De ellas aprendió la disciplina y el orden que son dos de sus fortalezas más visibles, así como la caballerosidad que todos le reconocen.
También es un hombre de pocas palabras y parco para mostrar sus afectos como muchos de su generación.
Por ello es que solo recuerdo dos ocasiones en las que mi padre me habló o aconsejó -si lo podem,os llamar así- sobre asuntos sentimentales.
La primera vez fue cuando, teniendo yo mas o menos 14 años, fuimos un sábado a una reunión con tres o cuatro familias invitadas por un amigo de él, que tenía una casa y una chacra en el límite urbano de Lima. A 100 metros de su casa hacia el norte habían llegado las últimas casas de una nueva urbanización. De su casa hacia el sur todo era sembríos.
El amigo de papá, adaptándose al cambio, ya había comprado material (ladrillos, cemento, arena) para reemplazar la vieja casa de adobe y caña por una de material "noble" semejante a las que se le acercaban.
Al fondo de la casa estaba el corral donde tenía un chancho así como gallinas, gallos, cuyes y patos. Allí pasamos el día con otros chicos de nuestra edad. Recuerdo que fue donde por primera vez probé chicha de jora.
Fue aquí donde -siendo ya de noche- y teniendo que regresar, mi papá pregunto por mi y la respuesta que obtuvo de mis hermanos fue que habíamos estado jugando a las escondidas, pero que no me encontraban así como tampoco a la sobrina del dueño de casa que tenía 17 años (solo recuerdo que era más alta que yo.)
Había luna llena y en la penumbra del lugar estábamos tan entretenidos que no nos percatamos cuando él apareció entre las pilas de ladrillos donde estábamos cobijados; naturalmente nos sobresaltamos.
Tranquilamente la miró, luego me miró y con voz controlada dijo "Ya nos vamos, despídete". Dio media vuelta y se dirigió hacia la camioneta, debo haber suspirado.
Aun recuerdo su imagen alejándose de nosotros.
En silencio le agradecí que no me haya regañado delante de ella.
Más tarde, ya en la camioneta, camino a casa dijo. "César, escucha" hizo una pausa y en el silencio que se produjo me dijo "la cosecha de mujeres nunca se acaba". Nada más.
Mis hermanas en la penumbra del asiento trasero me miraron y arrugaron la nariz en claro gesto de preguntar "qué ha pasado, porqué te dice eso". Yo solo atiné a alzar los hombros y negar con la cabeza como diciendo "no sé de que habla", y era verdad.
No me volvió a hablar del tema.
Varios días después le pregunté a mi mamá que significaba esa frase. Ella mirándome sarcástica me lo explicó, pero seguí sin entender.
.......
La segunda vez, fue más de una década después. Estaba yo envuelto en una relación sentimental atrevida e inconveniente: ella era mi prima.
Esa vez me abordó durante el almuerzo de un fin de semana -vivíamos los dos solos- y me dijo. "Hijo, los tiempos del amor para la mujer y para el hombre son distintos." Hizo una pausa, como para que procese lo que me estaba diciendo, y concluyó tranquilamente: "Sino te vas a casar con ella, no le hagas perder el tiempo"
Nada más. Fue un aterrizaje forzoso, en una como dicen ahora. No mencionó nombre alguno. Los dos sabíamos de quién estábamos hablando. Por un instante me sentí mal.
Luego de un breve silencio, solo atiné a contestar "Ok pa. Disculpa", sin mirarme me dijo "Hijo, conmigo no tienes de que disculparte."
Dos o tres días después, conversé con ella y decidimos terminar la relación.
Hubo dolor, natural de estos casos, pero fue lo más sensato y el tiempo así lo confirmó.
Hubo dolor, natural de estos casos, pero fue lo más sensato y el tiempo así lo confirmó.
Fue la última vez también que mi viejo habló conmigo de estos temas.
En los más de treinta años transcurridos desde entonces, un par de veces por curiosidad quise hablar de esto con él, pero mi viejo - las dos veces- me miró y simplemente no me contestó.
Y yo, en las dos ocasiones, por respeto no me atreví a insistir. Por supuesto que tengo curiosidad, pero para que preguntar otra vez ahora?. Él NO me va a contestar.
Porque mi padre es un caballero y hombre de pocas palabras.
PD. Por supuesto con sus nietos ha sido muy, muy expresivo con su cariño. Sobre todo con su única nieta.
En los más de treinta años transcurridos desde entonces, un par de veces por curiosidad quise hablar de esto con él, pero mi viejo - las dos veces- me miró y simplemente no me contestó.
Y yo, en las dos ocasiones, por respeto no me atreví a insistir. Por supuesto que tengo curiosidad, pero para que preguntar otra vez ahora?. Él NO me va a contestar.
Porque mi padre es un caballero y hombre de pocas palabras.
PD. Por supuesto con sus nietos ha sido muy, muy expresivo con su cariño. Sobre todo con su única nieta.

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