda mental de su error, o una mirada que le preguntaba en silencio al infractor si estaba ecuánime o en el peor caso recibir una respuesta rápida y ácida que normalmente generaba sonrisas o hilaridad de todos los demás hermanos. 
Si preguntabas "¿Tenemos que lavarnos las manos?" te podian responder algo como "NO, lavate solo una" o si preguntabas "Ya me llene. ¿Puedo dejar un poco?" te encontrabas con la confusa respuesta "Acabalo primero y despues dejas la mitad"

Otra de sus reglas, era que, cuando te mandaba a comprar algo, no podías regresar sin comprar lo que te había ordenado, no importaba hasta donde te tuvieras que ir.

En el barrio había muchas bodegas, por lo que cumplir un mandado era sencillo. Si no había el producto en una de las bodegas podías encontrarlo en alguna de las otras. Era tu obligación recorrerlas todas si era necesario, hasta cumplir el encargo.

Solo había una tienda que estaba vetada. La que era conocida como la tienda de las solteronas. La tienda era propiedad de una pareja ya mayor que tenía cinco hijos: un hombre el mayor y cuatro mujeres todas solteras que sobrepasaban los cuarenta por lo que la calificación de solteronas, siendo cruel era exacta.  

A esa tienda podíamos ir si, y solo si, lo que buscábamos no había en ninguna otra.

Un día, mi mamá envió a mi hermano menor a comprar. Luego de un buen rato este volvió con el producto, pero al darle el vuelto ella vio que faltaba. Pregunto que había pasado. Mi hermano contesto que ese era todo el vuelto que le habían dado.

"Dónde has ido a comprar?"
"Donde las solteronas" y presuroso añadio "No habia en otro sitio"
"¿Y quien te atendio, el señor o la señora ?"
"No, la fea"

La denominada fea era la mayor de las hermanas y si bien no era muy agraciada, lo que la terminaba de descalificar era que no tenia buena actitud para atender. 

Nosotros creíamos que la cruz que mi mama había puesto sobre la tienda era por un altercado con ella. No sabíamos bien porque. Los demás hermanos mirábamos en silencio, mientras mi hermano menor era interrogado.

Mi mama podía dejar de lado cualquier diferencia, pero si alguien chocaba con sus hijos, mas aun con su engreído, eso equivalía a comprar todos los boletos de una rifa.

"Vamos" le dijo a la vez que en un solo movimiento, se sacaba el mandil con una mano y agarraba a mi hermano por la muñeca con la otra.

Hicimos el ademán de ir a ver lo que pasaría. "Ustedes se quedan" nos ordeno, sin mirarnos y dirigiendose a la calle. Una orden sin mirarte, era una orden terminante cuyo incumplimiento uno ni siquiera se podía imaginar.

Vimos a mi mamá salir decidida rumbo a la tienda, llevando a mi hermano bien cogido por la muñeca. Nos quedamos frustados, ibamos a perdernos el espectaculo.

Paso un rato.

En eso escuchamos un barullo en la quinta. Nos asomamos. Era mi mama que volvía con mi hermano, y tras de ella tres chicos del barrio, amigos de mi hermano haciéndole escolta. 

Pero lo que nos sorprendió era que mi mama se traía la puerta de metal de la tienda. Los tres hermanos nos quedamos mirando. La puerta de la tienda ?? 

Entro a la casa, dejo la puerta en un depósito que teníamos al fondo y luego de lavarse las manos, siguió haciendo sus cosas. No nos dijo una palabra. Por supuesto interrogamos a mi hermano sobre lo que había pasado.

El dijo que la primeras palabras de mi mama fueron amable. "Señorita, mi hijo ha comprado tal cosa, ha pagado con tanto y usted le ha dado tanto de vuelto, Falta tanto" y piso el vuelto recibido sobre el mostrador de madera.

La fea "No señora, le he dado el vuelto completo"

Mi mama algo molesta, le dijo que no habia sido asi y que no se iría sin llevar su vuelto completo.

Nuevamente,la fea "No señora, le he dado el vuelto completo" Y, sin darse cuenta que estaba prendiendo un fósforo en una gasolinera, añadió innecesariamente  "El seguramente debe haberlo perdido jugando"

Allí ardió Troya. Acababan de decirle irresponsable y mentiroso a su engreído. 

No voy a reproducir lo que mi hermano nos contó lo que mi mama le contesto para proteger algunos sensibles oídos, pero el efecto de sus palabras fue que la fea se puso pálida, dio un paso atrás, le pidió a mi mama que se vaya y añadió que no le daría nada.

