Una familia no solo comparte apellidos, sino principalmente comparte recuerdos y códigos.
Hace pocas semanas habíamos quedado en tener una parrilla familiar en casa de mi papá.
Habiendo llegado ya todos, de repente mi hermana y mi esposa cuchichearon algo y salieron apuradas de la casa.
"Que paso?." Preguntó mi padre, al ver que salían.
"Se han olvidado de traer la carne." Le contesté, había escuchado el tema del cuchicheo.
"Ja ja ja. Cuando no, cero cinco." dice él.
Y se ríe con los ojos más que con la boca, con esos ojos chiquitos que te ven el alma.
Cero cinco es una frase de uso familiar pero que rememora una torpeza mía.
Estaba yo en primero de secundaria y en el hermoso curso de Geografía, (hasta ahora recuerdo que usábamos el muy didáctico libro de Alfredo Rebaza Acosta) habíamos tocado el tema de Hidrografía. Y como tarea había que presentar una cartulina con el mapa del Perú y su sistema hidrográfico. A mí me toco hacer los ríos de la Costa.
Para ello había que dibujar un mapa del Perú con su división política y allí señalar los ríos con sus nombres, por supuesto.
Los pantógrafos -herramienta que permitía ampliar o reducir dibujos- ingresarían al material escolar recién un par de años después, por lo que para hacer semejante dibujo había que usar el método de la cuadrícula.
Este método consistía en dibujar una cuadrícula sobre la imagen original y otra cuadrícula con el mismo número de cuadros pero de mayores dimensiones en la superficie destino,y allí reproducir cuadro por cuadro el contenido del original.
Para este trabajo pegue cuatro cartulinas quedando una superficie de dibujo de aproximadamente 90 cm por 1.20 cm.
Por el tamaño del trabajo tuve que hacerlo en el suelo de la sala.
Recordemos que en los Colegios Nacionales estudiábamos de 8 a 12 y de 3 a 6, por lo que tiempo útil para hacer tareas era de 2 a 3 horas. Así que me pase dos (o tres ?) días en cuatro patas haciendo la bendita tarea.
Luego del dibujo, había que pintar cada departamento con un color distinto y el nombre de cada río lo suficientemente grande para que se lea, pero que no tanto que el dibujo parezca una sopa de letras.
Los países limítrofes y el Océano Pacífico requerían trabajo también. Y había que hacer un marco apropiado con su respectivo título.
El día anterior a la presentación me quede trabajando hasta la 1 de la mañana para concluirlo.
Al día siguiente mi papá llegó a la casa a eso de las 7 de la noche y al ver el rollo de cartulina donde lo había dejado la noche anterior, me preguntó: "Qué pasó con el trabajo de Geografía?".
"No lo presente". dije.
"Me olvidé de llevarlo" añadí con un hilo de voz. Estaba molesto y avergonzado a la vez.
Se quedó sorprendido.
"No lo llevaste?"
"No"
"Y cuánto te pusieron de nota"
"Cero cinco" dije al borde del llanto por la vergüenza.
Había un gran silencio en la casa. Mi papá al verme tan abrumado, solo me dijo "Ay hijo. Cero cinco" mientras me despeinaba cariñosamente.
Más tarde, durante la cena me miró sonriendo con sus ojos chiquitos y queriendo tranquilizarme dijo "Cero cinco, que barbaridad". Y se rió con la boca.
Desde ese día, cero cinco es la frase que utiliza mi familia para subrayar torpezas u olvidos que cometen alguno de los nuestros.
Estoy seguro que podrán adivinar cual ha sido el principal destinatario de los "Cero cinco" en todos estos años.
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Ay, cero cinco 🤦🏽♀️. Un código muy nuestro que cuñados y sobrinos conocen bien y celebran siempre
ResponderEliminarAy, 🤦🏽♀️ Cero cinco! Descifrable solo por sobrinos y cuñados. Celebrado siempre ...
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