CEMENTERIO (2da PARTE)


CONTINÚA . . .
Regresando, me percato de unos conjuntos habitacionales, edificios de cinco pisos, al lado del cementerio. 

Me pregunto, como será despertar, mirar por tu balcón y ver los pabellones de nichos. 
Ver entierros todos los días
O tener una reunión –por no decir fiesta- con esa vista. 
Se acostumbra uno? Supongo que sí. 
Por lo menos te hará ser mas serio, no?

Entramos y vamos leyendo los nombres de los pabellones: San Laureano, San Lino, Santa Lina, San Lorenzo, San Luis, Santa Lena, .. Me pregunto si todos serán santos cristianos que existieron alguna vez. Con los años de persecución que tuvieron es muy probable. .....Santa Lastenia, Santa Licia, San Luciano, San Lucio, San Leandro.

Llegamos. 

F 11 está en la primera fila superior del pabellón. Le encargo al trabajador –Juan se llama supongo que cajamarquino también- que le de mantenimiento. Me siento a esperar que termine. Jorge con tino me ha dejado solo.

Felizmente el sol ilumina, pero no quema mucho. Cierro los ojos y evoco todos los recuerdos que tengo de ella.

De atrás adelante.

El más lejano, cuando en las noches se reunía a conversar con mis primas: Irma, Martha, Ida, Carmen, Noemi, Rossy entre las que creo recordar. Sobrinas de ella –hijas de sus hermanos mayores- pero casi de su misma edad. En círculo hablaban animadamente, luego cuchicheaban y repentinamente el circulo se cerraba y ellas se encogían, el tono de voz bajaba. Segundos después el circulo se abría repentinamente mientras ellas explotaban en risas.  

En la playa en verano de lunes a sábado. Su estilo de nadar, técnicamente impecable, rítmico, elegante y veloz. Donde aprendió esa técnica será un misterio siempre para mí.

Los paseos a Chosica o a la hacienda de los Delgado en invierno a comer pachamanca verídica -la de tierra-, y traernos un saco de manzanas y pacaes recién cosechados

El acecho a la que la sometíamos los hijos por ver quien se llevaba el tazón y la paleta de madera cuando terminaba de vaciar la masa del queque de naranja esponjoso que preparaba. Por supuesto que siempre nos decía con poca convicción y nulo éxito que no debíamos comer la masa cruda, mientras nos miraba hacerlo delante suyo.

El gesto ácido de descalificación que merecían algunos impresentables que rondaban a mis hermanas.

Su admiración por las gitanas cuya libertad admiraba.

Su mirada más que reprobatoria cuando le hacías preguntas obvias.

La vez que me dio una respuesta que hasta hoy recuerdo.
La acompañaba los fines de semana al mercado y siempre nos deteníamos en un puesto de una paisana (mi Mamá y ella se saludaban así) que vendía chanfainita en pequeños platos de latón y combinados de chanfainita con ocopa (deliciosa crema grumosa hecha en batan de piedra). A la paisana le llamaba la atención que yo le echara rocoto con cebolla china a mi plato. “Come ají el gringo” decía siempre. Tenía la cara redonda con ojos pequeños y maternales. Una vez le pregunte a mi Mamá porque me decía gringo. Sin mirarme me contesto “Ay hijo, al lado de sus hijos tu eres gringo. No le hagas caso”

La vez, que, estando ya postrada, hizo pasar un mal rato a una señora que hizo un comentario ingenuo y extrañado por una boda repentina solo explicada por un obvio embarazo.

César. César!. Me sobresalte.
Jorge me llamaba creyendo que me había quedado dormido.
Los lentes oscuros y el estar reclinado lo había hecho creer eso.

Que pasa porque gritas le digo. Te has dormido. No. Estaba con los ojos cerrados.

Se ríe. No me cree. Vamos ya.
Y Juan le pregunto. Ya se fue. Le pagaste. Si.

Le devuelvo el monto tranzado. Jorge es muy duro siempre y muy generoso a veces, cuando ya no puede ocultar su corazón de chocolate.

Camino a la salida me dice. La próxima vez solo acuérdate de 5 5.
Lo miro extrañado. ¿Que?

Si mira, se adelanta y me explica. Entras por la puerta pequeña del lado derecho. Cuentas cinco pabellones desde la entrada y luego cinco pabellones hacia la derecha. Listo allí esta.

Lo quedo mirando. “Todo lo que haces por ahorrarte cinco soles.” Le digo. “Feo viejo eres”.

Nos reímos. No mucho, después de todo todavía estábamos en el cementerio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si deseas pon tu nombre al inicio del comentario.

Paginas mas visitadas.