Mi hermano nos aseguro que si el mostrador no hubiera estado en medio, mi mama la agarraba y ahi si la fea iba a quedar mas fea aun, si eso era posible  de imaginar.

Mi mama estaba furiosa y ante la imposibilidad de ponerle las manos encima a la fea giro la vista y vio la balanza blanca de la tienda; una de esas balanzas Berkel de aguja; que estaba sobre el mostrador, fue y trato de llevarsela, pero no pudo, estaba encadenada. 

En medio de los gritos de la fea y de una de sus hermanas, mi madre ya en píe de guerra al ver que no podía llevársela soltó la balanza que quedo por fuera del mostrador colgando cabeza abajo y se dirigió hacia la puerta de la tienda que estaba a un costado del marco de la entrada y la tomo como rehén. 

Ninguna de ellas se atrevió a seguirla cuando salio. Lo que fue sensato.

Nosotros esperábamos que alguien viniera a reclamar la puerta, y con esa expectativa había un gran silencio en la casa, mientras tanto mi mama estaba tranquilamente haciendo las cosas.

Llegó la noche y nadie vino a reclamar la puerta. A eso de las 7 llego mi Papá pero ninguno de nosotros se atrevió a decirle nada.

Al rato escuchamos que le pregunta a mi mama "Ana, que es esto?", nos acercamos y escuchamos su versión de la historia contrastandola con la que mi hermano nos habia contado.

Mi papa escucho en silencio y antes que ella terminara de contar, empezo a reirse a carcajadas mientras miraba la puerta con las manos en la cintura.. Ella también, para sorpresa nuestra, se reía de buena gana.

A los pocos minutos tocaron la puerta. Eran el papá y el hermano mayor de las solteronas. Se notaba que habían estado esperando que llegara mi papá. 

Mi papá abrió la puerta. Pidieron hablar con el. 
Por supuesto los hizo pasar, "Tomen asiento por favor". "Gracias" 

"Señor Villar, ha habido un malentendido entre una de mis hijas y su esposa" habló el papá. 
Habian averiguado el apellido de mi padre.
"¿Así? ¿Qué paso?" pregunto mi padre haciendose el desentendido.

El papá con mucho cuidado narro los hechos sin atribuir culpa a nadie, llamo "malentendido" al incidente y la visita que mi mamá había hecho a la tienda fue descrita como una "desagradable discusión". Y como cereza del postre, admitió que posiblemente por error le habían dado de menos en el vuelto a mi hermano y que por tanto le hacia entrega de la diferencia.

Mi papa muy serio, escuchaba en silencio. 

Parecían los Sollozzo quejándose ante Vito Corleone de los malos modales de Luca Brasi.

Hasta ese momento no habían mencionado la puerta.

"Bueno. Yo también lamento el malentendido." dijo mi papá haciendo el ademan de levantarse y asi dar por cerrada la conversación. 

"Señor Villar, eso no es todo."                                                                          
"¿Que ? , ¿Como?" dijo mi papa, mirándolos fijamente.
"Como le dijo mi papa, su esposa no pudo llevarse la balanza,... pero se ha traído la puerta de la tienda y ahora no podemos cerrarla"

"Aja." Mi papa hizo una pausa"Esperenme un momento, por favor"

Luego entro al fondo de la casa. Paso un par de minutos. Se demoraba mas de lo neesario cuchicheabamos.

Unos momentos después salio con la puerta. Se la entregó a los visitantes y los despidió con un cortés "Buenas noches" . Cuando se fueron, había un ambiente de tranquilo triunfo en la casa.

Mientras cenabamos esa noche, de repente mi papá se quedo mirando a mi mamá y se puso a reír con tantas ganas que terminamos todos riendo. Nadie hablo, todos sabiamos de que nos reiamos. 

Naturalmente el hecho corrió como reguero de pólvora en el barrio, alguien había puesto en su sitio a las solteronas.! Por unos dias mi madre fue la heroína de los clientes maltratados.

Después de este incidente, las solteronas precavidas ya no dejaban la puerta al costado de la entrada sino que la guardaban.

Ahora, decadas despues, en reuniones familiares, ya sea solos o con mi padre, recordamos y reímos de buena gana de este incidente que pinta  a mi madre de cuerpo entero. Puedo asegurar si, que todos sus hijos hemos heredado de ella el fastidio de escuchar preguntas obvias.

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